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Medium 9788483935545

La cueva

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

La cueva

 

 

Cuando era niño me encantaba jugar con mis hermanas debajo de las colchas de la cama de mis papás. A veces jugábamos a que era una tienda de campaña y otras nos creíamos que era un iglú en medio del polo, aunque el juego más bonito era el de la cueva. ¡Qué gran­de era la cama de mis papás! Una vez cogí la linterna de la mesa de noche y les dije a mis hermanas que me iba a explorar el fondo de la cueva. Al principio se reían, después se pusieron nerviosas y terminaron llamándome a gritos. Pero no les hice caso y seguí arrastrándome hasta que dejé de oír sus chillidos. La cueva era enorme y cuando se gastaron las pilas ya fue imposible volver. No sé cuántos años han pasado desde entonces, porque mi pijama ya no me queda y lo tengo que llevar amarrado como Tarzán.

He oído que mamá ha muerto.

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Medium 9788483935415

Fair Play

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Fair Play

 

Por mucho que los defensores encargados de su marcaje levantaran el brazo, no se hallaba en fuera de juego. Simplemente había sido más rápido y hábil que los defensas y ahí estaba solo frente al portero que había avanzado unos pasos tratando de cerrarle el ángulo de tiro. Entonces el portero resbaló y gritó ¡noo! Su gesto tenía un patetismo que excedía del mero juego, como si, en ese instante, mantener la portería a cero fuera lo más importante de su vida. El delantero echó la pelota fuera.

 

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Medium 9788483935965

Vientos

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Vientos

 

Dicen los científicos que el aleteo de una pequeña mariposa en Centroeuropa puede desatar un huracán devastador en la costa japonesa, o un tifón en el Índico. Lo dicen sin saber la insoportable carga que supone este conocimiento para infelices como yo. Porque, si un humilde lepidóptero puede conseguir tales logros agitando sus alas transparentes, pienso, qué no serás capaz de provocar tú al remover tu melena inacabable, domadora de vientos, océano de olas negras. Te despojas del sombrero al llegar a la playa y siento los primeros acordes de un terremoto en Singapur, el suelo zumba bajo mis pies cuando te apartas el flequillo y me sonríes. Corres por la orilla, juguetona, salpicándome, «Venga, vamos», mientras en el Kalahari se desata una tormenta de arena de proporciones bíblicas. Y qué puedo hacer yo para frenar este desastre, medito, si solo soy un simple meteorólogo y tu pelo, una ciclogénesis explosiva. No puedo resistirlo más. Entro contigo en el agua y, sin remordimiento, desencadeno el tsunami que nos arrastrará a los dos.

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Medium 9788483935514

Piroquinesis

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Piroquinesis

 

 

Para Fernando Iwasaki, crisantemo japonés

 

 

El fuego, según Renato

No, Darío no estaba en la cuna cuando volví del trabajo y por raro que parezca, señor agente, yo lo supe enseguida; nada más abrir la puerta de casa, en realidad. Si usted no me mirara así, como si yo fuera una broma de mal gusto que ha venido hasta su mesa sólo para impedirle terminar el crucigrama del periódico, me explicaría mejor, le daría todo tipo de detalles. La casa es otra si Darío no está. Ni siquiera huele igual.

Es verdad que ando un poco obsesionado y que desde que pasó lo del incendio en el otro piso siempre temo que a Darío vaya a sucederle algo terrible. Pero no se lo digo a usted, que sigue mirándome con cara de café helado, mientras coge la estilográfica negra que reposa sobre el crucigrama a medio hacer y da golpecitos con ella a la esquina de la mesa, como si cada uno de esos golpes midiera el tiempo que está dispuesto a concederme. Luego mira la foto de Darío, un niño de meses aparentemente normal en brazos de su madre y vuelve a mirarme a mí, incrédulo. Todo esto debe de resultarle descabellado, me hago cargo. No es para menos, la verdad: de pronto un enano entra como un golpe de viento en su comisaría y le muestra temblando la foto de un bebé rubio, le dice que es su hijo, su hijo, y que ha desaparecido de su cuna. Sí, señor, no hace falta que disimule, ojalá pudiera decirle que yo también sé que él y yo no nos parecemos en nada y que soy consciente de lo raro que resulta todo esto. Pero es mi hijo y en cuanto he entrado en casa yo he sabido que no estaba allí, porque una voz estrangulada como de bufón enloquecido se ha puesto a gritar en mi interior Darío no está, no está, y entonces he recordado las llamas, y he echado a correr en dirección al cuarto que pinté de azul cuando nos mudamos.

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Medium 9788483935965

Urgencias

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Urgencias

 

Es madrugada y en la sala de espera la gente apaña su cabello como puede. Coletas rebeldes, peinados cansinos, flequillos desastrados. Salvo ella que está ideal, pelo lavado y marcado. Desde su exquisitez observa a los que agonizan y trata de elegir. ¿La niña con ronchas de fiebre o el abuelo que se retuerce de dolor? Por fin, escoge a la rubia del rincón, melena envidiable, descaradamente hermosa. En su terreno, solo la muerte es perfecta.

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