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Medium 9788483935248

Convivencia

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Convivencia

 

Para Ángel Basanta

 

La primera vez que lo oí, pensé que alguien había entrado en casa. Eran las siete de la tarde, mi mujer se había ido al cine con unas amigas, yo estaba en la sala leyendo el periódico, y me llegó su murmullo desde el otro lado del piso. Me levanté: al fondo del pasillo, tras la puerta abierta de mi estudio, brillaba la lámpara de la mesa y una voz tarareaba una melodía familiar. Me quedé escuchándola hasta descubrir que el causante del tarareo era yo mismo: me había quedado allí a pesar de haberme ido a la sala. Muy turbado por el incidente, regresé a la sala y permanecí escuchando el tarareo hasta que se extinguió. Volví a mi estudio: la lámpara estaba apagada y no había nadie.

Unos días después, otra tarde en la que también mi mujer estaba ausente, se repitió el fenómeno: esta vez me encontraba en mi estudio, enfrentado al ordenador, cuando empecé a oír la televisión en la sala. Desde el pasillo, vislumbré mi propio bulto sentado en el sofá con el periódico en las manos.

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Medium 9788483935736

Monovolumen

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Monovolumen

 

El mecánico, una persona formal, le aseguró que el coche era una ganga, porque tenía pocos kilómetros y estaba muy bien cuidado. Era demasiado grande para una viuda sola, aquella mujer triste cuyo marido había desaparecido, y ella quería quitárselo de encima cuanto antes. Después de comprarlo comprendió que había acertado: el coche era confortable, potente, brioso, capaz de recorrer los peores caminos, y apenas consumía combustible. Pasaron los meses y un domingo, por entretener el inicio de la tarde, se dispuso a echar una mirada al motor. Desde la ventana de casa, su mujer le vio levantar el capó y cómo se inclinaba hasta quedar oculto. Un par de horas más tarde, a la mujer le extrañó que su marido no hubiese terminado todavía. El capó, medio alzado, no le permitía ver su cuerpo. Abrió la ventana para llamarle, pero él no contestaba. Salió por fin a buscarlo. Las piernas sobresalían del capó, pero el resto del cuerpo había sido ya devorado por el feroz monovolumen.

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Medium 9788483935231

Maniobras de aproximación

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

Maniobras de aproximación

 

Hemisferio sur. Océano Pacífico. Latinoamérica. Tres espacios que nunca ha pisado y de los que ahora ya sólo le separan once horas y media. Resulta extraño medir la distancia en tiempo, pero esa es la única magnitud que importa dentro de un avión.

Cuando han anunciado la duración del vuelo casi le ha dado igual. La excitación del viaje que acaba de empezar es mucho más intensa.

Repasa lo que va a hacer. Primero, siete días en Lima, entre el trabajo (conferencias y talleres) y el placer, y luego otros cinco más en Cusco, a solas y por su cuenta. Allí le esperan las ruinas de Saqsaywamán y Machu Picchu, dos lugares que desde niño siempre ha querido visitar.

No duerme. Nunca duerme en los aviones, por largo que sea el vuelo (¿una forma inconsciente de expresar su miedo?).

Hacer el viaje solo también aporta una emoción nueva. A sus cuarenta y tres años es la primera vez que viaja así. Los congresos en otros países no valen, como tampoco las presentaciones de libros fuera de su ciudad: allí siempre le espera alguien y se pasa muy poco tiempo verdaderamente a solas. Lo que también le ocurrirá en Lima. Sin embargo, el viaje a Cusco será muy diferente: casi una semana sin otra compañía que él mismo. La gente que viaja sola le produce cierta admiración. Aunque también le provoca cierta extrañeza. Comer solo, dormir solo, pasear solo, beber solo... Demasiado tiempo para pensar, para dejar que su excitable imaginación haga de las suyas. Como pronto sucederá.

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Medium 9788483935255

Mi padre vuelto perro

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Mi padre vuelto perro

 

Leí que a Pitágoras le sucedió algo semejante cuando en un perro creyó reconocer a un buen amigo fallecido tiempo atrás. Pues bien, aquel perro vagabundo echado en la vereda tenía el exacto rostro de mi padre. Yo me avergonzaba porque, la verdad sea dicha, comparar al padre muerto con un humilde animal tiene mucho de sacrilegio. Pero, insisto, ambos eran iguales. Y lo que no le sucedió a Pitágoras, que abrazó al perro y siguió de largo, tuvo en cambio que ocurrirme a mí: a saber, que el perro empezó a ladrar, echándome miradas de soslayo cada dos o tres pasos, para que lo siguiera. Yo no tenía mucho que hacer, no tenía nada que perder, así que anduvimos una hora, si no dos, el perro siempre mirándome a los ojos, conduciéndome por una y otra calle.

Algo sospechaba pero no quise admitirlo hasta llegar al final del camino. Y aunque me sentía perdido después de tanto andar, no bien vi la casona logré reconocerla al instante: en ella, ochenta años atrás, había nacido mi padre. Un gran parque se extiende a un costado de la casona y pensé que a mi padre vuelto perro le gustaría corretear en aquel sitio de su infancia, de manera que respiré hondo y toqué el timbre. Una mujer se asomó casi de inmediato: «¿Qué quiere?». Mientras venía hacia mí, consideré cien excusas para justificar mi pedido. «¿Qué quiere?», repitió, ahora más cerca. Eché una rápida mirada en dirección de mi padre vuelto perro. Se había ido. «Busco a un hombre», murmuré ruborizado y pronuncié el apellido de mi familia. Fue una reacción automática. «Lo siento, aquí no vive nadie llamado así», dijo ella, a lo que resoplé aliviado. Por un instante temí oírle responder otra cosa.

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Medium 9788483935316

Hermanos

Javier Sáez de Ibarra Editorial Paginas de Espuma ePub

Hermanos

 

Valerio telefoneó a su hermano Francisco para comunicarle que se encontraba bastante enfermo. En realidad, no hizo él la llamada, sino un tal Lucio en su nombre; al parecer alguien a quien lo unía «una estrecha amistad». Eso dijo.

–¿Y cómo está? ¿No puede ponerse? –inquirió Francisco.

–¡Noooo! ¿Sabe? Está acostaaado, lleva acostado varios dííías. El mééédico se lo mandó, él no se mueeeve. Le hemos prohibiiido que se mueva.

Aquel hombre hablaba de una forma extraña; pausadamente, y alargando de forma innecesaria algunas sílabas, como si le costara concluir las frases o para darles cierto énfasis.

–Pero ¿qué tiene?

–Una dolencia en los pulmooones.

–¿En los pulmones? –aquello sonaba muy mal. Valerio era un fumador terrible–. Dígame qué. ¿Es grave?

–No se preooocupe, no pasa nada. El mééédico dice que está controlaaado –hablaba con cierto paternalismo; eso y su lentitud resultaban exasperantes.

–Pero qué es. Dígame qué-enfermedad-es –le exigió.

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