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Medium 9788483935736

Andrómeda

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Andrómeda

 

Se despierta con esa sensación de cansancio que produce arrancarse de un sueño demasiado profundo y enciende la luz de la mesita. De espaldas a ella, su marido permanece inmóvil, sin duda dormido. Arrastra su mirada perezosa por el techo de la habitación y luego por la pared frontera, hasta encontrar el espejo salpicado de manchas de vejez, un gran objeto que ha llegado hasta ella por la inercia familiar. En el ángulo superior derecho encuentra una gran mancha nueva, y mueve la cabeza para percibirla mejor. Descubre entonces que no es una mancha, sino un reflejo, y un mayor desplazamiento de la cabeza le permite identificar lo que parece un fragmento de voluta amarillenta, acaso metálica. Con lo que todavía es más sorpresa que inquietud, lleva la vista al punto reflejado y comprueba que allí la pared sigue lisa y exenta de adornos. Ahora ya la sorpresa se ha convertido en alarma. Se levanta, se acerca al espejo. El reflejo presenta una pared cubierta por un gran bajorrelieve de formas abigarradas y confusas sobre una cama con ropas de color negro donde se mantiene el bulto de su marido. Acerca más el rostro al espejo y, en lugar de encontrar sus propias facciones aparece una faz ajena, de ojos despavoridos. ¿Cómo has madrugado tanto?, pregunta su marido, con voz extrañamente silbante, y ella mira a través del espejo aquella gran figura escamosa que acaba de alzarse en la cama, aquella enorme cabeza de reptil.

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Medium 9788483935323

Septiembre

Paul Viejo Editorial Páginas de Espuma ePub

Septiembre

 

Va a ser una noche tranquila. Y una historia tranquila. Y Jimmy Dodge conduce su furgoneta gris hasta El Esquinazo. La luz que envíe la luna será medio floja esta noche. Pero desde El Esquinazo, que es un barranco a las afueras, se contempla toda la ciudad, así que la luna pintará poco en todo esto. La ciudad iluminada es más que suficiente. Desde El Esquinazo se ve toda la ciudad, y todas las farolas encendidas, trazando mapas, creando cruces, y para la ciudad esta noche apenas sin luna es, como siempre, muchas noches. Una noche diferente para cada una de las personas que Jimmy Dodge intuye en los edificios que desde El Esquinazo contempla a lo lejos cuando se baja de la furgoneta y echa un primer vistazo, mientras cierra la puerta, coge aire, suspira. Una noche diferente para cada persona. Así será. Pero para Jimmy Dodge tiene que ser una noche tranquila, eso está claro, y eso es fácil. Se gira Jimmy Dodge hacia el maletero y saca de él una caja de cartón que en un primer intento supera el límite de sus brazos, pero que consigue sostener. Una caja grande de cartón, cargada pero sin excesivo peso, que apoya en el suelo, estrujando la arena y las noches en calma.

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Medium 9788483935859

Para no ser cobarde

Pedro Ugarte Editorial Páginas de Espuma ePub

Para no ser cobarde

 

Habíamos malvendido el piso. Habíamos cargado en el coche todas nuestras cosas. Habíamos abandonado la ciudad. Y después de una hora de viaje salimos de la autopista y tomamos la carretera que debía llevarnos a Ayabarrena, una aldea perdida en la Sierra de la Demanda. A partir de Ezcaray, la carretera iba estrechando. A los lados quedaban poblados cada vez más pequeños, enclaves de nombre vasco: Turza, Cilbarrena, Zaldierna, Azarrulla. A veces las aldeas solo se adivinaban por la precaria supervivencia de algún muro de piedra, ahogado entre las zarzas. Porque la naturaleza, cuando recobra espacios que antes ocupara el hombre, lo hace con fiereza, como si su retorno fuera una venganza.

Aún no había anochecido, pero el frío atenuaba los colores y un cielo de turbia agua estancada impedía ver el sol. Íbamos con retraso, así que Alejandra telefoneó a la propietaria de la casa para anunciar que llegaríamos más tarde. Alejandra, recordando los amables correos que habíamos cruzado días antes, dijo que ahora le había sorprendido el tono desagradable de la mujer. Quizás, respondí, la cordialidad del principio fue solo una estrategia comercial, porque ahora la fianza ya estaba pagada y nos habíamos convertido, de algún modo, en prisioneros.

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Medium 9788483935507

Drug dealer

Paola Tinoco Editorial Páginas de Espuma ePub

Drug dealer

 

No me hizo ninguna gracia andar por la Alameda central a primera hora, pero ese fue el trato, y dicen que es mejor estar temprano ahí que al mediodía, cuando ya no es posible ni escuchar tus pensamientos ante los vociferantes anuncios comerciales de encendedores de tres por cinco o playeras de la selección mexicana de dos por cincuenta pesos. A esas horas, todo un sacrificio para mí, pude ver el movimiento de los dueños de las calles del centro sin sentirme agobiada.

Nunca un dealer me había citado tan temprano. Pero al Pitirijas no le puedo decir que no, tiene un material fumable y esnifable que merece la pena levantarse a la hora que el señor mande. Dijo que nos veíamos en los pilares del Palacio de Bellas Artes a las ocho. Llegué puntual a mi cita pero él no se veía por ningún lado. Siempre me preocupa la impuntualidad de los proveedores porque me hace imaginar que algo malo les pasó y mis placebos no llegarán.

Y en la espera me quedé a observar los alrededores. La invasión de las banquetas inició alrededor de las diez y media de la mañana, desde el principio de la Avenida Juárez hasta los alrededores de la Plaza de la Constitución. Antes de esto, es posible caminar sin prisas frente al pálido encanto de este palacio, a pesar de la tierra levantada, el ruido de la maquinaria pesada y los hombres trabajando.

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Medium 9788483935736

La camisa del hombre infeliz

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

La camisa del hombre infeliz

 

Después de que se fueron los emisarios del Rey, el hombre feliz comenzó a pensar en lo descomunal de aquella indigencia suya, nunca antes descubierta. Con el correr del tiempo, esta reflexión le fue amargando la vida. Así, el hombre que no tenía ni camisa acabó considerándose el más desdichado del mundo.

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