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El niño lobo del cine Mari

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

El niño lobo del cine Mari

 

La doctora estaba en lo cierto: ningún proceso anormal se desarrollaba dentro del pequeño cerebro, ninguna perturbación patológica. Sin embargo, si hubiese podido leer el mensaje contenido en los impulsos que habían determinado aquellas líneas sinuosas, se hubiera sorprendido al encontrar un universo tan exuberante: el niño era un pequeño corneta que tocaba a la carga en el desierto, mientras ondeaba el estandarte del regimiento y los jinetes de Toro Sentado preparaban también sus corceles y sus armas, hasta que el páramo polvoriento se convertía en una selva de nutrida vegetación alrededor de una laguna de aguas oscuras, en la que el niño estaba a punto de ser atacado por un cocodrilo, y en ese momento resonaba entre el follaje la larga escala de la voz de Tarzán, que acudía para salvarlo saltando de liana en liana, seguido de la fiel Chita. O la selva se transmutaba sin transición en una playa extensa; entre la arena de la orilla reposaba una botella de largo cuello que había sido arrojada por las olas; el niño encontraba la botella, la destapaba, y de su interior salía una pequeña columnilla de humo que al punto iba creciendo y creciendo hasta llegar a los cielos y convertirse en un terrible gigante verdoso, de larga coleta en su cabeza afeitada y uñas en las manos y en los pies, curvas como zarpas. Pero antes de que la amenaza del gigante se concretase de un modo más claro, la playa era un navío, un buque sobre las olas del Pacífico, y el niño acompañaba a aquel otro muchacho, hijo del posadero, en la singladura que los llevaba hasta la isla donde se oculta el tesoro del viejo y feroz pirata.

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Medium 9788483935248

Duplicado

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

 

¿Otra vez los límites del sueño y de la realidad? Pues sí, qué se le va a hacer. Creo que el día en que ese tema no sea una de nuestras preocupaciones sustantivas, habremos dejado de ser homo sapiens para transformarnos en otra cosa, y acaso vayamos camino de ello, si tenemos en cuenta que ya no soñamos, sino que un mundo de imágenes ajenas, externas, sueña por nosotros para vendernos un auto que puede alcanzar velocidades increíbles, un viaje a cualquier lugar el mundo o una instantánea y vacua comunicación virtual…

Sin embargo, hasta ahora los sueños han formado parte decisiva de lo que somos. Dejando aparte la imaginación de ciertos ideales abstractos –Libertad, Igualdad, Fraternidad– en los sueños volamos, tenemos personalidades que nos inquietan, los parajes familiares se transforman en espantosos, puede ocurrirnos cualquier cosa, por mucho que se oponga a las reglas y a las leyes de la vigilia. Mas no podemos decir que los sueños no sean un producto directo de nuestra realidad, e incluso de su ámbito más íntimo. Y en este punto quiero hacer observar que lo onírico, compitiendo con la vigilia, ha sido materia habitual de la narrativa, incluso en las ficciones literarias más apegadas al canon realista. Desde estas consideraciones, tal vez no sea inoportuno insistir en que, aunque haya literatura puramente fantástica, existe también una mayor o menor impregnación de elementos misteriosos provenientes del sueño, la intuición, la mirada poética, la memoria confusa, en la ficción no estrictamente fantástica, de manera que puede haber extraordinaria variedad en los resultados de la escritura, y no está del todo delimitada la entrada al reino de lo fantástico.

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Medium 9788483935743

Más

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Más

 

Se había negado a retractarse y ni siquiera ahora, atado a la pira con otros dos desgraciados, pedía perdón para evitar ser quemado vivo, como habían hecho sus compañeros, a los que se había dado previamente garrote.

Aquel tozudo clérigo rural había llegado al convencimiento de que Luzbel, el ángel malo, se había rebelado contra el Señor con la inmensa mayoría de los ángeles del cielo de su parte, todos los cuales serían desde entonces demonios.

Su palabra clave era más. «Eran más los ángeles malos que los buenos», repetía una y otra vez, como deslumbrado por lo que consideraba una atroz revelación. «Más, eran más los ángeles que se rebelaron, Emi­nencia», así le había dicho a su Obispo y así le había dicho al Inquisidor durante los interrogatorios.

Habían prendido fuego a la pira y pronto el humo, insólito y espeso, atrajo a autoridades y público, un humo gris plomizo que se elevaba lentamente en formaciones muy densas, que eran como dos líneas, una vertical, otra horizontal, las dos del mismo tamaño.

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Medium 9788483935446

Oír llover

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Oír llover

 

Casi nadie puede imaginar cuánto le costó a Gonzalo decidirse a romper con su pareja después de más de cinco años de relación y justo un mes antes de irse a vivir juntos. Pero se había enamorado de otra persona y tenía que decírselo, costara lo que costase. De modo que, puesto que ya le había quedado claro después de varios e inútiles intentos que era incapaz de hacerlo cara a cara, aprovechó un viaje de negocios que lo llevó fuera del país. Por teléfono le resultaría más fácil. Su cobardía le daba asco, pero no podía esperar toda la vida. Sí, se lo diría por teléfono. Más aún: Se lo leería por teléfono. Porque Gonzalo escribió con esmero unas líneas en donde le comunicaba su decisión irrevocable de romper. Un día antes de volver se armó de valor, se sentó en la cama del hotel, delante del aparato, delante del espejo, delante de un vaso de ginebra, cigarrillo en mano, y desplegó la cuartilla que llevaba desde hacía unos días en el bolsillo doblada en cuatro; marcó. Nada más oír la voz de su pareja, se puso a leer; desde «Hola, soy yo –tos, suspiro, resoplido–, te llamo para decirte que me he enamorado de otra persona», hasta «lo siento, sé que vas a odiarme, pero lo mejor para los dos es que nos separemos», no paró. Todo seguido hasta el final. No permitió ninguna interrupción, por más que al otro lado le parecía oír algunas palabras, supuso que de queja o de asombro o de todo a la vez. Por fin, cuando acabó, dejó hablar a su pareja, y casi le da algo cuando le oyó decir: «Espera, Gonzalo, chato, que estoy en el invernadero, y aquí está cayendo un diluvio de cuidado, y lo único que he conseguido es oír llover. Me cambio de teléfono y me lo repites, ¿vale?». De ahí.

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Medium 9788483935415

El Único

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El Único

 

En la tertulia de veteranos alguien con un punto de pesadumbre comentó: «Si el tiempo tuviera pecho tendría que ser condecorado por haber acabado con Franco, fue el único de nosotros que lo consiguió».

 

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Medium 9788483935446

Pensar con los pies

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Pensar con los pies

 

Ricardo llegó a la conclusión de que se había pasado la vida tomando decisiones equivocadas. No había sabido utilizar la cabeza. Y si no, ahí estaban las pruebas: no había conseguido conservar ni un solo empleo, ni un solo amigo, ni tampoco uno de sus muchos pero efímeros noviazgos. Ni siquiera las ilusiones. «Torpe, que has sido un torpe integral», se acusaba delante del espejo. Su caso no era único, y él lo sabía, pero no le servía de alivio. «Mal de muchos, consuelo de tontos», se repetía, y acto seguido decía: «Desgraciado, sí; pero infeliz... ¡ni hablar!». Por eso ahora se enfrentaba al medio siglo recién cumplido con la resignación que da la certeza de que las cosas ya no van a cambiar y había decidido, por lo menos, entretenerse: se apuntaría a una academia de baile agarrao. Entre otras razones porque su madre lo machacaba cada día para que hiciera algo que lo sacase de casa: «Ricardito, hijo, tienes que animarte, que pareces un muerto viviente». «Por no escucharla», pensó, y allá que fue con una mezcla de curiosidad y de hastío todo junto. Se matriculó y lo citaron para el día siguiente, con indumentaria y calzado adecuados. Llegó a clase con puntualidad. En la sala había un montón de gente que charlaba con animación. Una mujer dio unas palmadas y se hizo el silencio. Era la profesora: «Hoy es vuestro primer día de clase. Solo quiero deciros una cosa antes de empezar a bailar. Cada día, en cuanto entréis en la academia, lo primero que tenéis que hacer es olvidaros de la cabeza y pensar con los pies. ¿Entendido?». A Ricardo no le costó nada seguir la indicación y desde el principio se distinguió como uno de los alumnos más aventajados. De ahí.

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Medium 9788483935736

La hormiga en el asfalto

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

La hormiga en el asfalto

 

Agosto, cuatro de la tarde. Casi cuarenta grados de temperatura. Una calle en obras, una profunda zanja lateral. La gran grúa mueve tierra y cascotes. En la soledad deslumbradora, un hombre espera el autobús. Se ha colocado un pañuelo sobre la cabeza, está inmóvil y siente brotar el sudor de toda su piel. Muy cerca se alza el pequeño surtidor de una cañería rota. El hombre descubre en la calzada un insecto minúsculo, acaso una hormiga solitaria, que avanza en línea recta. El chorro de agua golpea contra un montón de arena y hace saltar piedrecitas que caen cada vez más cerca de la hormiga. El hombre piensa que aquel insecto avanza ciego hacia el punto en que una de las piedrecitas lo aplastará. En el silencio solo se oye el ruido del pequeño surtidor fortuito, a sus pies, y el chirrido del contenedor de material que se bambolea en lo alto, justo encima de su cabeza.

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Medium 9788483935637

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Antonio Ortuño Editorial Páginas de Espuma ePub

Héroe

 

Resuenan disparos en la lejanía. Calles oscuras y desiertas rodean la casa. Los grillos alardean. El viento estrella las ventanas contra sus marcos, pues los seguros que deberían evitarlo están rotos. Esto es una ruina y yo, metido a fuerzas por la ventana, un usurpador.

Tras horas de forcejeo, he conseguido que la radio funcione si la mantengo fija en cierta posición diagonal con respecto a la ventana. Un rayo de luz atraviesa las brumas e ilumina la carátula del aparato, deslumbrándome.

–Ha comenzado la retirada –dice, espectral, la voz que emite las noticias.

Se van, invictos pero derrotados.

La señal se interrumpe sin violencia. Suena, ahora, una musiquilla indistinta. Camino con parsimonia a la cocina y rebusco hasta dar con un vaso. Expulso la polvareda que lo ocupa y trato de enjuagarlo en el lavabo, del que sólo mana un escuálido hilo marrón. Termino limpiándolo con los faldones de la camisa y me sirvo el contenido de una jarra que no hay modo de saber cuándo fue servida o por qué mano inimaginable: la de alguien que ya ha muerto, la de alguien roto en el fondo de una mazmorra.

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Medium 9788483935255

El camello

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

El camello

 

El camello había pasado ya la mitad de su cuerpo por el ojo de la aguja cuando dijo una mentira, le crecieron algo más las dos jorobas y quedó allí atrapado para siempre.

 

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Demasiado temprano

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Demasiado temprano

 

Luego de estar diez años casada con un hombre llamado M., mi amiga L. quedó viuda. Sólo volvió a casarse tras dos años de luto y enseguida tuvo un niño, su primer hijo varón, al que también bautizó M., a pesar de la oposición general. A medida que este niño crecía, todos los amigos de L. fuimos advirtiendo que sus rasgos eran poderosamerite idénticos a los del finado esposo; sin embargo, nadie osaba mencionar este asunto en su presencia. Ocurrió mucho después, cuando M. hijo era ya un veinteañero, que mi amiga hizo alusión a este fenómeno. Nos hallábamos a solas, un domingo por la tarde. Primero me contó que había escondido las antiguas fotos de su marido muerto para que el padre del niño no advirtiese el evidente parecido; al instante me dijo que estaba convencida de haber cometido un craso error, el de quedar embarazada demasiado temprano, cuando su segundo matrimonio «todavía estaba muy fresco». Creía mi amiga que si hubiera dejado pasar más tiempo, su hijo nunca habría adquirido el aspecto de M.

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Sonámbulo

Antonio Ortuño Editorial Páginas de Espuma ePub

Sonámbulo

 

Julieta no escribió. No es que lo esperara –acaba de marcharse apenas–. Pero resulta inevitable imaginar que tendrá que sentirse disminuida, que sentirá el hueco, el cercén, que sentirá silencioso el desayuno, que dormirá libre y lo resentirá. He abierto el correo al menos tres veces esta mañana. Su última carta es una carta escrita con intención de no recibir respuesta, y desborda la grosería peculiar de los epitafios. No me quejo. Yo también le hice llegar una carta así y escribí en ella cosas de las que no resultaría elegante arrepentirse ahora. La llamé reina y quizá cosas más bajas aún. Ahora comprendo que su carta buscaba ser un escupitajo y que la mía es poco menos que un ramito de flores. Supuse que mostrarme cariñoso y arrepentido la incomodaría más que un simple insulto. Quizá acerté, pero no recibiré los beneficios del acierto. Lo único claro es que jamás calculé que Julieta se iría tan pronto, y que me pediría además que no regresara al trabajo en el restaurante de su padre. Supuse que me permitiría llegar al día de paga. No soy el primero que sale con las meseras del turno de la noche –quizá por ello haya sido tan sensible al respecto, por aquella historia de su ex marido–.

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Ficción

Iban Zaldua Editorial Páginas de Espuma ePub

Ficción

 

Ivy

Long Distance

Nettwerk, 2001.

 

–¿Cómo que tu novia de entonces? ¿Es que yo no era ya tu novia? ¿A qué viene ese de entonces, si puede saberse?

A. viene de su habitación, con el manuscrito de este libro en la mano; yo estoy cocinando unas setas de invernadero para el revuelto que vamos a cenar esta noche. Me ha costado entender a qué viene el barullo. Le ruego que me lo explique, mientras sigo revolviendo las setas.

–Me refiero a tus dichosas «biodiscografías», en concreto a «Winterthur»; no te hagas el despistado, que te sale muy mal.

–Se trata de una ficción, ya te lo he explicado…

–Ya, una ficción. ¿Es que no viniste a mi residencia universitaria a pasar unos días de gorra, mientras hacía yo aquel curso de verano en Constanza? Por cierto, ni siquiera fue el año que mencionas, sino dos más tarde…

–Eso es una licencia poética. Salgari situó la segunda parte de su serie de El capitán Tormenta meses después de los acontecimientos que se narran en la primera, pero, fíjate, los hechos históricos que describe ocurrieron en realidad setenta años más tarde.

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Amada en la distancia

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Amada en la distancia

 

Antes de casarse con Arturo, Eulalia le confesó que tenía un pretendiente al que había rechazado, quien, dispuesto a mostrar la calidad insuperable de su amor, había prometido escribirle una carta al mes durante toda la ­vida. A Arturo le hizo gracia y hasta mostró una paternalista conmiseración hacia el desconocido corresponsal. Durante los primeros años leyó las cartas de Fidel, tan cursis, con una sonrisa; luego empezó a crecer en él la sospecha de que se trataba de un montaje urdido por la fantasía de Eulalia para mantener encendida la llama loca del amor juvenil.

Ahora, veinte años después, el asunto había llegado a obsesionarle y exigió de Eulalia la verdad. Ella mantuvo la versión de siempre. Pero la carta mensual se había convertido en un auténtico martirio chino para Arturo. Una gota de palabras que caía cada primero de mes sobre su cabeza con inamovible persistencia. «Mi amada en la distancia», decía con la cursilería habitual, para alargarse en dos cuartillas llenas de empalagosas frases de novela barata.

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Muñeca fatal

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Muñeca fatal

 

Definitivamente, la muñeca que aparece en algunas de las fotos de mi infancia es un espectro. Sé bien que mi madre la tiró a la basura cuando consideró que se había convertido en un trasto sucio e irrecuperable, a pesar de mis intentos para salvarla. De puntillas, froté su cabeza en el lavabo con una pastilla de jabón, desenredé su melena de vagabunda y la vestí con los indignados trajes de sus compañeras de baúl, pensando que algunas redenciones todavía son posibles. Pero ella se había vuelto para siempre una Muñeca Fea que miraba con desdén la puerta de mi habitación, como si más allá de la casa la esperara un lugar donde podría terminar de destruirse, en compañía de otros objetos desahuciados. Así que un día, simplemente, se largó. En las fotos en blanco y negro donde ya no pudo aparecer pero, sin embargo, aparece, lleva el cabello recogido en dos primorosas trenzas y finge una media sonrisa para la cámara. Soy yo la que me preocupa más: en todos los retratos luzco cabellera enmarañada, una delgadez de mendiga y unos ojos de pijama viejo que desmienten mi infancia.

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Medium 9788483935965

Literatura

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Literatura

 

Un pelo cae sobre la baldosa del baño y se convierte en una espiral de letras, en una serpiente de palabras que arman un cuento. Desde entonces, la mujer cuida y ordena su cabello con la misma pasión con la que conserva su biblioteca.

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