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Los vigías indolentes

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Los vigías indolentes

 

¿Hay algo realmente franqueable? Todas las ciudades que no ha conocido eran de sal. Todos los ríos con los que no ha tratado tenían afluentes de sal. Cuando ha llegado a un puente, siempre le ha detenido la cobra gigantesca que reclama de los transeúntes un peaje de sal.

Nunca ha viajado.

Pero algunos paisajes han viajado en él; y le han besado hombres en llamas que ya habían muerto, y que tenían en los ojos el resplandor que emite, en el momento de desaparecer, una camelia blanca.

 

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CASA DE GEISHAS

Ana María Shua Editorial Páginas de Espuma ePub

CASA DE GEISHAS

 

El reclutamiento

 

Las primeras mujeres se reclutan aparentemente al azar. Sin embargo, una vez reunidas, se observa una cierta configura­ción en el conjunto, una organización que, enfatizada, podría convertirse en un estilo. Ahora la madama busca a las mujeres que faltan y que ya no son cualquiera sino únicamente las que encajan en los espacios que las otras delimitan, y a esta altura ya es posible distinguir qué tipo de burdel se está gestando y hasta qué tipo de clientela podría atraer. Como un libro de cuentos o de poemas, a veces incluso una novela.

 

 

Simulacro

 

Claro que no es una verdadera Casa y las geishas no son exactamente japonesas; en épocas de crisis se las ve sin kimono trabajando en el puerto y si no se llaman Jade o Flor de Loto, tampoco Mónica o Vanessa son sus nombres verdaderos. A qué escandalizarse entonces de que ni siquiera sean mujeres las que en la supuesta Casa simulan el placer y a veces el amor (pero por más dinero), mientras cumplan con las reglamentaciones sanitarias. A qué escandalizarse de que ni siquiera sean travestis, mientras pa­guen regularmente sus impuestos, de que ni siquiera tengan om­bligo mientras a los clientes no les incomode esa ausencia un poco brutal en sus vientres tan lisos, tan inhumanamente lisos.

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Medium 9788483935231

LIMA

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

1. LIMA

 

 

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Esto no es un cuento

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Esto no es un cuento

 

Hemos vuelto, pero somos otras. Hay viajes del alma; también los hay del cuerpo. Cuando los dos ocurren a la vez, quien los vive cambia definitivamente. Aquí estamos, sí, de vuelta, para contar lo que hemos visto. Eso fue lo que ellas nos pidieron que hiciéramos. Es nuestra deuda adquirida: la mínima.

Hemos aprendido y descubierto y compartido y sufrido la asfixia, que no es, como antes creíamos, algo abstracto, que no responde tan solo a la imposibilidad de gozar del legítimo derecho a la libertad que cualquier ser humano puede anhelar.

La asfixia es una sensación concreta, absoluta, que te invade de una manera avasalladora cuando, por ejemplo, una burka te aprieta el cerebro, la cabeza, la vida. Cuando notas en la frente la presión dolorosa de unas manos hechas de tela áspera y escasa, de unas garras afiladas que impiden el gesto espontáneo con la amenaza de herirte allá donde tu cuerpo se resista o se niegue. Cuando tus ojos encerrados siempre chocan con una rejilla de cuadros pequeños a través de la cual es inútil observar, pues apenas se ve nada, acaso un mundo limitado e incompleto, fragmentado y desde luego ajeno. Cuando tu mirada permanece en ese encierro donde solo se respira un aire sólido y pesado, donde una penumbra inquebrantable impide ver el camino que siguen tus pies, imposibilita elegir los lugares donde pisas; nunca sabes por dónde andas ni hacia dónde vas; solo te queda, para avanzar, una arriesgada y vertiginosa alternativa: seguir a alguien. Seguir a alguien que no va a llevarte al médico aunque te encuentres muy mal, que no va a llevarte a trabajar porque la ocupación remunerada en sociedad te está prohibida, que no va a llevarte a estudiar porque para seguir a alguien no necesitas saber absolutamente nada, mejor aún, es preferible que no sepas absolutamente nada. Cuando te conviertes en un fantasma sin rostro, en un bulto sin identidad, en un objeto que deambula desorientado y sin sentido. La asfixia es una sensación concreta, absoluta, que acobarda y paraliza; es algo que mata, a veces lentamente, desde el mismo momento en que comienza su existencia.

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El desastre irretornable

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

El desastre irretornable

 

Y los hombres, los hombres. Ese ecosistema protegido, esa reserva natural, ese breñal al que aspirábamos. ¿Qué incendio os arrasa, qué plaga os merma, qué os está pasando? Yo que soñé piernas lobunas, omoplatos sembrados, ingles acolchadas en que apoyar la mejilla cuando se bebe. Quién secó el caudal rizoso que ascendía por vuestro ombligo hasta la maraña donde escarbar un pezón. Freud se quedó corto. Nosotras no anhelamos vuestra única protuberancia. Nosotras anhelamos todas. Eran nuestras vuestras cinco millones de excrecencias pilosas y habéis perdido la guerra, el sueño de vuestra infancia. Ni sable de luz ni espada láser. Depilación eterna, Luke. Siempre en movimiento está el futuro.

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Medium 9788483935620

Impronta

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Impronta

 

Mi última novia imaginaria apareció en mi vida cuando yo tenía doce años. Siguió conmigo en el instituto y también en la universidad, donde compartíamos campus y, al fin, habitación y cama en el colegio mayor. Contrajimos matrimonio antes de cumplir los treinta. No tuvimos hijos, claro. Pero para mí significó una impagable compañía que me hizo más fácil adentrarme en las crudas décadas de una madurez solitaria. Hace apenas dos semanas quedé viudo. Un conductor borracho; ni siquiera la vio.

Desde entonces la gente no ha dejado de darme el pésame. Mi madre, para mi asombro, me llamó para preguntarme si quería que se viniera unos días a la ciudad. Era tan joven todavía, me dice la señora del segundo, agarrándome las manos. El periódico local publicó una breve nota del suceso, con una fotografía. Ahora acaba de llegarme una carta de condolencia de sus compañeros de facultad, que la recuerdan, y quieren hacerle un homenaje.

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Medium 9788483935446

Jugarse la piel

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Jugarse la piel

 

Se despidieron justo antes de internarse en el bosque. Los dos iban bien pertrechados. Se miraron a los ojos con una expresión que, a fuerza de años, había llegado a significar «suerte». Ni una palabra. El silencio del bosque es contagioso. Como cada domingo, y porque muchas veces la costumbre puede más que la voluntad, Blas se fue por la derecha, y Ricardo, por la izquierda. Tardaron muy poco en perderse de vista, y solo algo más en que no les llegara a los oídos ningún sonido que pudieran atribuir al compañero. Blas iba despacio, pensando en el delicioso desayuno que se había zampado aquella mañana, y en su esposa, que se lo había preparado con amor. Ricardo, en cambio, no pensaba en nada; solo miraba intentando descubrir la sombra parda de la presa codiciada. De repente, a la izquierda de Blas se agitaron con violencia unas ramas. De repente, a la derecha de Ricardo, se agitaron con violencia unas ramas. Las mismas ramas. Y, al unísono casi, sonaron dos disparos de escopeta. La pieza dio un brinco y se desplomó con estrépito. De izquierda y derecha acudieron Ricardo y Blas a ver de cerca el trofeo. Llegaron al mismo tiempo y descubrieron a la vez, en la expresión del otro, que ambos se creían dueños del disparo certero. No iban a discutir por orgullo. Pero sí porque los dos querían quedarse con la valiosa piel del animal. Habría que jugársela. Decidieron tirar una moneda al aire y disparar. Ganaría quien acertara. Todo fueron gestos, que a fuerza de años se habían convertido en su único lenguaje. Ni una sola palabra. Pero algún malentendido tuvo que haber, porque lanzaron la moneda al aire, dispararon, y uno de los dos cayó fulminado. De ahí.

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Medium 9788483935446

Para que no quepa duda

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Para que no quepa duda

 

Cuando salí afuera de mi casa después de abrir la puerta con la mano y de pasar por ella mi persona física del interior al exterior con prisa pero sin pausa a la hora conveniente, y después de bajar hacia abajo las escaleras poco a poco, un pie tras otro, primero el derecho y detrás el izquierdo, llegué a la calle y vi con mis propios ojos abiertos que ante mí se aglutinaba el mayor grupo de personas humanas que yo hubiese visto en toda mi vida entera desde que había nacido hasta ese momento. Todos y cada uno de los seres de mi misma especie que allí estaban reunidos unos junto a los otros, hombro con hombro, apretujados entre ellos, elevaban la vista hacia arriba para ver con sus propios ojos cómo volaba por el aire del cielo un elefante rojinegro que movía sus propias orejas como si fueran sus propias alas. No había ni un solo hueco por donde pasar el cuerpo atribulado de mi persona y tuve que quedarme por obligación y necesidad quieto sin moverme e inmóvil en la mismísima puerta del portal de mi propia casa en esta ciudad que nos acoge, hasta que el elefante rojinegro desapareció todo él de la vista de todos los que lo miraban y esos todos que lo miraban fueron juntos tras él. Esa es la causa del motivo del problema que en el día de hoy mismo me ha hecho llegar tarde al trabajo que desempeño en este lugar. No le quepa a usted la menor ni la más mínima duda pues le he contado la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

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Medium 9788483935255

Alguien igual

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Alguien igual

 

De nacer alguien igual a mí, le ocultaría mi existencia y mi experiencia. Sacaría provecho de la circunstancia de saber sólo yo su identidad, para que mi vida reiniciada en él por fin echase luz sobre mis actos.

 

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Medium 9788483935606

Centrifugado

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Centrifugado

 

La cabeza del hombre que amó da vueltas en el interior de la lavadora, acompañada de una colada de desquiciadas bragas viejas. Ella sonríe cuando se encuentra con sus ojos de ahogado iracundo anegados de jabón, al otro lado del bombo. Ya verás como pronto se te pasa el enfado, amor, le dice mientras añade un cazo de suavizante aroma frescor de primavera y programa media hora más de centrifugado.

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Medium 9788483935736

De vacas cuerdas

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

De vacas cuerdas

 

La gran portalada que da a la calle estaba abierta de par en par, la gente se descuidó, y se escaparon las vacas del camión que las transportaba al matadero. Consiguieron recuperarlas enseguida a todas, menos a dos. Esas dos debían de ser las más listas. Hay quien puede pensar que se limitaron a huir asustadas, sin destino ni objetivo, pero parece que sabían muy bien lo que hacían, porque tardaron unas horas en cazarlas. Ya que las sacrificamos para comérnoslas, nos resulta muy fácil catalogarlas como simples animales irracionales. Rumiantes, añadimos. Que tengan la sangre caliente no nos conmueve, ni esas rotundas ubres cuyo signo nadie puede desconocer, ni tampoco sus grandes ojos soñadores. Las dos vacas, o mejor terneras, conocían o intuían su destino, y no se rebelaban, pero quisieron disfrutar de un rato de libertad. Buscaron la calle principal y quien las vio por allí, antes de que llegasen los que de nuevo las capturaron, cuentan que iban de escaparate en escaparate, y que de vez en cuando mugían suavemente. Yo imagino que lo que hacían era contemplar los objetos de que acaso habían oído hablar en las vagas leyendas del establo: la ropa interior con sus puntillas, los muebles de jardín, los libros en que se narran las historias verdaderas y las ficciones, las revistas ilustradas, las muñecas, los discos compactos donde se guarda la música. Las vacas pensaban sin duda en la injusticia radical del orden del universo, que nos ha dado a los primos más malévolos el dominio de todo, primos implacables, voraces, insensibles, que hemos organizado las cosas para comérnoslas a ellas. Las vacas se detuvieron ante la terraza de un bar, y la gente se levantó y se apartó, temerosa. Una de las vacas exclamó: «¡Cómo me gustaría sentarme ahí y tomar un refresco con patatas fritas!». La otra, tras un instante, suspiró y dijo: «¡Qué seres humanos tan adecuados seríamos nosotras!» Pero la gente sólo las escuchó mugir, y se asustó todavía más, sin apreciar el sentimiento de melancólica indefensión que había en su actitud. Poco después llegó la policía, y enseguida los empleados del matadero, y se llevaron con ellos a las dos jóvenes vacas, que no volvieron a decir ni mu.

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Medium 9788483935446

Mentiras del exterminador

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Mentiras del exterminador

 

Mientes, mentiroso, mientras mandas matones mensajeros, musculosos y maleducados. Mañana memorizarías muchas milésimas de minuto antes de matar. Jamás mejorarás, lo sabemos muchos amigos, enemigos y también amantes. Hemos mamado la maldad amparada por tus manos. Conocemos la miseria, un maldito temor que marca el ambiente. No mirés más allá, mamarracho; has menospreciado a demasiados hombres y a demasiadas mujeres. Maltratas la moral, la manoseas y maquinas maquiavélicos móviles sin motivo. Mereces el mareo de la marginación. Tu megalomanía ha mostrado su límite. Finalmente, de madrugada, médicos melancólicos han determinado tu enfermedad. La matanza es inminente. Morirás sin más trámite. El mejor momento para desmantelar tu montaje. La desmesura ha medido tu manera de moverte en el mundo. El comedimiento moderará el modo de suprimirte. No queremos medallas. El funcionamiento del mecanismo es impecable. Primero el desmayo, inmediatamente los espamos, con lágrimas, mocos y movimientos imposibles. De improviso, la manifestación de un impulso imputable a un último ímpetu. El crimen del criminal no conmueve. Su lamento ha iluminado los ánimos. El mundo no se amargará por tu misantropía. Murmurará una melodía mirífica modulada por mentes de famosos. No menciones a tu madre. Morirás igualmente. El modelo del exterminador no comprometerá jamás la marcha de una mayoría que ama la armonía.

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Medium 9788483935446

Libros para leer

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Libros para leer

 

Me cuesta recordar. Los primeros años del siglo xxi aparecen en mi memoria de un modo impreciso y difuminado. Hace ya tanto tiempo de todo… Sé, sin embargo, que sus acusaciones son ciertas y que, en efecto, formé parte de la así llamada compañía literaria. Gente que amaba la lectura y que ya no sabía dónde buscar. Por lo que respecta a este tema, todo comenzó aproximadamente a finales del siglo xx, ese siglo salvaje y absurdo, cruel y sanguinario que dio como resultado una barbarie disfrazada de entendimiento y razón.

Las editoriales empezaron a publicar libros sin contenido, por el solo hecho de que lo firmara una cara famosa o, como entonces decían, mediática. Las librerías no tenían más remedio –cabría tal vez matizar este extremo, pero mejor en otra ocasión–, que llenar sus estanterías de aquella bazofia, lo único que conseguían vender. Claro que habría sido mejor que estamparan la foto de los famosos solamente en otro tipo de productos, como ser chorizos o latas de mayonesa, pero se suponía que la autoría de un libro añadía prestigio a los que ya ostentaban popularidad y fortuna. Qué absurda convicción.

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Medium 9788483935545

Gorgona

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Gorgona

 

 

Me desperté tiritando, porque el sueño había sido muy real. A la salida del colegio me crucé con la viuda de la tienda de las prótesis, y sin saber porqué accedí a sus cochinas insinuaciones. En mi clase contaban cosas terribles de la viuda y todo el mundo sabía que echaba las cartas y preparaba menjunjes, porque sólo de las prótesis no podía vivir. Entonces la llevé a mi casa y subimos a mi cuarto, donde empezó a besarme y a desvestirme y a ma­mármela entre aullidos, como si fuera a succionarme el alma por una pajita. En eso escuchamos la puerta de la calle y mamá preguntó nerviosa que quién estaba arriba. De pronto la viuda pegó un salto y bajó por las escaleras chillando como una loca. Me desperté con los alaridos de mamá, que lloraba y pedía por caridad, por caridad que no la matara. Fue un sueño horrible y asqueroso.

Me levanto con náuseas, pero antes de ponerme los pantalones aparece la viuda en mi cuarto bañada en sangre: «¿Qué hace usted aquí?», le pregunté furioso y asus­tado. La viuda se pasó la lengua por las encías y me respondió sonriente: «Tú me has traído, cariño».

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Tirar la casa por la ventana

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Tirar la casa por la ventana

 

Rómulo decidió ser arquitecto igual que lo habían decidido antes que él su padre, su abuelo y su bisabuelo. Todos se habían distinguido por un perfeccionismo obsesivo que más de una vez los había llevado a pelearse con el mundo. Rómulo era heredero fiel de aquella característica que, respetada por diversas generaciones, se había convertido en una tradición. Total, que Rómulo se hallaba ante uno de los momentos clave de su carrera: el presidente le había encargado su casa.

Solo ante el peligro –una vez fallecidos bisabuelo, padre y abuelo–, a sus 49 años, se entregó en cuerpo y alma a la difícil labor de no defraudar al presidente pero, sobre todo, de no decepcionarse a sí mismo. Es verdad que tardó demasiado tiempo en presentar el proyecto acabado y que esa demora casi le cuesta el despido, pero también es verdad que su idea ganaba en originalidad, elegancia, comodidad y belleza a cualquier edificio erigido en la historia del mundo.

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