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España, aparta de mí estos premios

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¿Qué ocurriría en España si apareciera en las profundidades de una cueva un brigadista japonés ignorante del final de la guerra civil? España, aparta de mí estos premios es un libro desternillante que podría ser irreverente si la realidad no fuera más rocambolesca que la ficción, pues Fernando Iwasaki no sólo demuestra que es posible ganar siete premios literarios con el mismo relato, sino que resulta mucho más sencillo convertirse en vasco, andaluz o catalán siendo nipón antes que ultramarino. 
Por eso España, aparta de mí estos premios es un homenaje al Concursante Latinoamericano Desconocido y al mismo tiempo quiere ser un preámbulo a las instrucciones para cazar premios "búfalo" en España, donde sólo hay que seguir al pie de la letra las recomendaciones de Groucho Marx: «Los grandes éxitos los obtienen los libros de cocina, los volúmenes de teología, los manuales de cómo hacer y los refritos de la Guerra Civil».

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8 relatos

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El haiku del brigadista

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El haiku del brigadista

 

... en el ventanal aparece un desierto interminable y ardiente

y un soldado solo, llevando la bandera de un país que no es

su país, de un país que es todos los países y que sólo existe

porque ese soldado levanta su bandera abolida...

Javier Cercas, Soldados de Salamina

 

I

 

Apenas el japonés le rajó la barriga al concursante Pocholo, la adormecida audiencia de «Cavernícolas Solidarios» celebró entusiasmada la eliminación del inquilino más pesado de la cueva. Sin embargo, cuando el iracundo nipón intentó decapitar al concursante Dinio con una katana, algunos televidentes comenzaron a sospechar que algo raro ocurría y la centralita de Televisión Española quedo colapsada por culpa de cientos de llamadas que apechugaron el coste de 90 céntimos de euro por minuto.

Gracias a las cámaras distribuidas a lo largo de toda la caverna, la audiencia pudo ver muy bien cómo el japonés se deshizo con suma facilidad de los finalistas Ismael, Boris y Pepe, así como de siete apócrifos vigilantes que en vano trataron de reducirlo. Mientras el share del concurso aumentaba en progresión geométrica, el guerrero amarillo tomó como rehenes a las concursantes Yola, Nuria, Malena y Estíbaliz, a quienes arrastró hacia la parte más profunda de la cueva. ¿Qué estaría haciendo con ellas en ese lugar adonde no llegaban las cámaras?, se preguntaban morbosos los telespectadores.

 

El kimono azul

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El kimono azul

 

Un hombre de mono azul no era lo que era ni lo que había sido; era pura sombra, era su propia sombra, de la que saldría su cuerpo cuando el fuego lo iluminara y si la muerte lo permitía.

Aquilino Duque, El mono azul

 

I

 

La reportera de Toledo Televisión ya había terminado su desabrida conexión en directo desde la cripta del Alcázar, cuando los gritos y los disparos desataron el caos y de paso el rating. Así, gracias a la cámara que siguió funcionando sobre su trípode, la audiencia de toda España pudo contemplar –horrorizada– el cuerpo alicatado de bombas, granadas y dinamita de aquel hirsuto terrorista que tomó como rehenes a la corporación municipal, al arzobispo, a los miembros de la Hermandad de Defensores del Alcázar, a los veteranos del Tercio de Requetés, a la Mesa Nacional de Falange y a un piquete de jóvenes antiglobales que había acudido a la cripta con idea de reventar la ceremonia del LXX Aniversario de la Liberación del Alcázar de Toledo. A la vista de los explosivos, el acto parecía destinado a ser reventado.

 

La geisha cubista

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La geisha cubista

 

Una vez más, como había ocurrido en anteriores

relaciones, Picasso quería encerrar a su amante,

ocultarla de las miradas, para disfrutarla sólo él.

Paula Izquierdo, Picasso y las mujeres

 

I

 

El Conseller de Cultura llevaba cerca de media hora denunciando la trama de falsificaciones de dibujos de Picasso, cuando un par de cuchillos se clavaron en el respaldo de madera repujada de su silla consistorial, cada uno a tres centímetros de sus orejas. Un guardia de seguridad quiso desenfundar su pistola, pero dos nuevos cuchillos inmovilizaron su brazo contra los gobelinos de la pared. Los periodistas que intentaron reducir al atacante fueron noqueados con facilidad y tres fornidos mossos d’esquadra se abalanzaron sobre el agresor, circunstancia que quiso aprovechar el Conseller para huir hacia la Galería Gótica, pero la lipotimia que le sobrevino cuando un cuchillo le depiló los morros antes de incrustarse en la puerta le impidió escapar como quería. Al verse rodeado por la policía, el sicario se abrió paso blandiendo un palo con el que vapuleó a los agentes, antes de encerrarse en el Salón de las Crónicas, donde desapareció como por arte de magia.

 

El sake del pelotari

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El sake del pelotari

 

«El pájaro de Osaka vuelve siempre a Osaka»,

replicó Toshiro. Repetía, a su modo, una sentencia

vasca que Joseba le había enseñado:

Orhiko txoriak Orhira nahi

(«El pájaro de Orhi sueña con Orhi»).

Bernardo Atxaga, El hijo del acordeonista

 

I

 

La semana dedicada al padre Murrieta fue la última de la temporada, porque la Televisión Autonómica del País Vasco no quiso arriesgarse a perder el magnífico share que había conseguido en durísima lucha contra médiums, futbolistas, cocineros y estrellas del bricolaje. «Vascos sin Fronteras» se había convertido así en el programa de mayor audiencia de la historia de la ETB, con episodios memorables como el del aizkolari de Oregón Warren Etxemendigaray –que aserró quince árboles en apenas tres horas– o el harrijasotzaile chileno Patricio Olabegojeaskoetxea, quien llegó a levantar una de las cabezas de piedra de la isla de Pascua. Todas las esencias euskaldunas desfilaron a lo largo de los doce capítulos que «Vascos sin Fronteras» dedicó a la diáspora y a sus figuras más representativas, por lo que la aburrida jubilación del nonagenario padre Murrieta fue desterrada para la última semana.

 

La katana verdiblanca

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La katana verdiblanca

 

Y es por eso que hoy vengo a verte,

sevillista seré hasta la muerte.

La Giralda presume orgullosa

de ver al Sevilla en el Sánchez Pizjuán.

«El Arrebato», Himno del Centenario

 

I

 

Aquel cable de la Agencia Efe sacudió como un terremoto a todas las redacciones de deportes: «Japonés de noventa y tres años solicita ayuda para viajar a Sevilla y cumplir última voluntad de su maestro: esparcir sus cenizas en el estadio Sánchez Pizjuán».

La peña sevillista de Coria del Río fue la primera en reaccionar, y ante su llamado se movilizaron las peñas de Alanís, Burguillos, Santiponce y Las Pajanosas. Cuando la noticia saltó a las primeras planas de todos los diarios locales, la directiva del Sevilla Fútbol Club emitió un comunicado anunciando que pondría todos los recursos de su sociedad deportiva «a disposición del sevillismo japonés». ¿Quién decía que no había hinchas del Sevilla fuera del área metropolitana sevillana?

 

El sushi melancólico

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El sushi melancólico

 

Sushi: trozo de pescado que la cocina oriental

se empeña en que nos comamos crudo y que aquí

se usa como cebo para ir a pescar besugos.

Óscar Terol, Ponga un vasco en su vida

 

I

 

La polémica estalló en la víspera de la entrega de la IV «Cuchara de Oro» del Museo Vasco de la Gastronomía de Llodio, cuando la cocinera Michiko Arakaki acusó al chef Ahitori Tsurunaga de traicionar la identidad de la cocina de Euskal Herria por introducir ingredientes exóticos en los platos tradicionales de la gastronomía vasca. Ahitori Tsurunaga, propietario de la más sofisticada cadena de restaurantes vascos del planeta y Medalla de Oro del Gobierno Vasco por su contribución al conocimiento de la riqueza cultural y gastronómica de Euskadi en el mundo, tachó de provinciana, envidiosa y resentida a su compatriota, pero Michiko volvió a la carga con una andanada de denuncias que reventó los teletipos: Ahitori Tsurunaga utilizaba calamares de vivero, cocochas clonadas y un repugnante concentrado de enzimas de medusa que hacía pasar por el exquisito vinagre del txakoli de Orduña. Michiko Arakaki compareció ante las cámaras con una ikurriña como hachimaki y una pegatina en el pecho que mezclaba el japonés con el euskera: «Tsurunaga-ryori, maketo-ryori».

 

Tsunami de Sanlúcar

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Tsunami de Sanlúcar

 

¿Un comodín ideológico el langostino? (¿El penaeus

kerathurus?). Sí. El langostino tiene esa facultad:

ser igualmente apreciado por los políticos de la izquierda,

de la derecha y del centro, por no extender el análisis

de la admiración universal por el langostino al vegetarianismo

no radical, al rito social del matrimonio o las inauguraciones

de peñas flamencas, pues el langostino parece gozar de un

sólido consenso como factor de armonización antropológica.

Felipe Benítez Reyes, El Ocaso y el Oriente

 

I

 

El jefe de gabinete del Consejero estaba pasando fatiguitas. La Junta de Andalucía se había gastado una pasta en organizar la presentación del langostino de Sanlúcar en Manhattan, y, aunque no era ni la una del mediodía, ya no quedaba ni un solo político, periodista o empresario neoyorkino en el Starlight Roof del Waldorf Astoria.

–Pero ¡qué pasa, coño! ¿Los guiris nunca comen? –quería gritar el jefe de gabinete.

 

Decálogo del concursante consuetudinario (y probablemente ultramarino)

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Decálogo del concursante consuetudinario
(y probablemente ultramarino)

 

I

 

Los cuentos que envíes a los concursos nunca serán importantes para la historia de la literatura. En realidad, ni siquiera para la literatura.

 

 

II

 

Firma siempre con seudónimos femeninos, pero que sean sugerentes. Jamás explícitos. El recato atrae más.

 

 

III

 

Escribe un cuento que sea como una «célula madre» literaria que puedas clonar para cada concurso. No te preocupes. Los clones siempre salen mejores que el original.

 

 

IV

 

Describe escenas pastoriles cuando el premio lo convoque una gran ciudad (cabras triscando aspidistras por Barcelona, amapolas en la Castellana madrileña o lecherías en el centro de Valencia), pero crea una atmósfera cosmopolita cuando el concurso sea de pueblo (el Down Town de Higuera de la Sierra, los vernisages de Manzaneda de Omaña o el delicioso Dry Martini de los pubs de Guarromán).

 

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