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La reina

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La reina

 

La princesa Beatriz, consciente de que nunca llegaría a reina por ser la última en la línea de sucesión, desde hacía algunas noches tenía un sueño que la horrorizaba. Sus padres y sus amigas le pedían que lo contara, que así se sentiría mejor. Ella se negaba. Pero el sueño no la abandonaba y la princesa adelgazaba y perdía el humor y tenía ojeras. Al fin, padres y amigas la convencieron de que hablara y la princesa contó que soñaba con hormigas, con cientos de miles de hormigas. Sus padres y sus amigas la miraron con horror y repugnancia. «¡Calla, calla, por Dios no sigas hablando!», le gritaron. Pero ya era tarde, a la princesa Beatriz le estaban creciendo en los costados unas alas transparentes.

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Medium 9788483935415

La tertulia

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La tertulia

 

Los catorce de cada mes acudía a una tertulia de partidarios de la república. Un día sintió un escrúpulo de conciencia y se lo comentó a su amigo Alfonso. «Creo que no volveré más. Me duele que los compañeros se engañen conmigo, porque, aunque la república me parezca teóricamente la forma más racional de gobierno, nos está yendo tan bien con esta monarquía recién instaurada que no daría un suspiro por derrocarla, más bien todo lo contrario.» «¡Ah, con que es eso! –le replicó Alfonso–. Me habías asustado. Tranquilízate y sigue viniendo. Piensa que si viviéramos en una república, dado nuestro peculiar talante, con toda probabilidad tú y yo iríamos a una tertulia de monárquicos.»

 

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Medium 9788483935866

A buen entendedor

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

A buen entendedor

(Dieciocho cuentos muy pequeños
redactados ipsofácticamente)

 

Yo venía por lo del anuncio

–Yo venía por lo del anuncio.

–¡Ya!, eso se lo dirás a todas.

 

Ahora tenía la oportunidad de cambiar

Se nace tímido, o se nace grasioso, o se nace cantaor de flamenco, esas cosas que, en fin, qué se puede explicar, se llevan en la sangre y ya son para siempre, inmutables.

Sin embargo, aquel muchacho, por más señas camarero, que no lo conocía apenas, se lo dijo así como el que no quiere la cosa:

–Ahora puede usted cambiar.

«Pretencioso el muchacho», pensó, «como si uno pudiese cambiar en cinco minutos».

–Ahora tiene usted la oportunidad de cambiar –repitió el muchacho.

«¡Joder, hostias! –masculló él–, ¡qué pesado, niño!», y le tiró a la cara los billetes, gritándole con furia:

–¡¡En monedas de veinticinco!!

 

Para las horas más jodidas

Para las horas así, digamos jodidillas, no malas del todo pero pasando un poco de regulares, pues tenía eso, un botecito de cristal con su tapón de corcho, y con una cuerda lo colgaba del techo y luego le daba caña con un palo, no muy fuerte, para no romper el vidrio, pero sí lo suficiente como para que las moscas dentro del bote se chocaran violentamente unas con otras y zumbaran como diciendo: ¡hostias, otra vez!

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Medium 9788483935255

Déjà vu

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Déjà vu

 

A los diez o quince minutos de iniciada la proyección de una película, mi amigo P. descubre sin remedio que ya sabe cómo sigue y cómo terminará. No es que la haya visto antes (al contrario, P. no frecuenta los cines porque prefiere leer), sino que por alguna razón ignorada él ya «conoce» sobradamente el film y esos pocos minutos iniciales le encienden un recuerdo como adormilado. Por lo común P. no debe seguir mirando la pantalla para cerrar los ojos y contarme lo que resta, escena por escena, incluso plano por plano. A menudo hasta repite de memoria algunos diálogos. Yo mantengo, así y todo, la esperanza de que un día él halle en el cine algo que le resulte novedoso.

 

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Medium 9788483935699

La boda

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

La boda

 

Sabrina sintió una aguja de hielo clavada en su espalda. Se detuvo unos instantes, miró a los lados y de nuevo comprobó que Rogelio y Morella permanecían en la misma mesa. Los saludó con la mano. Fingió tener mucha prisa en llegar hasta la barra. Pidió un whisky. Lo bebió en pocos segundos y el camarero se sonrió cuando exigió un segundo trago. Esta vez lo saboreó con lentitud, degustando cómo el ardor del líquido vibraba dentro de sus encías. Miró hacia la pista. Varias de sus primas le hicieron señas para que bailara con ellas. Sonrió. Deseaba estar sola unos instantes, pensar qué podía significar esa absurda actitud de sus dos compañeros de trabajo.

 

Su esposo se acercó a verla y le preguntó si se sentía muy cansada.

–La verdad que no.

–Cuando quieras nos marchamos –le dijo él, comprensivo, susurrante.

Sabrina se acomodó el vestido de novia. Le apretaba tanto las piernas que apenas podía caminar. Unos vecinos de su esposo se acercaron, le hicieron bromas. Después ella avanzó hasta la mesa de sus padres. Su mamá le dijo algo pero Sabrina no pudo escucharla por el ruido de la música. Pensó que si cortaba un poco la tela del vestido se encontraría más a gusto. Luego miró hacia el resto de la sala fingiendo distracción. Se quedó helada. Morella y Rogelio se reían, brindaban alzando sus vasos de whisky.

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Medium 9788483935941

Casa tomada

Edmundo Paz Soldán Editorial Páginas de Espuma ePub

Casa tomada

 

 

 

A Julio Cortázar y Ryan Adams

 

 

 

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Nos habituamos tanto que entramos a los cuarenta años y seguíamos viviendo en ella y nadie se daba cuenta. Venían algunos hombres a sacar los muebles de la casa, pasaban a nuestro lado y no nos decían nada. Irene se ponía muy triste, se acurrucaba en mis faldas y me pedía que les dijera que la casa no estaba en venta. Yo acariciaba su pelo y le pedía que se calmara.

La casa se fue vaciando de muebles. Los primeros días nos pareció penoso. Tratábamos de recordar cuándo había pasado la casa a posesión de nuestra familia. Yo bailaba solo por el piso de madera y ella hacía como que firmaba los papeles de la compra. A partir de ahora sería sólo nuestra.

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Medium 9788483935606

Instrucciones de uso

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Instrucciones de uso

 

Su primera mujer, la que lo dejó viudo del pie derecho, me fue dando instrucciones desde el espejo del baño. Al parecer se había quedado a vivir allá adentro y él me dijo que debería acostumbrarme a lavarme los dientes bajo su atenta mirada. Como comprenderás, no puedo decirle que se vaya ni cambiar de espejo, me explicó encogiendo los hombros, qué descortesía. Así que el día de mi boda ella estuvo allí todo el tiempo, indicándome cómo debía pintarme los labios y aconsejándome que utilizara unas cuantas horquillas más para ajustarme el velo. Cuando pensaba que ya no podía ser peor, extendió su mano de muerta enguantada por encima del lavabo y me pasó una liga, a través del cristal. Algo prestado, querida, para que tengas mucha suerte.

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Medium 9788483935415

La comida sin hacer

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La comida sin hacer

 

Hubo un tiempo en que de niño me abrumaba la incierta inmensidad del futuro. Era cuando disfrutaba por la calle de la mano de mi madre. Íbamos juntos al parque, a la casa de los abuelos, a la modista, la suya, que fue quien me hizo el traje de la primera comunión. Yo deseaba detener para siempre esos momentos. Eran la garantía de la felicidad que ambicionaba. Ausencia de dolor, ausencia de muerte, con mi madre al lado. En los ascensores, por ejemplo, si íbamos ella y yo solos, quería que ese desplazamiento durase toda la vida. Bajar o subir sin llegar nunca. Y me llenaba de un cosquilleo muy dulce por las sienes, una placidez de cosa eterna que para mí representaba lo que debía ser la vida en el cielo. No duró mucho, sin embargo. Mi madre miró el reloj y exclamó: «¡Dios mío! ¡Qué tarde es, tú padre a punto de llegar y está la comida sin hacer!».

 

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Medium 9788483935606

El resplandor

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

El resplandor

 

Éramos temibles, éramos adorables. Por eso nos adoptaban cada año, juntas, insistían las señoras con sombrero, como si fuésemos dos lamparitas de noche que no pudieran separarse. Por eso nos devolvían al orfanato, juntas, vestidas de azul como los caramelos de anís, con la ropita nueva y algunos juguetes a modo de ajuar funerario, cada vez.

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Medium 9788483935743

La lima

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La lima

 

Se había confesado y arrepentido y había recibido la absolución, pero, cuando puso su cabeza sobre el tajo, vio una sima que le pareció la entrada en el infierno. Se trataba, sin embargo, del fondo de la cesta por la que su cabeza rodaba.

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Medium 9788483935101

Época de muda

Mariana Torres Páginas de Espuma ePub

Época de muda

 

Salgo de mi cuerpo para meterme en un cuerpo nuevo. Mi cuerpo antiguo, al que acuno como si de un niño pe-
queño se tratase, permanece caliente en mis brazos. Hueco. La piel es suave, rosada y tersa. Lo acuno más rápido, pegado a mí, es tan fácil de aplastar como una cáscara. Tanto que temblamos juntos. Mi cuerpo antiguo ya no pesa, como si tan solo estuviera lleno de aire.

 

 

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Medium 9788483935941

El ladrón de Navidad

Edmundo Paz Soldán Editorial Páginas de Espuma ePub

El ladrón de Navidad

 

Apenas tienes nueve años y ya has robado una plumafuente con rebordes de oro –una reliquia de tu abuelo–, tres chompas de tus compañeros de clase, el maletín de cuero del profesor de lenguaje y el planisferio en una de las paredes del curso, las llantas de la bici de un primo (que vendiste en el Thantaqhatu) e incontables limpiaparabrisas de los autos de los vecinos, una billetera sin plata de papá, el billete de dos dólares que le traía suerte a tu mejor amigo, chicles y dulces de la tienda del Coronel en la esquina, un par de escalares en una fiesta de cumpleaños (los metiste a una bolsa y corriste a casa: sólo uno sobrevivió), y monedas de la cartera de mamá. Ahora estás en Miami y te has prometido no tocar nada: lo has visto en la televisión, los policías gringos son eficientes y no dejarán que te salgas con la tuya. Pero es temporada de Navidad, las vitrinas de las tiendas de juguetes te atrapan con sus luces rutilantes, hay por doquier cajas envueltas en papel regalo, y te es difícil no hacer caso a esa voz dentro de ti, esa voz susurrante pero a la vez más fuerte que la tuya.

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Medium 9788483935415

El Único

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El Único

 

En la tertulia de veteranos alguien con un punto de pesadumbre comentó: «Si el tiempo tuviera pecho tendría que ser condecorado por haber acabado con Franco, fue el único de nosotros que lo consiguió».

 

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Medium 9788483935965

Suegra

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Suegra

 

Odio a esta mujer pulcra y exacta. Vivir con ella es un infierno ¿Que cuándo barro las pelusas de la habitación que nos presta?, ¿que si hago algo para evitar el pelo que inunda su ducha? Cosas marchitas que le dicen que su hijo y yo nos ahogamos. Siempre me recuerda que una buena esposa debe ser limpia y honrada. Limpia, como su colección de jarrones de cristal, asépticos como la vida que persigue. Detesto esos jarrones, ni una huella en el vidrio, ni una mancha fuera de lugar. Yo, imperfecta de pies a cabeza, cuando tenga mi casa me despediré con un regalo. Le daré el florero que voy llenando con las pelusas de debajo de mi cama y las hebras del desagüe. Cosas muertas que le recuerden lo viva que estoy.

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Medium 9788483935361

Viaje al centro de la chistera

Ignacio Padilla Editorial Páginas de Espuma ePub

Viaje al centro de una chistera

 

El mago temía morir de pulmonía en la cárcel. Esa parecía ser su única preocupación. La verdad, me explicó, soy más frágil de lo que aparento, y un airazo colocado puede convertirse para mí en un cataclismo. ¿Sabía usted que en mi juventud actué en Vladivostok a cuarenta grados bajo cero? ¿No lo sabía? Vaya, es una pena, musitó. Luego pareció pensárselo mejor y dijo que aquello en realidad no tenía por qué ser una pena. ¿Qué más daba que no supiese yo de sus glorias en Siberia o en ningún otro lugar del mundo? Lo que importa, dijo señalando mi libreta, lo que verdaderamente importa es que no se moleste usted ahora en escribir mi historia. ¿Sabe por qué, oficial? Porque no vale la pena, dijo, y se sonrió como si acabara de contar un chiste inédito. Mejor escúcheme, oficial, escúcheme con atención y verá que no es posible plasmar en papel la grandeza de lo que ha ocurrido esta noche, dijo. El hombre estaba convencido de que no había palabras para describir la elocuencia de un acontecimiento como aquel, un acto cuyo alcance estaba ya escrito desde hacía siglos en los astros. Porque así es la magia, dijo. Hace años vi a un mercader chino hacer desaparecer por los aires a un tigre de Bengala. Esa tarde el mercader me enseñó que hacer desaparecer un tigre no tenía mérito si no había quien meditase adónde había ido a parar el tigre. Le confieso, oficial, que en ese momento no lo comprendí, pero días más tarde leí que en un suburbio de Shangai una familia entera había sido destazada por una bestia salvaje. Entonces comprendí que en esto de la magia no hay suerte que no haya sido antes diseñada por el diablo. Usted es demasiado joven para saberlo, oficial, mas créame que hasta en el más obvio truco de naipes florece un germen maligno. En la magia se consagra una transgresión que no por vislumbrada ha de quedar impune. Ya ve usted, dijo el mago, el precio que yo mismo he querido pagar por invertir de una jodida vez los signos de lo que comúnmente consideramos inmutable.

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