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Medium 9788483935606

Centrifugado

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Centrifugado

 

La cabeza del hombre que amó da vueltas en el interior de la lavadora, acompañada de una colada de desquiciadas bragas viejas. Ella sonríe cuando se encuentra con sus ojos de ahogado iracundo anegados de jabón, al otro lado del bombo. Ya verás como pronto se te pasa el enfado, amor, le dice mientras añade un cazo de suavizante aroma frescor de primavera y programa media hora más de centrifugado.

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Medium 9788483935255

Un pecador

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Un pecador

 

Un padre confesor llamó a su lecho de muerte a otro sacerdote para decirle, cubierto de vergüenza, que en los últimos cuarenta años de escuchar confesiones no había hecho otra cosa que apuntar las más atroces para llevarlas a cabo él también. Hurtos, violaciones, crímenes, estafas. Todo lo había hecho el sacerdote, lleno de curiosidad, tal cual se lo habían relatado los fieles.

Su remordimiento, ya cerca del fin, no le impedía jactarse de ser el «mejor pecador de la historia». El «peor pecador», corrigió el otro, inclinado ante su lecho. Ambos comprendieron enseguida que hablaban de lo mismo y no tardó en llegar la absolución.

 

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Medium 9788483935255

Mi padre vuelto perro

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Mi padre vuelto perro

 

Leí que a Pitágoras le sucedió algo semejante cuando en un perro creyó reconocer a un buen amigo fallecido tiempo atrás. Pues bien, aquel perro vagabundo echado en la vereda tenía el exacto rostro de mi padre. Yo me avergonzaba porque, la verdad sea dicha, comparar al padre muerto con un humilde animal tiene mucho de sacrilegio. Pero, insisto, ambos eran iguales. Y lo que no le sucedió a Pitágoras, que abrazó al perro y siguió de largo, tuvo en cambio que ocurrirme a mí: a saber, que el perro empezó a ladrar, echándome miradas de soslayo cada dos o tres pasos, para que lo siguiera. Yo no tenía mucho que hacer, no tenía nada que perder, así que anduvimos una hora, si no dos, el perro siempre mirándome a los ojos, conduciéndome por una y otra calle.

Algo sospechaba pero no quise admitirlo hasta llegar al final del camino. Y aunque me sentía perdido después de tanto andar, no bien vi la casona logré reconocerla al instante: en ella, ochenta años atrás, había nacido mi padre. Un gran parque se extiende a un costado de la casona y pensé que a mi padre vuelto perro le gustaría corretear en aquel sitio de su infancia, de manera que respiré hondo y toqué el timbre. Una mujer se asomó casi de inmediato: «¿Qué quiere?». Mientras venía hacia mí, consideré cien excusas para justificar mi pedido. «¿Qué quiere?», repitió, ahora más cerca. Eché una rápida mirada en dirección de mi padre vuelto perro. Se había ido. «Busco a un hombre», murmuré ruborizado y pronuncié el apellido de mi familia. Fue una reacción automática. «Lo siento, aquí no vive nadie llamado así», dijo ella, a lo que resoplé aliviado. Por un instante temí oírle responder otra cosa.

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Medium 9788483935736

20. Mutaciones

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

20. Mutaciones

 

También las mutaciones son interminables, y solo el talento del jardinero, que también debe saber lo suyo de biología, permite que encontremos un minicuento nuevo y sorprendente en eso que tantas trazas tiene de aquel relato brevísimo que nos deslumbró una vez, y que acaso escribió un tal Chuan Tzu hace cientos y cientos de años.

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Medium 9788483935736

Andrómeda

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Andrómeda

 

Se despierta con esa sensación de cansancio que produce arrancarse de un sueño demasiado profundo y enciende la luz de la mesita. De espaldas a ella, su marido permanece inmóvil, sin duda dormido. Arrastra su mirada perezosa por el techo de la habitación y luego por la pared frontera, hasta encontrar el espejo salpicado de manchas de vejez, un gran objeto que ha llegado hasta ella por la inercia familiar. En el ángulo superior derecho encuentra una gran mancha nueva, y mueve la cabeza para percibirla mejor. Descubre entonces que no es una mancha, sino un reflejo, y un mayor desplazamiento de la cabeza le permite identificar lo que parece un fragmento de voluta amarillenta, acaso metálica. Con lo que todavía es más sorpresa que inquietud, lleva la vista al punto reflejado y comprueba que allí la pared sigue lisa y exenta de adornos. Ahora ya la sorpresa se ha convertido en alarma. Se levanta, se acerca al espejo. El reflejo presenta una pared cubierta por un gran bajorrelieve de formas abigarradas y confusas sobre una cama con ropas de color negro donde se mantiene el bulto de su marido. Acerca más el rostro al espejo y, en lugar de encontrar sus propias facciones aparece una faz ajena, de ojos despavoridos. ¿Cómo has madrugado tanto?, pregunta su marido, con voz extrañamente silbante, y ella mira a través del espejo aquella gran figura escamosa que acaba de alzarse en la cama, aquella enorme cabeza de reptil.

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Medium 9788483935019

Aplazamiento

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Aplazamiento

 

Si une las palmas de las manos, toca una voz. Allí, en lo infirme, lo que habría de oírse se corta, se reanuda, depende solo de la escarcha, de la resistencia de las capas freáticas que están en él.

Escarcha: eclosión repentina, y no aprensible, de un abatimiento ilimitado.

Áspera, terrible doma, cada vez que el espacio, deshaciéndole, va a gritar, grita a su espalda, puro de toda dimensión.

 

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Medium 9788483935187

Prólogo. Sobre Ana María Shua

Ana María Shua Editorial Páginas de Espuma ePub

Sobre Ana María Shua

 

 

El descubrimiento

 

La vi por primera vez en el verano de 2004, en un congreso de literatura de la Universidad de Buenos Aires. Había leído sus microcuentos pero no sus cuentos, ni sus novelas, y tardé en reconocerla. Ni alta ni baja, con el pelo a lo Mafalda y ojos brillantes, Ana María Shua subió al escenario y se sentó tras la mesa, junto a la entrevistadora. Estábamos en un patio interno del edificio. Hacía mucho calor. El público, disperso, buscaba los rincones más frescos donde acomodarse. Yo apenas empezaba la universidad, y aunque ya tenía una admiración devota por los escritores, me había cruzado con muy pocos, pocos que coincidían en muchas cosas: eran hombres, casi siempre vestían de negro, usaban elegantes muletillas intelectuales y manejaban un vocabulario acorde a sus complejas ideas, difíciles para mí de descifrar. Me encantaban. Pero mi admiración era un imposible. Yo también quería escribir, ser «escritora», necesitaba encontrar algo más detrás de ese espejismo, conectarme con algún tipo de señal que no lograba ver en estos hombres oscuros y complicados. O al menos esto creo ahora cuando, recordando este primer encuentro, me pregunto qué hacía en semejante congreso, viendo subir y bajar escritores del escenario como si se tratara de una subasta.

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Medium 9788483935446

Oír llover

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Oír llover

 

Casi nadie puede imaginar cuánto le costó a Gonzalo decidirse a romper con su pareja después de más de cinco años de relación y justo un mes antes de irse a vivir juntos. Pero se había enamorado de otra persona y tenía que decírselo, costara lo que costase. De modo que, puesto que ya le había quedado claro después de varios e inútiles intentos que era incapaz de hacerlo cara a cara, aprovechó un viaje de negocios que lo llevó fuera del país. Por teléfono le resultaría más fácil. Su cobardía le daba asco, pero no podía esperar toda la vida. Sí, se lo diría por teléfono. Más aún: Se lo leería por teléfono. Porque Gonzalo escribió con esmero unas líneas en donde le comunicaba su decisión irrevocable de romper. Un día antes de volver se armó de valor, se sentó en la cama del hotel, delante del aparato, delante del espejo, delante de un vaso de ginebra, cigarrillo en mano, y desplegó la cuartilla que llevaba desde hacía unos días en el bolsillo doblada en cuatro; marcó. Nada más oír la voz de su pareja, se puso a leer; desde «Hola, soy yo –tos, suspiro, resoplido–, te llamo para decirte que me he enamorado de otra persona», hasta «lo siento, sé que vas a odiarme, pero lo mejor para los dos es que nos separemos», no paró. Todo seguido hasta el final. No permitió ninguna interrupción, por más que al otro lado le parecía oír algunas palabras, supuso que de queja o de asombro o de todo a la vez. Por fin, cuando acabó, dejó hablar a su pareja, y casi le da algo cuando le oyó decir: «Espera, Gonzalo, chato, que estoy en el invernadero, y aquí está cayendo un diluvio de cuidado, y lo único que he conseguido es oír llover. Me cambio de teléfono y me lo repites, ¿vale?». De ahí.

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Medium 9788483935743

Recíproca admiración

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Recíproca admiración

 

El misionero, que pasaba unos días en la casa materna para reponerse de los padecimientos de la selva, se acercó, macilento y enjuto, a la mesa petitoria con ánimo de depositar un óbolo. La presidenta le presentó a sus compañeras de cuestación, todas esposas de señores importantes.

Abrumado por el cúmulo de elogios recibidos, el misionero a duras penas sabía corresponder. Se le ocurrió decir: «Valor y mérito los suyos, señoras mías, que sin des­componer lo más mínimo la figura arrostran con la ­cabeza muy alta ese estigma que su presencia en estas mesas petitorias supone, al prestarse a un acto en el que la vanidad y la ostentación van tan unidas».

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Medium 9788483935309

El honor de Paco

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El honor de Paco

 

–No llevo mucho tiempo en mi puesto –dijo el embajador–, pero sí el suficiente para advertir que los ingleses, a pesar de que nos visitan cada año en número que alcanza varios millones de personas, conservan una imagen estereotipada de los españoles. O nos ven como mejicanos durmiendo por las esquinas, según imagen de ciertas películas americanas, o como hombres ridículamente calderonianos capaces de matar por el honor. Esto último se puso de manifiesto con el asesinato de acaso el entrevistador más celebre de la BBC. Había concertado una entrevista telefónica con el actor cómico, Mitchel Tilman, muy popular por su interpretación durante años de un limpiabotas español, Paco, hasta el punto de que toda Gran Bretaña lo conocía ya por ese nombre. En la hora convenida, Tilman, o sea Paco, no contestó al teléfono y la estrella de la BBC no pudo realizar la entrevista. Herido en su orgullo, dejó un absurdo mensaje en el contestador, tan poco decoroso como poco inglés, debo decir. Quizá pretendía ser humorístico, pero nadie lo entendió así y menos el propio Tilman. En el mensaje la estrella de la BBC le decía «Paco, jodido cornudo, mi ayudante y yo nos hemos follado a tu hija y a tu nieta tantas veces como nos ha dado la gana». Y eso fue lo que salió a las ondas. Muchos oyentes protestaron y la dirección de la emisora suspendió temporalmente el programa. La televisión entrevistó entonces a Tilman, a su hija, divorciada, y a su nieta, una punky célebre en ambientes marginales; ninguno de ellos se mostró especialmente molesto. Sin embargo, unos días después, el periodista estrella de la BBC y su ayudante aparecieron acuchillados, dieciocho heridas presentaba uno, veintinueve el otro. Las pruebas contra Tilman eran abrumadoras. Fue acusado de asesinato con los agravantes de nocturnidad, alevosía y ensañamiento. Un jurado popular hizo suyos los argumentos de la defensa y fue declarado inocente. Tantos años fingiendo ser Paco, el limpiabotas español, que este se encarnó en Tilman y no tuvo más remedio que lavar su honor acabando con la vida de los dos periodistas.

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Medium 9788483935415

Bussiness and pleasure

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Bussiness and pleasure

 

Era una actriz de cine porno. De rodaje en rodaje se pasaba casi ocho horas al día con un miembro viril dentro de su vagina o de su boca. Y tan hastiada quedaba de sus ocho horas de «oficina» que quienes la trataban, pero desconocían su profesión –que ella ocultaba con celo–, decían que era una «estrecha» pues no había forma de ligar con ella.

 

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Medium 9788483935163

Arroz a la polaca

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Arroz a la polaca

 

«¡Ojo al dato, señores! La selección peruana acaba de instalarse en La Coruña y tiene serias intenciones de convertirse en la revelación de este mundial. Recordemos que el equipo inca eliminó a la poderosa celeste uruguaya y le ha ganado, nada más y nada menos, que a la propia Francia de Platini en el mismo Parque de los Príncipes. Este conjunto tiene como base a los hombres que actuaron en Argentina 78 y es dirigido por el viejo, viejo brasileño Tim. Se trata de una delegación numerosa que comprende dirigentes, cuerpo técnico, jugadores, asistencia médica y ¡ojo al dato, señores!, Ña Cornelia, morena cocinera que ha sido presentada al periodismo, nada más y nada menos, que como el arma secreta de su selección» ... ¡No, señó, yo no soy de Camerún! Soy peruana de los Barrios Altos y además hincha de la U. Ponga eso en su Comercio señó. No se vayan a creer aquí tambén que todos los negros somos del Alianza, ¡qué lisura!, oiga usté.

«Noooos dice nuestro enviado especial en la sede gallega, que todo está listo para el primer partido y seguro que los peruanos se irán de paseo con los negritos del Camerún»... ¡Qué bravo es hacé la plaza aquí, señó! Mire usté, el camote acá es boniato, a la alcachofa le dicen caucil y a la palta ques de mi tierra le han puesto aguacate. ¡No pues, señó! Yo no voastar viniendo al mercado con diccionario, pues. Endemás aquí comen cochinadas, señó. ¡Cómo que no!, si yo misma he visto cómo se comen en los restorantes la pichula del chancho. Los pinchos de cerdo, pues. No se me haga el loco. ¿Usté cree que yo no sé lo ques un cerdo?, ¿usté cree que yo no sé lo ques un pincho?, sinó qué va ser, pues. Pal partido de mañana algo ligerito nomás, sólo que no encuentro po ningún sitio papa seca pa la Carapulcra. ¿Usté no sabe lo qués? ¡Ay, caracho!, venga mañana tempranito a la concentración y le sirvo un platito, señó. Claro, claro, sin ningún compromiso, nuay problema, señó. Pero eso sí: que no lo vea el joven Aramburú. Sí, sí, ya sé ques el presidente de la delegación, ¡pero es tan muchacho, oiga usté!

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Medium 9788483935415

El Único

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El Único

 

En la tertulia de veteranos alguien con un punto de pesadumbre comentó: «Si el tiempo tuviera pecho tendría que ser condecorado por haber acabado con Franco, fue el único de nosotros que lo consiguió».

 

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Medium 9788483935996

La vida intermitente

Eloy Tizón Editorial Páginas de Espuma ePub

La vida intermitente

 

En verdad os digo que la vida era perfecta, y existía solo para que ellos dos la consumieran, y ella era Sonia y él era Víctor, vírgenes ambos, qué nervios, y nada de lo que existe puede ser más perfecto de lo que es en este momento en que lo digo: si soy más feliz me desintegro. ¿Se amaban ellos porque estaban en el mismo curso o estaban en el mismo curso porque se amaban? Sonia compró un canario y se lo mostró. Compró un cuaderno de espiral y se lo mostró. Le compró a Víctor el regalo diez semanas antes del cumpleaños, no pudo soportar la espera y le entregó el paquete brillantemente envuelto con dos meses de antelación. Los autobuses eran estupendos, los círculos de café con leche en los mostradores eran sociables y el locutor de Radio Hora era notable, verdaderamente notable. Estatuas de caudillos muertos vigilaban la prosperidad de los parques. El mundo parecía recién lavado, el mundo se inflamaba como un pájaro con fiebre, y la vida estaba llena de pequeñas cosas fascinantes. Los ojos de Sonia eran grises o verdes o pardos, y hacía un buen uso de ellos. Las tardes eran apropiadas para besarse y los libros para ser adultos y sensatos. Hacía falta correr un poco por Noviciado para no perder el autobús de las once menos cuarto pero no importaba, les compensaba; Víctor veía a Sonia precipitarse hacia la plataforma con esa sensación de inminencia y desamparo que él detectaba en las mujeres que corren.

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Medium 9788483935743

El arreglo

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El arreglo

 

El millonario Atenor soñó siete noches seguidas que era pobre y a la octava se negó a acostarse. Por el contrario, el mendigo Roneta soñó que era millonario y no quería despertarse. Todo se arregló cuando Atenor entregó a Roneta la mitad de su fortuna. ¿O fue Roneta quien se la entregó a Atenor?

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