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Palabras registradas en 1986

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Palabras registradas en 1986
por la grabadora de la última
persona viva en la ciudad
fantasma de Prípiat, en la
oscuridad de la madrugada,
momentos antes de su muerte

 

–Los seres humanos somos tan ambiciosos, tan estúpidos…

–Sí, lo sois.

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Medium 9788483935965

Abundancia

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Abundancia

 

 

 

A Sara Morante

 

 

Con la punta de la lengua rebusco en mi axila derecha. Entre las hojas de zarza, confundo una gota de sangre con un fruto. Mis axilas son fértiles, mi cuerpo, generoso. He parido dos hermosas niñas y el varón está por llegar. Miren con atención entre el verde bajo mi brazo. Brota.

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Medium 9788483935743

Promesa juvenil

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Promesa juvenil

 

De muy jóvenes se juraron amor eterno, pero la vida los separó. Él se casó con una alemana y murió relativamente joven. Ella contrajo matrimonio dos veces. La primera, con un notario; la segunda, con un ingeniero de caminos que fundó numerosas empresas y que al morir la dejó multimillonaria. Tenía tres hijos, una chica del primer marido y dos chicos del segundo. Ya anciana creó una fundación a la que dejó instrucciones para cuando muriera. Los hijos, que nada sabían, pusieron, cuando el evento se produjo, el grito en el cielo, pero no tuvieron más remedio que aceptarlo. Su difunta madre quería ser enterrada con aquel joven primer amor de su ciudad natal. No sólo en la misma tumba, también en el mismo ataúd. La fundación negoció con la viuda que se había casado de nuevo y por no demasiado dinero concedió todos los permisos. Se abrió el viejo ataúd y un esqueleto polvoriento, que parecía esperar con los brazos abiertos, acogió el cuerpo de la anciana, vestida para la ocasión con sus mejores galas. Por fin habían cumplido su promesa.

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Medium 9788483935170

Mis padres y mis hijos

Samanta Schweblin Editorial Páginas de Espuma ePub

Mis padres y mis hijos

 

–¿Dónde está la ropa de tus padres? –pregunta Marga.

Cruza los brazos y espera mi respuesta. Sabe que no lo sé, y que necesito que ella haga una nueva pregunta. Del otro lado del ventanal, mis padres corren desnudos por el jardín trasero.

–Van a ser las seis, Javier –me dice Marga–. ¿Qué va a pasar cuando llegue Charly con los chicos del súper y vean a sus abuelos corriéndose uno al otro?

–¿Quién es Charly? –pregunto.

Creo que sé quién es Charly, es el gran-hombre-nuevo de mi exmujer, pero me gustaría que en algún momento ella me lo explicara.

–Se van a morir de vergüenza de sus abuelos, eso va a pasar.

–Están enfermos, Marga.

Suspira. Yo cuento ovejas para no amargarme, para tener paciencia, para darle a Marga el tiempo que necesita. Digo:

–Querías que los chicos vieran a sus abuelos. Querías que trajera a mis padres hasta acá, porque acá, a trescientos kilómetros de mi casa, se te ocurrió que sería bueno pasar las vacaciones.

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Medium 9788483935309

Arte mayor

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Arte mayor

 

–¡Cien millones de libras esterlinas por una pluma de ángel! –dijo el embajador, que, tras una pausa, añadió–: ¡Cómo no sentir admiración por sus habilidades para el comercio! ¿Han oído hablar de un escritor llamado Rafael Barrett? Le gustaba mucho a Borges, acaso porque ignoraba que era español. Barrett, como hombre de su tiempo, solía hablar de razas. Decía por ejemplo: «Las razas latinas crean el Arte y las anglosajonas lo comercializan».

Los lores escuchaban con enorme interés.

–Seguro que recuerdan –prosiguió el embajador– al gran Rupert Barlow, director de la sección de Arte de uno de los diarios más importantes de Londres. Barlow, desde luego, no conocía a Barret, pero un día en que visitaba un pueblo del interior de Sicilia, en la provincia de Caltanissetta, supo de un tal Tommasino Paladino, que se estaba construyendo una casa con sus propias manos. Llamó su atención una especie de pirulí de ladrillo instalado en paralelo a la cúspide del tejado, con un pico de hormigón que parecía un embudo dirigido hacia media rueda de automóvil. Para todo el mundo aquello era un disparate más.

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Medium 9788483935125

Ulises

Clara Obligado Editorial Paginas de Espuma ePub

Ulises

 

A Mariángeles Fernández

 

Cuando Giovanni –harto de pobreza y sediento de aventuras– decidió por fin abandonar el pueblo donde un sol tórrido malograba las cosechas, se acercó a su madre y le pidió la bendición. Pero la vieja, dándole la espalda y con los dedos en cruz, le espetó:

–Me dejas sola con tus cinco hermanas. Ellas no se casarán porque no tienen dote y yo, al quedarme sin descendencia, me moriré de pena, así que no esperes mi bendición. Te maldigo, Giovanni, te maldigo por el destino del que huyes y con el que nos cargas.

Y, acercándose al fogón, la vieja puso los dedos en cruz y escupió en la sopa. Luego, como si su hijo ya se hubiese marchado, siguió guisando. A la mesa, las cinco hermanas esperaban con la cuchara de palo en la mano.

Luego de patear al perro que intentaba seguirlo, Giovanni se alejó por el polvoriento camino. Durante todo el trayecto percibió, con los últimos olivos, el olor del puerro que sobrevolaba la aldea, un aroma que lo había acompañado desde la infancia, como una sombra.

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Medium 9788483935705

Entre las piernas de Luciana

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Entre las piernas de Luciana

 

 

 

Yo no querría subir a la cama, si no te atrevieras, oh Circe, a prestar solemne juramento de que no maquinarás contra mí ningún otro pernicioso daño...

Odisea X, 343-344

 

 

 

Debo admitir que a mí siempre me ha gustado involucrarme en todo lo que hacían mis enamoradas y que he sido feliz haciendo lo que ellas me pedían que hiciera. Úrsula decía que era falta de personalidad y no sé qué otras cosas, pero después venía corriendo a preguntarme cuánto tiempo tenía que hervir la crema de almendras antes de volcarla sobre las pechuguitas de pollo. A Úrsula le encantaba cocinar, pero yo era el que recortaba las recetas y quien se las aprendía de memoria para la posteridad. Además a mí me salía mejor el muss de cangrejos.

En eso hay que reconocer que Luciana es distinta, porque a ella nunca le pareció bien que yo metiera mi nariz en sus asuntos. Nada que ver con Rocío, que no sólo le complacía sino que me lo exigía. ¡Qué linda era Rocío! Después de estar con Pilar –que seguía medicina y todo el día estaba estudiando–, penetrar en el inédito mundo de las secretarias fue una sorprendente experiencia para mí. Si no hubiera sido por Rocío jamás habría aprendido a organizar mis propios papeles, pero sobre todo a embocar justo encima de las letras borradas cada vez que corregía un texto en la máquina de escribir. El problema es que yo era incompatible con su jefe –un compadrito maniático y encima mandón– y ya se sabe que para las secres el jefe es lo primero.

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Medium 9788483935088

Los glúteos de Afrodita

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

Los glúteos de Afrodita

 

Para Álvaro Salvador y Pepa Merlo

 

No es que uno crea que broncearse bajo el sol durante horas, quieto y sin hacer nada –nada aparte de broncearse–, sea poca cosa. A ver si me explico, a ver. Se trataría de un problema de concepto: digamos que resulta demasiado elemental acostarse en la arena así, sin más, dedicándose a un sol que de cualquier manera brilla para todos (y no hablo de igualdad, porque al fin y al cabo hay quien puede y quien no puede comprar trajes de baño, cremas protectoras y after sun, ojito), quiero decir, a ver si me explico, que sería posible volver más complejo ese tiempo, multiplicarlo de algún modo. Porque cada lugar –cada minuto, carajo– es único e irrepetible, ¿o no?

Quizá todo esto a alguien, lo comprendo, a priori le parezca un poco enrevesado, al fin y al cabo hablamos de broncearse encima de una toalla. Pero intento describir –fundamentar, más bien– mi situación aquella tarde, solo eso. Yo me hallaba acostado bajo el sol, con unas gafas oscuras que me hacían transpirar jodidamente el entrecejo (como es natural, aquí podría haber empleado cualquier otro adverbio llamémoslo más académico o etimológico, aunque sin duda mucho menos expresivo), entonces yo acostado y el sudor entre los ojos, la arena blanca y gruesa de as praias galegas, el sorbo del Atlántico llegando y yéndose como un recuerdo... Pero, ¡ojito!, a ver si me explico bien, yo estaba acostado mientras, el asunto trascendía lo banal puesto que al mismo tiempo yo leía, ah, c’est la différence! Y por supuesto no me refería necesariamente a eso, quien dice leer, dice por ejemplo escuchar ópera, completar crucigramas en idiomas extranjeros, calcular raíces cuadradas, cualquier cosa. El asunto es que tempus fugit y todo lo demás, y uno cómo demonios va a pasarse ahí la tarde entera deshidratándose como una momia, como un pez en la orilla toda la jodida (aunque sin duda mucho menos expresivo, etcétera) la jodida tarde entera. Y no sé si resulta que no me explico bien o qué.

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Medium 9788483935873

Rifa

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Rifa

 

El viejo ha vuelto, y pasea feliz por el altozano. Propina distraídos puntapiés a los guijarros mientras contempla con ojos melancólicos las ruinas del castillo y de las casas que se desparraman ladera abajo hacia el pueblo ahora abandonado donde transcurrió su infancia, hace ya de eso una eternidad.

De entre las piedrecillas que patea y que caen rodando alegremente por la cuesta llama su atención una más redonda y oscura que no llega tan lejos como las demás. Al poco de quedarse quieta comienza a rebullir, a extraer de su materia unas patitas, a caminar con una torpeza coleóptera. Se acerca el anciano para observar al pequeño escarabajo, para comprobar si su patada lo ha dejado listo. Parece que no. El animalillo sigue andando como si nada hubiera pasado, como si esa mediana violencia no se hubiese ensañado con él.

Tampoco le recriminan nada otros insectos afectados, como puede verificar el viejo de regreso a la explanada. Antes le ofrecen el soberbio espectáculo de la reconstrucción del hormiguero que pisó sin darse cuenta, un pequeño volcán en miniatura hecho de finísimas partículas de entusiasmo.

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Medium 9788483935255

Una voz distinta

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Una voz distinta

 

Conocí a una mujer, la abuela de un amigo, que cada día se levantaba con una voz distinta. No se trataba de un desplazamiento gradual del timbre hacia un registro más grave, como suele ocurrirle a tanta gente, sino que cada mañana desde la oscuridad de su garganta parecía nacer una voz nueva, independiente de la voz anterior. Nada me asombró al frecuentarla como la coherencia de sus opiniones. A pesar de tan ancha variedad de voces, pocas personas he visto más consecuentes en materia de ideas.

 

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Medium 9788483935606

Tres gatos negros

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Tres gatos negros

 

A la loca la seguían siempre tres gatos negros como las moras. Cuando nos la tropezábamos en la plaza, mi madre hacía la señal de la cruz con disimulo y yo me daba la vuelta para mirarla. Ella solía caminar sin zapatos, con el filo de un camisón blanco asomando por debajo del abrigo que olía a sangre. Un día se le quemó la casa con ella dentro. La vimos bailar de habitación en habitación, hecha un manojo de llamas. A lo que llegaron los bomberos no quedaban ni los huesos. Yo pregunté por los gatos, sus tres gatos negros. ¿Qué gatos? La loca vivió siempre sola, ni sombra tenía, me interrumpió mi madre. Al parecer, ella no los vio nunca pasear por el pueblo, como si fueran sus dueños. Tampoco los ve ahora, tumbados sobre el edredón de mi cama, tentándome para que salga de noche a caminar descalza.

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Medium 9788483935514

Criptonita

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Criptonita

 

 

Hay ciertas cosas que sólo ocultamos para mostrarlas

Montaigne

 

 

Hace unos años compré por internet un fragmento de criptonita. Antes de que ocurriera lo de mi gato Carygrant, aquella piedra supuestamente llegada de Kripton ocupaba siempre el mismo lugar en mi cajón de las bragas y podía verla nada más abrirlo, pegada a la esquina izquierda, ahí, justo encima del sobre de papel de estraza donde tengo por costumbre meter cada sábado la paga semanal del súper. A veces, sobre todo si había tenido un día especialmente atroz en el trabajo, me gustaba entrar en mi dormitorio, pararme ante el espejo de la cómoda con la blusa del uniforme medio desabrochada, abrir el cajón y buscarla a tientas. Me gustaba sentir su frío mineral entre los dedos, rozarme con ella el lóbulo de las orejas y la garganta, mientras el pobre Carygrant, tumbado sobre la cama, espiaba mi reflejo en el estaño carcomido, igual que un esposo paciente.

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Medium 9788483935828

Los adioses

Pablo Andrés Escapa Editorial Páginas de Espuma ePub

Los adioses

 

 

 

 

 

 

Queda el humo detrás como un pañuelo

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Medium 9788483935736

14. De saprofitas

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

14. De saprofitas

 

Así como las setas son saprófagas y se alimentan de materia orgánica en descomposición, gran número de relatos hiperbreves se alimenta de materia literaria ya muy macerada por el tiempo y las relecturas. Las variedades de microficciones son tan numerosas como las de setas. Y también es preciso conocerlas lo mejor posible, para no intoxicarse, aunque lo cierto es que nadie ha muerto envenenado por un minicuento.

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Medium 9788483936016

Lazos

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Lazos

 

 

 

Para Miguel Ángel Muñoz

 

 

 

1. No todo termina con la muerte, siempre queda algo pendiente; para empezar, dejamos el cuerpo.

 

La mujer ya se ha sentado, pero todavía se inclina hacia adelante en cuanto la reclaman, o bien se recuesta un poco si se lo permiten, incluso cierra los ojos un momento, hasta que alguien le pregunta cómo se siente y ella ni sonríe ni deja de hacerlo, ni llora, ni habla; o un poco de todo eso, cada tanto.

El hijo que le queda se mueve entre los corros, reconoce, acoge o saluda o despide o excusa; registra también, quizá, o acaso no se entera bien tampoco de las cortesías de los que han venido; aunque él sí habla algo más alto, contesta interminables preguntas, casi siempre las mismas que, digamos, procuran saber hasta el límite de la discreción; para que quienes las hacen después se retiren y comenten entre ellos, con esa solapa de descubrir al interlocutor cuántos o cómo son los sentimientos.

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