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Medium 9788483935033

Climas

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Climas

 

La esperanza circula no en el sentido de las agujas del reloj, sino a través de un pasadizo blanco donde los vigilantes de los volcanes, con la cara tiznada de óxido, soportan que les nazcan en los pies ruedecitas de lluvia, y un plumaje violento, parecido a la voz de los cañones.

 

*

 

Quien ilumina el interior de una cisterna sabe de sobra que antes o después su boca emigrará a la etiqueta de las infusiones; y que esa claridad dejará posos, igual que el horizonte almacena sus huevos en el tejado de las serrerías.

 

*

 

El invierno puede ser benigno si se le ata a la puerta de los hipódromos. Si se le deja suelto, temed por la herradura disimulada al fondo de los altares, y por la quilla de los rompehielos.

 

*

 

Un día, por error, se calcula en doce años el promedio de vida de las estufas. Al día siguiente los beduinos tiemblan, los cangrejos de río se hacen fuertes parapetados tras sus barricadas, y una ola de frío polar inutiliza a los acordeones, para alivio de todos.

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Medium 9788483935446

Mi matrimonio

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Mi matrimonio

 

Mi marido, el pobre, se ha hecho viejo antes que yo. Viejo de la cabeza. Después de tantas cosas como hemos vivido juntos, tantos proyectos como habíamos hecho para la tercera o cuarta edad, me encuentro ahora con que, en lugar de compañero, tengo al lado una especie de niñito indefenso y caprichoso. Lo peor de todo es que, con el fin de no herir su creciente y enorme susceptibilidad, me las veo y me las deseo para que no se dé cuenta de que tengo que repetirle las cosas veinte mil veces, que si no, las olvida. Pero ni así. Solo para que se acuerde de subir el pan –y no se lo pido porque no pueda bajar yo, que acabaríamos antes, sino para que se sienta útil–, tengo que hacer mil y un malabarismos: «Cuando pases por la panadería, pregúntale a doña María si le debemos algo». Al cabo de un rato: «Por cierto, a ver si está hoy el pan más bueno, porque lo que es ayer...». Luego, mientras tomamos un café descafeinado: «Si te encuentras con Paco en lo de doña María, podrías preguntarle por lo de la excursión». Más tarde: «Esta salsa que estoy haciendo hoy va a conseguir que te acabes la barra de pan». Un poco después: «Me ha dicho la del quinto que van a subir el pan no sé cuántos céntimos». Y por fin, antes que salga de casa: «Con la hora que se ha hecho, si ya no le quedan de cuarto normal, tráete una sin sal». Aún así, a veces vuelve sin el pan –pero con una escoba nueva, por ejemplo– y me toca bajar a mí. En ocasiones he llegado a pensar que se burla de mí, que se está vengando de algo. Pero no. Es que está viejito, mi Pedro.

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Medium 9788483935545

Pesadilla

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Pesadilla

 

 

La soñé cuando tenía cuatro años y nunca he olvidado el horror que me inspiró. Era muy flaca, llena de arrugas y de una blancura enfermiza que recordaba la leche vomitada. Llevaba un vestido de flores mustias, una chompa roja, un pañuelo alrededor de su cabeza sin pelo y unos anteojos negros, negros como las encías de sus dientes. Yo la miraba desde la ventana de casa cuando me descubrió. Quise escaparme y no pude. Cruzó la pista y avanzó hacia mí. Metió la mano huesuda a través de la persiana y yo corrí sin moverme del sitio, como los personajes de los dibujos animados. Tenía los labios pintados de rojo y las uñas larguísimas. Hace años que desperté a gritos y todavía no consigo olvidarla. Ni siquiera esta noche que me revuelvo desvelado en la habitación de un hotel lujoso, a miles de kilómetros de mi ciudad y más bien al final de mi vida. De pronto ha salido del baño y de nuevo extiende su mano hacia mí. ¡Dios mío, no estoy dormido!

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Medium 9788483935446

El fin de nuestros días

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

El fin de nuestros días

 

Sé que mi amante y yo vamos a morir dentro de muy poco tiempo. Sin embargo, no consigo creerlo, y todas las noches tengo el mismo sueño, del que despierto aliviada e incluso reconciliada con el mundo: Mi amante y yo estamos, en efecto, rodeados por un gran número de personas, todas ellas con los bolsillos repletos de piedras, dispuestos a sacrificarnos, pero cuando se les da la orden de que empiecen a lanzarlas contra nosotros, no lo hacen, sino que nos sonríen y nos aplauden con entusiasmo. Se oyen incluso algunos comentarios que nos felicitan por nuestro gran amor y que nos animan a seguir adelante. Luego esa gente se retira poco a poco, nos dejan a solas, y mi amante y yo regresamos paseando a casa, cogidos de la mano, felices de ser quienes somos.

Hay momentos en que me hago ilusiones y pienso que, de tanto repetirse, ese sueño se va a convertir en realidad. Sé, no obstante, que eso es imposible. Nadie va a renunciar a su derecho de matar. Nada hay parecido al crimen que se cree justo. Ninguna sensación de poder es tan grande como la de quitar la vida a un ser humano sabiéndose de antemano inmune. Yo misma he participado en lapidaciones cuyas causas ni siquiera llegué a conocer. «¿Cómo pude?», me pregunto ahora, justo cuando lo que deseo, en verdad, es que sean nuestros verdugos quienes se cuestionen lo que nos van a hacer. Y que no lo hagan. Pero por desgracia conozco la emoción indescriptible que se siente justo momentos antes de empezar a tirar piedras. Se acelera el corazón, sudan las manos, se agita la respiración y sube la temperatura del cuerpo. Enseguida es demasiado tarde para frenar. Al fin y al cabo, cada pedrada es un hecho aislado y, en sí misma, resulta inofensiva. Es la suma de todas las piedras lo que resulta letal. Cada uno de los participantes es inocente. Solo el grupo es culpable de un asesinato legal.

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Medium 9788483935446

Quinto aniversario

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Quinto aniversario

 

Lo nuestro es de película. Desde el principio. Porque a ver, desde cuándo romperse la crisma da suerte. Que se sepa, nunca. Y sin embargo, lo nuestro es diferente.

El día veinte de agosto de hace cinco años, tanto Mari como yo, cada uno por su lado, tuvo la gran fortuna de destrozarse la cara. Yo estaba trabajando en un andamio, a una altura de unos quince pisos, resbalé y me caí de bruces, con el consiguiente desperfecto y una aparatosa pérdida de sangre que incitó a mis buenos compañeros a llamar de inmediato a una ambulancia que llegó, sin exagerar, un par de horas más tarde, cuando lo mío era ya casi irreparable. Por su parte, Mari estaba limpiando los cristales de uno de los ventanales del piso en que trabajaba y, al igual que yo, dio un traspié y cayó toda ella hasta dar contra el suelo de cabeza. Algún transeúnte consciente de la gravedad de la situación avisó al servicio de urgencias que debió de tardar también lo suyo porque, cuando llegaron, el alma caritativa que les había avisado ya no estaba allí, pero había dejado una nota junto al cuerpo aún con vida de Mari que decía: lamento no poder aguardar durante más horas su llegada; otros deberes me reclaman.

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