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Medium 9788483935620

Hamelín

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Hamelín

 

Y cuando todas las ratas estuvieron dentro de la caja, Hamelín apagó el televisor.

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Medium 9788483935309

Homicidio en Heathrow

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Homicidio en Heathrow

 

–¡Cuánto misterio emana de los aeropuertos! Yo les cuento otro caso –dijo lord Leighton Buzzard–. Este era también un hombre de empresa, un ejecutivo importante. Tenía un vuelo que no podía perder, como suele ocurrir con los ejecutivos, y buscaba desesperadamente un taxi en la zona de Knightsbridge. Iba a firmar un contrato en Qatar, vital para su futuro. Pero algo pasaba esa mañana con el tráfico. Por fin alcanzó a ver un coche libre y le hizo una señal muy llamativa. Había dejado el maletín en el suelo y agitaba los brazos por encima de su cabeza. Ya lo sé, demasiado nervioso para ser inglés. Una dama, joven todavía, en quien no había reparado, se le adelantó con descaro y se subió al taxi. Oyó que iba también a Heathrow. Le propuso que compartieran el coche, pera ella contestó con un mohín de desagrado. Decidió volver a su casa en Montpelier Walk y tomar su propio coche. Salió hacia Heathrow a toda la pobre velocidad que le permitió el tráfico y estacionó con tan mala suerte que produjo desperfectos en un coche vecino y tuvo que demorarse dejando sus datos en el parabrisas. Muy nervioso, se precipitó hacia la sala de embarque: el vuelo ya estaba cerrado. Con la sensación de haber sido asaltado, se acercó a la barra de la cafetería y pidió un whisky doble. Se lo bebió de un trago y pidió otro. No dejaba de pensar en el contrato perdido. Entonces vio a la mujer que le había quitado el taxi. Estaba sentada a una mesa tomándose muy plácidamente un té. Se acercó y le recriminó su conducta; ella se levantó muy airada «¡está usted bebido! –le acusó– ¿cómo se atreve a hablarme así?». Notó que ni siquiera lo había reconocido y se ofuscó. Agitó el brazo en actitud de rechazo como si quisiera apartar de sí el sonido de aquellas palabras, pero lo hizo con tal fuerza que la mujer se cayó hacia atrás y se desnucó. Salió a la calle entre gritos, los suyos, y los de la gente alrededor. Corrió sin saber a dónde y un autobús de los que unía las terminales lo atropelló. Tras una semana en coma, murió. Nadie logró convencer al marido de ella ni a la esposa de él de que no había habido entre ellos una turbulenta relación amorosa.

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Medium 9788483935316

Saca al perro

Javier Sáez de Ibarra Editorial Paginas de Espuma ePub

Sacar al perro

 

La mancha de nacimiento que tenía en las partes posterior y lateral del cuello, una forma indefinida y alargada de unos quince centímetros, casi negra, con algunos cabellos, había sido causa de problemas en su vida. Por ejemplo, pensaba a veces, no haber conseguido una relación estable. No podía esconder la mancha durante la mayor parte del año, porque en su trabajo eran muy estrictos respecto al traje y al pelo corto de sus empleados. En cambio, en invierno sí; salía recién entrada la noche a pasear con las solapas de la gabardina o del abrigo bien altas, y deambulaba por las calles a las que el frío iba descendiendo y donde las gentes se batían en retirada. Sus paseos se habían convertido en un hábito; después de la oficina, entre pasadas las siete o las ocho, recorría su propio barrio o los aledaños. Caminaba al azar, o buscando nuevos destinos alejándose un poco, movido por la inspiración o el deseo de aliviarse de las tensiones. Al cabo de unos días ya le eran familiares las personas que cerraban sus tiendas, los que esperaban el autobús en la marquesina de siempre, los que dejaban la basura en la acera.

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Medium 9788483935255

Toreo remoto

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Toreo remoto

 

Contra los consejos unánimes, el célebre matador andaluz volvió once meses después de un accidente en el que estuvo cerca de perder la vida. Su regreso no pudo ser más comentado porque el torero, medio tullido en una silla de ruedas, fue depositado en el centro de la arena con una capa roja sobre las piernas, lo mismo que una manta, y otro torero –primo hermano suyo– decidió desde las gradas, provisto de un control remoto a botonera, hasta el menor desplazamiento de la silla. El matador se retiró aclamado por este raro toreo remoto, pese a que alguna fortuita interferencia estuvo a punto de empañar la jornada.

 

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Medium 9788483935866

El aburrimiento, Lester

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

El aburrimiento, Lester

 

Después de tres pasadas por el estante de la música sin saber qué poner, oigo como en sueños Lester Young; vale, digo Lester Young y dejo caer suavemente la aguja sobre el disco y comienza a llover, doblemente comienza a llover, una lluvia eléctrica procedente de una mala copia de los viejos discos de pizarra y una lluvia mojada de esas que parece que a san Pedro se le han roto las puertas y el refrán de los cántaros se queda chico. Lester Young, un saxofón retorcido que se me mete por las orejas, los ojos trepándome por la cara para enredarse en las macetas de la ventana y asomarse nuevecitos al otoño, primer día que llueve en cuatro o cinco meses, una cortina de agua que moja la azotea, una cortina de saxofón que moja mi oído, y yo en medio, «ventana asomao», «en los días de lluvia ventana asomao»; me doy la vuelta, levanto la tapa y quito el disco, deja de llover dentro, mientras afuera sigue san Pedro erre que erre, y pongo a los Caligari (enseguida una asociación: Jekyll y Hyde, Mary Shelley, Byron), los chavales del Gabinete (la alquimia, aquelarres, Percy, el gótico por el Gothic, Ken Russell, tras el gótico, ¿qué viene?, por delante esos macizos románicos, vampiros), los chavales que cantan modernos lo de «en los días de lluvia ventana asomao», y «la suerte es como un pez», podrido, pescado podrido en un rincón de agua varada en la dársena de un río, estancamiento para los mosquitos, el tedio, él te dio el aburrimiento, mientras ya la lluvia tan sólo es una y esa está fuera, que ya la azotea es un espejo donde se reflejan las antenas de los aparatos de televisión, por cierto, quito el disco, los chavales se me quedan a medio camino, con tanta lluvia los recorridos están embarrados, Soria queda lejos, parece; pongo la televisión: cara redonda de Manuel Hidalgo, tal cual, como tantas tardes, tantas otras tardes, y siempre llegarme a la memoria ese día tan importante, el día más grande de tu vida, hijo, haciendo la primera comunión vestido de capitán de un barco a la deriva, todos nosotros, tan asustados y tan pelados y repeinados, que veo las fotos y no puedo hacer otra cosa que reír, el día más grande de tu vida, hijo, y Manolo Hidalgo con su cara redonda sacándole la lengua al cura para que le pusiera aquello redondo en la boca; cuidado, que eso no lo pueden rozar los dientes, pecado horrible darle un bocado a Dios, demasiado atrevimiento, tiene que entrar despacito, licuándose entre la lengua y el paladar, poco a poco, y Manolo confesándome después que sí, que lo rozó con una muela, ya casi al final, es que esto es muy difícil, ¿y no te hacía cosquillas en el cielo de la boca? (Dios tiene sus cosas, sus métodos para meterse dentro de uno, te hace cosquillas en muchos sitios), y Manolo Hidalgo compungido porque sus dientes, los mismos dientes con que me había mordido en una mano el día que le gané las treinta canicas, esos dientes habían rozado a Dios el primer día que entró en él, ¿qué me pasará ahora?, y nosotros diciéndole que no tenía importancia, Dios se iba a hacer un lío con todos nosotros una vez que nos arrancásemos las condecoraciones de capitán, de almirante, de marinero raso, mañana todos otra vez con los pantalones cortos en el paseo jugando al tú la llevas; hombre, más jodidos, ya no se podía decir cabrón qué patada me has dado, hijoputa, te la debo, ahora va a ser más difícil jugar si ya nos han quitado medio vocabulario del juego, y a las canicas, cuando yo te gane otra vez treinta bolinches ya no me podrás morder, Hidalgo, porque..., en fin, que me acuerdo, cómo no acordarme cada tarde cuando sale tal cual por la tele tu tocayo, Manuel, Hidalgo, pero qué pena tan mayor ya, debéis de tener los mismos años, comulgando casi a la vez, creo, y tú me cuentan ahora que eres representante de zapatos, ¿no?, y este en la tele representante de, representante de, presentador, yo qué sé; quito la televisión, el cielo está prácticamente López, san Pedro sigue con la puerta jodida, increíble que en el primer día que llueve caiga tanta agua, ¿y ahora qué hago?

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