Crea tu propio libro electrónico

Utiliza nuestra aplicación para mezclar relatos y hacer tu propio libro personalizado. Es sencillo y tan sólo tardarás unos minutos. Para ti o para regalar.

Relatos por separado Compra uno o más relatos por separado o añádelos a una selección de relatos para hacer un libro personalizado

Medium 9788483935873

Luisito Tristán, pintor de fondos

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Luisito Tristán, pintor de fondos

 

Ya habíamos estado aquí antes dos veces Benito y yo, este es nuestro tercer viaje juntos. La Peña ha cambiado mucho en los últimos años, una barbaridad. Más que la ermita y su Virgen, más que las ricas aguas espumeantes y ferruginosas, es la presencia de Benito la que le ha otorgado a la montaña su carácter de lugar sagrado. Apenas un monte hueco, agujereado, con un manantial de aguas amargas, era todo esto antes de que sus sandalias hollaran la explanada por primera vez. A la caverna donde se retiró tras ordenarse sacerdote, una tortuosa oquedad donde los pastores abrigaban a las cabras durante las gélidas noches de invierno, se la conocía con el aparatoso nombre de El Palacio Oscuro, a saber quién demonios se lo puso. En lo más profundo de su vientre, bajo un techo de murciélagos tiernos, había estudiado Benito durante meses, en pasmosa soledad, callada y minuciosamente, las Sagradas Escrituras. Y ahí mismo lo acompañé yo más tarde como un hijo, como un fiel escudero. No tardó mucho en que se corriera la voz: en La Peña mora un hombre santo, un eremita muy delgado de ojos vivos y penetrantes; pasó algún tiempo solo, pero ahora parece que lo asiste un joven taciturno, tan callado como él. Se ve que no me conocen. Muchachas de la aldea nos suben desde entonces cestas con ricas viandas. Las dejan a la entrada de la caverna, para que el anacoreta y su joven acompañante no mueran de inanición, para que se alimenten de algo más que frutos y raíces. Las suben a escondidas, no quieren molestar, aunque a veces la curiosidad les puede y con el prurito de vernos son ellas precisamente las que se dejan ver. Qué tremenda conmoción fue descubrir la perfecta silueta de Clelia recortada aquella noche frente a la cueva, apenas una semana después de instalarnos, como si fuese todavía un espejismo fruto del agotamiento del viaje…

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935545

El deseo

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

El deseo

 

 

«¡Pide un deseo!» –dijo la tía Carmen– y yo pedí que resucitara abuela y soplé las velas. Todos se quedaron callados y mamá comenzó a llorar, porque echa de menos a la abuela y siempre está con los ojos rojos. Mi papá me ha castigado y se ha llevado a mamá al cine para que se ponga tranquila, pero yo también extraño a la abuela porque me contaba cuentos y me preparaba dulces. Por eso pedí el deseo, para que volviera a casa y mamá deje de llorar. Qué contenta se va a poner cuando la encuentre en su cama, toda llena de gusanitos.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935736

Las cinco

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Las cinco

 

Aquella vez me despertó un fruncirse de ropa muy cercano, como si alguien vestido con una gabardina gruesa o un chaquetón de lona se hubiese sentado en el suelo. Percibí también un olor rancio: tal vez aquella ropa que se arrugaba era vieja y su portador no estaba demasiado limpio. Encendí la luz, pero allí no había nadie. La experiencia se repitió otras veces, aunque nunca fui capaz de ver ni de tocar el supuesto cuerpo que llegaba de repente en la oscuridad para acurrucarse junto a mi cama y despertarme. Una noche me pareció escuchar el murmullo de una voz que decía despedido. Varias noches después, a la misma hora, la misma voz musitó algo que, según me pareció, hablaba de enfermedad, de un hospital. Empecé a tomar pastillas para el sueño, pero no eran del todo eficaces a la hora en que aquella gabardina o chaquetón se arrugaban bajo los movimientos del invisible. Hace dos meses le oí hablar por última vez, murmuró algo sobre una operación. Ya no ha vuelto a despertarme.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935705

La española cuando besa

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

La española cuando besa

 

 

 

Cuántas veces, a tientas, en la noche,

sueñan dos cuerpos fundirse en uno solo

sin saber que al final son tres o cuatro.

Eugenio Montejo

 

 

La española

 

 

Desde que llegué a Nueva York presentí que sería testigo de maravillas, pero nada fue comparable a lo que viví aquella noche de verano en el Village. Ni las tiendas, ni los museos, ni las multitudes, ni los rascacielos me impresionaron tanto. Fue como participar en el rodaje de una película y todavía se me pone la carne de gallina al recordarlo.

Mientras duró aquel tour recorrí los bohemios bares del Village durante las sofocantes madrugadas. ¿Sabes lo que te digo? En Sevilla ni siquiera salgo de día y no me iba a privar de las famosas noches neoyorkinas lejos de Arturo y de los niños. Los museos están bien y en los escaparates de la Quinta Avenida hay virguerías, pero era horroroso ir a todas partes en mogollón para luego terminar peleándonos por las rebajas de los bazares de la ca­lle 14. Los viajes organizados son deprimentes y por eso me busqué la vida sola. Así descubrí el Goody’s, un bar de copas que está en la Avenida de las Américas, entre la 9 y la 10. Algo cutre, sí, pero era como en las películas.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935255

Correspondencia ventrílocua

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Correspondencia ventrílocua

 

Mi cuñado anda confuso porque pronto hará dos meses que recibe de una mujer desconocida una serie de cartas en contestación a otras que él no ha escrito ni escribirá para ella ni para nadie. En las cartas, que llegan a su casa con la frecuencia de hasta tres por semana, la mujer le cuenta sus asuntos, le reclama noticias o se pone a copiar párrafos enteros. La mujer alega que recurre a estas paráfrasis con el fin de comentar o de contradecir mejor, palabra por palabra, las aseveraciones que afirma haber leído. Mi cuñado oscila entre la indiferencia y la atracción. A veces abre y lee las cartas que le escribe la mujer más por saber qué ha dicho él que por saber qué dice ella. También admite que, al toparse con muchas de estas frases hipotéticamente de su autoría, ha sentido el impulso de ponerse a escribir «de verdad» para acabar con la «correspondencia ventrílocua», como la llama siempre que se enfurece. «Si no lo hago es porque tengo la certeza de que ella nunca me prestará atención y seguirá escribiéndome esas cartas que, a la postre, no son más que un malsano soliloquio».

Ver todos los capítulos

Ver todos los relatos