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Medium 9788483935415

Morir de amor

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Morir de amor

 

Había vivido sus primeros quince años sin problemas, siempre enganchado al mismo convoy. De modo que cuando fue asignado a otras unidades empezó a fallar y en Mantenimiento no supieron arreglarlo. A nadie se le ocurrió devolverlo a su antigua vida, con los viejos compañeros. Y, así, falló tantas veces que tuvieron que llevarlo a Desguace.

 

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Medium 9788483935606

Muñeca fatal

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Muñeca fatal

 

Definitivamente, la muñeca que aparece en algunas de las fotos de mi infancia es un espectro. Sé bien que mi madre la tiró a la basura cuando consideró que se había convertido en un trasto sucio e irrecuperable, a pesar de mis intentos para salvarla. De puntillas, froté su cabeza en el lavabo con una pastilla de jabón, desenredé su melena de vagabunda y la vestí con los indignados trajes de sus compañeras de baúl, pensando que algunas redenciones todavía son posibles. Pero ella se había vuelto para siempre una Muñeca Fea que miraba con desdén la puerta de mi habitación, como si más allá de la casa la esperara un lugar donde podría terminar de destruirse, en compañía de otros objetos desahuciados. Así que un día, simplemente, se largó. En las fotos en blanco y negro donde ya no pudo aparecer pero, sin embargo, aparece, lleva el cabello recogido en dos primorosas trenzas y finge una media sonrisa para la cámara. Soy yo la que me preocupa más: en todos los retratos luzco cabellera enmarañada, una delgadez de mendiga y unos ojos de pijama viejo que desmienten mi infancia.

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Medium 9788483935262

La incondicional

Enrique Serna Editorial Páginas de Espuma ePub

La incondicional

 

 

 

A Ana García Bergua

 

 

 

Parece mentira, sigues guapísimo a pesar de los años y la enfermedad. No te sonrojes, Saúl, lo digo en serio: ya quisieran muchos llegar a la vejez como tú. A los hombres las canas les sienta A una mujer canosa ni quien la voltee a ver por la calle, en n mejor que a nosotras, les dan un toque de distinción. cambio tú eres uno de esos viejitos guapos que todavía pueden arrancarle suspiros a las señoras. ¿Estás cómodo o quieres que te suba la almohada? Mejor no trates de hablar hasta que te quiten el aspirador de la tráquea, ya lo dijo el médico, primero tienes que sacar todas esas flemas de los pulmones. Quién iba a pensarlo, nunca probaste un cigarro, en cambio yo fumé toda la vida y el que acabó con enfisema fuiste tú. Cáncer de fumador pasivo, válgame Dios. Perdóname, gordo, nunca me imaginé que estuvieras tan delicado del aparato respiratorio, te consta que siempre tuve mucho cuidado para no echarte el humo en la cara. ¿Verdad que sí me perdonas? Una sonrisita, por favor, una sonrisita para tu nena. Me la he ganado a pulso por todo el amor que te he dado en treinta y cinco años de matrimonio ¿Quién te quiere más que yo? ¿Quién te ha dado comprensión y apoyo en los momentos difíciles? ¿Quién te levanta la moral cuando estás deprimido?

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Medium 9788483935019

Lo inconcebible no es el porvenir

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Lo inconcebible no es el porvenir

 

En la calle, junto a una boca del metro, dos hombres discutían acaloradamente por una muela gigante. La muela, muy calmada, se volvía hacia uno y hacia otro, sin tomar partido, como si aquella discusión fuera para ella un pasatiempo habitual. Cuanto más se ofuscaban los dos hombres, más crecía la muela. La gente que entraba en el metro hacía caso omiso de la disputa. La que salía, en cambio, se iba sumando al corro de curiosos, que al hablar en susurros formaban un repique sordo, hiriente, parecido al que haría un saco de avellanas al derramarse por el suelo.

Cuando la muela había sobrepasado las azoteas más bajas, uno de los dos hombres, el más fornido, rompió a llorar. La muela perdió altura. El otro hombre, todavía colérico, arremetió contra uno de los curiosos y el grupo salió en desbandada. Luego los dos hombres se dieron la mano: la muela se redujo al tamaño de un perro pequeño. Repitieron la acción, y la muela –que ya no era más grande que una avellana– rodó escalera abajo por la boca del metro, donde antes o después llamará la atención de otro par de inocentes sin escrúpulos.

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Medium 9788483935620

Fisionomía

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Fisionomía

 

Con un solo ojo en el hueco del esternón, y una barriga hendida que hacía las veces de fauces tragaderas, aquellos seres sin cabeza tenían una extraordinaria capacidad para reconocerse por las manos. La forma de las uñas, la prominencia de los nudillos, los pliegues y las líneas estaban para ellos cargados de un sinfín de matices.

Después de unos días viviendo en sus ciudades, comprendimos que no solo no podían leer ninguna de nuestras expresiones faciales, sino que bastaba con que nos metiéramos las manos en los bolsillos para poder pasar por un mismo individuo idéntico miles de veces repetido.

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