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Lo bueno siempre es poco

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Lo bueno siempre es poco

 

Comprende que eres otro mundo en pequeño, y

que dentro de ti se encuentra el sol, y se encuentra

la luna, y también las estrellas.

Orígenes, Leviticus homilie, 5, 2

 

Marcos Antolín acababa de ser cesado como jefe de bomberos de Huebras la tarde en que se declaró el falso incendio y la cigüeña le dejó una niña en el tejado de su casa. Su mujer, Paula Carmona, le había repasado esa misma mañana las costuras de un nuevo uniforme; y mientras le seguía hasta la puerta sacudiéndole los últimos hilillos, le había dicho:

–A ver cuánto te dura, a ver, con lo adán que tú eres.

A los ojos de su mujer Marcos era una especie de niño grande. Todos los sábados que hacía buen tiempo Paula Carmona solía bañar a su marido en un barreño enorme de peltre, al sol, entre el relente de la hierbabuena, el escozor del jabón de sosa, y la curiosidad de don Cristóbal, el médico, que vivía en el patio vecino. Y lejos de arredrarse viéndole así, tan robusto como un Sansón, rara vez terminaba de secarle la cara de hogaza, los hombros fornidos, las piernas recias como pilares, sin que Marcos se hubiese llevado algún soplamocos. Por esa época no habían cumplido aún dos años de casados. Pero todo el pueblo estaba ya al corriente de que Marcos el bombero se dejaba mandonear por aquella chiquilla escurrida de pelo pajizo, que en opinión de don Cristóbal tenía un genio de mierda y un corazón de oro:

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Medium 9788483935828

Ida y vuelta

Pablo Andrés Escapa Editorial Páginas de Espuma ePub

Ida y vuelta

 

 

I

 

–Qué iba a ser un lobo. Era el perro de Cándido, que pasaba la vida por el monte.

–¿Cándido?

–El perro.

–Pues el título era bien claro, ponía «Lobo».

–El título dirá lo que quiera pero lo que cruzaba el río ese día era el perro de Cándido.

–¿Y cómo estás tan seguro?

–Porque iba conduciendo el tren.

–¿El perro?

–Te voy a decir una cosa, Ovidio: si vas a seguir en ese plan es mejor que marches a tomar el vino a la otra esquina de la barra.

El antiguo bar de la estación tiene por todo adorno en las paredes un reloj parado cerca las tres y un calendario con animosas máquinas de vapor cruzando desfiladeros de América. La locomotora del mes de marzo progresa junto a un río casi desbordado, entre pinares donde aún dura la nieve.

–Lo que quiero decir es que para ti será el perro de Cándido y para el pintor sería un lobo. Y en lo que ven o dejan de ver los viajeros no te puedes meter tú por mucho que mandes en el tren.

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Medium 9788483935132

La felicidad

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

La felicidad

 

Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal.

No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo; iba a decir el mejor, pero diré que el único.

Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal.

Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo. Domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.

Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, tanta, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los fornidos pectorales de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda ansiosa con los brazos abiertos.

A mí me colma de gozo semejante paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas y algún día, pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo.

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Medium 9788483935620

Chiroptera pilosus

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Chiroptera pilosus

 

Lo habitual, lo acostumbrado, lo más normal del mundo, es que apenas cierre la puerta de casa mi barba salga volando en busca de su sitio en el techo; se cuelgue de la viga del salón, bocabajo, y enrolle sus alas alrededor de su cuerpo.

Así ocurre cada día, y no vuelve a mí si no es para escamotear unas migas en el desayuno, o para que la rasque, si me ve en el sillón en actitud pensativa. O en cuanto oye el tintineo de las llaves y adivina que voy a salir.

Pero no ha sido así esta noche, que al volver de casa de Andrea me he descubierto la cara lisa y suave, extrañamente deslizante. Y no quiero ni pensar dónde ha podido quedarse.

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Medium 9788483935101

El monstruo está despierto

Mariana Torres Páginas de Espuma ePub

El monstruo está despierto

 

–He oído un crujido –dijo el pequeño, con un hilo de voz. Auri se incorporó despacio y abrió los ojos a la oscuridad. Todas las hermanas dormían, podía escuchar la respiración de cada una, coordinadas, como si respirase un solo cuerpo. Dormían apretadas en esa cama inmensa desde siempre, con los brazos y las piernas entrecruzados para que nadie pudiera arrebatarles al pequeño.

Horas atrás Auri había dejado de alimentar la lámpara. Ahora todo estaba oscuro. El pequeño se tapó los oídos con las mangas largas de ese pijama remendado para un niño más grande.

–¿Lo oyes, Auri? Suena otra vez. Está crujiendo mucho hoy.

Auri aguzó el oído. Ahí estaba el crujido, aún leve, suficiente para despertar al pequeño. Esa pues era la noche en que debía ocurrir. Auri buscó a tientas las manos del niño, y las guardó entre las suyas. No podía verlo, pero sentía cómo temblaban todos sus rizos rubios. Él crujió otra vez, crujió tan fuerte que la cama se estremeció y las hermanas despertaron.

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Medium 9788483935385

Julio Equis

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Julio Equis

 

Todos los viajes de Julio Equis empiezan con un par de palabras, me voy, y esas palabras nunca van seguidas de explicaciones y no siempre dependen del deseo o de la voluntad, pues Julio Equis viaja a veces por azar o a remolque de una frase o por culpa de un animal o a causa de un libro o en pos de alguien o detrás del sentido de las cosas o de sólo una de ellas, de algo.

Julio Equis es un ser ridículo, pequeño, temeroso y si de algo le ha servido viajar es para disimularse. Cambiar de lugar es una forma de evitar las instantáneas definitivas. Es más complicado captar a cualquiera mientras se mueve, y eso ocurre también con Julio Equis, pues a pesar de sus extravagancias no se sustrae a ninguna de las leyes físicas que acorralan a los de su especie.

Antes se ha dicho que Julio Equis es un ser temeroso y esa es una afirmación por lo menos falsa y como mucho estúpida. Al contrario, Julio Equis lamenta la existencia de caminos, porque para viajar de verdad le parece imprescindible abrirlos, y no se puede decir que sea temeroso quien gusta de abrir caminos o zanjas o boquetes o agujeros o vías.

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Medium 9788483935095

Monedas de oro

Clara Obligado Editorial Páginas de Espuma ePub

Monedas de oro

 

Mi padre me cuenta que cruzó el océano con una bolsa de monedas de oro. Las escondió en su espalda, como si fueran una atrofia del hueso y, de tanto apretarse, las monedas se clavaron como un hierro tatuándole el perfil del rey. También llevó un libro bien encuadernado, una pluma con su tintero, dos camisas limpias, un jabón. Al estudiar ese equipaje, en el barco pensaron que era un clérigo, y guardaban silencio al verlo leer, eso lo protegió de la barbarie infantil de los marinos. Apenas mediaba el siglo xviii, de modo que fue uno de los primeros en llegar y se hizo rico. Nadie quería aposentarse en esta tierra brutal. Él, como buen converso, era valiente y astuto en los negocios. Con la bolsa de monedas compró veinte mil hectáreas en las lindes del Paraná, en el mero corazón de las barrancas, un terreno montaraz y dilatado como el tiempo, donde no hay olivas, ni albero, ni edificación alguna sino pasto recio para el ganado. Allí, donde la tierra asoma a la selva, la selva al río y el río, ensangrentado de culebras, se hunde en el Brasil, construyó su primera vivienda. Y mi padre se levanta la camisa para que yo pase el dedo por su tatuaje, de una redondez perfecta. Me dice «toca, toca», y siento, como un trofeo, la hondonada de la espalda que se levanta maciza, tejida por los músculos. No le veo el rostro, pero sí esa mancha amonedada calcinándole la piel. Luego se acercó al puerto y contrató colonos para su campo. «Caras de mico –dice– dientes de piraña». En silencio, escucho el chisporroteo de las ascuas, una garza suelta su plañido, croan las ranas en la laguna. Mi padre se pasa la lengua por los dientes, continúa: «Poblé la tierra con cinco mil cabezas de ganado cimarrón. Un rodeo de cinco mil cabezas, ¿sabes lo que es eso? No alcanzaba un día entero para contarlas. Por las noches hacía progresiones matemáticas para ver cuántas podría tener pasados los primeros cien años. Pueden llegar hasta un billón –decía–, si sobrevivo. ¿Sabes lo que es un billón? Si comienzas a contar tu respiración ahora, al morir no habrás concluido». Aún de mayor, yo sentía vértigo ante el foso imposible de los números.

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Medium 9788483936016

Diversos avatares politi-socioló-econó-psicoló-espirituales (con final imprevisto)

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Diversos avatares politi-socioló-econó-psicoló-espirituales (con final imprevisto)

 

Diversos avatares politi-socioló-econó-psicoló-espirituales comenzaron de la siguiente forma: a mi cuñado, según iniciaba su petición de un crédito en la sucursal número nnn de la entidad bancaria *** de la ciudad de BBB, digo, apenas se había sentado en la butaquita para exponer su problema, el cajero le pegó un tiro en medio de la frente. Mi cuñado murió en el acto y, a continuación, su cabeza se volcó hacia atrás y quedó mirando la puerta de la calle.

Algunos clientes de la entidad se volvieron estupefactos. Alguien que reaccionó llama a una ambulancia, alguien a la señora de la limpieza, la sangre había humedecido la moqueta (y si no se actúa rápido…). El resto siguió como si tal cosa, supongo que por hábito o por indiferencia.

A lo que íbamos. Mi hermana se presentó allí al otro día a pedir explicaciones y un crédito para darle la sepultura. Se nos informó de que el cajero homicida había sido trasladado; sin embargo, su sustituto (un buen tirador él mismo) tuvo la amabilidad de comunicarle que se satisfarían ambas solicitudes, si bien lamentablemente algo menguadas. Se achacó el suceso a un ataque de pánico sufrido por el empleado, aclaró que ya se le había puesto un tratamiento; y se le hizo entrega, de manos del director de la sucursal, de un cheque-ataúd con el que podría elegir uno del catálogo bajo la condición de contratar también el servicio funerario completo, que ascendía a tres ceros.

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Medium 9788483935736

El lugar debido

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

El lugar debido

 

Al fin, unas luces entre las tierras anunciaron una población. Al llegar a la plaza, el taxista detuvo el coche.

–Ya hemos llegado –dijo.

El pasajero pagó y salió del vehículo. Todo estaba silencioso, solitario, pero tras los cristales de las ventanas había muchos ojos que lo miraban con fijeza. Un resplandor que venía de arriba le hizo alzar la vista. Por encima del lugar, entre el cielo negruzco, se deslizaba una figura gigantesca con vientre blanco y balanceo de pez. Otras figuras similares flotaban más lejos. Peces, peces inmensos que se movían lentamente en un cielo sin estrellas. Un crujido, acaso un chasquido de pinzas, se multiplicó en las calles vacías. El pez más cercano dio un coletazo. Un griterío resonó a lo lejos. Me voy a ahogar, pensó el pasajero, y luego habló en voz alta:

–¿Pero se puede adónde me ha traído usted?

–Al lugar debido –repuso el taxista, antes de poner otra vez el coche en marcha y alejarse.

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Medium 9788483935606

Un hombre en la bañera

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Un hombre en la bañera

 

Cuando llegué a casa con los zapatos en la mano y las perlas torcidas, él ya estaba dentro de mi bañera. Era un hombre del color del chocolate fundido, y me suena que ya nos habíamos visto antes, en algún sueño. Qué tal te ha ido el día, querida, preguntó tendiéndome su sonrisa triangular de copa de martini. Ahora te cuento, le contesté yo, soltando las sandalias como si fueran dos pájaros muertos.

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Medium 9788483935446

El fin de nuestros días

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

El fin de nuestros días

 

Sé que mi amante y yo vamos a morir dentro de muy poco tiempo. Sin embargo, no consigo creerlo, y todas las noches tengo el mismo sueño, del que despierto aliviada e incluso reconciliada con el mundo: Mi amante y yo estamos, en efecto, rodeados por un gran número de personas, todas ellas con los bolsillos repletos de piedras, dispuestos a sacrificarnos, pero cuando se les da la orden de que empiecen a lanzarlas contra nosotros, no lo hacen, sino que nos sonríen y nos aplauden con entusiasmo. Se oyen incluso algunos comentarios que nos felicitan por nuestro gran amor y que nos animan a seguir adelante. Luego esa gente se retira poco a poco, nos dejan a solas, y mi amante y yo regresamos paseando a casa, cogidos de la mano, felices de ser quienes somos.

Hay momentos en que me hago ilusiones y pienso que, de tanto repetirse, ese sueño se va a convertir en realidad. Sé, no obstante, que eso es imposible. Nadie va a renunciar a su derecho de matar. Nada hay parecido al crimen que se cree justo. Ninguna sensación de poder es tan grande como la de quitar la vida a un ser humano sabiéndose de antemano inmune. Yo misma he participado en lapidaciones cuyas causas ni siquiera llegué a conocer. «¿Cómo pude?», me pregunto ahora, justo cuando lo que deseo, en verdad, es que sean nuestros verdugos quienes se cuestionen lo que nos van a hacer. Y que no lo hagan. Pero por desgracia conozco la emoción indescriptible que se siente justo momentos antes de empezar a tirar piedras. Se acelera el corazón, sudan las manos, se agita la respiración y sube la temperatura del cuerpo. Enseguida es demasiado tarde para frenar. Al fin y al cabo, cada pedrada es un hecho aislado y, en sí misma, resulta inofensiva. Es la suma de todas las piedras lo que resulta letal. Cada uno de los participantes es inocente. Solo el grupo es culpable de un asesinato legal.

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Medium 9788483935606

Invisibilidad

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Invisibilidad

 

Los niños pequeñitos iban a tu clase, pero nunca los viste. En realidad, casi nadie se dio cuenta de que estaban allí, tan repeinados con colonia, tan cansados del verano el primer día de curso, tan fiesta subterránea de lapiceros de colores, tan cara de nieve en diciembre como cualquiera. Ni tú, ni aquella monja que rezaba entre dientes una papilla de oraciones oscuras que te aterraban, supisteis ver a los niños pequeñitos que jugaban al escondite en vuestros tobillos y os tiraban de las faldas, que os miraban con la curiosidad de quien contempla a alguien más grande, con esa devoción equivocada del que se siente protegido. Tú misma pisaste a un niño pequeñito rubio que apenas sangró, que casi no manchó tu zapato. Los otros niños pequeñitos, sus ojos abiertos tan grandes, tan grandes, cargaron su cuerpo como una colección de hormigas apenadas, se lo llevaron al patio y lo enterraron junto a un rosal blanco.

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Medium 9788483935255

Resucitado con las flores

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Resucitado con las flores

 

Durante un mes la muchacha visita a un antiguo novio, internado en el cuarto piso de una clínica. Hasta que un día se equivoca, entra en la misma habitación pero del tercer piso y no advierte ninguna diferencia salvo que la cama está vacía. Una enfermera pálida, seguramente nueva, le dice: «El paciente murió al anochecer». La muchacha no soporta la idea de ir al velorio, mucho menos al entierro, y se refugia en su casa. Sólo al cabo de seis días tiene el reflejo de enviar una docena de flores blancas y una nota de pésame a los padres. Por la noche recibe la llamada de quien suponía muerto. Indignado, le exige explicaciones para semejante «broma». Ella deja escapar una risa al oír su voz. La pone extremadamente contenta que él haya resucitado con las flores.

 

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Medium 9788483935248

El mundo del silencio

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

 

El cuento que presento a continuación tiene mucho que ver con mi gusto por el mundo submarino, que se inició cuando era muy joven y que jamás he perdido, y también hace un homenaje a la atmósfera supersticiosa que, dentro de la rigidez religiosa de la España de mi infancia y adolescencia, seguía fluyendo e impregnando ciertos imaginarios…

 

 

 

 

El mundo del silencio

 

La descubrí yo: estaba entre los cantos del fondo de la poza, a unos tres metros de profundidad. Al principio solo me llamó la atención aquella forma irregular que destacaba entre el conjunto homogéneo de las piedras redondeadas, pulidas. No conseguí llegar hasta ella porque, además de la profundidad, en aquel lugar la corriente del agua tenía mucha fuerza, pero sucesivas inmersiones me permitieron acercarme más y distinguir su figura con mayor transparencia. Entonces pensé que se trataba de la cabeza de algún animal extraño, que asomaba del fondo acaso a la espera de una presa: ojos feroces enmarcados en profundos arcos, largo hocico proyectado en un gesto agresivo, un par de colmillos en la gran boca abierta.

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Medium 9788483935514

Hungry for your love

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Hungry for your love

 

Por favor, Dios mío, haz que me telefonee ahora. Oh, Dios, que me llame. No pediré nada más, te lo prometo. Te costaría tan poco, Dios mío concédeme esa pequeñez... Que me telefonee ahora mismo, nada más. Por favor, Dios mío, por favor, te lo ruego. Mira cómo estoy. Haz que llame porque si vuelvo a descolgar el auricular y escucho la voz nasal de esa tía diciendo por cuarta vez que llama del departamento de Bajas para hacer una comprobación, explotaré, juro que exploto. Tengo que calmarme. Todo va a arreglarse, seguro, porque él llamará, aunque dijo que no, yo sé que al final llamará. Lo hará, y entonces yo le diré que las cosas ahora van a ser diferentes. Le diré, ves, el Gato ya no me tiene miedo, ahora me mira tan tranquilo mientras doy vueltas alrededor de la mesa, hablándole al teléfono, a veces hasta tengo la sensación de que soy su mascota y estoy aquí sólo para divertirle. Seguro que cuando me llame le gustará saber lo bien que nos llevamos su jodido Gato y yo desde el accidente, seguro que sí. Cojeo entre sus discos esparcidos por el suelo. Van Morrison canta la misma canción una y otra vez en el viejo tocadiscos. No se lo llevó, no se llevó nada, ni siquiera sus vinilos. A él le encanta esa canción, hambriento, hambriento por tu amor. Porque empieza como una canción alegre y luego sigue triste, me dijo encogiéndose de hombros cuando le pregunté. No dejo que pase a la siguiente, cuando se termina vuelvo a poner la aguja en el mismo sitio y empieza a sonar de nuevo. Puede parecer una tontería pero quiero que suene si llama, cuando llame, quiero decir, es un detalle, ¿no?, me refiero a que si llama ahora mismo la oirá, y también si llama dentro de una hora o a las tres de la madrugada. Pienso quedarme despierta toda la noche si es necesario porque él acabará llamando, lo sé. Hambriento por tu amor. Oh, Dios, haz que llame ya, que llame de una jodida vez.

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