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Medium 9788483935255

Laringe

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Laringe

 

Escribe André Maurois en una novela bastante olvidada que uno canta interiormente tan sólo las notas que podría cantar en voz alta «porque las palabras y las notas pensadas se forman realmente en la laringe del pensador», de manera que uno nunca alcanza a concebir «una nota que sea demasiado alta para su voz». ¡Qué existencia sensatamente aburrida si nuestros deseos conociesen los límites reales del cuerpo de manera parecida! Pero también es cierto que las insatisfacciones serían menos, tal vez nulas, de tener laringe nuestros anhelos más extremados.

 

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Medium 9788483935620

Visibilidad

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Visibilidad

 

Cuando se sentó a la mesa reparó en que uno de los comensales era transparente. No invisible, transparente. En cuanto tuvo oportunidad, después de la cena, se acercó al hombre y le preguntó cómo llevaba aquello de la transparencia. A lo que el tipo contestó que tenía sus ventajas y sus inconvenientes, como todo. Él, claro, que de un tiempo a esta parte se había vuelto multivisible, con las prolongaciones de sus redes sociales conectándolo con tantos otros lugares, con sus dispositivos móviles iluminándolo como a un muñeco navideño, tan expuesto, no veía más que aspectos positivos a aquella condición.

De madrugada, al salir de allí un camión arrolló al hombre transparente nada más pisar la carretera. Horrorizado, trató de ayudar sin éxito a encontrar sus pedazos, pensando que quizás estaba en un error después de todo. En ningún momento reparó en la nube de insectos que, atraída por sus luces y por la proyección de su imagen en medio de la oscuridad, le chuparía hasta la última gota de sangre.

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Medium 9788483935965

Mucho gusto

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Mucho gusto

 

Morder un caramelo de limón que sepa a flores marchitas es improbable. Chupar las cadenas de un columpio y sentir dulzor es inesperado. Lengüetear tu sexo y notar miles de culebrillas deslizándose por mi garganta es el placer.

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Medium 9788483935965

Última voluntad

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Última voluntad

 

«Y qué si quieren decapitarme –exclama furiosa María Antonieta–, exijo ir bien peinada para la ocasión». La reina, derrocada y cubierta de mugre, refulge de autoridad en su lóbrega celda. A pesar de la revolución, los carceleros no se atreven a desafiarla, pero tampoco saben cómo peinar a una dama. Ni los otros presos. Ni los soldados de la guarnición. Ni el verdugo. Ni la multitud furiosa que se agolpa ante las puertas de la Bastilla. Minutos después, María Antonieta se alza despeinada en el cadalso, herida por esta última afrenta a su orgullo legendario. El aire huele a tormenta. A su alrededor, los plebeyos la abuchean, la escupen, se burlan de sus harapos. Y el viento, mientras, agita su melena rubia, la alisa, la trenza con ondas suaves. Dos flores secas vuelan y se le enredan en el cabello, coronando su cabeza con un hermoso recogido. La muchedumbre enmudece. La reina suspira satisfecha y entonces, con una elegante reverencia, coloca su cuello en la guillotina.

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Medium 9788483935446

Propiedad privada

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Propiedad privada

 

Era suya. Legalmente. Sus antiguos dueños habían aceptado la transacción: «esperamos que la cuides tan bien como nosotros», le dijeron. De modo que era suya. Totalmente. Los papeles así lo demostraban. Podía hacer con ella lo que le viniera en gana. O casi. Para eso estaba. La había adquirido hacía varios años. Quizás, si lo pensaba con detenimiento, habría podido darle mejor trato, dada la cantidad desorbitada de servicios que le prestaba y lo económica que le salía. Al fin y al cabo, había que reconocerlo, todos esos servicios, por separado, no habría podido permitírselos. No, no se había equivocado al quedársela. O eso pensaba al menos hasta que, de repente, sin más, un día dejó de funcionarle una parte esencial. Y desde luego él, indignado, en ningún momento estuvo tentado siquiera de pensar que podía tener algo que ver aquel desperfecto con su manera de utilizarla. Gracias a la astucia de la que se vanagloriaba comprendió que le habían dado gato por liebre y que cuando se la quedó ya debía de tener algunas piezas defectuosas. Acudió a quejarse de la estafa a los anteriores dueños quienes, por supuesto, lo recibieron incrédulos y sobrecogidos. Tal vez se habían equivocado al pensar que aquel hombre era adecuado para recibir una de sus más preciadas posesiones. Sintieron miedo, pero no tomaron ningún tipo de medida. Lo mejor era callar, fingir que no veían. Dejar que se apañara: al fin y al cabo, ahora el propietario era él. Pero sus amenazas, insultos y gritos no surtían efecto. Al contrario, más bien daba la impresión de que la posesión se le quejara, como si tuviera de veras vida propia. Empezó a darle golpes, a desencajarle piezas, a patearla, a despreciarla y, finalmente, a arrinconarla.

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Medium 9788483935385

El pelo

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

El pelo

 

Hoy por la mañana, mientras me enjuagaba la boca después de lavarme los dientes, algo se me ha quedado haciéndome cosquillas en el paladar. Un pelo de coño. Lo he tirado a la pila y lo he visto desaparecer por el desagüe. Habrá quien diga que este no es un tema, pero a mí me ha llevado a las siguientes reflexiones.

En mi boca no podía estar desde antes de lavarme los dientes, porque lo habría notado. Así que lo más probable es que lo hubiese aspirado al usar el cepillo, que debía de esconderlo entre sus cerdas. Pero si el cepillo lo usaba tres veces por día y ayer por la noche no había follado, ¿de quién era ese pelo de coño? Mío no. Porque no me llego.

En la última semana me había acostado, en casa, con tres mujeres morenas –el color de pelo habría podido ser una pista, pero no; me chiflan las morenas–. Podrá decírseme que qué más da de quién sea el pelo, pero no, no da igual, una tiene sus manías. Podrá decírseme haberlo pensado antes, y ahí sí puedo llegar a estar de acuerdo, pero se lo chupé a las tres.

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Medium 9788483935743

Amada en la distancia

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Amada en la distancia

 

Antes de casarse con Arturo, Eulalia le confesó que tenía un pretendiente al que había rechazado, quien, dispuesto a mostrar la calidad insuperable de su amor, había prometido escribirle una carta al mes durante toda la ­vida. A Arturo le hizo gracia y hasta mostró una paternalista conmiseración hacia el desconocido corresponsal. Durante los primeros años leyó las cartas de Fidel, tan cursis, con una sonrisa; luego empezó a crecer en él la sospecha de que se trataba de un montaje urdido por la fantasía de Eulalia para mantener encendida la llama loca del amor juvenil.

Ahora, veinte años después, el asunto había llegado a obsesionarle y exigió de Eulalia la verdad. Ella mantuvo la versión de siempre. Pero la carta mensual se había convertido en un auténtico martirio chino para Arturo. Una gota de palabras que caía cada primero de mes sobre su cabeza con inamovible persistencia. «Mi amada en la distancia», decía con la cursilería habitual, para alargarse en dos cuartillas llenas de empalagosas frases de novela barata.

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Medium 9788483935446

La culpa del silencio

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

La culpa del silencio

 

El detonante fue sin duda la muerte de mis padres en un extraño accidente de automóvil, ocurrido hace ahora un par de semanas. De golpe retrocedí al pasado y me pareció descubrir algo espeluznante. Me asusta y al mismo tiempo me alivia saber que ya no puedo preguntarles nada. Aunque, al fin y al cabo, me resulta imposible pensar en una pregunta apropiada para los únicos testigos. Debo ser valiente y enfrentarme sola a la niña que sigue agazapada en mi interior esperando la oportunidad de salir a gritar lo que permanece escondido.

Por desgracia, sé que es cierto el horror que he vislumbrado. Noto en la garganta un escorpión decidido a inyectarme su veneno. Es el miedo. Pero debo seguir adelante y dejar de engañarme a mí misma. La búsqueda es inaplazable. Necesito ir al centro del laberinto para empezar a buscar la salida. Aunque encontrarla signifique extraviarme para siempre. ¡Qué estupidez! Quien se pierde es que ya antes andaba perdido.

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Medium 9788483935750

Mosca

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Mosca

 

La mosca revolotea sin demasiada vitalidad en el cuarto de baño. La miro con asco. ¿Qué hace este bicho en un hotel de lujo, y además en febrero? La golpeo con una toalla y cae exánime sobre el mármol del lavabo. Es una mosca rara, arrubiada, no muy grande. Se me ocurre que es el último ejemplar de una especie que desaparecerá con ella. Se me ocurre que tenía en el cuarto de baño su refugio invernal. Que en el jardín que se extiende bajo mi ventana hay alguna planta también muy rara, que sólo podía ser polinizada por esta mosca. Y que de la polinización y multiplicación de esa planta va a depender, dentro de unos milenios, la existencia del oxígeno suficiente como para que nuestra propia especie sobreviva. ¿Qué he hecho? Al matar a esa mosca os he condenado también a vosotros, descendientes humanos. Pero la mosca mueve sus patitas en un leve temblor. ¡Parece que no ha muerto! Ya las agita con más fuerza, ya consigue ponerse en pie, ya se las frota, ya se alisa las alitas para disponerse a volar otra vez, ya revolotea en el cuarto de baño. ¡Vivid, respirad, humanos del futuro! Mas ese vuelo torpe me devuelve la inicial imagen repugnante. Salgo de mi pasmo. ¿Qué hace aquí este bicho asqueroso? Cojo la toalla, la persigo, la golpeo, la mato. La remato.

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Medium 9788483935743

La traición

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La traición

 

El bombero se encarama a lo más alto de la escalera de socorro. La mujer, una joven, le tiende sus manos entre toses y lágrimas desde el hueco de la ventana. Tiene los ojos azules y el pelo muy corto. «¿Hay alguien contigo?», pregunta el bombero, mientras intenta sujetarla con una correa.

Ella parece no entender y le mira aturdida, una ­mirada en la que más allá del pánico hay curiosidad y sorpresa, como extrañada de conocerle en situación tan extrema. «Nadie. Nadie –dice por fin–. Estoy sola.» El bombero termina de sujetarla y ella se le abraza.

Inician el descenso fuertemente entrelazados. Es en­tonces cuando nota que apenas respira, intoxicada por el humo que ha llenado sus pulmones.

«Tranquila, tranquila», le dice, y mientras baja con cuidado pero deprisa imagina lo que sería su vida al lado de ella, tan guapa y tan dulce, porque ya antes de llegar al suelo se le ha declarado y se han casado y han tenido dos hijos y están siendo muy felices.

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Medium 9788483935866

Las notas vicarias

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Las notas vicarias

 

Rafalito López llegó con la noticia a mi casa cuando todavía no me había levantado, y claro, yo di lo que se dice el salto de la cama. No era para menos: después de infinitas gestiones en secreto, su padre había podido comprar el viejo piano del cine Capitol, y esa misma mañana lo había colocado sigiloso en el cuarto de mi amigo para sorprenderle el despertar; así pudo verlo, todavía lleno de polvo y polillas, en un ángulo de la habitación, nada más abrir los ojos. Las primeras palabras que pronunció Rafa fueron estas: «¡Coño, el ratón Pérez!», pero enseguida notó que todavía tenía el diente, aunque ya prácticamente suelto, y que aquello era demasiado grande y por cierto conocido, con lo que dio en abrir los ojos todo lo que pudo y decir, sin más: «¡¡Hostia, el piano!!».

Por supuesto, los dos hicimos cabras (entonces en Cortegana se hacían cabras, que no novillos) y pasamos media mañana tragando polvo y la otra media metiendo pajitas en los agujeros de la madera para sacar unos bichos que o no estaban o nuestra depurada técnica para sacar grillos no servía con ellos. Luego recuerdo que comimos poco y de prisa y que la tarde se nos fue volando, a pesar de que nos acercamos a la huerta de mi abuelo por las ramas de cerezo y que Rafa echó lo suyo con la navajilla para sacar de la madera más bien dura las siete teclas que faltaban, dos de ellas de las negras.

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Medium 9788483935057

La estética de la desaparición

Iban Zaldua Editorial Páginas de Espuma ePub

La estética de la desaparición

 

The La’s

The La’s

Go! Discs, 1990.

 

El mensaje estaba bien visible en el escritorio del ordenador de su lugar de trabajo, en un documento de Word. Decía así:

 

«La estética de la desaparición no es patrimonio exclusivo de los escritores, mal que le pese a Enrique Vila-Matas. En el mundo del arte ha habido repetidos casos, y también en el de la música; diría que en eso que suele denominarse la “vida cotidiana” es más común de lo que suele pensarse, tal y como Nathaniel Hawthorne trato de reflejar en su relato “Wakefield” –publicado hace más de ciento cincuenta años y basado, por lo que se sabe, en un hecho real–. No hay más que repasar las páginas de sucesos de los diarios para darse cuenta de ello.

En el ámbito de la música enseguida vienen a la mente, al realizar el recuento de las estrellas fugaces, el caso de Captain Beefheart, o el de Cat Stevens, o, sobre todo, el de Syd Barrett, aquel primer líder de Pink Floyd al que el ácido dejó fuera de circulación: todos dejaron una obra relativamente breve, todos se ocultaron –por diferentes razones– en un momento dado de sus carreras, ninguno de ellos atendió a los repetidos ruegos para que volvieran y grabaran un nuevo disco. Aunque no todo el mundo estará de acuerdo, creo que Brian Wilson también hizo méritos para ser incluido en dicho grupo: ciertamente, tras el fracaso de su proyecto Smile The Beach Boys siguieron grabando, pero los siguientes discos solo fueron pálidos remedos de los de su primera época –cuando Brian era el principal compositor del grupo–. Brian seguía allí, pero, al mismo tiempo, era como si no estuviera con ellos.

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Medium 9788483935163

Mar del Sur

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Mar del Sur

 

... y ansí juró por una señal de cruz que siruió con el dicho capitán don alonso de uarillas en la jornada de Veragua y Tierra Firme asta quel dicho capitán don alonso de uarillas desapareçió en aquellas tierras en el año de mil y quinientos nueue.

«Probanza de Gaspar de Morales»,

Archivo General de Indias, Sevilla, 1516

 

En 25 de setiembre de 1513, tomé posesión en nombre de Su Magestad desta Mar del Sur y puse una cruz sobre una roca questá en sus aguas y que los yndios diçen ques el demonio.

«Carta de Vasco Núñez de Balboa»,

Archivo General de Indias, Panamá, 1514

 

 

 

Sé que robar y matar no son negocios de buen cristiano, mas mi conciencia está tranquila porque lo fice en nombre del Rey y en el de nuestra santa religión católica, y ya se sabe que los monarcas recompensan con largueza el valor de sus criados. ¡Sin ventura yo!, no es justo que a mí, Alonso de Varillas, descubridor del Nuevo Mar Océano, me encadenen así de ordinaria manera. Mas algún día seré libre y por ello debo guardar memoria de mis fazañas, para solicitarle a Su Majestad una gobernación y un adelantamiento. ¡Ay, si fuera ingenioso en letras! Pero no importa. A cambio de una escribanía en mi futura gobernación, ningún bachiller se negará a facerme una Relación. ¡Sí!, ya me parece verla: Relación de los sucesos que le acaecieron al adelantado don Alonso de Varillas en el descubrimiento y conquista del Nuevo Mar Océano de las Indias Occidentales. Oh, suena fermoso. Debo, pues, una vez más, facer escrutinio de mis andanzas.

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Medium 9788483935668

El rapto de Woody Allen

Miguel Ángel Muñoz Editorial Páginas de Espuma ePub

El rapto de Woody Allen

 

 

 

Decidme: si como el cielo me hizo hermosa

me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara

de vosotros porque no me amábades?

Discurso de Marcela, en Don Quijote de la Mancha.

 

 

 

Marisa me dio la noticia del rapto de Woody Allen. Ese mismo día busqué las gafas de carey negro y me las puse para mirarme en el espejo del baño. Yo no era capaz de encontrar ningún parecido. Se me clavaban en las orejas. El tiempo había pasado, y nunca lo hace en balde, por lo que dicen ellos. ¿Qué pensarían si hubiesen podido verme esos mismos que no se cansaron de burlarse de mí durante años, desde la escuela hasta acabar el instituto, con aquella tontería? Aunque hubiesen estado a mi lado en el cuarto de baño, ese día no les habría pedido opinión. Sólo me importaba lo que Marisa viera. Ella salió de la ducha. Ví a través del espejo su cuerpo desnudo, sus pechos, su carne abundante y morena, como una patricia romana. Me giré:

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Medium 9788483935347

Causalidad

Ronaldo Menéndez Editorial Páginas de Espuma ePub

Causalidad

 

A mis Sergios: Cevedo y Dextre

 

Ya llevo días, muchos días, extrañando El Material. Aunque en honor a la verdad de mi amigo Evaristo no he movido un solo dedo, un solo pie, ni siquiera la punta de mi lengua nerviosa (Gélida Jo una vez me confesó que le gustaba besarme a causa de la dinámica de mi lengua), para obtenerlo. Sí se han movido, en descabellada sinapsis, miles de mis neuronas relampagueantes a causa de la ausencia de El Material, de su recóndito capricho de no estar, de postergarse.

Es gris-pavimento el cielo de la ciudad en esta época del año que suele durar doce meses, al cabo de los cuales el cielo se vuelve, de repente y sin preaviso, tan gris como antes.

Paso las tardes iguales con Evaristo y con Gélida Jo caminando por Barranco, fingiendo no notar la nuca recta y blanquísima de Gélida, la tibieza de las manos de Gélida cuando me oprime el antebrazo por casualidad, sus dedos largos. Doblamos cada esquina como si esperáramos encontrar algo del otro lado, hasta que la sed nos justifica y entramos en La Tasca a tomar unas cervezas.

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