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Medium 9788483935743

La medida del poder

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La medida del poder

 

El gobernador Jackson estaba seguro de que ­tampoco en esta ocasión vacilaría. Entre conceder un indulto al condenado a la cámara de gas o permitir que la ejecución siguiera adelante, sentía que su poder se medía mucho más por las vidas que quitaba.

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Medium 9788483935255

La vida imposible

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

La vida imposible

 

Dos niños de trece años, compañeros de escuela en la ciudad de Reikiavik, intercambiaron familias previo acuerdo, ya que cada cual prefería la del otro. Los padres han declarado a la prensa que este canje les resulta inaceptable. En todo caso, el problema es que los hijos, obcecados, amenazan con «hacerles la vida imposible» si no acceden a su pedido.

 

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Medium 9788483935736

Satánica

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Satánica

 

Con los años, en mi casa han ido encontrando sitio bastantes símbolos religiosos, los tres Reyes Magos con sus pajes, Siva Nataraja, una Inmaculada de cerámica, un San Pancracio, un Ganessa, una Virxe da Peregrina, un icono rumano del nacimiento de Jesús, un San Miguel clavando su lanza en la boca del dragón, el Ankh egipcio, en fin, muchos de esos talismanes que tienen al parecer la virtud de alejar a las fuerzas del mal. Sin embargo, al entrar hoy en mi cuarto de trabajo me encuentro a Satanás sentado en mi sillón de leer. Lo conozco enseguida porque no tiene aspecto de joven apuesto ni de caballero distinguido, sino que es de color rojo, está desnudo, las piernas peludas rematadas en patas caprinas, tras su espalda asoman dos alas doradas y entre su cabellera negra surgen dos cuernos también dorados. En su rostro rojo brillan los ojos con lo que parece más tristeza o fastidio que radical perversidad. Lleva bigote y perilla, como un mosquetero. Vade retro, exclamo, por si acaso. Hablo español, responde, cortante. Tiene la voz de Marlon Brando en El Padrino. Estás escribiendo del libro de la noche y no he merecido ni una alusión tuya, añade. Yo soy el señor de ese libro, que es mucho más que un libro, es un territorio inmenso, con ciudades y selvas, con puertos de mar y parques temáticos, un territorio de gran iniquidad, de majestuosa injusticia, de crímenes esplendorosos, y tú no has dicho de eso ni una palabra. No sé qué contestar. Menos mal que mi mujer ha asomado por la puerta y Satanás desvía por un momento su atención de mi persona. Mi mujer entra de repente y arroja algo sobre Sata­nás: es su rosario de la primera comunión, y Satanás se convierte en una masa blanca, efervescente, como el agua oxigenada cuando se deposita sobre una herida. Mi mujer, con determinación, mete las manos bajo esa espuma, agarra el cuerpo que cubre, lo aprieta, lo va amasando y reduciendo como si manejase nieve, hasta convertirlo en una bola que cabe en sus manos. Guarda luego la bola en una bolsa de plástico, pinta sobre ella una cruz con el mismo rotulador que utiliza para marcar el contenido de las bolsas de comida y la guarda en el congelador del frigorífico, mientras pensamos en otro sitio mejor, dice. De manera que tengo a Satanás cautivo en el frigorífico de mi casa. Tal vez en el libro de la noche ya no fructifiquen la iniquidad, la injusticia ni el crimen, pero en el libro del día ese cautiverio del Señor del Mal no se ha notado, el mundo sigue dominado por la hipocresía, la guerra, el horror. Y me da miedo imaginar a quién corresponde el señorío del libro del día.

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Medium 9788483935354

Recuento

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

Recuento

 

Para José María Merino

 

Todo el día conduciendo. Otro más. Harto de la carretera, tomo el primer desvío que sale a mi paso. Me lleva hasta a un pequeño pueblo. Tras dar con una pensión, dejo la maleta y salgo a pasear. Es un placer estirar las piernas después de tantas horas de coche.

El lugar no tiene mucho encanto. Le salva la pequeña playa que asoma al final de la que parece la calle central del pueblo. Bajo a la arena y continúo mi paseo cerca del agua. Hace frío. Estoy solo.

La playa termina en un grupo de rocas sobre el cual se entrevé lo que sin duda es el cementerio: sobre los peñascos asoman amenazantes algunas cruces y lápidas. Veo también la estatua de un ángel. Lo curioso es que este mira, vigilante, hacia el mar. Una extraña actitud que inmediatamente despierta mi interés por verlo de cerca. Tiempo atrás no lo hubiera hecho, pero me digo que será una visita rápida. No soporto los cementerios. No entiendo como hay gente que puede disfrutar paseando entre tumbas, entre lápidas que guardan memorias muertas de los que nunca volverán.

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Medium 9788483935545

Father and Son

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Father and Son

 

 

Siempre me disgustó la clarividencia de mi padre para estropearme la vida, perturbar mis quehaceres o arruinar un instante feliz. Como esta noche en que he plantado a una linda compañera de oficina porque papá se está muriendo en un hospital de la ciudad. Sólo él es capaz de ponerse grave así de improviso, a más de tres horas de camino y en una noche lluviosa, incendiada de re­lám­pagos.

A través de la ondulante carretera entreveo los años que pasamos juntos, adelantando siempre y discutiendo en todas las curvas. Tras el parabrisas anegado de lágrimas evoqué aquellos años infantiles, cuando admiraba su estatura y me sentía realmente protegido entre sus brazos, con las luces altas y muy tenso el cinturón de seguridad. Pero ninguno de los dos fue capaz de superar la enfermedad de mamá, que sobrevino mortal como un accidente a cientos de kilómetros por hora.

Yo presentía que hallarle aún con vida no dependía del azar, sino de la velocidad que era capaz de alcanzar, de la escasa ternura que todavía guardaba para él, de esos dulces recuerdos que ya eran más borrosos que el propio camino. En realidad quería ir cada vez más rápido, recorrer la distancia que siempre nos había separado y esquivar en el tiempo la escena primaria de nuestra ruptura. Sin embargo, como nunca he sido generoso me encendí de rencor y aceleré enfurecido hasta derrapar en los acantilados de la memoria. Viviendo nunca le perdoné. Muriendo tampoco.

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