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Padre e hijo

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Padre e hijo

 

El hijo quería proteger al padre y el padre al hijo, por eso, cuando creyó que su padre había cometido el crimen, se hizo policía con intención de bloquear la investigación. Pero el padre, para ayudarle en su carrera, le fue colocando las pistas.

 

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Medium 9788483935255

Un artista y su falsario

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Un artista y su falsario

 

Un famoso pintor italiano consiguió el teléfono del falsificador que, a su entender, lo imitaba con más talento y le propuso montar una exposición a dúo, denominada Un artista y su falsario. «Por esta vez», escuchó el imitador, «queda usted libre de copiar al dedillo y debe, en cambio, inventar cuadros que a los ojos del público sean dignos de confrontación con los genuinos».

Temeroso de que la conversación fuera una trampa, que estuviera registrándose para ser empleada en su perjuicio, el falsario empezó por alegar que él jamás había copiado a nadie; pero tanto le atraía la perspectiva de co-
dearse con un maestro, tanto le entusiasmaba poder crear con libertad, que al cabo de una consulta con su abogado aceptó el audaz convite, a condición de que sus cuadros no llevasen firma alguna porque –al decir del letrado– «cualquiera de las dos firmas posibles constituiría una suerte de admisión del delito». El pintor italiano aprobó al instante esta cláusula, hizo una oferta económica imposible de rechazar y le encargó once cuadros que correspondieran a su «etapa azul» o, si se prefiere, al estilo cultivado entre 1990 y 1996.

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Medium 9788483935736

Nicolasito

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Nicolasito

 

Don Diego está pintando. Muy cerca de él, los armazones revestidos con la ropa de los Reyes reflejan en el espejo del fondo unos cuerpos descabezados. He venido a su lado y, después de mirar cómo pinta, tan absorto, me vuelvo para hacerles burlas a todos. Unos ponen cara de risa, como la infanta Margarita, y otros de reproche, como Maribárbola. De repente llega del fondo la voz de don José Nieto: Nicolasito, compostura, y le descubro en el vano de la puerta. Don Diego ha dejado de pintar y, al encontrarme a su lado, me habla con severidad. Vuelve ahora mismo a tu sitio, ordena. Pero en mi sitio se ha tumbado la perra Laciana. Voy a darle una patada, para echarla, cuando don Diego me dice que me quede con el pie sobre ella y los brazos alzados. Ganas de fastidiar.

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Medium 9788483935620

Crónicas

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Crónicas

 

Entonces éramos jóvenes, e impetuosos, y teníamos ganas de reventar cosas y de guerra. Por fin, sobre las crestas esmeriladas del horizonte había aparecido un formidable ejército de cientos de miles de guerreros. Se agrupaban bajo aquel cielo de seis lunas, surcado por aquellos pájaros torpones que parecían ser la única fauna del planeta, y en cuanto lograron alinearse en formación comenzaron a ulular. Nos dieron la espalda, se levantaron el rabo estirándolo con una mano y nos mostraron su doble ano en forma de ocho.

A continuación las hordas salvajes se abalanzaron contra nosotros, derramándose por las faldas de la llanura. Contuvimos nuestra excitación todo lo que pudimos, hasta que, eufóricos, sacamos el armamento pesado y en cuestión de minutos no quedaba ni uno solo de ellos con vida.

Como lo habría hecho cualquier ave carroñera, aquellos pájaros bobos con cabeza de pterodáctilo y cuerpo de anguila, a los que apenas habíamos prestado atención, comenzaron a sobrevolar la explanada en círculos. Fue en ese momento cuando nos sorprendieron con la lluvia de huevos y comprendimos que habíamos cometido un error. Uno tras otro, mis compañeros eran alcanzados por aquellos proyectiles de adn y sucumbían a una inmediata transformación: primero les brotaba el alargado pico, después, las alas a través de los hombros, las extremidades se marchitaban y se desprendían del tronco, que poco a poco adquiría una forma culebreante y gelatinosa. Si yo mismo no acabé siendo parte del inesperado enemigo, fue solo porque me refugié bajo el cadáver de uno de los guerreros caídos, cuya piel debía de ser inmune al poder de mutación.

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Medium 9788483936016

Lo del ejemplo

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Lo del ejemplo

 

Entró en su casa con los chicos y lo primero que ve es a Javi inconsciente sobre el sofá, latas de cerveza abiertas, algunas caídas, un brazo para cada lado, la cabeza cubierta, restos de la vomitona sobre la alfombra, niños fuera de aquí, id al cuarto de baño a lavaros las manos, hala papá, qué le ha pasado al tío Javi, no es nada, haced lo que os he dicho, ahora mismo, qué asco, ha devuelto, el tío es un borracho, vamos, ya, todos, to-dos, no llores, mi hijita, no pasa nada, el tío se ha puesto malito, vete con ellos, Vigor, ocúpate de tu hermana…

No hay nada peor, de una parte, que el desahucio, he perdido la casa, Tomi, la casa; Tomi, la casa, y encima debo al banco un pastón, tengo que pagar aunque la haya perdido, Tomi; me he quedado sin ella, Tomi; y pagar para siempre, y con qué si no tengo un céntimo, no tengo trabajo…

De otra, acoger en tu hogar a un gran amigo destrozado por las deudas, sin empleo ni beneficio, encima alcoholizándose, y con tres niños testigos del espectáculo…

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Medium 9788483935620

Índice para la confección de un Bestiario

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Índice para la confección de un Bestiario

 

Animal del sueño: 30 («A media tarde»)

Arachnida cervidae: 120 («Multiverso γ»)

Aves fénix: 106 («Soles»)

Biobuitre: 90 («Biobuitre»)

Ciudad viviente: 123 («Multiverso δ»)

Chiroptera pilosus: 27 («Chiroptera pilosus»)

Coralinos: 116 («Coralinos»)

Crustáceos ondulantes: 126 («Mundos inconciliables»)

Escarabajo de Taklamakán: 77 («Plik-plik»)

Especie de presencia única: 127 («Matriarcado»)

Focas de fuego: 106 («Soles»)

Guerreros de doble ano: 128 («Crónicas»)

Habitante del desierto de los nopales púrpura: 122 («Tortura»)

Habitantes de la galaxia NGC 772: 110 («Homúnculos»)

Habitantes del planeta Axz: 124 («Géneros»)

Habitantes del planeta IoIo: 118 («Cuestión de número»)

Habitantes del planeta Krrrrr: 121 («Ultrasonidos»)

Habitantes del planeta OpOpOp: 118 («Cuestión de número»)

Habitantes del planeta Zxa: 124 («Géneros»)

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Medium 9788483935415

La anomalía

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La anomalía

 

Alberto y Genaro nacieron unidos por el coxis. Una intervención quirúrgica no demasiado complicada los separó. Todo fue bien hasta que se hicieron mayores. Alberto advirtió que carecía de capacidad para el gozo; sus orgasmos los disfrutaba su hermano. Como se ignoraba la causa, no era aconsejable una nueva operación. Los hermanos se acostumbraron a convivir con tal anomalía. Ayudó bastante la curiosidad que el fenómeno provocaba entre el elemento femenino, siempre dispuesto a asumir el reto de acostarse con Alberto para ver cómo disfrutaba Genaro. La vida sexual del primero no pasaba de extravagante, mientras que la del segundo, de notoria incapacidad para relacionarse con mujeres, era asombrosamente rica.

 

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Medium 9788483935163

La jumelle fatale

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

La jumelle fatale

 

No era bonita, pero tenía una sonrisa encantadora que al lado de sus ojos almendrados y las cejas pobladas le daban un aspecto fascinante y hechicero. El pelo era lacio y negro y un coqueto cerquillo le surcaba la frente invitando a separar los cabellos con los labios. Yo me había fijado en ella desde el primer momento, pero su juguetona mirada me hacía dudar acerca de si ella habría hecho lo mismo conmigo. No soy un hombre atractivo, y si no llego a conversar con las chicas ni siquiera puedo parecer interesante.

Por lo menos fuera del Perú yo tenía las coartadas del apátrida, del aprendiz de escritor o simplemente del latino, las cuales daban buenos resultados dependiendo de la persona, el lugar y las circunstancias. Sin embargo, desde mi matrimonio comprendí que tenía que llevar una vida sedentaria lejos de nuevas alcobas, olores distintos y gemidos extraños. La familia suele reprimir cualquier síntoma de disidencia y uno se ve en la tesitura constante de tener que elegir entre el vértigo de la aventura irresponsable y la seguridad que brindan las caricias cotidianas. Yo siempre lo había tenido claro hasta que vi sus finos tobillos y sus dedos largos, artificios tan eficaces a la hora de hacer el amor.

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Medium 9788483935149

Un suicida risueño

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

Un suicida risueño

 

Ocurre siempre igual. Cargo el arma. La alzo. La contemplo un momento de frente, como si tuviera algo que decirme. La dirijo a mi sien izquierda (soy zurdo, ¿por?). Respiro hondo. Aprieto los párpados. Arrugo el gesto. Acaricio el gatillo. Me noto húmedo el dedo índice. Descargo la fuerza poco a poco, muy cautelosamente, como si dentro de mí hubiese un escape de gas. Junto los dientes. Casi. El dedo se me dobla. Ya. Y entonces, lo de siempre: un ataque de risa. Una risa instantánea, brutal y sin razones que estremece mis músculos, me hace soltar el arma, me derriba del asiento, me impide disparar.

No sé de qué demonios se reirá mi boca. Es algo inexplicable. Por muy apesadumbrado que me encuentre, por muy lamentable que parezca el día, por convencido que esté de que el mundo sería más agradable sin mi molesta presencia, hay algo en la situación, en el tacto metálico del mango, en la solemnidad del silencio, en mi sudor cayendo en forma de grageas, yo qué sé, hay alguna cosa indefinida que, a mi pesar, me resulta espantosamente cómica. Un milímetro antes de que el gatillo ceda, de que la bala viaje a la semilla del descanso, mis carcajadas invaden la habitación, rebotan contra los cristales, corretean entre los muebles, desordenan toda la casa. Me temo que también las escuchan mis vecinos, que para colmo deducen que soy un hombre feliz.

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Medium 9788483935545

Memoria del director

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Memoria del director

 

 

Desde su inauguración hace un año, el museo ha recibido más de un millón de visitantes. Siguiendo sus órdenes, hemos dado prioridad a las mujeres y los niños, a costa incluso del control en las salidas. La disposición de las salas reproduce con exactitud la estructura de la tumba, de forma que el recorrido comienza con las vitrinas que contienen los cuerpos decapitados de los guardianes y continúa a través de las galerías subterráneas que exhiben las armas, los utensilios y los enseres de la vida cotidiana del gran período de la «Venida de los dioses», hasta llegar al salón inspirado en la recámara imperial, donde el esplendor de las joyas esmalta los ojos de los visitantes con la plata de las constelaciones. Así los preparamos para contemplar la majestad del Innombrable.

La cripta sagrada está al final del corredor de las víctimas propiciatorias, cuyos rostros destrozados a pedradas hieren la sensibilidad de los visitantes. En realidad, nadie repara en los vasos de ónice que contienen el polvo divino de sus órganos ni en el sudario imperial que quince esclavas ciegas tejieron con delicados hilos de oro, porque nadie es capaz de apartar la vista de la macabra pirámide de cadáveres de niños y concubinas que sostienen tu preciosa escoria; oh, Innombrable.

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Medium 9788483935019

Lámpara entre las ruinas

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Lámpara entre las ruinas

 

Días de niebla, días pálidos, frágil caparazón de días, días saqueados en un tumulto de horas, profundas como lágrimas.

Empuñamos un hacha pero es inútil, no somos diestros para la levedad. Cuando la luz declina, una grieta en el aire permite divisar el otro lado, la costa diáfana donde se espera que encallemos. Mientras tanto la piel rehuye a la piel, la tibieza se hurta a la tibieza, solo los supliciados miran de frente al sol.

Aguas negras, gemidos, bestias que husmean junto a la fosa de las humillaciones; y en los féretros que aún brotan de la arena, el sudario de la tempestad.

 

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Medium 9788483935163

Paradero final

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Paradero final

 

Seguro que él no recuerda exactamente cuándo surgió su extraña afición. Sabrá, sí, que desde que estaba en el colegio se entretenía buscando en la rugosa superficie de las carpetas los nombres de sus antiguos ocupantes. También se acordará de cuando leía las escrituras en las paredes de los baños. Ahí estaban los falsos poetas, los enamorados frustrados, los rojos incendiarios o el fascista delirante, todos unidos en el hediondo muro de un diálogo de ciegos, en discusiones fisiológicas de denso ambiente.

Tal vez al principio fue la diversión de sumarse al conglomerado de frases y tintas de todos los colores, mas luego le habrá obsesionado llegar a tener un interlocutor constante, una voz que respondiera a la suya. Pero ni en el colegio ni en los baños debió encontrarla. Seguro que por eso se aficionó a los microbuses.

Habrá descubierto que las rutas obedecían los designios impuestos por los horarios de colegios, oficinas o universidades; que los rostros se repetían a las mismas horas y que las conciencias de cientos de hombres y mujeres quedaban atrapadas en esa celda rodante, en esa rutina perpetua. Sí, el microbús era una suerte de microcosmos, un punto de convergencia humana en el espacio.

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Medium 9788483935699

Las cigarras

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

Las cigarras

 

 

 

a Tana

a Francismar

 

 

 

I

 

Creí que se iba a suicidar esa noche. No hubo otra razón para que yo me le quedase mirando: debía rondar los cuarenta años y sus ojos resultaban demasiado febriles para aquel bar de estudiantes. Me hizo una señal con los dedos. Cuando estuve a su lado me sorprendió la piel de su rostro, una capa arcillosa, una textura como la del aceite envejecido.

–¿Quieres una copa? –dijo con voz punzante.

–Sí...

–Escúchame. Te estoy invitando sólo una.

Algo crujió en mi estómago.

–Está bien –le dije fingiendo serenidad.

Pensé que aquella mujer iba directamente al grano. La detallé. No era excesivamente vulgar, ni excesivamente atractiva. Todo en ella se situaba en un exacto punto medio. Todo, excepto la mirada y los labios en los que se concentraba una tensión parpadeante, una desesperación antigua, gastada.

Imaginé sus gestos, la necesidad de una noche definitiva: un polvo rápido, unos tragos y luego el sopor de los tranquilizantes en una bañera. La situación me produjo un escalofrío que se disparó desde mi nuca y rebotó en mis rodillas. Pedí un whisky. Traté de hablar sobre el tiempo, sobre las lluvias. Ella me sorprendió con una sonrisa banal, neutra. Apenas probó la cerveza que tenía en su mano y después de un rato hizo una seña. Uno de los camareros le colocó un plato de ensalada y un trozo de pescado.

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Medium 9788483935064

Mutaciones

Inés Mendoza Editorial Páginas de Espuma ePub

Mutaciones

 

De modo que morir sería ver claro durante un instante.

Maurice Blanchot

 

Una noche de miércoles bajas de tu moto empapado por la lluvia. Pones el candado de la alarma contra robos, coges tu mochila roja eternamente manchada de grasa de bujía, tu casco húmedo, y abres la puerta del piso que nunca acabarás de pagar. El inconfundible timbre del teléfono suena: quizá algún amigo te llama. Levantas el auricular, hace mucho frío y afuera sigue la tempestad. Por la ventana se cuela el resplandor de un trueno. Una voz pronuncia un nombre repleto de apellidos notables, asegura que es abogado y que trabajaba para ese nombre. Pero tú no sabes quién es.

De inmediato piensas en una denuncia probablemente ruinosa, intentas recordar si declaraste los impuestos este trimestre o si habrás irritado a algún vecino. Todo eso en menos de un segundo, parece mentira; mientras tanto sigues pegado al teléfono y no puedes dejar de abrir la boca en un bostezo de cansancio. Pero ni siquiera te ha dado tiempo a preguntarte nada cuando escuchas que esa voz te da una noticia imposible: el hombre para el que trabajaba ha muerto esta tarde y te ha dejado toda su fortuna.

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Medium 9788483935606

Viuda del suicida

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Viuda del suicida

 

Cubro con sábanas los espejos de cada habitación. Dejo tu rostro suplicante atrapado allí y te veo agitar los brazos durante un segundo, como si nadaras para mantenerte a flote en el interior de un acuario. Me alejo del batir del agua y cierro la puerta. Tú fuiste quien decidió marcharse y ya no tienes derecho a aparecer de nuevo.

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