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Fundación mítica de la torre

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

Fundación mítica de la torre

 

Además, ¿por qué pintar el hierro de color mantequilla?, ¿por qué esos dorados como si estuviéramos en L’Opéra? No, el buen gusto no está ahí. ¡Hierro, hierro y más hierro!

Paul Gauguin

 

I

 

–Y bien, señor Eiffel, ¿qué piensa hacer esta mañana con la ciudad?

–No, no, de ningún modo. ¡Por la noche!

–¿La noche?

–Afirmativo. ¡Cuando la rabia se enfríe! ¡Cuando la música empiece a ser espantosa en los balcones y se aplasten las flores del asfalto! Entonces sí.

–¿Entonces qué?

–¡En cuanto se interrumpa esta llovizna estúpida! Cuando la humedad no sea una presencia, sino apenas un beso en la memoria de las cosas. Solo entonces. Antes no.

–¿Antes no?

–¡Afirmativo! Necesariamente.

–Entiendo. ¿Y mientras tanto?

–Aferrémonos a los cirios del aire y oremos por que ocurra una catástrofe.

 

II

 

–Señor Eiffel, el agua ha huido. ¿Podemos empezar?

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Las memorias de Madame Quiñónez

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Las memorias de Madame Quiñónez

 

 

 

Abre los ojos, Lulú, sé que no estás dormida

Almudena Grandes

 

 

 

Cada domingo a las doce después de la misa, los dormitorios de «La Nené» eran habitados por borrosos fantasmas que parecían brotar de las desvencijadas camas, como si volvieran a la vida en busca de antiguos rastros prisioneros por las sábanas almidonadas de amor. Madame Quiñónez siempre se los encontraba cuando regre­saba de la parroquia y entonces perdía esa aureola bienaventurada que había adquirido después de comulgar.

Ellas nunca iban a misa y por eso también tenía que rezar por sus pecados. Eran unas locas, unas incons­cientes, unas ateas que hacían que sus culpas fueran mayores y que su alma se pusiera más negra. Sólo Soledad se daba cuenta, pero con Soledad no se podía conversar. Ya para qué, ¡estaba tan vieja! En cambio Virginia...

Virginia tenía 15 años y Madame la tenía reser­va­da para los clientes de cincuenta para arriba. Era muy chica para sentir algo más que dolor y los otros muy viejos para sentir algo más que emoción. Todos contentos. Virginia chillaba porque le dolía, porque la erosionaban y la taladraban para hacerla más dúctil, más elástica y más insensible, pero esos señores creían que la estaban estrenando y que ella aullaba de placer. Según Madame era mejor que comenzara con los «viejitos verdes», para que desde el principio se diera cuenta que «Esto del burdel es como una profesión cualquiera, señorita; y que aquí hay que trabajar y aguantarse con lo que hay». La pobre Virginia lloraba y se pasaba todo el día escribiéndole a sus papás y ahorrando para mandarles plata a Tingo María. Les contaba que era secretaria y por decir tanta mentira no quería ni asomarse por la iglesia, aunque rezaba el rosario con la Madame todos los viernes. Bárbara se reía y se burlaba de ellas: ¡Qué Dios ni qué ocho cuartos! Sólo la plata las podía sacar de esa mierda.

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Medium 9788483935521

Quédate donde estás

Miguel Ángel Muñoz Editorial Páginas de Espuma ePub

Quédate donde estás

 

Tiene veintidós años y un mensaje en el contestador. Ha vuelto a casa y en la habitación la luz roja parpadeando en el teléfono es el único movimiento que existe. Viene de hablar con Julia, y ahora se ha quedado parado en medio del cuarto, esperando un cambio. El mensaje es el cambio. En su ausencia, una voz femenina desconocida ha estado hablando al silencio, al vacío magnético que ha quedado en la habitación mientras él estaba con Julia en el puerto, sin sospechar que ahora tendrá que levantar el auricular y escuchar el mensaje, escenificar el diálogo con esa voz femenina, y comprobar cuál es el cambio. Aunque Julio todavía no lo sabe, porque sigue parado a la entrada; no sabe que el mensaje contiene otro cambio. Sus padres están de viaje en Italia, la Roma eterna, no ha dejado de decir su madre las dos semanas últimas, pero él ha cerrado la puerta, como si todavía siguiesen en casa, para que no puedan molestarle, aunque no pueden molestarle. Actúa como si nada fuese a cambiar, como si el cambio no hubiese llegado ya. Para él es importante entender que todo ha de quedarse parado en la habitación, con él dentro: este momento que va a transcurrir no puede transcurrir, después nada será igual. Julio mira la estantería que tiene enfrente, los libros de cine, la cámara de súper 8 que su tío le regaló, la misma con la que él había rodado veintidós años antes un cortometraje: efímero sueño el mismo año en que tú naciste, el mío durará mucho, tío, dirigiré películas, historias de horror y acción que yo mismo habré escrito, y también comedias, yo también lo dije, dirigiré películas, cine de autor, y sólo pude con el corto. Dirigiré películas, tío, Julio plenamente seguro, en aquella estantería están las pruebas de su convencimiento, su enciclopedia de cine, sus libros sobre Billy Wilder y Hitchcock, y en la pared fotos enmarcadas de Spielberg y los hermanos Marx, y encima de su escritorio, con una bola de cristal pisándolo, el original de su primer guión y la claqueta que compró en El Rastro en el viaje del año anterior a Madrid. Cada semana escribía en ella con tiza el nombre de una de sus películas preferidas. Escribía El Padrino I, II o III o Psicosis, escribía Fargo o Tiburón. Y las fotos de Julia, una junto a otra, y las fotos con Julia, abrazados entre risas tontas, desviando la mirada del fotógrafo improvisado, algún amigo que seguía la broma, al que le sacaban la lengua en aquella otra, la foto de la nieve en que sonreían cegados por los reflejos blancos, las bocas abiertas y las manos invocando cómicamente al cielo, o la foto en Puerta del Sol, en contrapicado hacia el muñeco negro y rojo de Tío Pepe, aquel domingo en Madrid, antes de ir para El Rastro donde compró la claqueta y un paquete de tizas, y también hay una copia de la foto de Julia diplomada, Julia repintada con su banda verde cruzándole el pecho, verde feo, verde folclórico para una estudiante modelo, comiéndose la cámara con expresión satisfecha, los estudios acabados al fin, Julia tan seria, Julia completamente sana, y él piensa antes de moverse y descolgar el teléfono y que todo cambie, aunque todo ha cambiado para ellos, para él y para Julia, tendrá que acostumbrarse a decirlo así, dos sujetos dos predicados, piensa ¿qué hará con estas fotos?, las llevará consigo o las atará con un lazo verde para recordarlas siempre: aunque no las mire nunca más, cada vez que al abrir un cajón vea ese lazo verde, atado a las fotos que estarán vueltas para no encontrarse con las imágenes, dirá: esas son las fotos que conservo de Julia y de mí, de Julia conmigo, hace tiempo, cuando novios.

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Medium 9788483935354

El sobrino del Diablo

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

El sobrino del Diablo

 

Para Juan Gómez, que lo vive en sus carnes cada día

Para Cristina Fernández Cubas, desde el ángulo del horror

 

¡Señor Roas! ¡Señor Roas!

La voz de la señora Montserrat me persigue mientras bajo la escalera. Finjo no oírla y acelero el paso, no es este el mejor momento para caer en sus garras y asistir a otra de sus interminables quejas sobre los peligros del barrio o, peor aún, escuchar una de sus muchas historias sobre asuntos esotéricos, a los que es una verdadera adicta. Necesito salir de casa y airear mi bloqueado cerebro después de pasar varios días encerrado luchando con un cuento que se resiste a avanzar. Pero la señora Montserrat sigue gritando mi apellido y, maldiciéndome por no seguir mi primer impulso (bajar los escalones de tres en tres y huir a terreno más seguro), vuelvo sobre mis pasos, mientras apuesto contra mí mismo –sabiendo de antemano que perderé– que hoy sólo me tendrá media hora de pie en el rellano. Aunque puede que simplemente, como ya es habitual, me pida que le suba del súper «las cuatro cosillas de esta lista» (que, evidentemente, nunca son cuatro).

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Medium 9788483935446

Nueva tierra

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Nueva tierra

 

Cielos grises encapotados por nubes de humo espeso y maloliente. Altas montañas de basuras de distinta procedencia. Largas carreteras deterioradas que acaban antes de llegar a parte alguna. Peregrinos que las recorren sin meta ni destino. Peregrinos que las recorren descalzos, ciegos, mutilados, hambrientos. Peregrinos que observan incrédulos el paso de coches veloces y relucientes. Buitres cercanos, enormes y tridimensionales, auténticos y temibles. Ni una sola flor, ni un solo árbol, ni una sola planta. Ni un solo mamífero aparte de los peregrinos y las ratas, más grandes aún que los buitres, tridimensionales, auténticas y temibles. Insectos sí, por todas partes. Y palomas y gaviotas desorientadas por la desaparición del mar. Un calor sofocante seguido de un frío insoportable. Ya ningún mapa describe la realidad. Perderse es fácil, pero da lo mismo. Espejismos virtuales a lo lejos, a lo lejos siempre. Y también edificios altos, solos, sucios, silenciosos y oscuros, vacíos. Edificios de otro tiempo. Ningún peregrino es sedentario. Ninguno tiene casa. Que se sepa, ninguno la quiere: quedarse quieto aterroriza. La única sensación de estar vivo se obtiene en movimiento. Los quietos son muertos. Los que andan son los vivos. Por lo demás, ni unos ni otros hablan. El lenguaje quedó atrás. Solo se oye de fondo un ruido sordo y persistente, desde hace tanto tiempo, que ningún peregrino sabría mencionar una época anterior a él.

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Medium 9788483935255

Mise en abîme

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Mise en abîme

 

Michel Tournier cree que la imagen abismada es sólo un juego matemático. Para agregarle dramatismo –«interés», escribe él– a la foto de la mujer que blande una foto en la que aparece blandiendo esa misma foto, contrapone otro juego: una anciana empuña una foto de ella misma a los veinte años. Ahora hay un abismo, afirma Tournier. Sin embargo, no lo hay desde el momento en que se ve el fondo, la muerte; y un abismo, así exige la tradición, nunca debe revelar cómo termina. Surge pues, entre Tournier y la clásica estructura en abismo, una tercera alternativa: la anciana blande una foto tomada hace cincuenta años, y en esa foto que la mantiene joven está empuñando, a la vez, otra foto en la que luce con cincuenta años de más, de nuevo anciana. El abismo ha aparecido y es difícil precisar quién blande a quién. La joven encierra a la anciana por venir y es bien consciente. La anciana aún conserva a la joven, tras la máscara del tiempo, y la exhibe toda arrugada de orgullo.

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Medium 9788483935736

Cuento de verano

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Cuento de verano

 

Ellos son de agua, el viento los hace aparecer entre las olas, con el mar batido, hombres de agua, mujeres de agua, niños de agua. De agua sus rostros, sus brazos, de agua esos cuerpos que, de repente, nacen en las crestas de espuma. Los niños son los más osados, llegan corriendo al borde. A veces, un niño corre demasiado y sale fuera de la ola que lo sustenta. La arena lo devora. Acuden entonces las madres, forman una fila entre la espuma, gritan. También a menudo una madre llega demasiado lejos. La arena la devora. Yo soy la arena.

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Medium 9788483935507

Jefa de prensa

Paola Tinoco Editorial Páginas de Espuma ePub

Jefa de prensa

 

Llegué a casa arrastrando los pies por el cansancio. No podía quitarme de la cabeza el rostro de la agregada cultural de Embajada colombiana cuando puse en sus manos el libro de su compatriota. Parecía que le hubiera entregado, con mi mejor sonrisa, la bomba que reventaría su pedazo de país instalado en el quinto piso de aquel edificio. Parecía no saber si tirarlo por la ventana o devolvérmelo.

Todo lo que había ido a buscar era ayuda para conseguir que un escritor colombiano viniera a México y la única forma de obtenerlo era demostrar que la Embajada de su país estaba de acuerdo con que se presentara aquel libro de denuncia. No me importaba si pagaban el salón, los anuncios publicitarios o simplemente algunas botellas de vino, necesitaba que me dejaran poner su sello de participación para conseguir la visa de un autor, cuyo pequeño inconveniente era ser hijo de un reconocido narcotraficante. Casi nada.

Llevé dos libros a la cita, uno para la agregada cultural y otro para el señor embajador, pero ella aseguró que con un ejemplar era suficiente, de hecho dijo que me lo devolvería después de hablar con sus superiores. No insistí en obsequiarle el otro. De lejos se veía lo poco que le interesaba. Entre saludos, comentarios superfluos y llegar al meollo del asunto pensé que pasaría ahí veinticinco minutos y al final fueron seis o siete. Me sentí frustrada.

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Medium 9788483935613

Cantar de noche

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Cantar de noche

 

 

 

A Viviana

 

 

 

Si fue porque el viento hizo girar los goznes, o porque aulló en lo alto de la sierra una alimaña, o porque, independientemente del frío o de los misterios de la noche, la conciencia, aun en el postrer momento, puede conocer qué le conviene; sabemos que el 28 de octubre de 1233, con seguridad entre las doce y la una, habiendo rezado completas, Jaime de Luján o de Solán, que en esto no coinciden las fuentes, se despertó sobresaltado, con los ojos abiertos, de rodillas y sudando como un pecador a los pies de su lecho. Conturbado, mas que temeroso, de que, encontrándose enfermo y recibiendo los cuidados intensivos de sus hermanos, impedido de hacer cualquier movimien­to, se hallara en aquella situación; lo invadió una sú­bita vergüenza y dirigió su mirada al Cristo que presidía la pared de su celda: un cuerpo tieso, con los brazos apenas flexionados y los ojos grandes y calmos, ajenos al suplicio, que lo invitaban silenciosamente a contemplar. Era un viejo icono de Oriente, recibido como obsequio de misacantano el día en que se despojó de cuanto llamaba suyo para entregarse al claustro, al tañido de la campana, a los rezos y al trabajo en la tierra hostil, renuente a sus frutos. Sin osar moverse, conteniendo su asombro, remiraba la figura ejercitándose en la disciplina, en el refreno de la curiosidad.

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Medium 9788483935309

En la torre más alta

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

En la torre más alta

 

–Se sabía incapaz de soportarlo –dijo lord Winson Green–. No era mayor pero tenía tres hijos y el súbito hundimiento de la banca Lehman Brothers lo había arruinado. El futuro se le presentaba aterrador. Tendría que dejar su casa, sus coches, sus clubes, su tren de vida. Sus hijos no podrían seguir en el colegio privado.

Se asomó a la ventana –estaba en el piso treinta y seis– y se subió al alfeizar. En ese momento su secretaria abrió la puerta del despacho.

–¡Nos ha tocado la lotería!

De los dos boletos que había comprado el día anterior, uno se lo había prometido a ella.

–¡Treinta y ocho millones de libras!

Los billetes estaban sobre su mesa. Al abrir la puerta se formó una gran corriente de aire y volaron hacia la ventana.

–¡Treinta y ocho millones de libras! –repitió tratando de alcanzarlos.

–Para cada uno –añadió la secretaria con un hilo de voz, viendo como su jefe en su intento por alcanzar los billetes se precipitaba detrás de ellos hacia el abismo.

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Medium 9788483935163

Erde

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Erde

 

Con ella cuentan que el terrible, violento y malvado Tifón tuvo contacto amoroso, con la joven de vivos ojos. Y preñada, dio a luz feroces hijos...

Hesíodo, Teogonía 306

 

Desde que entré en la clase la vi: los ojos verdes mirando al vacío y su boca frutal mordiendo el lápiz. Cada vez que la academia iniciaba el ciclo de invierno yo recorría las aulas mientras se tomaba el examen, pensando que a la hora de repartirnos a los alumnos podría llevarme conmigo un poco de dulzura y belleza. Algunos tutores las elegían coquetas o exuberantes, chanconas para asegurarse un ingreso a la universidad o simplemente altas para ganar el campeonato de vóley. Yo las prefería un poco fuera de este mundo, de una inocente hermosura infantil que las pusiera más allá del bien y del mal. Como ella, incapaz de resolver operaciones tan groseras y mundanas como un pedestre teorema de Pitágoras.

Con la fingida naturalidad que proporciona la experiencia, me hice el encontradizo frente a su prueba y susurré: «es un triángulo rectángulo 3, 4 y 5 multiplicado por 2, ¿te das cuenta?». Su gratitud fue una sonrisa de angelito del Bronzino y sin dejar de mirarme sacó uno de esos gigantescos borradores perfumados de su reluciente cartuchera de Snoopy. «¿Quieres saber qué rico huele?», me dijo. Creo que esa mentolada fragancia fue lo que me hechizó para siempre.

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Medium 9788483935736

Temores infundados

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Temores infundados

 

Esta mañana me he despertado con un miedo angustioso a no poder volar, y la desagradable impresión persistía mientras iba subiendo por la escalera de la terraza, con la gabardina bien ceñida y mi cartera colgada de una mano. Sin embargo, me he lanzado al vacío, he emprendido el vuelo sin problemas, y he llegado con toda puntualidad a la oficina.

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Medium 9788483935828

Sombra sobre la hierba

Pablo Andrés Escapa Editorial Páginas de Espuma ePub

sombra sobre la hierba

 

 

 

 

 

 

De pronto, el tren

Los versos que subrayan cada sección son de un poema de Antonio Pereira, «El mixto», incluido en su Cancionero de Sagres (1969).

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Medium 9788483935620

Ciclos

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Ciclos

 

Al igual que mis padres, aprendí cuando aún era un niño las labores de la labranza y a cuidar un escaso rebaño de apenas unas pocas reses escuálidas. Viví en la austeridad y el hambre hasta el fin de mis días. Después, nací en el seno de una familia griega que me procuró una buena educación, y llegué a servir como maestro de los hijos de un aristócrata magnánimo. Cuando morí, me encarné en el primogénito de unos ricos comerciantes, y llegué a poseer una flota de naves que transportaba mercancías por todo el Mediterráneo. Luego fui un jeque de Oriente. Todavía después, en mi penúltima resurrección, fui el príncipe heredero de una de las naciones más poderosas del planeta. Como vi que la cosa siempre iba a más, para ahorrarme tiempo en prolegómenos, me corté la cabeza. Ahora soy el escarabajo que recoge los excrementos de unas reses escuálidas. A veces, las gigantescas pezuñas golpean con fuerza cerca de mí. Las miro, y pido fuerzas al cielo para no sucumbir a la tentación y no quitarme de nuevo la vida.

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Aberraciones

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Aberraciones

 

Uno de los fracasos más estrepitosos de la multinacional BioLabs Corporation –después de la creación años atrás del oso polar de color pardo, o de la serpiente con orejas de elefante, que como una pesada mariposa de carne no podía despegarse del suelo– fue sin duda el proyecto del megatauro.

Concebido como un animal de guerra, el megatauro estaba dotado de un esqueleto de adamantio, oculto bajo una tonelada de músculo. Sus brazos podían volcar los más pesados carros de combate, su pecho era una coraza de ligamentos, su cuello un bastión inexpugnable. Sin embargo, cuando la torre de carne apenas llevaba unos meses en el ejército, la casualidad quiso que fuese descubierto su punto más débil. Bastaba recitar algún verso dirigido a la luna, como La luna vino a la fragua con su polisón de nardos, o Luna refulgente, antorcha de la noche, o ¿Qué haces luna, en el cielo? ¿Qué haces silenciosa luna?, para atravesar aquellas capas y más capas de tendones; el poema tocaba al instante su tierno corazón, y la bestia quedaba ovillada en el suelo deshaciéndose en sollozos.

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