2270 capítulos
  Título Autor Editor Formato Precio Mezcla
Medium 9788483935019

Una rata nunca espera a otra

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Una rata nunca espera a otra

 

Aunque ha empezado a oscurecer, me asomo a la ventana y veo que en todas las azoteas hay corrillos de gente haciendo señales de humo.

Sin saber cómo, soy capaz de leer los mensajes. Todos dicen lo mismo: «A primeros de abril, la estrella de Belén llegará a Stuttgart, en viaje de negocios».

 

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935446

Secretos compartidos

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Secretos compartidos

 

Lo encontró allí, quieto, con el periódico abierto sobre la mesa, era la señal. Podría haberse marchado antes de que él la viera. Dudó. Al final respiró hondo, guardó en el bolso la revista que la identificaba y caminó decidida hasta el rincón en que su marido, ahora ya sí, esperaba con los ojos desorbitados, pensando que lo había descubierto y que en cualquier instante llegaría la otra, la mujer con la que se había citado por internet. El hombre escondió el periódico. La esposa se sentó sonriente frente al esposo y le dijo que iba a pedir el divorcio. Él asintió, resignado, sudoroso. Qué otra cosa podía hacer. Qué otra cosa podía desear, mejor dicho. De vez en cuando la vista se le iba hacia la entrada. Ella entonces abrió el bolso con calma, sacó la revista y se la tendió con gesto socarrón. Le dijo, sin más preámbulos: «No esperes a nadie, Herbert. Yo soy ella». Y después, poniéndose en pie, le aclaró: «Y lo que de ninguna manera puedo ni podré perdonarte es lo que le has dicho a ella de mí».

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935743

La reina

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La reina

 

La princesa Beatriz, consciente de que nunca llegaría a reina por ser la última en la línea de sucesión, desde hacía algunas noches tenía un sueño que la horrorizaba. Sus padres y sus amigas le pedían que lo contara, que así se sentiría mejor. Ella se negaba. Pero el sueño no la abandonaba y la princesa adelgazaba y perdía el humor y tenía ojeras. Al fin, padres y amigas la convencieron de que hablara y la princesa contó que soñaba con hormigas, con cientos de miles de hormigas. Sus padres y sus amigas la miraron con horror y repugnancia. «¡Calla, calla, por Dios no sigas hablando!», le gritaron. Pero ya era tarde, a la princesa Beatriz le estaban creciendo en los costados unas alas transparentes.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935149

Juan, José

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

Juan, José

 

 

1. Juan

 

Escribo estas líneas para ordenar el tiempo. No hay nada más desordenado que dejar de escribir lo que sucede. Y las cosas en casa, últimamente, son un puro desorden.

Mi madre acaba de servirme el desayuno. Su sonrisa parece tan idéntica mañana tras mañana, que empiezo a sospechar que no percibe que los días pasan. ¿Vivirá instalada en un pasado continuo que ha desplazado al presente? Sería una forma ingeniosa de eludir el futuro, que en su caso no creo que le depare grandes promesas. Quiero mucho a mi madre.

Lo de mi padre es distinto. No porque yo no lo quiera, sino porque ninguno de los dos hemos logrado ponernos en el lugar del otro. Es paradójico: para afirmarlo he tenido que ponerme en su lugar. Precisamente por eso, insisto, me insisto, escribo estas líneas. Si no me cuento el asunto, no entiendo qué lugar ocupa nadie. El caso de mi padre es diferente porque trabaja y tiene, por así decirlo, su mundo fuera de nuestro mundo. Él habita la casa de manera más saludable porque no está realmente aquí: nos visita y desaparece. Cuando le quedan pocos minutos para marcharse, noto cómo se alegra. Le sobreviene un humor tan excelente que es una lástima, pareciera decirnos, que tenga que marcharse a la consulta. Pero así es la lealtad con los pacientes, etcétera. ¿Cuánto de esto nota mamá? Misterio. Ella sonríe y me prepara el desayuno.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935965

Última voluntad

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Última voluntad

 

«Y qué si quieren decapitarme –exclama furiosa María Antonieta–, exijo ir bien peinada para la ocasión». La reina, derrocada y cubierta de mugre, refulge de autoridad en su lóbrega celda. A pesar de la revolución, los carceleros no se atreven a desafiarla, pero tampoco saben cómo peinar a una dama. Ni los otros presos. Ni los soldados de la guarnición. Ni el verdugo. Ni la multitud furiosa que se agolpa ante las puertas de la Bastilla. Minutos después, María Antonieta se alza despeinada en el cadalso, herida por esta última afrenta a su orgullo legendario. El aire huele a tormenta. A su alrededor, los plebeyos la abuchean, la escupen, se burlan de sus harapos. Y el viento, mientras, agita su melena rubia, la alisa, la trenza con ondas suaves. Dos flores secas vuelan y se le enredan en el cabello, coronando su cabeza con un hermoso recogido. La muchedumbre enmudece. La reina suspira satisfecha y entonces, con una elegante reverencia, coloca su cuello en la guillotina.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935248

Prisa

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

 

El steampunk es un subgénero de la ficción científica en el que la tecnología a vapor sigue siendo la predominante en un supuesto presente histórico.

En este cuento, que puede adscribirse a tal corriente, en lugar de centrarme en las máquinas de vapor opté por tratar el mundo de la bicicleta, para mí muy interesante: en realidad, yo defiendo la valoración que en el cuento se hace de las bicicletas. En este asunto, y en otros, me siento muy ufano de ejercer cierto neo-romanticismo…

El cuento apareció en el libro Steampunk, antología retrofuturista, de Félix J. Palma, que publicó la editorial Fábulas de Albión.

 

El cuento está dedicado a Álvaro Pombo.

 

 

 

 

Prisa

 

Era una mañana de verano y el sol refulgía en los manillares, en los radios de las ruedas, en los guardabarros, en los cromados de colores diversos de los cuadros tubulares, enalteciendo el bullicio mecánico de los autociclos que circulaban por la carretera y los caminos.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935545

Las manos de la fundadora

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Las manos de la fundadora

 

 

Qué miedo me daba besar el hábito de la madre fundadora cada vez que las monjas nos arrastraban hasta la capilla del colegio para ver su cuerpo incorrupto. No me gustaban ni su cara de momia ni sus manos verdosas como bizcochuelos podridos. Aunque lo peor era esa Virgen adornada con el pelo de la madre fundadora, blanco y erizado como la telaraña de una tarántula.

Un día las monjas me encerraron en la capilla por mentirosa, amenazándome con la cachetada de la fundadora. Ellas creen que vomité de susto, pero tenía que impedir que me pegara. La mano izquierda sabía mejor.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935620

Una pareja (dramatización basada en hechos reales)

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Una pareja
(dramatización basada
en hechos reales)

 

El 2 de junio de 1844, hasta los acantilados de la isla de Eldey llegó una pequeña embarcación capitaneada por el viejo y gordo Vilhjalmur Hakonársson. Entre las bandadas de gaviotas de los rompientes habían distinguido una pareja de alcas gigantes, después de años sin haber sido avistadas por ningún marinero. La escasez había hecho que en los países escandinavos se hubiese puesto de moda entre las clases altas exhibir un ejemplar disecado en sus salones, así que cuando regresaran a Reikiavik les sería muy fácil conseguir un buen puñado de coronas por cada una de las aves.

La pareja de alcas imperiales se encontraba en su nido, turnándose para incubar su único huevo, cuando los hombres aparecieron entre las rocas. El viejo Hakonársson asomó su gorda cabeza, aulló de alegría y mató a la primera con un golpe de arpón. Los otros tres pescadores, mientras se burlaban de su torpe forma de caminar, acorralaron a la segunda antes de que pudiera escapar hacia el mar. Allí mismo, junto a los cadáveres de sus progenitores, los marineros se desayunaron el suculento huevo de casi medio kilo de peso. Luego se marcharon, sin ningún atisbo de culpa, cargando sobre sus hombros con los dos últimos grandes pingüinos que fueron vistos jamás con vida sobre la faz de la tierra.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935798

La copia

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

La copia

 

Había comprado el óleo en un remate. Era la copia de una pintura hecha por un artista llamado H. Linden. El propio Linden estaba en el remate, sentado en silencio y a un costado de la tarima del rematador. Era un hombre larguirucho, algo encorvado, con un pañuelo rojo alrededor del cuello y que sobresalía de una camisa blanca, desabotonada. Por cada reproducción que remataban, Linden hacía una seña y dos asistentes iban en busca de la obra original, para que los interesados comprobasen la maestría de los copistas. Como si esto no alcanzase, Linden asentía yendo con su mirada del original a la copia, y vuelta al original.

Ella compró un cuadro en el que aparecía una matrona de piel rosada, rubios bucles y ojos claros, sosteniendo en su regazo un bebé enfermizo y en lágrimas. Supo después que era ése el cuadro más grande y conocido de la producción de Linden.

Mientras cruzaba el parque con el cuadro bajo el brazo, rumbo a la parada de ómnibus, un relámpago sacudió el cielo; de pronto llovía con una furia inexplicable y a su alrededor vio gente con paraguas —los menos— y otros que tapaban sus cabezas con portafolios o con bolsas. Los asistentes de Linden habían envuelto el cuadro con papel de diario entre sogas finas, igual que una caja de pizza, y así ella, que no podía decir cuál era el reverso ni cuál el anverso, alzó el cuadro para que la protegiese de la lluvia, apoyando sobre su crisma lo que supuso era el dorso.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935545

El parásito

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

El parásito

 

 

No era un fibroma, ni un tumor, ni un folículo infectado, sino un mellizo marchito enquistado en su espalda como un inquilino perpetuo y satisfecho. Quizás nunca debí decirle lo que era y dejar que pensara que se trataba de un bulto de grasa cualquiera, pero aquel hombre me pareció inteligente y no dudé en mostrarle aquella miniatura atrofiada de sí mismo.

Algunos pacientes no están preparados para saber lo que tienen y para contemplar sin prejuicios el infinito paisaje de las patologías humanas. Como aquel hombre que sostenía desconsolado a su gemelo nonato y que incluso le cortó el pelo y las uñitas diminutas hasta encontrarle un pálido destello, un reflejo remoto, un melancólico parecido. Soy un científico, ¿cómo podía saber si sentía o si soñaba?

Dos días después de la operación falleció por causas desconocidas. El parásito le sobrevivió un día más.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935415

Adán y Eva

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Adán y Eva

 

El nobel Nigel Dadson, a sus más de noventa años, tenía conocimientos profundos sobre casi todo, de modo que su muerte era de verdad una pérdida irreparable. Lo convencieron para que en el momento final dejase que sus neuronas se volcaran en un ordenador que llevaría su nombre. Así se hizo y todo fue bien durante algún tiempo. Era como tener al propio sabio entre nosotros.

Todos los días a la hora del desayuno se le escaneaban los periódicos y se le informaba de las novedades científicas más interesantes publicadas en libros y revistas. Dadson seguía leyendo y seguía opinando con el mismo juicio sereno de que había hecho gala en vida.

Un día, en que supo que la escultural bailarina Jeanette Duval había sufrido un accidente que la tenía a las puertas de la muerte, pidió que se hiciera con ella lo mismo que se había hecho con él.

Hubo dudas y discusiones hasta que Dadson se negó a permanecer activo si no se realizaban sus deseos al pie de la letra. Así que poco antes de que la pobre Jeanette muriera sus neuronas se volcaron en otro ordenador como antes habían hecho con las de él. Entonces Dadson exigió compartir ordenador con ella y que les dejaran pasar las noches a solas, sin la presencia enojosa de funcionarios ni vigilantes.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935606

El columpio

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

El columpio

 

Me acuerdo de cuando confundimos la muerte con un columpio.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935965

Lo que deseas vs lo que te ofrezco

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Lo que deseas vs. lo que te ofrezco

 

Quieres que sea infinito, que sea azul, que huela a verano y sepa a corteza de pan. Y yo, muslos de terciopelo blanco, vientre de seda, braguitas de encaje negro, te ofrezco el bosque de tinta roja que crece entre mis piernas.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935545

La soberbia

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

La soberbia

 

 

Cuando llegué ante Dios, me fue mostrado todo cuanto merecía por mi vida sencilla y honesta, mas me negué a aceptar el soborno de su Paraíso porque en el último acto soberano de mi inteligencia sólo deseaba repudiarlo. Y le he vencido: ni siquiera me puede condenar al Infierno porque soy el Infierno.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935965

Trenzas

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Trenzas

 

La pasión de mi vida es hacer trenzas. Hábiles, mis manos adquieren vida propia al entrar en contacto con una melena. Atrapan mechones y los unen a velocidad de vértigo: trenzas clásicas, africanas, de espiga, de medio lado, no hay variedad que se me resista. Las mujeres entran a mi peluquería y salen convertidas en obras de arte. Soy avariciosa, todo para mí es una trenza potencial: las plantas, la comida, las madejas de lana. Tiemblo de emoción ante un plato de espaguetis. Pruebo y combino ingredientes sin control: pelo y hierbas, tela y flores, plumas o algodón. Y de repente llegas tú, con tu cráneo pelado, y me dices desafiante que no te irás de mi local sin una trenza. Ignoras de lo que soy capaz. No tienes barba, patillas ni bigote al que recurrir, así que te arranco la ropa y busco en vano un mechón en tu cuerpo lampiño. Tú ríes, provocándome. Yo me despojo con furia de mi uniforme. Ávida, te envuelvo con mis piernas y te encajo firmemente entre mis muslos. Es mi triunfo. La trenza definitiva. El éxtasis.

Ver todos los capítulos

Cargar más