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Medium 9788483935088

La convocatoria

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

La convocatoria

 

Esta mañana, muy temprano, he conocido a mi futuro hijo. Tenía los ojos pardos e incomprensiblemente vigilantes. No estoy seguro de que su mirada fuera alegre, además de sabia. Él parecía comprender su papel en aquella habitación: comprobaba nuestros movimientos con toda serenidad, recién nacido. Pero no había venido al mundo, sino que regresaba a él.

Era una vieja semilla prometida desde los años que no había visto.

Resbaló por la camilla hasta mis manos, con los miembros untados de un enigma blanquecino. Por un momento quedó suspendido en el aire, sus pequeñas axilas humedeciéndome los dedos. Fue entonces cuando me sonrió a mí, a su padre sorprendido por aquella paternidad repentina. Supe de algún modo que me hablaba y que aceptaba mi lenguaje. Lo abracé y le dije mi primera frase, esa que pronunciaré dentro de algunos años cuando haya concebido al hijo que ya tuve y aún no tengo. Conservo un tenue jirón de caricia en mi mentón barbado.

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Medium 9788483935446

La culpa del silencio

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

La culpa del silencio

 

El detonante fue sin duda la muerte de mis padres en un extraño accidente de automóvil, ocurrido hace ahora un par de semanas. De golpe retrocedí al pasado y me pareció descubrir algo espeluznante. Me asusta y al mismo tiempo me alivia saber que ya no puedo preguntarles nada. Aunque, al fin y al cabo, me resulta imposible pensar en una pregunta apropiada para los únicos testigos. Debo ser valiente y enfrentarme sola a la niña que sigue agazapada en mi interior esperando la oportunidad de salir a gritar lo que permanece escondido.

Por desgracia, sé que es cierto el horror que he vislumbrado. Noto en la garganta un escorpión decidido a inyectarme su veneno. Es el miedo. Pero debo seguir adelante y dejar de engañarme a mí misma. La búsqueda es inaplazable. Necesito ir al centro del laberinto para empezar a buscar la salida. Aunque encontrarla signifique extraviarme para siempre. ¡Qué estupidez! Quien se pierde es que ya antes andaba perdido.

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Medium 9788483935279

Alrededor de un epitafio

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Alrededor de un epitafio

 

Mañana es el día del libro. Un periodista ha llamado hoy a primera hora para hacerme dos preguntas: a quién le pediría que me firmara un ejemplar y qué siento cuando un lector se acerca a buscar una dedicatoria. He estado a punto de contestar lo de rigor, con rapidez. Algo me ha detenido (en estos últimos tiempos algo siempre me detiene, como si la pausa se me hubiera instalado en las maneras) y he decidido contarle una historia real. Le he preguntado, ¿cuánto espacio tienes en tu artículo? No mucho, me ha confesado. No importa, ¿tienes cinco minutos? Claro, me ha respondido.

Era la última firma del día. Veintitrés de abril de 2009. De siete a ocho de la tarde. En una librería grande pero lejos del centro. Faltaban apenas dos minutos para que acabara mi jornada. Iba a levantarme, pero pensé, incrédula, vaya a venir a última hora un lector necesitado de una firma y encuentre el puesto vacío. Me quedé y entonces sí, cuando pasaba un minuto de la hora convenida y había apoyado en la mesa las manos para levantarme e irme, vi que se acercaba corriendo un chaval de unos nueve o diez años. Se detuvo frente a mí y me dijo, mi padre sabe que te gusta el Maestrazgo. Pensé que el niño se equivocaba de autor o de lugar, y así se lo hice saber. Contrariado, el chico miró el cartel que había encima de la mesa, confirmó que estaba escrito mi nombre y dijo, no, no, tú eres Andrea y mi padre sabe que muchas veces vas al convento. ¿Yo a un convento? Ahí sí tuve claro que se trataba de una confusión. Se lo dije al niño que, sin inmutarse, negó con la cabeza e insistió. Busqué en la memoria y comprendí: se refería a un hotel. ¿Y qué haces aquí solo? ¿Dónde está tu padre? Me contestó: Mi padre, en la clínica. Pensé, ¿en la clínica? ¿Era otro hotel? El niño no parecía estar preocupado. Insistí: Pero debes de estar con alguien, ¿no? Sí, con mi madre. Que ahora viene. Y justo en ese momento apareció una mujer, algo sofocada, con una bolsa de la librería en la mano. «Mira, que vengo con un encargo», me dijo mientras sacaba del bolsillo delantero de su pantalón beige de pinzas tres hojas cuadriculadas, pequeñas, arrancadas de alguna libreta de espiral. También sacó de la bolsa dos ejemplares de mi libro de relatos Con el agua al cuello y los depositó en la mesa. Verás, mi ex marido está en la clínica, lo han operado de un tumor cerebral –se le rompió la voz– y lo primero que ha hecho al salir del quirófano es pedirme que venga a verte, que compre tu libro, que te diga que él también adora el Maestrazgo, que es amigo de los del Convento, que en la biblioteca del hotel encontró algunos títulos tuyos, que te ha leído y te ha entendido, y que por favor le pongas una dedicatoria muy especial. Él no sabe que no hay esperanza. No hay esperanza, repitió. Parece que no hay esperanza, quiso suavizar lo dicho.

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Medium 9788483935743

Asesinatos

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Asesinatos

 

Se había refugiado en casa de Otegui, un joven aprendiz de escultor que su difunto padre había protegido, pero le habían encontrado y arrastrado hacia el acantilado. Otegui, que sin duda le había vendido, estaba con ellos.

Entre burlas, golpes e insultos, le ataron una enorme piedra al cuello y lo arrojaron por el precipicio como habían hecho con tantos otros derechistas. Sin mucha esperanza, rezó por el milagro de su salvación, no de su alma sino de su cuerpo.

Vio por encima del agua un rayo que se hundía hasta las profundidades que él acababa de tocar. Le pareció que se corporeizaba en un ángel rubio, con túnica amarilla; lo raro era que allí, bajo la masa de agua, sus pliegues ondearan como los de una bandera al viento.

El ángel no sólo le liberó de sus ataduras, sino que llevó el tiempo hacia atrás, invirtiendo el salto hasta ponerlo de nuevo en la cima del acantilado para seguir luego todos los pasos dados, hasta llevarlo al punto crucial en el que los conspiradores eran derrotados.

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Medium 9788483935545

La casa embrujada

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

La casa embrujada

 

 

Hacía muchos años que nadie pasaba una noche en la vieja mansión. Decían que una aberración se arrastraba por sus corredores y que todos los descendientes de aquella decadente familia estaban malditos. Los ancianos se persignaban, las mujeres gemían y los hombres blasfemaban. Sin embargo, los dueños querían venderla y yo acepté pasar la noche para acabar con su leyenda siniestra, porque mi ambición siempre ha superado a mi cobardía.

Los estragos del abandono eran infinitos: una suerte de lepra carcomía los muros, la humedad formaba repugnantes verdugones de sarro y el olor de las ratas podía cortarse en grasientas lonjas. Con la tuberculosa luz de mi linterna perseguí en vano fantasmas que resultaron telarañas, roedores y muebles amortajados de blan­co, como niños muertos. La casa no tenía espejos y a todos los personajes de las pinturas les habían borrado los ojos. Los relojes marcaban a destiempo la misma hora.

Al amanecer vi a los dueños en la puerta y salí a rastras del caserón embrujado, pero esos cobardes huyeron y la policía me ha disparado. Desde entonces no he vuelto a salir y vivo muy a gusto por estos corredores. Nin­gún espejo me molesta y he descubierto que me encantan las ratas.

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