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Ambigüedad de las paradojas

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

Ambigüedad de las paradojas

 

Enterramos a mi madre un sábado al mediodía. Hacía un sol espléndido.

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Medium 9788483935323

Septiembre

Paul Viejo Editorial Páginas de Espuma ePub

Septiembre

 

Va a ser una noche tranquila. Y una historia tranquila. Y Jimmy Dodge conduce su furgoneta gris hasta El Esquinazo. La luz que envíe la luna será medio floja esta noche. Pero desde El Esquinazo, que es un barranco a las afueras, se contempla toda la ciudad, así que la luna pintará poco en todo esto. La ciudad iluminada es más que suficiente. Desde El Esquinazo se ve toda la ciudad, y todas las farolas encendidas, trazando mapas, creando cruces, y para la ciudad esta noche apenas sin luna es, como siempre, muchas noches. Una noche diferente para cada una de las personas que Jimmy Dodge intuye en los edificios que desde El Esquinazo contempla a lo lejos cuando se baja de la furgoneta y echa un primer vistazo, mientras cierra la puerta, coge aire, suspira. Una noche diferente para cada persona. Así será. Pero para Jimmy Dodge tiene que ser una noche tranquila, eso está claro, y eso es fácil. Se gira Jimmy Dodge hacia el maletero y saca de él una caja de cartón que en un primer intento supera el límite de sus brazos, pero que consigue sostener. Una caja grande de cartón, cargada pero sin excesivo peso, que apoya en el suelo, estrujando la arena y las noches en calma.

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Medium 9788483935101

Después de la caída

Mariana Torres Páginas de Espuma ePub

Después de la caída

 

Nos despertaron la luz y los dos pájaros que entraron por el techo abierto. Teníamos siete años. Mis padres nos habían dejado acampar en el jardín, con la única condición de que estuviéramos a la vista desde su ventana.

Tú te incorporaste, con medio bostezo, arrugando el saco de dormir a tus pies. Yo permanecí todo lo quieta que pude, tumbada boca arriba, con el saco sobre mi cuerpo, estirado, los brazos por fuera, hipnotizada por los dos pájaros que acababan de entrar por el techo abierto.

Picoteaban entre los pliegues de los sacos de dormir, seguros de encontrar alguna miga de pan si buscaban con el empeño suficiente.

Uno de ellos, la hembra, de plumas rojas en su cuerpo palpitante y nervioso, voló hasta aterrizar en la zona de mi ombligo. Permanecí muy quieta, y el pájaro se movió a pequeños brincos hasta llegar a la palma de mi mano, y allí descansó, por un segundo entre mis dedos, como si estuviera en su propio nido. Cuando acercaste la mano para acariciarla, emprendió el vuelo y el otro pájaro voló detrás.

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Medium 9788483935446

Anécdota irrisoria

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Anécdota irrisoria

 

Reunirse quince años después de acabar la carrera ya de por sí era una idea descabellada. Accedió, sin embargo, e incluso llegó el primero al lugar de encuentro. Para su sorpresa, se divirtió, se sintió cómodo, hasta el punto de que cuando, durante los postres, en un alarde de capacidad autocrítica, todos se dedicaron a contar alguna miseria de esas que solo se confiesan entre viejos amigos, él no solo no se censuró sino que contó con pelos y señales el modo absurdo en que hacía apenas unas semanas había contestado a su hija pequeña cuando le preguntó qué significaba «copular». «Con todo nuestro progresismo a cuestas, con tanto como hemos criticado a nuestros padres por su forma de no educarnos en la sexualidad, ¿sabéis lo que le dije?: «Pues bueno, es un término que viene de copa –inventé–. ¿Y qué se hace con una copa cuando está vacía? Pues se llena, claro está. ¿Y qué debemos hacer para llenarla? Pues ocupar su interior con el líquido que creamos oportuno, tras sostener dentro de ella el cuello de la botella o el embudo que nos permita verter dicha sustancia. Ello necesita de algún tiempo, de modo que no hay que darse prisa y debe hacerse con cuidado. La naturaleza de las cosas tiene un ritmo propio, y debemos respetarlo. Bueno –sudaba a chorro–, total, que tienes que imaginarte que dentro de ti tienes una copita, una copita frágil, delicada y única, y que te apetece llenarla, y que vas a la tienda, y pides... –en ese momento me di cuenta de que me había metido en un callejón sin salida del que mi hijita me sacó con un bofetón virtual: “y pido un chaval que me guste, ¿no?”».

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Medium 9788483935293

La mujer inolvidable

Isabel González Editorial Páginas de Espuma ePub

La mujer inolvidable

 

Nora quería ser inolvidable. Pero no como esa tapia apuntalada que rodea el parque. Las enredaderas han cubierto las vigas y forman un túnel bajo el que juegan los niños y procrean las ardillas. Si ahora arreglaran el muro y retiraran los puntales la gente se quejaría. Hace veinte años, la pared se combaba, llegaron unos hombres y colocaron esos postes provisionales. Hicieron demasiado bien su trabajo. Erradicaron la posibilidad de hacerlo bien del todo.

Se te rompe un tacón en la fiesta donde se encuentra el amor de tu vida:

A. Te las piras.

B. Tratas de caminar con normalidad.

C. Te quitas los dos zapatos.

Nora rellenaba cientos de tests de este tipo. Tan estúpidos que una opción eliminaba el resto. Ella se habría quitado los dos zapatos y habría caminado con normalidad hasta el amor de su vida para convencerle de que se las pirara con ella. Así lo hizo en cuanto tuvo la oportunidad. En cuanto cumplió los trece. Incrustó el tacón de sus sandalias entre las bisagras de una puerta, la cerró de golpe y caminó descalza hasta Octavio.

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Medium 9788483935736

9. La glorieta miniatura

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

9. La glorieta miniatura

 

En uno de los extremos del Jardín Literario, lindando con los alcorques de la leyenda, los macizos de la fábula, los parterres y pabellones de la poesía y las praderas del cuento, se halla la Glorieta Miniatura. Hay muchos que al llegar allí quedan desorientados, porque los relatos diminutos no les permiten ver el inmenso bosque de la ficción pequeñísima.

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Medium 9788483935385

Azulejos

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Azulejos

 

1

 

Esta mañana me despierto inquieta, no he descan-sado bien, quizás he tenido pesadillas, pero no lo recuerdo, aunque es muy posible dadas las circunstancias, Fernando en cambio ha dormido la mar de bien, ¿cómo es posible que no esté preocupado?, aunque tal vez finja, para no alarmarme, para que guardemos la calma tanto tiempo como podamos, para que esperemos con paciencia el veredicto que va a cambiarnos la vida o va a dejárnosla tal cual, qué paradoja, susto o muerte.

Voy a la cocina a enchufar la cafetera, pero Fernando la ha dejado a punto, tiene esos detalles, me gusta que sea así, que se fije en las cosas pequeñas. Me voy, pues, a la ducha, y me concentro como nunca en el agua que resbala por mi piel como me gustaría que me resbalaran las angustias por la cabeza. Me enjabono despacio, no tengo prisa, son las ocho y me dieron visita para las once y media. Habría querido dormir hasta más tarde, pero no ha habido manera. En cuanto Fernando me ha dado su suave beso de despedida, los ojos se me han quedado abiertos como platos, como si pudieran sentir hambre y estuviesen hambrientos.

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Medium 9788483935309

Oxymoron Room

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Oxymoron Room

 

–Señores, el embajador de España –dijo Richard Reynolds, conde de Wandsworth, y los siete caballeros reunidos en la Oxymoron Room se levantaron para saludarle.

El recinto, habilitado como comedor, era una especie de conservatory que prolongaba con paredes de cristal el ala sur del edificio. Tallada en una de ellas había una reproducción del caballo blanco de Westbury, el emblema del club. El techo corredizo estaba abierto.

–¿Le gustaría saber qué nos ha movido a invitarlo? –preguntó Ronald Arthur Biggs, conde de Belmarsh.

El embajador de España contestó con un movimiento de cabeza y una abierta sonrisa.

–Hemos sabido –explicó lord Wandsworth– que, tras la presentación de cartas credenciales, regresó a la sede de su embajada en Belgravia y dio órdenes para que, antes de la cerveza para los cocheros o las copas para sus invitados, se sirvieran sendos cubos de agua a los caballos que habían arrastrado la berlina. Era un día muy soleado y con un calor de horno.

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Medium 9788483935309

Homicidio en Heathrow

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Homicidio en Heathrow

 

–¡Cuánto misterio emana de los aeropuertos! Yo les cuento otro caso –dijo lord Leighton Buzzard–. Este era también un hombre de empresa, un ejecutivo importante. Tenía un vuelo que no podía perder, como suele ocurrir con los ejecutivos, y buscaba desesperadamente un taxi en la zona de Knightsbridge. Iba a firmar un contrato en Qatar, vital para su futuro. Pero algo pasaba esa mañana con el tráfico. Por fin alcanzó a ver un coche libre y le hizo una señal muy llamativa. Había dejado el maletín en el suelo y agitaba los brazos por encima de su cabeza. Ya lo sé, demasiado nervioso para ser inglés. Una dama, joven todavía, en quien no había reparado, se le adelantó con descaro y se subió al taxi. Oyó que iba también a Heathrow. Le propuso que compartieran el coche, pera ella contestó con un mohín de desagrado. Decidió volver a su casa en Montpelier Walk y tomar su propio coche. Salió hacia Heathrow a toda la pobre velocidad que le permitió el tráfico y estacionó con tan mala suerte que produjo desperfectos en un coche vecino y tuvo que demorarse dejando sus datos en el parabrisas. Muy nervioso, se precipitó hacia la sala de embarque: el vuelo ya estaba cerrado. Con la sensación de haber sido asaltado, se acercó a la barra de la cafetería y pidió un whisky doble. Se lo bebió de un trago y pidió otro. No dejaba de pensar en el contrato perdido. Entonces vio a la mujer que le había quitado el taxi. Estaba sentada a una mesa tomándose muy plácidamente un té. Se acercó y le recriminó su conducta; ella se levantó muy airada «¡está usted bebido! –le acusó– ¿cómo se atreve a hablarme así?». Notó que ni siquiera lo había reconocido y se ofuscó. Agitó el brazo en actitud de rechazo como si quisiera apartar de sí el sonido de aquellas palabras, pero lo hizo con tal fuerza que la mujer se cayó hacia atrás y se desnucó. Salió a la calle entre gritos, los suyos, y los de la gente alrededor. Corrió sin saber a dónde y un autobús de los que unía las terminales lo atropelló. Tras una semana en coma, murió. Nadie logró convencer al marido de ella ni a la esposa de él de que no había habido entre ellos una turbulenta relación amorosa.

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Medium 9788483935750

Ecosistema

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Ecosistema

 

El día de mi cumpleaños, mi sobrina me regaló un bonsái y un libro de instrucciones para cuidarlo. Coloqué el bonsái en la galería, con los demás tiestos, y conseguí que floreciese. En otoño habían surgido de entre la tierra unos diminutos insectos blancos, pero no parecía que perjudicasen al bonsái. En primavera, una mañana, a la hora de regar, vislumbré algo que revoloteaba entre las hojitas. Con paciencia y una lupa, acabé descubriendo que se trataba de un pájaro minúsculo. En poco tiempo el bonsái se llenó de pájaros, que se alimentaban de los insectos. A finales del verano, escondida entre las raíces del bonsái, encontré una mujercita desnuda. Espiándola con sigilo, supe que comía los huevos de los nidos. Ahora vivo con ella, y hemos ideado el modo de cazar a los pájaros. Al parecer, nadie en casa sabe dónde estoy. Mi sobrina, muy triste por mi ausencia, cuida mis plantas como un homenaje al desaparecido. En uno de los otros tiestos, a lo lejos, hoy me ha parecido ver la figura de un mamut.

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Medium 9788483935255

El don

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

El don

 

Lo mismo que aquel Funes que retrató Borges, mi madre tenía el don de saber la hora sin necesidad de consultar un reloj. Casi veinte años vivió en la ignorancia de esta habilidad, hasta que, alguien, una vecina según creo, se la hizo advertir. De allí en adelante, mi madre nunca más llevó un reloj en la muñeca.

De niño me asombraba la exactitud con que ella podía decir la hora y el minuto. Sin embargo este don la cohibía tanto que me había prohibido divulgarlo más allá de la familia. Tendría catorce años cuando me tocó viajar a Luxemburgo con mis padres. Estábamos los tres en un café y se me ocurrió preguntarle la hora, a lo que ella respondió sin pestañear una hora incorrecta, una hora imposible para esa altura del día. «Te equivocaste», le dije sorprendido. La veía fallar por vez primera. Pero mi padre señaló de inmediato que no había error alguno, que mi madre había dicho la hora de Buenos Aires, porque los dones tienen que ver, profundamente, con el lugar donde se adquirieron.

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Medium 9788483935606

Inquilino

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Inquilino

 

El monstruo de nuestra casa todavía nos tiene miedo. A ti y a mí, que damos cuidadosos sorbos a las tazas y nos lavamos los dientes después de cada comida, aunque algunas veces tú dejas resbalar la loza rosada de mi abuela o yo imagino que te haces trizas mientras contemplas al hombre de tu espejo. El pobre monstruo no se deja ver ni se alimenta de día, cuando sabe que tú estás tejiendo un puzzle sobre la mesa de la sala, un puzzle al que siempre le falta una pieza que yo mastico a oscuras en el cuarto de los trastos, sintiendo su respiración azorada justo al lado y tus maldiciones, detrás de la puerta. Sólo vive de noche, nuestro pequeño monstruo inservible, que se tragó todo el pavor, que sabe que los gritos son negros y el silencio un dolor que trepa como una mala hierba y araña el pasillo de nuestra casa.

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Medium 9788483935132

La ciencia

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

La ciencia

 

Extracto del discurso de clausura del I Congreso «La Flora en Gobi Hoy», a cargo del Dr. Algernon Woodgate, catedrático de Botánica Especial, London University. Traducción por gentileza de la Dra. E. M. C.

 

«Estimados colegas.

Los litopos son maestros del disfraz. Como bien saben ustedes, su menguante tamaño es el primer factor que debe hacernos sospechar: ¿a qué se debe semejante afán diminutivo? ¿Por qué esa naturaleza proclive a no dejar constancia de la propia presencia? (...) Son estos los interrogantes básicos para acercarnos a los litopos, las únicas y asombrosas piedras-plantas que crecen en el árido clima de la topografía que nos ocupa.

(...) Por tanto, de poco nos servirán las nociones ortodoxas de esa Botánica mutilada que nos empecinamos en continuar impartiendo. En lo que a mí me concierne, estos largos años de estudio de los litopos me han inducido a adoptar una actitud muy distinta. Opino, e incluso me atrevería a plantearlo aquí como hipótesis, que una aproximación rigurosa a nuestras piedras-plantas no es factible más que desde un sincero diálogo emocional con ellas: interpelándolas, sabiendo escucharlas. Y siguiendo, por qué no, su sigiloso ejemplo.

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Medium 9788483935446

Dudas con certezas

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Dudas con certezas

 

Ya desde pequeño, cuando me plantearon la contestada pregunta de a quién quería más, sentí que me hacía un claro embrollo. A partir de entonces, la posibilidad imposible de llegar a una conclusión supone uno de mis más recurrentes e insólitos problemas y me lleva por oscuros caminos de luz hacia la única y múltiple salida posible: querer la nada repleta y el todo vacío. La música silenciosa y la alegría triste. Ser y no ser. El último suceso ocurrido en esta línea ha sido el que definitivamente ha marcado sin piedad mi trayectoria sin rumbo. Mi novia, una rubia de cabellos negros y ojos de un azul rojizo del mismo color, me puso entre la espada y la pared un día nocturno de la semana pasada cuando, decidida a acabar con la eterna provisionalidad, me preguntó si quería casarme con ella. Llegué hasta el fondo más superficial de mí mismo, insistí en comprender el grito mudo que me nacía en el estómago y se me desplazaba hasta los pies que, de pronto, sentían la necesidad de ponerse a correr lentamente. El exceso de aire me producía un ahogo inexplicable y comprensible. Tenía que tomar una decisión. Una sola. Ante mi callada respuesta, ella insistió en saber si la quería o no. ¡Maldito santo cielo! ¿Cómo podía reducir mi persona única y múltiple a un solo y plural pensamiento? Así que finalmente dije para empezar: «Sí y no». Acto seguido el ordenado caos en que se sumieron nuestras vidas merecen y no merecen un relato minucioso y sin detalle.

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Una ventana en Via Speranzella

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Una ventana en Via Speranzella

 

 

 

Las acciones vitales son, en realidad, formas expresas y expresivas de lo que puede llegar a ser entendido como arte. [...] No es preciso transferir a un objeto extraño y exterior a la propia persona

las vivencias sensibles o emocionales, porque el arte también puede ser objetivado a través de acciones y movimientos del propio cuerpo, y quien los observa puede captarlos como presencias representativas similares a las que provocan o se experimentan delante de las llamadas obras de arte.

 

Arnau Puig sobre Esther Ferrer

 

 

 

La obra visible que ha dejado esta artista es de fácil y breve enumeración: apenas unos cuadernos escolares que fue escribiendo de modo desigual hasta poco antes de su fallecimiento, ocurrido a sus setenta y tres años, y en los que no se encuentra otra cosa que recuerdos vagos de personas, pisos, calles, paisajes que frecuentó, pero apenas nada que sirva para interpretar, mucho menos explicar, el sentido último –si es que cabe esto– de sus acciones; doce pequeños objetos de terracota que algún especialista, es un decir, ha denominado con el sencillo nombre de «esferas» y «polimorfismos», y algunos correos electrónicos –son escasas las cartas, aunque muchas se han perdido– que unos pocos amigos han conservado y custodian celosamente. Exigua herencia, se concluye, para los estudiosos y curiosos que tratan de satisfacer con ella la sensible pérdida de lo que en realidad importa y no podrá recuperarse nunca.

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