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Abuelita está en el cielo

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Abuelita está en el cielo

 

 

Mamá decía que abuelita había sido la mujer más buena del mundo, que todos la querían y que nunca le hizo daño a nadie. «Abuelita está en el cielo, mi amor», señalaba mamá con el dedo, «rodeada de ángeles y santos». Pero mamá no quiere verla cuando viene de noche a mi cuarto, llorando y toda despeinada, arrastrando a un bebito encadenado.

Seguro que tiene hambre porque a veces lo muerde.

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Medium 9788483935866

Una conversación con Hipólito G. Navarro

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Una conversación
con Hipólito G. Navarro

 

La preparación de esta antología y el diálogo que hemos ido manteniendo sobre ella me han convencido de la profunda relación que existe entre la personalidad del autor y su obra. Impresiona la sinceridad con la que Hipólito G. Navarro descubre su vida en esta entrevista. Impresiona también la dureza de los acontecimientos que ha soportado. Se descubre entonces que el dolor, la violencia, el ansia, la venganza de los cuentos... están ahí, en las entretelas de su biografía. Y viceversa. Por eso mismo, su sentido del humor, la delicadeza, la capacidad de afecto que se muestran en ellos resultan más brillantes y admirables. Sus palabras dan muchas claves de su obra. Creo que todo ello justifica que se publique esta conversación: animará al lector a que relea algunos cuentos y alcance una visión más profunda de los mismos; enriquecerá su expectativa y abrirá su sensibilidad al disfrute de una gran creación literaria.

 

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Medium 9788483935798

Calambres en el alma

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Calambres en el alma

 

A orillas de la bahía de San Francisco eran las seis de la mañana. El cielo mostraba unos filamentos lilas y ya casi amanecía, pero los relojes daban apenas las dos y media. El lugar era una mansión, un lujoso salón de convenciones con vistas al mar. Al arribar me habían obligado, aunque no sin cortesía, a alzar las manos y entregarle mi reloj pulsera a un ceremonioso mayordomo negro, que ya sostenía otros relojes en una bandeja de plata. De tal manera, los huéspedes quedábamos a merced de la hora impuesta por el anfitrión, repetida en cada reloj del lugar.

Mr. Anderson tenía motivos válidos para dar esa gran fiesta. Aquel verano produciría seis películas: una policial, otra de terror, dos comedias, un drama y su mayor apuesta, Apolo, inspirada en el primer alunizaje. Allí trabajaría yo, haciendo de extra, si por fin las cosas resultaban bien y no se entrometía, como era usual, mi eterna mala suerte.

A un cazador de autógrafos se le habría hecho agua la boca, porque entre los invitados a la fiesta abundaban no sólo actores y actrices de renombre sino también personajes como Neil Armstrong, contratado para asesorar al director y a los guionistas de Apolo.

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Medium 9788483935323

Sin salir de Marta

Paul Viejo Editorial Páginas de Espuma ePub

Sin salir de Marta

 

A Marta habrá que recordarla siempre en la estación. Marta en la espera, Marta en la angustia. Era la elección de un color, el sonido de un nombre. Marta era un regalo, Marta en los ojos. Pero un regalo compartido. Como aquella tarde de barro en las botas en que a Marta había que recogerla del andén. Marta con la falda a cuadros, con seudónimo en sus labios. Era una carrera, era una niña, eran las siete. Marta era dos hombres. Y él fue más rápido. Su traje más gris, su camino más corto. Quizá solo tuvo que ajustarse el nudo de la corbata, o recordar sin más que la llevaba, y recoger las gotas de agua que huyeron del jarrón al sacar las flores para Marta [Vaya tono, tío. Esto puede ser empalagoso, empalagoso. Ya lo estoy viendo...], y desearse buena suerte, y primero una zancada, después otra, ya en la calle, y sobre todo creerse solo, no pensar en mí, jamás, como si no existiera. Fuera de Marta. Yo sí que había oído hablar de él [Un momento, Viejo, ¿cómo que «pensar en mí»? ¿«Yo»?, querrás decir él o alguien, pero tú...]. Porque Marta era el secreto desvelado en la cama, Marta no hagas más daño, Marta y por qué. Pero uno es capaz de ignorar todos los sonidos, cada recuerdo, cuando duelen. Y duelen.

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Medium 9788483935132

La curiosidad

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

La curiosidad

 

Aquel miércoles desapacible corría un aire a ráfagas. Posando de pie, rígidas, las putas del Paseo del Salón se habían abrigado de cintura hacia arriba. Aparcados junto a la biblioteca pública, dos coches con las lunas empañadas las vigilaban. Con el semáforo a punto de cambiar tuve un extraño impulso y, sin saber por qué, le anuncié al taxista que me bajaba allí mismo. ¿Aquí?, me preguntó el taxista, primero incrédulo y enseguida pícaro. Estúpidamente avergonzado, pretexté que un amigo vivía enfrente.

Al salir del taxi me asaltó una vaharada de colonia. Siguiendo su rastro divisé a una señora algo gruesa, calzada con unas botas rojas que le cubrían media pierna. Observando cómo los pliegues de las rodillas le asomaban por encima del plástico, sentí cierta repugnancia y también que inexplicablemente me excitaba. Ella estudió mi traje con la perezosa atención de las meretrices veteranas. Desvié la mirada incómodo y me alejé unos pasos. Bajo la marquesina, apoyada en uno de los postes, una mulata se fumaba la noche exhibiendo un hondo escote. Vistos de perfil, sus glúteos parecían un dibujo exagerado. Pensé en que jamás me había acostado con una mujer negra. Noté que la mulata miraba mi traje. Al dar un paso atrás vi una figura esbelta, alta y de muslos trabajados que permanecía inclinada sobre la ventanilla abierta de un coche en marcha. Empujado por la curiosidad, me aproximé a ella hasta poder oír fragmentos de su conversación. El conductor del coche lanzaba exclamaciones roncas, la figura esbelta y alta reía mecánicamente. Contemplé sus rizos rubios. Sus brazos musculosos. Su espalda vigorosa. Sus pies demasiado grandes. Comprendí demasiado tarde. Antes de poder alejarme, escuché que alguien decía a mis espaldas: ¿Tienes un cigarrillo? Di media vuelta y me topé con un tipo de mi misma edad, asomado a la ventanilla de un Peugeot azul. El motor de su coche subía y bajaba de revoluciones. ¿Me hablas a mí, tesoro?, preguntó con voz cavernosa la figura esbelta y alta, irguiéndose y acomodándose los rizos. Pero el tipo le contestó: No, a ti no; le hablo al del traje. A lo lejos, la mulata de la marquesina me miró con sorna.

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Medium 9788483935286

Apuntes para una celebración

Felipe R. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Apuntes para una celebración

 

Están las flores. Alguien el día antes las ha seleccionado, ordenado y manipulado, y cortado con pericia y velocidad creando una luminosa geografía de pétalos y tallos que orienten nuestra vista, y después esos ramos y adornos reposan la noche, amables y confiados, en la fresca cámara oscura: van a cumplir un destino.

Está, desde temprano, el trasiego de las grandes cocinas de acero y el arreglo de los salones. Hay un esmero profesional pero cariñoso en todos los gestos, en el corte de una zanahoria o en una mano que alisa por tercera vez la arruga invisible de un mantel color crudo, porque nadie es ajeno a su propia memoria ni a su propio deseo.

Está el oficiante. Su jornada no se altera mucho, es cierto, es su trabajo, pero pretenderá también que alguien al cabo lo felicite por sus palabras, su cercanía, sus ademanes.

Están las familias y están los amigos, están bullendo desde temprano los armarios y las tablas de plancha y las peluquerías y los cosméticos y las risas, y algún ansiolítico o infusión o copa cambia de manos, y hay un aventurar continuo de opiniones y pronósticos. Alguien se asoma a la ventana con espíritu científico y asevera, Hará un buen día. Puede también que diga, Será un buen día: ambas cosas no significan lo mismo.

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Medium 9788483935309

El Pastor de almas

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El Pastor de almas

 

–El ser humano es insaciable –dijo lord Cheddington–. ¿Recuerdan la desaparición de aquellas siete mujeres en el área de Guildford, en Surrey? La primera en desaparecer fue una maestra de la localidad, autora de cuentos infantiles. La segunda, una chica del coro de la catedral, su voz más armoniosa. Todas eran adorables, guapas, alegres, espíritus refinados y sensibles. En dos o tres años, fueron asesinadas una detrás de otra; sus cadáveres aparecieron en los lugares más dispares: un arroyo, un silo, una fábrica abandonada… Habían muerto de un golpe en la cabeza, un golpe certero y único, dado de arriba abajo con un objeto de metal. Ninguna había sido asaltada sexualmente, ni siquiera sus ropas habían sido removidas, al contrario, se apreciaba incluso algo de recato en la forma en la que el asesino había dejado sus vestidos al abandonarlas. El superintendente Gull de Scotland Yard empezó a sospechar del pastor de la localidad, el reverendo Crook, un hombre muy querido, gran conversador, de una gran facundia en realidad, obsesionado por la buena cocina, afición que había adquirido en Francia. El superintendente reconoció luego lo muy útil que le había sido en la investigación su experiencia infantil en Gales en casa de un tío materno que regentaba la hacienda del gran señor del condado. Los días en que el conde venía acompañado de numerosas visitas se sacrificaban los mejores corderos, entre ellos los favoritos del niño, aquellos con los que jugaba y a los que amaba. A todos vio morir durante los veranos que pasó allí. Y no era raro que fuera el propio conde o alguno de sus acompañantes quienes los eligieran. Así, pasaban de la vida a la muerte, mientras el niño lloraba en su cuarto. ¿Y qué tiene que ver esto con los asesinatos del reverendo? El superintendente vislumbró una luz difusa que no era capaz de identificar, pero que relacionaba con su experiencia de Gales. Y semana tras semana hacía hablar al reverendo mientras tomaban el té. El reverendo era un hombre de convicciones tan grandes como montañas; solo había que esperar al pie de ellas para recoger sus palabras en alud. Hablaban de cocina, de delicatessen, de las glándulas gustativas, de las glorias del paladar. Y no fue una confesión arrancada, sino una confidencia, el secreto que se entrega con delectación a un correligionario. El reverendo creía que el ser humano se mostraba incapaz de satisfacer a su Creador porque no lo entendía. «Dios, de quien estamos hechos a imagen y semejanza, como Supremo Ente Espiritual, ha de alimentarse de espíritus –razonaba– lo mismo que nosotros nos alimentamos de carne. Pero qué espíritus son esos, si mujeres tan delicadas y sublimes como aquellas jóvenes solo pueden llegarle, salvo accidente, ya ajadas por los años o estropeadas por la enfermedad. Mejor ofrecérselas ahora en la flor de su vida, con sus espíritus tan firmes y bellos como sus cuerpos».

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Medium 9788483935446

Mi intrusa

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Mi intrusa

 

Como ustedes comprenderán, la primera vez asistí con incredulidad a lo que ocurría. Pensé que era algún trastorno psicológico derivado de la impresión recibida, del esfuerzo por acostumbrarme a la nueva situación. No es fácil, puedo asegurarlo. De modo que, intentando mantener la calma, pensé que lo mejor era pasarlo por alto y olvidar aquel desagradable incidente de consecuencias al fin y al cabo menores. Tuve la suerte, además, de que los responsables que me pillaron con esa mano en la masa –y digo bien, en singular– creyeron sin titubeos mi historia y me dejaron abandonar los grandes almacenes sin objeción alguna. Si algo sintieron, seguro que fue lástima.

Sin embargo, la segunda vez ya no fue lo mismo, sobre todo porque hice todos los esfuerzos posibles e imposibles para evitarlo. No hubo nada que hacer. La mano, esa maldita intrusa, volvió a actuar por su cuenta y riesgo, esta vez con el agravante de cometer el delito no en un gran establecimiento anónimo sino contra una venerable anciana cuyo bolso permaneció al parecer demasiado tiempo abierto en la cola del autobús. Ni corta ni perezosa, aquella mano que yo llevaba puesta en el extremo de mi brazo derecho se dirigió sigilosa y firme hacia su localizado objetivo. Avergonzado y nervioso, aparté la vista, intentando disimular. La anciana no se percató de absolutamente nada, como corresponde a una anciana cortada según los patrones de una sociedad cabal, pero tal y como suele ocurrir en estos casos, había un testigo, un tipo fanfarrón y peleón que se encaminó hacia mí, me golpeó dos veces en el hombro, y me recriminó lo que acababa de hacer, pidiéndome a continuación que devolviera a la señora su monedero. Nada más cerca de mi voluntad y más lejos de la intención de la mano: no había manera de que soltara el botín, por más que yo le insistiera con gritos y golpes y por más que a mí me insistiera el tipo en cuestión, con gritos y golpes también.

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Medium 9788483935996

Escenas en un pícnic

Eloy Tizón Editorial Páginas de Espuma ePub

Escenas en un pícnic

 

 

 

Ella olía como los árboles.

W. Faulkner

 

 

 

La tarde transcurrida entre los sauces.

En el servicio de té el bosque es el reflejo de un incendio y una abeja zumba sobre el pastel. Las cintas de tu pamela agitan los brazos en el aire que vibra. El vestido ciñe los muslos poderosos. Voy vestido de blanco, a juego con la muerte.

Un árbol seco hace las funciones de perchero. Los frutos son echarpes y levitas. El coronel relata en una rueda informativa lejanas cacerías. Todo el mundo se aburre. En el siglo pasado todo el mundo se aburría pero yo voy a escenificarte algo que ocurre por las noches en mi internado. Guardé en tu sombrerera una carta que solo podrá ser abierta tras mi suicidio. Hermana mía, hermana mía, uno de tus guantes ha caído en la champanera. Tu preceptora despertaría a todos si supiera con qué avidez leemos a Sacher-Masoch, todo un escándalo en las cocheras. Poder tener quince años un verano no es un dato despreciable. Perderé la vida por algo insignificante, como una escena de baile pintada en un abanico. ¿Un pistoletazo en la sien, una caída poco feliz de la montura? Como jinete dejaba mucho que desear, ya escucho los comentarios de tu madre, una mujer absurda, proclive al embarazo. La pobrecilla desentona con los manteles.

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Medium 9788483935620

Cópula

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Cópula

 

En el momento del éxtasis pudo ver por un instante fugaz su imagen reflejada en el espejo. Y entonces tuvo la certeza de que aquello que tenía sentado sobre su pelvis, retorciéndose rítmicamente en busca del placer, era un ser monstruoso, un repugnante amasijo de tendones, venas y secreciones, súcubo de órganos pestilentes colmados de heces, y que lo había engañado ocultándose bajo aquella piel tersa, suave y rosada, como por otra parte tenían por costumbre hacer todas las mujeres de su propia especie.

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Medium 9788483935309

Ventanas

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Ventanas

 

En una calle de Kensington and Chelsea –dijo lord Winson Green–, frente a un templo de la Iglesia de Escocia, hay un edificio con las ventanas tapiadas. Probablemente nunca fueran propiamente ventanas, pues solo tenían los cercos de piedra, siendo el muro que enmarcaban igual que el resto de la fachada. Durante varios días, al acabar la misa, algunos fieles oían gritos de socorro, no más altos que el maullido de un gato. ¡Por caridad cristiana, sacadnos de aquí! –parecían decir–. El misterio no hizo sino crecer y también los gritos. A un grafitero se le ocurrió pintar sobre aquellos paneles los cuarterones de una ventana a modo de trampantojos. Cesaron los gritos.

 

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Medium 9788483935347

Ejército desnudo

Ronaldo Menéndez Editorial Páginas de Espuma ePub

Ejército desnudo

 

Primera escena: sobre el interrogatorio

 

Yo no soy Estiler. Dicen que hace un año pasó por aquí un sujeto con similares manías o tendencias o desafíos, y terminó tan frustrado como yo.

Pero no solo insisto en que no soy Estiler o Stiller o alguna otra sustancia antipática, sino simplemente afirmo que yo soy yo, un director de teatro al que se le ocurrió que el campo y los vientos eran el mejor remedio contra la perniciosa metrópoli. ¿Lo sabe usted, mi muy señor teniente? Así acabo de decirle en el primer interrogatorio. Así. No soy Estiler, y mi obra de teatro nada tuvo que ver con lo que hizo aquel hombre en esta comarca.

Cuando fui sometido al primer interrogatorio, que duró alrededor de veinticinco horas, recuerdo que las preguntas recurrentes eran acerca de mi propuesta, acerca de mis actores, acerca de la escenografía, acerca del guión, acerca del desenlace, acerca del distanciamiento, acerca de mi vida, acerca del cielo y los astros y las piedras y los árboles. Por tanto, mi señor teniente entendió muy poco de mis explicaciones. Lo principal, lo primero que traté de explicarle, es que soy graduado, con honores, sabores y sinsabores, de la ENA, escúchelo bien, señor teniente, de la Escuela Nacional de Arte, cuyo antiguo nombre era aún más específico, más expresivo, más preventivo en cuanto a mi caso se refiere: ENIT, o sea, Escuela Nacional de Instructores de Teatro. Pero el teniente muy poco sabe de estas cosas y quiere saber de lo otro.

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Medium 9788483935316

Una historia reciente

Javier Sáez de Ibarra Editorial Paginas de Espuma ePub

Una historia reciente

 

 

 

Ready made (en inglés: «ya hecho») se llama a cualquier objeto de uso corriente al que mediante una mínima intervención sobre él o únicamente situándolo en otro contexto –por ejemplo una exposición–, el artista convierte en una obra de arte.

 

 

 

Es crucial, sin embargo, distinguir entre la belleza estética y un sentido más amplio de la excelencia artística en que la belleza estética puede no tener importancia. […] Los críticos entraban en las exposiciones con una idea fija de cómo debía ser una pintura: lo que veían era tan disonante respecto a esa idea que apenas si podían considerarlo arte.

Arthur C. Danto, El abuso de la belleza

 

Albert, A., Benejam, P., Casas, M., Comas, P., Oller, M. (2004), Limes. Ciencias sociales, Geografía, Educación secundaria, Tercer curso, Editorial Vicens Vives, Barcelona.

 

Albert, A., Benejam, P., Casas, M., Comas, P., Oller, M. (2006), Demos. Ciencias sociales, Geografía, Educación secundaria, Tercer curso, Editorial Vicens Vives, Barcelona.

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Medium 9788483935545

El extraño

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

El extraño

 

 

Después de diez años de matrimonio he descubierto que mi marido me engaña y que tiene otra vida que no he querido admitir a pesar de las indirectas, los comentarios y las cicatrices que sus amantes dejaban sobre su cuerpo. ¿Desde hace cuánto tiempo me traiciona? ¿Desde hace cuánto tiempo vivo en esta mentira?

Mientras se desnuda en la oscuridad finjo dormir para que no se acerque, para que no me toque con esas manos que huelen a otra persona que no soy yo. Mi alma se precipita por un abismo negro y repugnante que me penetra viscoso por la boca, por los oídos, por la nariz. Estoy casada con un hombre que no conozco, que no es quien yo creía, que me ha robado la existencia.

Siento su presencia palpitante a mi lado, sus pies escamosos buscando los míos y su respiración de monstruo retumbando en este cuarto que ya no me pertenece.

Me paralizan el pánico y las náuseas. No puedo pedir auxilio. Hay un extraño en mi cama.

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Medium 9788483935309

Cerdos que hablan

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Cerdos que hablan

 

–Caminamos ciertamente hacia un mundo extraño –comentó Lord Wandsworth, que añadió–: ¿sabían que los cerdos ya pueden hablar? Esto no es ningún relato de ciencia ficción. Esto es una noticia de los periódicos ingleses.

El murmullo de asombro fue grande.

Lord Wandsworth continuó:

–Un experto en fertilidad del Imperial College de Londres ha insertado genes humanos dentro de células jóvenes de esperma de cerdos machos, lo que permitirá que los órganos de sus crías puedan ser transplantados sin rechazo a los humanos. En el Reino Unido cinco personas entran cada hora en lista de espera y solo una recibe un transplante. Las otras mueren. Esa manipulación genética resolverá el problema. Los cerdos padecen enfermedades muy parecidas a las nuestras, catarros, diabetes, etcétera, y sus órganos tienen un tamaño muy humano. Todo eso ayuda. Se empezará por transplantar el hígado, uno de los órganos más demandados; luego seguirán los demás: el corazón, los riñones, quizá los pulmones. Está previsto que en un plazo de unos cinco años exista un suministro prácticamente ilimitado. Los cerdos se criarán a pie de hospital. Se les tendrá en un ambiente libre de virus, muy aséptico, a lo que ayudará mucho el natural limpio, en contra de lo que suele creerse, de los cerdos. Está previsto que cada hospital disponga de una granja con no menos de cien animales de unos ochenta kilos de peso para que el tamaño de sus órganos no exceda las medidas humanas. El proyecto, por algún obstáculo de la burocracia europea, ha tenido que llevarse a Estados Unidos. Allí ha surgido un problema de última hora no previsto por los científicos. Parece que estos cerdos, a los que se ha alterado su sistema genético con células humanas, han llegado a hablar. Un día uno de ellos, poco antes de que le abrieran en canal para extraerle el hígado, el corazón y los riñones, gritó: «¡No me hagáis esto por favor. Os lo suplico!».

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