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Backward II

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Backward II

 

Los familiares y amigos, vestidos de oscuro para celebrar el feliz acontecimiento, sacaron el ataúd del nicho y lo condujeron hasta la sala del tanatorio. Luego, los miembros de la familia más íntima, los hermanos y sus cónyuges, ya con ropa de calle, se acercaron al hospital, rodearon el lecho de la difunta, y esperaron. El cadáver abrió los ojos, emitió un gemido de ultratumba y dijo no encontrarse bien. No te preocupes, hija, le dijeron todos a la anciana, pronto comenzarás a encontrarte mejor, cada día mejor. Y en unos años sacaremos a tu compañero de su nicho.

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Medium 9788483935415

Lenguaje del Foro

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Lenguaje del Foro

 

La policía había reunido importantes pruebas de cargo contra él: las huellas dactilares en la pistola, las pisadas en el barro… así hasta treinta y tres, pero ninguna consistía en el testimonio de una persona. El abogado defensor hizo hincapié en este dato: «Si un perro ladra, señoras y señores del jurado, ustedes son incapaces de entender cabalmente lo que dice. Si un gato maúlla ustedes ignoran lo que está pasando por su cabeza. Y el gato y el perro son seres vivos, tan vivos como ustedes y como yo. ¿Por qué, pues, aceptar que una pistola, unos zapatos, unas gafas rotas, una cajetilla de cigarrillos abandonada nos hablen? Señoras y señores no se dejen ustedes seducir por el fiscal: ¿qué pueden decirnos las cosas, si las cosas no hablan? En cambio, ahí tienen ustedes a mi defendido, escúchenle con atención, él ha dicho bien claro y bien alto que es inocente».

 

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Medium 9788483935446

La culpa del silencio

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

La culpa del silencio

 

El detonante fue sin duda la muerte de mis padres en un extraño accidente de automóvil, ocurrido hace ahora un par de semanas. De golpe retrocedí al pasado y me pareció descubrir algo espeluznante. Me asusta y al mismo tiempo me alivia saber que ya no puedo preguntarles nada. Aunque, al fin y al cabo, me resulta imposible pensar en una pregunta apropiada para los únicos testigos. Debo ser valiente y enfrentarme sola a la niña que sigue agazapada en mi interior esperando la oportunidad de salir a gritar lo que permanece escondido.

Por desgracia, sé que es cierto el horror que he vislumbrado. Noto en la garganta un escorpión decidido a inyectarme su veneno. Es el miedo. Pero debo seguir adelante y dejar de engañarme a mí misma. La búsqueda es inaplazable. Necesito ir al centro del laberinto para empezar a buscar la salida. Aunque encontrarla signifique extraviarme para siempre. ¡Qué estupidez! Quien se pierde es que ya antes andaba perdido.

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Medium 9788483935101

El entierro

Mariana Torres Páginas de Espuma ePub

El entierro

 

Mi madre consiguió una pala, grande. Una pala de jardín. Mi padre la cargó a la espalda, apoyada sobre el hombro, durante todo el camino al parque público. Yo llevaba al animal pegado a mí, la manta que envolvía su cuerpo le daba varias vueltas.

Con la pala, en un claro entre dos árboles, mi padre cavó el agujero. Ya anochecía, nadie debía vernos. Tumbé al animal en el agujero de tierra, acomodé su cabeza entre las patas, en la misma posición en la que solía dormir.

Lo tapamos con tierra. Los tres agarramos puñados de tierra y tapamos bien al animal. Después cubrimos la tumba con trozos de césped, ramas, flores secas. Los tres lo hicimos. Y pisamos bien el lugar, aplastamos y pisoteamos el montículo de tierra para que nadie notara que ahí abajo habíamos enterrado al animal.

Durante todo ese tiempo no pude dejar de imaginar que estábamos, los tres, jugando a esconder un tesoro, que después, al llegar a casa, marcaríamos el lugar exacto del tesoro con una cruz roja en un mapa mal pintado y lleno de manchas.

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Medium 9788483935033

Belvedere

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Belvedere

 

Nadine y yo somos un matrimonio como cualquiera, en un bonito dúplex con jardín. No muy lejos de aquí pasan los años y se suceden las demoliciones. Pero Nadine y yo somos felices. Nuestros hijos han crecido rápido. Uno, el mayor, estudia en Boston. El mediano se fue a las misiones (a estornudar, nos dijo; no supimos por qué). Y el pequeño, que no mostró afición por los estudios, sigue aún con nosotros; y se entretiene haciendo de cocodrilo, los fines de semana, en el foso que rodea el jardín.

–¿En qué piensas? –me pregunta Nadine algunas veces.

–En ti –le miento; para no preocuparla sin motivo.

De perfil, nuestros hijos no se distinguen de un serrucho. De frente son idénticos a esa efigie ladina de George Washington que aparece en los dólares. Una vez, en un viaje que hicimos a Rotterdam, me quedé sin florines y pagué al conductor de un autobús con mi hijo mediano:

–Tenemos instrucciones de no aceptar serruchos –me dijo él.

Entonces nos apeamos sin protestar.

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Medium 9788483935743

Separación

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Separación

 

A dos hermanas siamesas, Amina y Anjana, intentaron separarlas quirúrgicamente después de veinticinco años de estar unidas por el cerebro. La operación no pudo concluirse pues ambas murieron de alergia a la anestesia. Anjana, que había tenido pensamientos impuros en el último momento, estaba destinada al Infierno, la otra, más inocente o más afortunada, al Cielo. El Todopoderoso, para no cometer una injusticia, las separó en ese preciso momento.

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Medium 9788483935187

Ha llegado un escritor

Ana María Shua Editorial Páginas de Espuma ePub

Ha llegado un escritor

 

Estaba cansado y hacía mucho frío, pero por fin había llegado a Zorzales de la Frontera, después de siete horas de viaje. En el micro, el olor a cigarrillo daba náuseas. Las ventanillas, como siempre, se mantenían herméticamente cerradas. ¿Pero no estaba prohibido fumar? Ni los pasajeros ni el chofer transgredían esa prohibición y sin embargo el olor estaba allí, omnipresente, agobiante. Gustavo respiró con fruición el aire helado de la minúscula estación del pueblo. ¿Alguien habría fumado adentro del vehículo mientras estaba estacionado? ¿Los micros estacionaban alguna vez? ¿O se mantenían permanentemente en movimiento, yendo y viniendo por los caminos de la patria? En arreglo: esa era la respuesta. El micro había estado en algún taller y antes o después de revisar el motor los mecánicos se habían refugiado en la cabina para tomar mate, charlar, jugar al truco: fumando. Gustavo había dejado el cigarrillo hacía quince años y ni siquiera entonces, cuando era un gran fumador, podía soportar el olor a pucho frío en un lugar cerrado. El olfato ¿no se saturaba enseguida? Recordaba un programa de televisión, tan ilustrativo, del Discovery Channel, en el que se veía a los olores como bloques de formas diversas que encajaban en huecos equivalentes de las células olfativas y los sellaban, provocando un efecto de saturación: así, después de un breve lapso de estar expuesta al olor, la persona dejaba de percibirlo. La animación, en bonitos colores, hacía pensar en el juego del tetris, las piezas encajaban con precisión unas en otras y sin embargo él, Gustavo Manzone, siete horas después, encerrado en el micro mal calefaccionado, moviendo los dedos de los pies en los zapatos para hacerlos entrar en calor, había seguido respirando ese olor estancado y nauseabundo que le daba dolor de cabeza.

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Medium 9788483935170

Cuarenta centímetros cuadrados

Samanta Schweblin Editorial Páginas de Espuma ePub

Cuarenta centímetros cuadrados1

 

Mi suegra quiere que compre aspirinas. Me da dos billetes de diez y me indica cómo llegar a la farmacia más cercana.

–¿Seguro que no te molesta ir?

Niego y voy hacia la puerta. Intento no pensar en la historia que acaba de contarme, pero el departamento es chico y hay que esquivar tantos muebles, tantas repisas y vajilleros repletos de adornos que es difícil pensar en otra cosa. Salgo del departamento al pasillo oscuro. No enciendo las luces, prefiero que la luz llegue por sí misma cuando las puertas del ascensor se abran y me iluminen.

Mi suegra armó un árbol de navidad sobre la chimenea. Es una chimenea a gas y de piedras artificiales, y ella insiste en mudarla cada vez que cambia de departamento. El árbol de navidad tiene la altura de un enano, es flaco y de un verde claro artificial. Tiene bochas rojas, dos guirnaldas doradas y seis muñecos papanoeles colgando de las ramas como en un club de ahorcados. Me detengo a verlo varias veces al día o pienso en él mientras hago otras cosas. Pienso en que mi madre compraba guirnaldas mucho más mullidas y suaves, y en que los ojos de los papanoeles no están pintados exactamente sobre los relieves oculares, donde deberían estar.

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Medium 9788483935286

Apuntes para una celebración

Felipe R. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Apuntes para una celebración

 

Están las flores. Alguien el día antes las ha seleccionado, ordenado y manipulado, y cortado con pericia y velocidad creando una luminosa geografía de pétalos y tallos que orienten nuestra vista, y después esos ramos y adornos reposan la noche, amables y confiados, en la fresca cámara oscura: van a cumplir un destino.

Está, desde temprano, el trasiego de las grandes cocinas de acero y el arreglo de los salones. Hay un esmero profesional pero cariñoso en todos los gestos, en el corte de una zanahoria o en una mano que alisa por tercera vez la arruga invisible de un mantel color crudo, porque nadie es ajeno a su propia memoria ni a su propio deseo.

Está el oficiante. Su jornada no se altera mucho, es cierto, es su trabajo, pero pretenderá también que alguien al cabo lo felicite por sus palabras, su cercanía, sus ademanes.

Están las familias y están los amigos, están bullendo desde temprano los armarios y las tablas de plancha y las peluquerías y los cosméticos y las risas, y algún ansiolítico o infusión o copa cambia de manos, y hay un aventurar continuo de opiniones y pronósticos. Alguien se asoma a la ventana con espíritu científico y asevera, Hará un buen día. Puede también que diga, Será un buen día: ambas cosas no significan lo mismo.

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Medium 9788483935293

Pirarucú

Isabel González Editorial Páginas de Espuma ePub

Pirarucú

 

Se tomaba sus molestias. Antes de robar yogures, Andrea comprobaba la fecha de caducidad y sólo cogía los que estaban al límite. Había otra forma de hacerlo: esperar donde los contenedores. Siempre había gente donde los contenedores. Gente con abrigos y manos grandes. Gente dispuesta a pelearse por una bandeja de carne mohosa o por una lechuga mustia. Productos ilegales y todavía digeribles que el supermercado desechaba por kilos. A Andrea no le bastaba aquello. Andrea usaba ropa ajustada y manos pequeñas, blancas, infantiles. Robar como ella robaba tenía sentido. Alguien que sólo escoge alimentos a punto de perecer. Casi una virtud. Entraba en su casa, se subía la cremallera de la cazadora y se tumbaba en la hamaca del jardín. Comía yogures y tiraba los envases a la piscina. Porque le daba la gana. Por el bien del jardinero. Su puesto dependía en buena parte de mantener el agua en condiciones. Incluso en invierno. Ella la ensuciaba y él la limpiaba. Una labor en equipo.

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Medium 9788483935781

Glosario

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Glosario

 

Aeromotos, aeromóviles

Parece que a partir del siglo 22 el transporte aéreo se hará muy común incluso en los desplazamientos individuales y familiares, mediante «aerovehículos» que recibirán diversas denominaciones. Con el mismo prefijo, aero- , se utilizarán otras palabras relacionadas con ese tráfico, como aerotel, aeropista, aeroestación. Es probable que con el paso del tiempo se pierda la -e del diptongo inicial.

 

Agno, Ajno

Manera de llamar a los ateos –palabra en desuso a partir del siglo 21– y agnósticos actuales. Muy poca gente declarará esta condición.

 

Arcantros

Profesión cada vez más marginal que recogerá ciertos aspectos del trabajo de los actuales arqueólogos y antropólogos.

 

Auvi

Acaso contracción de lo que hoy se conoce por «audiovisuales», pero referido exclusivamente a las ficciones.

 

Baláser

Proyectil mortífero.

 

Bareto (también Bebedero)

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Medium 9788483935255

El verdadero padre

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

El verdadero padre

 

El padre de mi amiga S. siguió por la calle a una mujer que había juzgado hermosa sin verle más que la espalda. Le dio alcance en una esquina, la miró a los ojos con descaro y descubrió que no era otra que la mismísima S. No le fue fácil disimular su turbación, pero al rato padre e hija tomaban un helado a pocos metros del lugar y, muy sonriente, él le contaba que la había visto desde lejos y por eso había corrido así tras ella. Mi amiga S. lo escuchaba crédula –ni remotamente imaginaba otro motivo para que su padre caminase a sus espaldas– cuando él empezó a palidecer, cayó su helado de golpe al suelo y hubo que reclamar un médico a los gritos. «Papá, ¿estás bien?», inquiría S.; pero un solo pensamiento constelaba la cabeza del hombre: «No es posible que no haya reconocido a mi hija, ¿y si es otro el verdadero padre?».

 

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Medium 9788483935286

Impermanencia

Felipe R. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Impermanencia

 

Está caminando por una playa desierta, de suave y fina arena. A lo lejos, sin fulgir bajo el sol, una forma oscura desmenuza la planicie. Se acerca, curioso, para encontrar una piedra, de unos dos kilos, como amasada por un escolar. La alza de la playa, la sacude, la mira y voltea y vuelve a contemplar. Y cuando quiere darse cuenta ya está, loca, perdida, profundamente enamorado de la piedra.

Lleva la piedra a casa. La piedra, cuando él no está, se queda quieta, aguardándole en una mesa baja junto al sofá. En su trabajo, rutinario, a veces el hombre se detiene y piensa en ella, la añora, qué estará haciendo. Y al regresar toma la piedra que va con él por toda la casa, hacen la comida o limpian u ordenan o ven en la tele alguna vieja película, o charlan largamente en el sofá, casi un monólogo, a qué engañarnos, al que ella asiente de continuo.

El hombre cree que amará a la piedra toda su vida. Tiene la sensación, sin embargo, de que ella no lo ama a él del mismo modo. Esto lo atormenta a veces, pero luego su compañía lo rescata del dolor. No alcanza muy bien a saber qué hacer para que ella también lo ame a él de esa misma manera, hasta la eternidad; cuando se pone así procura que ella no vea que su mirada se vuelve translúcida y finge atender alguna tarea doméstica urgente.

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Medium 9788483935859

Enanos en el jardín

Pedro Ugarte Editorial Páginas de Espuma ePub

Enanos en el jardín

 

De Elsa yo sabía lo que puede saber un hombre de su esposa: algo menos cada día. Y como llevábamos más de diez años casados, estábamos a punto de convertirnos en unos perfectos desconocidos. A veces, en la cocina, me quedaba mirándola. Elsa hacía algo muy concreto, preparar unas croquetas, doblar unos calcetines, y yo me preguntaba de repente quién era, cómo se llamaba, qué estaba haciendo allí. Entonces sentía miedo. Pero esa desagradable sensación apenas duraba un instante. Enseguida lograba reponerme e ingresaba de nuevo en la doméstica y confortable certidumbre de las cosas (preparar unas croquetas, quizás unos filetes; doblar unos calcetines, quizás unas camisas). Elsa hacía alguna pregunta distraída, algo referido a la cena de los niños o a los planes para el fin de semana, y yo sabía la respuesta, y todo recobraba su tranquilizadora y leal normalidad.

La convivencia matrimonial puede obrar ese prodigio: vivir pegado a una persona pero olvidarte de ella poco a poco, sentir que cada día es más difícil reconocerla, percibir cómo la sucesión de las estaciones, el devenir de las mareas, algo que tiene que ver con los planetas, o con los porcentajes de humedad, o con las leyes atmosféricas, va apagando un fuego antiguo. Es difícil de explicar: se parece a una lenta evacuación, como si lo que al principio fuera un almacén de agitados sentimientos se hubiera vaciado y ahora los recuerdos del pasado ocuparan el mismo espacio pero no lo hicieran con la misma intensidad; como si, por muchos recuerdos que hubiera ahora, en el viejo almacén quedaran demasiadas baldas vacías. Los recuerdos tienen menos densidad que los sentimientos, por eso la vida de los viejos es infinitamente más leve, más ligera; por eso los viejos se van diluyendo poco a poco, mientras que la vida de los jóvenes tiene la consistencia de los metales pesados.

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Medium 9788483935446

Yo soy inminente

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Yo soy inminente

 

A veces tengo unas admoniciones increíbles, como una especie de versiones de cosas, ¿sabes? Me vienen de repente, por un sueño que he tenido, o por un asentimiento. Paqui dice que todo son alusiones mías, pero de eso ni hablar, que la que está delicada del cerebelo es ella y no yo. Y luego otra cuestión: que a la gente le cuesta mucho omitir que los demás tienen poderes que ellos no han aprehendido. Además, hay que tener presencia de que la Paqui está amargada, porque tiene al marido empotrado en la cama desde hace años y de eso nadie sale inerme, oiga, se lo digo yo que estoy al margen de todo y sé muy bien de lo que hablo porque ya he pasado por ese alcance. La Paqui ahora no me cuenta nada, porque lleva una época muy perceptible, pero antes estábamos muy penetradas las dos. Lástima. Desde que se ha ido a vivir a esa organización de casas endosadas no hay quien le diga nada. Antes vivía en el beneficio de enfrente, y todo eran favores, que si me das un poco de sal, que si me enciendes la aguja que yo no veo bien, en fin, un desecho de favores. Le he dicho que va acabar mal, que el marido se le va a convertir en un adulterado, que su hija pequeña va a tener una noción de embarazo y que al chico la novia lo va a dejar por imponente. Le he dicho que lo he visto todo clarísimo como el agua. Y la Paqui que no, que no se quiere creer que yo soy inminente y veo el futuro. Peor para ella.

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