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Medium 9788483935385

El rodeo

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

El rodeo

 

La tía de Ename, Marilyn, una mujer resoluta, al parecer de carácter fuerte y de ideas drásticas, había pasado, por culpa de la ley que sin excepción lastra la mentira, los peores momentos de su vida. A Ename se lo había contado su padre, una de esas tardes que pasaban juntos en el sofá, delante del televisor encendido pero sin volumen, delante de algunos botellines de cerveza, delante de un cenicero siempre lleno de colillas, delante de un espejo en el que, si les hubiese interesado, habrían podido observarse como si fueran verdaderos extraños.

La tía Marilyn tenía tres hermanos: Sean –padre de Ename–, Montgomery y Cliff. La tía Marilyn se había ido del pueblo, al igual que Sean y Montgomery. Vivían los tres en un minúsculo apartamento de la ciudad más sucia del país. Allí había ido a visitarlos Cliff, el más joven de los cuatro, sobre todo con la intención de concursar en la Feria de Ganado más prestigiosa que se organizaba a lo largo de todo el año. Por un desgraciado accidente ocurrido en uno de aquellos estúpidos rodeos en los que solía participar, Cliff murió pocos minutos después de sufrir una espectacular caída. Cliff era el preferido de su madre, por ser el menor quizás, el que aún vivía en el pueblo, en la casa materna, el que jamás se había negado a peinarse y a ponerse un traje cualquier domingo para acompañarla a misa o al cementerio, a limpiar la tumba del marido, quién sabe.

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Medium 9788483935699

Hasta luego, míster Salinger

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

Hasta luego, míster Salinger

 

El hombre y la mujer beben cerveza.

Suena el teléfono.

 

–Aló.

–Jesús ¿eres tú?

–Sí. ¿Quién habla? –responde el hombre.

–Soy yo, Edgar. Soy yo otra vez.

–¿Edgar? –dice el hombre, y la mujer sentada en sus piernas realiza una mueca de aburrimiento.

–Sí, viejo, soy yo. Perdona la hora. ¿Estabas durmiendo?

–No, todavía no.

–Claro, acá en España me dicen que la gente se acuesta más tarde. Yo tenía muchas ganas de tomarme otra copa contigo pero dejé de verte y luego alguien comentó que te habías ido.

–Sí, estoy fatigado y necesito descansar.

–Por la rueda de prensa, imagino... bueno, si quieres pos­ponemos la reunión de mañana...

–No, Edgar, no hay problema. Sería una pendejada decirte que estoy demasiado ocupado. Así que hablamos luego, si te parece.

–Claro, hermano, claro. Pero espera, sólo quería preguntarte algo...

 

El hombre saca una cajetilla de Marlboro desde su camisa. Enciende un cigarrillo después de un par de intentos y aspira una larga bocanada. La mujer le hace señas para que le regale uno.

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Medium 9788483935712

Una novela de Azorín

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

Una novela de Azorín

 

Avenida Teresa de la Parra:

Elena contempla el teléfono. Lo mira con ojos de extrañeza y sus pupilas parecen un agua oscura impregnada por sedimentos, cortezas de árboles, lodo.

Avenida Moratalaz:

Una habitación. Una ventana. Cielo de algodones. Yo estoy frente a la computadora y los ojos me arden. Siento dolor de espalda. Me levanto. Intento tocar el techo con la punta de mis dedos.

Voy al baño. Recuerdo que anoche soñé que recorría una avenida donde el aire olía como azúcar estrujada por el sol. Me afeito. Nunca he aprendido a hacerlo bien. Una gota roja queda colgando en mi mejilla.

Glorieta de Bilbao:

Malena bebe un capuchino. Siente un pinchazo pequeño en la mejilla pero lo olvida con rapidez. La espuma del capuchino deja una marca en su nariz. Luego ríe cuando se contempla en los espejos del Café Comercial.

Avenida Teresa de la Parra:

La mujer levanta el teléfono y conversa:

–Aló, Ignacio, es Elena.

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Medium 9788483935750

El castillo secreto

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

El castillo secreto

 

El castillo se alza en esta misma comarca, pero no es visible en la vigilia. Para llegar a él hay que encontrar un camino que a veces se presenta durante el sueño, abriéndose delante de nosotros conforme avanzamos paso a paso. El castillo no parece muy grande, pero tras el amplio vestíbulo hay muchos pasillos, en varios pisos, con innumerables puertas idénticas que dan entrada a las habitaciones. Yo conozco la habitación sin límites, donde se cae sin cesar, y la que da acceso a una escalera de caracol que nunca concluye. Conozco también la habitación de los susurros que no se pueden entender, la de las grandes sombras con formas monstruosas, la del reloj que marca cada segundo con una gruesa gota de sangre que salpica las paredes. Y está la habitación del mar de peces muertos, y la de los pájaros ciegos que revolotean sin rumbo. Yo conozco la habitación de las dunas, sembradas de esqueletos de exploradores perdidos, y la de las ciénagas, donde flotan ropas, sombreros, mapas. Ese castillo es peligroso, porque para salir de él es necesario despertar, y muchos no lo consiguen, aunque cada día los veas a tu lado y ellos y tú creáis que están despiertos.

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Medium 9788483935606

Un hombre en la bañera

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Un hombre en la bañera

 

Cuando llegué a casa con los zapatos en la mano y las perlas torcidas, él ya estaba dentro de mi bañera. Era un hombre del color del chocolate fundido, y me suena que ya nos habíamos visto antes, en algún sueño. Qué tal te ha ido el día, querida, preguntó tendiéndome su sonrisa triangular de copa de martini. Ahora te cuento, le contesté yo, soltando las sandalias como si fueran dos pájaros muertos.

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