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Hasta luego, míster Salinger

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

Hasta luego, míster Salinger

 

El hombre y la mujer beben cerveza.

Suena el teléfono.

 

–Aló.

–Jesús ¿eres tú?

–Sí. ¿Quién habla? –responde el hombre.

–Soy yo, Edgar. Soy yo otra vez.

–¿Edgar? –dice el hombre, y la mujer sentada en sus piernas realiza una mueca de aburrimiento.

–Sí, viejo, soy yo. Perdona la hora. ¿Estabas durmiendo?

–No, todavía no.

–Claro, acá en España me dicen que la gente se acuesta más tarde. Yo tenía muchas ganas de tomarme otra copa contigo pero dejé de verte y luego alguien comentó que te habías ido.

–Sí, estoy fatigado y necesito descansar.

–Por la rueda de prensa, imagino... bueno, si quieres pos­ponemos la reunión de mañana...

–No, Edgar, no hay problema. Sería una pendejada decirte que estoy demasiado ocupado. Así que hablamos luego, si te parece.

–Claro, hermano, claro. Pero espera, sólo quería preguntarte algo...

 

El hombre saca una cajetilla de Marlboro desde su camisa. Enciende un cigarrillo después de un par de intentos y aspira una larga bocanada. La mujer le hace señas para que le regale uno.

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Medium 9788483935415

De la vida

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

De la vida

 

La violó en un portal, pero vio algo en ella que le enamoró. Fue juzgado y condenado. Entonces ella lo visitaba y tenían encuentros en los que practicaban el coito. Pasados unos años, él recobró la libertad y ella, ese mismo día, lo abandonó.

 

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Medium 9788483935200

Un puente de cristal

Nuria Barrios Editorial Páginas de Espuma ePub

Un puente de cristal

 

Lo primero que hizo Claudia cuando se separó de Juan fue buscar a un hombre para meterlo en su cama. Un cuerpo que devolviera la vida a su cuerpo embrutecido. Que expulsara su rabia a base de golpes, los golpes del sexo. Claudia no buscaba a nadie en concreto, le valía cualquier hombre. Cualquiera, siempre que estuviese sano, que por un cuerpo enfermo había ella enfermado.

Lo primero que hizo Juan cuando se separó de Claudia fue tumbarse en la cama, sobre las sábanas arrugadas y sucias, para releer el Libro de Job. Cuando terminó, cerró la Biblia con furia. Aquel venturoso final era una triquiñuela para maquillar lo inexplicable: el dolor, la agonía, el sinsentido de la vida. Solo existía un desenlace feliz para el sufrimiento de Job: la morfina. Habría bastado un buen editor para transformar al caprichoso Dios de los hebreos en camello. Juan buscó sus pastillas.

 

 

 

Juan y Claudia se habían querido. Intensamente. Como se quieren los amantes, entregándose la vida el uno al otro a través de un puente de cristal. Pero no hay cristal que aguante una enfermedad tan larga y penosa como la que padecía Juan.

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Medium 9788483935965

Exhortación de santa Bárbada

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Exhortación de santa Bárbada

 

Escuchadme, devotas de Dios Padre.

Escuchadme, devotas de Dios Hijo.

Escuchadme, devotas de Bin Laden a quien para cazarlo, el FBI encaneció digitalmente con el pelo de Llamazares*.

No vengo a hablaros de política, mujeres limpias de corazón limpio. Lo que yo os digo es lo siguiente: adorad las barbas, amad las barbas, idolatrad las barbas. Lo que yo os digo es: dejad a otras el afeitado del Dalai Lama, olvidad el aftershave del Sumo Pontífice, abandonad a Obama y a los grandes presidentes estadounidenses sin contar a Lincoln. Vosotras, hembras níveas y suaves, recordadlo. Os telefoneará Llamazares desde la Oficina Federal; os llamará Bin Laden desde el fondo del océano; recibiréis un whatsapp de Dios, y esto es lo que habréis de responder con la claridad que solo la luz otorga: venid hombres enmarañados, venid a nosotras pero en procesión y de rodillas. Que vuestras barbas se confundan con nuestros pubis. Vuestra humillación con nuestra devoción, una Santa Fe.

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Medium 9788483935033

Belvedere

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Belvedere

 

Nadine y yo somos un matrimonio como cualquiera, en un bonito dúplex con jardín. No muy lejos de aquí pasan los años y se suceden las demoliciones. Pero Nadine y yo somos felices. Nuestros hijos han crecido rápido. Uno, el mayor, estudia en Boston. El mediano se fue a las misiones (a estornudar, nos dijo; no supimos por qué). Y el pequeño, que no mostró afición por los estudios, sigue aún con nosotros; y se entretiene haciendo de cocodrilo, los fines de semana, en el foso que rodea el jardín.

–¿En qué piensas? –me pregunta Nadine algunas veces.

–En ti –le miento; para no preocuparla sin motivo.

De perfil, nuestros hijos no se distinguen de un serrucho. De frente son idénticos a esa efigie ladina de George Washington que aparece en los dólares. Una vez, en un viaje que hicimos a Rotterdam, me quedé sin florines y pagué al conductor de un autobús con mi hijo mediano:

–Tenemos instrucciones de no aceptar serruchos –me dijo él.

Entonces nos apeamos sin protestar.

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Medium 9788483935255

La vuelta y media al mundo

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

La vuelta y media al mundo

 

Un meticuloso multimillonario canadiense tuvo la idea de dar la vuelta al mundo en orden alfabético. Partió un verano de Montreal, empezó por los países cuyos nombres empiezan con A, siguió con los que empiezan con B, y así sucesivamente. Pronto fue noticia en algunas ciudades capitales donde se lo aguardaba como a un viajero insólito. Sin embargo, a punto de desembarcar en el primer país de los que empiezan con F, el turista leyó perplejo en los periódicos del último de los países con E que una república africana que empezaba con L había resuelto, luego de ratificar su independencia, cambiar su nombre por otro que comenzaba con D. Tras un instante de enojo y desconcierto, el viajero se justificó a sí mismo: el itinerario a cumplir sería el de la fecha de partida, de forma que –ajeno a los vaivenes posteriores– visitaría el nuevo país con D llegado el turno de la letra L.

Como el turista solía detenerse tres o cuatro días en cada escala, su llegada a la república africana antiguamente con L, pero ahora con D, ocurrió al año exacto de su emancipación y del cambio de nombre. Desde el balcón de su lujoso hotel, el turista alfabético siguió el desfile militar y los festejos populares. A la mañana siguiente, muy temprano, golpearon a su puerta. Un funcionario del gobierno local, al tanto de su extraño vuelo, intentaba disculparse por «tan inoportuno cambio de nombre».

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Medium 9788483935279

Conexión argentina

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Conexión argentina

 

Recibí este mail hace algunos años. He pedido permiso para publicarlo.

 

Asunto: Encuentros del alma en el túnel del tiempo.

 

Querida Andrea: Ya te habrá explicado Isabel1 la primera parte de este inesperado encuentro con su pasado y el mío y en el medio Fina2, tu madre. Yo te había escrito al mail que figura en tu blog después de esa noche en que con Isabel descubrimos que habíamos estado vinculadas con tu familia, sin siquiera conocernos ella y yo ni imaginar que tantos años después seríamos primas políticas. Y allí te explicaba el título que le puse a mi carta: «Encuentros del alma en el túnel del tiempo». Y fue así: Fina Borrás se incorporó a la clase de segundo –año 1955– y creo que no terminó de cursar quinto. No hizo muchas amigas. Era bella, interesante e inteligente. Tenía una hermosa voz, muy personal, grave, profunda. Se destacaba del resto porque tenía características que no eran comunes en nuestra edad bobalicona de aquellos tiempos. Era culta, seria, izquierdosa y atea. Cuando teníamos religión se iba con las chicas judías a la clase de moral y ese estilo nos resultaba sumamente extraño. Fuera de ese contacto, yo tuve algunos encuentros con ella en el Casal de Cataluña donde íbamos a bailar con mi hermano y el grupo de amigos del barrio y eso fue todo hasta 1958. Después no nos vimos más hasta 1973. Ese año, casada con mi primer marido y con mi hija de nueve meses, salimos a buscar para alquilar y encontramos un piso en la calle Lezica. El día que nos mostraban el departamento nos avisaron que los inquilinos todavía estaban viviendo algunos días más. Y allí estaban. Yo no los miré hasta que ella habló y le reconocí la voz, inconfundible e inolvidable. Hoy todavía me parece escucharla. Imaginate, después de los oh y los ah del encuentro3, llega la segunda sorpresa: tu padre, a quien yo también había conocido en el Casal de Cataluña, antes de que fueran novios. Bueno, los comentarios y presentaciones del caso, nos cuentan que se están yendo a España y tu padre dice que quiere vender sus equipos. Allí mi marido decide comprarle una máquina de fotos profesional, ¡la que todavía tiene mi hija en su estuche de cuero! Hace treinta y seis años de esto.

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Medium 9788483935255

Apéndice

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Ramonerías

 

 

 

 

 

 

Idem, buen seudónimo para un plagiario

Ramón Gómez de la Serna, Greguerías

 

 

 

1

 

El barómetro es un termómetro con título de nobleza.

 

 

2

 

Los que no van al médico son impacientes.

 

 

3

 

La espuma es la cerveza emborrachada de sí misma.

 

 

4

 

Un sonámbulo: un paseador de sueños.

 

 

5

 

Los carozos creen en la reencarnación.

 

 

6

 

Las cabezas de los fósforos sí que tienen ideas fogosas.

 

 

7

 

Los garabatos que hacemos mientras hablamos por teléfono son la taquigrafía de lo que no decimos.

 

 

8

 

Un molino es un reloj donde el tiempo pasa volando.

 

 

9

 

Los bizcos sólo miran a los ojos a quienes

tienen entre ceja y ceja.

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Medium 9788483936016

Lo del ejemplo

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Lo del ejemplo

 

Entró en su casa con los chicos y lo primero que ve es a Javi inconsciente sobre el sofá, latas de cerveza abiertas, algunas caídas, un brazo para cada lado, la cabeza cubierta, restos de la vomitona sobre la alfombra, niños fuera de aquí, id al cuarto de baño a lavaros las manos, hala papá, qué le ha pasado al tío Javi, no es nada, haced lo que os he dicho, ahora mismo, qué asco, ha devuelto, el tío es un borracho, vamos, ya, todos, to-dos, no llores, mi hijita, no pasa nada, el tío se ha puesto malito, vete con ellos, Vigor, ocúpate de tu hermana…

No hay nada peor, de una parte, que el desahucio, he perdido la casa, Tomi, la casa; Tomi, la casa, y encima debo al banco un pastón, tengo que pagar aunque la haya perdido, Tomi; me he quedado sin ella, Tomi; y pagar para siempre, y con qué si no tengo un céntimo, no tengo trabajo…

De otra, acoger en tu hogar a un gran amigo destrozado por las deudas, sin empleo ni beneficio, encima alcoholizándose, y con tres niños testigos del espectáculo…

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Medium 9788483935361

Viaje al centro de la chistera

Ignacio Padilla Editorial Páginas de Espuma ePub

Viaje al centro de una chistera

 

El mago temía morir de pulmonía en la cárcel. Esa parecía ser su única preocupación. La verdad, me explicó, soy más frágil de lo que aparento, y un airazo colocado puede convertirse para mí en un cataclismo. ¿Sabía usted que en mi juventud actué en Vladivostok a cuarenta grados bajo cero? ¿No lo sabía? Vaya, es una pena, musitó. Luego pareció pensárselo mejor y dijo que aquello en realidad no tenía por qué ser una pena. ¿Qué más daba que no supiese yo de sus glorias en Siberia o en ningún otro lugar del mundo? Lo que importa, dijo señalando mi libreta, lo que verdaderamente importa es que no se moleste usted ahora en escribir mi historia. ¿Sabe por qué, oficial? Porque no vale la pena, dijo, y se sonrió como si acabara de contar un chiste inédito. Mejor escúcheme, oficial, escúcheme con atención y verá que no es posible plasmar en papel la grandeza de lo que ha ocurrido esta noche, dijo. El hombre estaba convencido de que no había palabras para describir la elocuencia de un acontecimiento como aquel, un acto cuyo alcance estaba ya escrito desde hacía siglos en los astros. Porque así es la magia, dijo. Hace años vi a un mercader chino hacer desaparecer por los aires a un tigre de Bengala. Esa tarde el mercader me enseñó que hacer desaparecer un tigre no tenía mérito si no había quien meditase adónde había ido a parar el tigre. Le confieso, oficial, que en ese momento no lo comprendí, pero días más tarde leí que en un suburbio de Shangai una familia entera había sido destazada por una bestia salvaje. Entonces comprendí que en esto de la magia no hay suerte que no haya sido antes diseñada por el diablo. Usted es demasiado joven para saberlo, oficial, mas créame que hasta en el más obvio truco de naipes florece un germen maligno. En la magia se consagra una transgresión que no por vislumbrada ha de quedar impune. Ya ve usted, dijo el mago, el precio que yo mismo he querido pagar por invertir de una jodida vez los signos de lo que comúnmente consideramos inmutable.

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Medium 9788483935705

En el batimóvil, con miss Graciela

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

En el batimóvil, con miss Graciela

 

 

 

...la Mary me besó el estómago, el ombligo, muy despacio, muy suavecito, sin apretar, y me desató el cordón del pantalón de pijama, y me pidió que me acostara bien, que me estirase, que ya era hora de dormir, y me metió la mano por el pijama como si tuviera miedo, y yo de pronto me di cuenta de que tenía empinado el alfajor...

Eduardo Mendicutti

 

 

 

Las clases que más me gustan son Inglés y Caligrafía. Después de Inglés tenemos recreo y la sister Thomas nos deja golpear la carpeta de contentos, pero en Caligrafía viene la miss Graciela y a mí me pasa como que pongo la cara de Popeye cada vez que Olivia le da un beso, porque a mí me gusta mucho la miss Graciela. Y además es más bonita que Olivia porque tiene tetas y sus piernas parecen de propaganda de Beautyform.

Mi mamá y mi tía Lucy, y mi tía Merce y mi tía Carmen, siempre dicen que «qué chico tan buenmozo», pero después yo las he escuchado decir que los señores buenmozos tienen ojos azules y el pelo rubio. Yo tengo el pelo negro como Tony, el de El túnel del tiempo y a mí él sí que me parece muy buenmozo. A veces me miro en el espejo y pongo la cara de Tony para que la miss Graciela se dé cuenta, pero ella como si nada. El otro día me regañó porque le llevé a sacar punta a mi lápiz tres veces y me dijo que a mi mamá no le iba a hacer gracia que no me duraran los lápices. Yo sólo la quería ver de cerquita porque ella sí es rubia y tiene los ojos azules. Como Judy, la de Perdidos en el espacio.

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Medium 9788483935255

Una máquina curiosa

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Una máquina curiosa

 

En un film polaco de hace algunos años, el protagonista oye hablar de un máquina fantástica que, con sólo examinar una fotografía, determina si los individuos allí retratados están hoy vivos o muertos. Como la realidad imita el arte, un matrimonio de científicos suizos ha anunciado la invención de un artefacto de propiedades análogas: una máquina copiadora de fotos que, según cómo se emplea, aparta lo que ya no existe de lo presente. Así, de una foto tomada hace treinta años y en la que se ve un grupo de seis personas, el aparato proporciona dos fotos diferentes; una con quienes aún permanecen vivos, otra con los que están muertos. En ambos casos los ausentes han sido reemplazados por más paisaje de fondo, como si una grúa infalible los hubiese arrancado sin dejar rastro. Resultado de esta máquina curiosa, los muertos pueden congregarse sin perder la juventud mientras los vivos quedan abrazando por la espalda un espacio vacío: el aire que antes ocupaba un ser humano.

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Medium 9788483935453

Tristemente la comedia

Ignacio Padilla Editorial Páginas de Espuma ePub

Tristemente la comedia

 

Uno piensa, vacila, se refleja cualquier noche en la luna de su camerino o en la vidriera de un bar, y acaba por reconocer que las certezas que lo sustentaban se han desmoronado. Uno baja ya la guardia ante aquello que hasta hace nada creía sólo un discreto malestar de la edad, un mero presagio, y asume que su existencia no le pertenece más, o peor, que nunca le perteneció del todo. Cuando se queda solo en el antiguo teatro de sus glorias y repasa los signos que ha ido cosechando en estos meses, reconoce la dolorosa progresión de la verdad, la evidencia al fin notoria de que su vida en el teatro ha sido robada, rehecha y finalmente impostada por alguien más diestro o sencillamente más vivo que él. ¿Por qué no lo vio venir? ¿Cómo no se preparó para encajar con dignidad su debacle según se acumulaban en su cuerpo y en su rutina los datos, los destellos que anunciaban la catástrofe? Le molesta reconocer la fragilidad del espejismo en el que ha vivido. Le saca de quicio ese aluvión de cristales rotos, ese trabuco de claridad que sólo para él ha sido estridente, pero que apenas habrá sido un crujido entre su público: esa hueste ingrata que ha aplaudido cada vez con menos entusiasmo, menguando en cada función hasta que han sido menos los rostros ávidos que las butacas vacías. De repente los espectadores y hasta sus colegas comenzaron a parecerle también difusos, algo así como bocetos en una larga comedia donde ahora él mismo tendría que resignarse a desempeñar sólo papeles marginales, diálogos que en cualquier caso se le anudan ya en el diafragma o en esa garganta que va cediendo al carraspeo y la afonía. Antes, cuando podía ser Ricardo III o el tío Vania, llegó a pensar que sus palabras y sus voces de ficción le pertenecían. En cambio hoy siente que su propia voz se le escapa. De improviso se le han ido las frases para ordenar la cena o para inquirir por un libro o un disco, y la memoria comienza a llenársele de huecos. Es como si su propio espíritu se hubiese largado para siempre con el alma de sus personajes más entrañables a cuestas, como si se desvaneciesen todos al caer sucesivo de máscaras empolvadas y maquillajes que de tan usados se han ido deslavando hasta exponer el vacío, el pasmo de un ser vaporizado aunque reacio todavía a disolverse y a ceder paso al usurpador, a ese joven en quien no puede no reconocer la imagen mejorada de sí mismo robándole a su público.

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Medium 9788483935156

Madame Nené

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

Madame Nené

 

Sin dejar de caminar, Josema miró hacia abajo y se encontró con el azul de su pantalón de gimnasia. Vistas desde arriba sus piernas le parecieron demasiado gruesas, como si fueran de otro. También notó que el agujero de sus zapatillas se había abierto un poco más: recordó el vértigo de aquella jugada, durante el recreo. Los dos más bestias de la clase acercándose al área. La pelota de plástico anaranjado en tierra de nadie, justo a medio camino, botando ligeramente. Y él, debajo del travesaño, deseando evaporarse. Pero había un prestigio que defender. Todos los de su equipo le gritaban que se tirase al suelo o despejara, que si mándala a un lateral, que si métele un patadón, que si esto o lo otro. No debía cagarse por nada en el mundo. Estaba completamente cagado. Dio un paso hacia atrás para tomar impulso, entrecerró los ojos, apretó los labios, arrugó la frente y se lanzó hacia los dos bestias de la clase, que ya alcanzaban la pelota. El choque fue terrible. Por un momento Josema pensó que se había muerto, pero cuando levantó la cabeza vio cómo todos llegaban para felicitarlo y lo ayudaban a levantarse. Entonces, mientras comprobaba que todos sus miembros seguían unidos al tronco, se dio cuenta de que el calcetín le asomaba por la punta de su zapatilla derecha.

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Medium 9788483935019

Equinoccio

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Equinoccio

 

Una vez le contaron un chiste. Fue en Upsala. Se rio a carcajadas en Venecia, tres años después, durante el invierno más frío del siglo. En aquel intervalo, la gracia del chiste estuvo haciendo de verruga en la oreja de un perro Yorkshire.

Él no hizo nada en especial.

Su pregunta, su única pregunta, es por qué hay tantas ocasiones en las que no consigue vomitar, por más náuseas que sienta.

 

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