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Seducción colectiva

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Seducción colectiva

 

El gran ídolo dijo: «Yo». El pequeño ídolo dijo: «Tú». Los demás dijeron: «Él». El gran ídolo añadió: «He hablado». El pequeño ídolo añadió: «Has hablado». Los demás dijeron : «Ha hablado». Y todos: «¡Obra maestra!».

 

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Medium 9788483935637

HEROE_LSR_D

Antonio Ortuño Editorial Páginas de Espuma ePub

Héroe

 

Resuenan disparos en la lejanía. Calles oscuras y desiertas rodean la casa. Los grillos alardean. El viento estrella las ventanas contra sus marcos, pues los seguros que deberían evitarlo están rotos. Esto es una ruina y yo, metido a fuerzas por la ventana, un usurpador.

Tras horas de forcejeo, he conseguido que la radio funcione si la mantengo fija en cierta posición diagonal con respecto a la ventana. Un rayo de luz atraviesa las brumas e ilumina la carátula del aparato, deslumbrándome.

–Ha comenzado la retirada –dice, espectral, la voz que emite las noticias.

Se van, invictos pero derrotados.

La señal se interrumpe sin violencia. Suena, ahora, una musiquilla indistinta. Camino con parsimonia a la cocina y rebusco hasta dar con un vaso. Expulso la polvareda que lo ocupa y trato de enjuagarlo en el lavabo, del que sólo mana un escuálido hilo marrón. Termino limpiándolo con los faldones de la camisa y me sirvo el contenido de una jarra que no hay modo de saber cuándo fue servida o por qué mano inimaginable: la de alguien que ya ha muerto, la de alguien roto en el fondo de una mazmorra.

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Medium 9788483935743

El revolucionario

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El revolucionario

 

Al tirano le gustaba plantear esos dilemas de vida y muerte en los que un padre con dos hijos tenía que entregar a uno de ellos a las fauces de un lobo hambriento para así ganar el tiempo que le permitiría huir de la fosa por una escala de cuerdas con el otro pequeño al cuello. Unos optaban por salvar al mayor, otros al menor. Sólo uno sacrificó a los dos. Subió solo la escala y empleó su vida en derrocar al tirano.

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Medium 9788483935545

Pabellón de cáncer

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Pabellón de cáncer

 

 

Al principio no entendí por qué me había mandado llamar, pues hacía más de doce años que estábamos divorciados. Nunca quiso aceptar nuestra separación y siempre trató de responsabilizarme de sus penurias, sus desamores, sus amarguras. Tampoco fue fácil para mí sobreponerme a la soledad. El penetrante olor del hospital me trajo a la memoria otras agonías, otros muertos, otras pesadillas.

En la penumbra de la habitación distinguí el brillo exangüe de sus ojos, y me enfrenté a la mirada líquida de aquel cráneo árido y verdoso, vagamente familiar. ¿Qué puedo hacer por ti?, pregunté tragando saliva. Entonces encendió la luz.

Cualquier semejanza con el rostro que alguna vez amé había desaparecido para siempre, y no tuve más remedio que huir cuando las negras encías de aquella atrocidad insinuaron una perversa sonrisa, pues comprendí que me había llamado para que su recuerdo me acosara mientras viviera.

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Medium 9788483935873

La nota azul

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

La nota azul

 

No es muy grande el apartamento de la rue Pigalle…

Aurora Dupin, baronesa Dudevant, más conocida como George Sand, termina de escribir las últimas páginas de El pantano del diablo, una novela campestre a pesar del título o quizá por él. Como la tinta que usa tarda en secar, las ideas que va trasladando al papel permanecen húmedas durante bastante rato, verdaderamente brillantes según el ángulo desde el que se miren. Aurora misma se sorprende del efecto.

Mientras tanto, su amante de estos días, el Federico Chopin de los Nocturnos, acaricia las teclas del piano buscando de manera disimulada la siempre escurridiza y muy puñetera «nota azul», esa nota trampolín sin la cual no son capaces de componer nada los románticos del xix. Habría de todas formas que preguntar si comparten la misma opinión Liszt, Smetana…

No es muy grande el apartamento de la rue Pigalle, ciertamente; lo justo para que la pareja pueda trabajar sin agobios, cada uno en lo suyo. Quizá sí resulte pequeño en días como este, cuando coinciden en sus habitaciones otros amigos imprescindibles.

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Medium 9788483935743

La partida

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La partida

 

¿Y no seremos nosotros las piezas de un tablero en una partida jugada por los dioses? «Ahora te como a Anselmo López.» «Y yo, a Román Fernández.» «Yo, a Julio Álvarez Cifuentes.» Así hasta completar los cientos de miles de muertos que hay cada día en el mundo, al tiempo que van entrando en juego nuevas fichas, a las que nosotros tomamos por hijos o por nietos.

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Medium 9788483935941

Ravenwood

Edmundo Paz Soldán Editorial Páginas de Espuma ePub

Ravenwood

 

Santi abrió el refrigerador, lo vio vacío y le dijo a su padre que tenía sed.

–¿Quieres leche? –preguntó Fernando–. ¿Jugo de naranja? En un rato vamos de compras.

–Y cereales también. Los Lucky Charms, y los que tienen miel. ¿Puedo tomar agua?

Fernando sacó un vaso de plástico de la alacena y lo llenó con agua de la pila. Santi lo vació de un trago. Era verdad que tenía sed. Quizás no había sido buena idea traerlo al piso tan temprano; debió haber esperado hasta la tarde, después de haberse dado una vuelta por el supermercado y Wal-Mart. Había un televisor, pero no un sofá donde verlo; la mesa era la que Eli y él habían usado alguna vez cuando iban de picnic, cojeaba de una pata.

–¿Y ahora qué hacemos? –preguntó su hijo–. Ya sé: ¡espadas!

Sacó un par de espadas de plástico de una caja de cartón donde Fernando había puesto, a la rápida, juegos de mesa y otras cosas con las que pensaba entretener ese fin de semana a su hijo. Eli le había dicho que se llevara todo lo que quisiera, pero él, entre apurado e incómodo, no había escogido bien. Con la Playstation hubiera sido más que suficiente.

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Medium 9788483935545

La casa de reposo

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

La casa de reposo

 

 

La madre superiora miró hacia el cielo como buscando una señal divina, y en sus ojos desvelados de oraciones reverberó cristalina una lágrima.

–¿Y dice usted que el viejo profesor se niega a ir a misa, hermana?

–Así es, reverenda. Y maldice y ofende a María San­tísima.

–No importa, hermana. Llévelo entonces a dar un paseo por el huerto.

–Sí, reverenda.

–Hermana...

–¿Sí, reverenda?

–Que parezca un accidente.

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Medium 9788483935415

El buen detective

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El buen detective

 

Era un buen detective y no le costó fotografiarlos desnudos desde una terraza que dominaba las oficinas del hombre en cuyo despacho se veían a la hora de cierre. Cuando reveló el carrete se asombró reconociendo a la dueña de aquellos senos altivos, de aquel pubis marmóreo: su propia mujer. ¿Qué hacer? Tenía que calmarse antes de decidir. Así que iría a ver a su cliente, la dama que le había contratado para que vigilara a su marido. Le abrió la puerta una doncella que en esta ocasión no le pasó al salón sino a uno de los dormitorios de arriba. «Señora, ahí los tiene», le dijo, arrojando las fotos sobre el tocador, a través de cuyo espejo ella le miraba. La mujer no pareció asombrada. El detective tuvo una sospecha. «¿Lo sabía usted?» «Pero no hubo respuesta. Ella había empezado a desnudarse. «Nos han empujado a ello, ¿no cree?».

 

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Medium 9788483935309

La pluma del Ángel

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La pluma del Ángel

 

–Hay entre nosotros una gran tradición angélica, no tanto religiosa como cultural, pero, acaso sí, tan comercial como cultural –explicó lord Cheddington–. Usted sabe, embajador, que las alas de los ángeles tienen que ser dos o tres veces la envergadura del cuerpo. De otra manera no servirían para volar. Y pesan muy poco. Sus plumas blanquísimas parecen hechas de copos grandes de nieve.

–Falampos, diríamos en español –precisó el embajador.

Lord Cheddington hizo caso omiso del matiz.

–En Londres –siguió diciendo– hay mas ángeles que en ninguna otra ciudad del mundo, por cada institución, por cada casa, por cada automóvil, por cada persona hay un ángel. A los ángeles no se les ve. Pertenecen a otra realidad, no humana, pero están ahí, vigilantes, abnegados, sonrientes. Ningún material es más valorado en el mundo que la pluma de ángel. Dicen que quien ha llegado a ver alguna no piensa en otra cosa. Hay en Londres un gran mercado de plumas de ángel. Y en alguna galería se subastan casi en secreto. A veces algún falsificador aparece asesinado. En ese mercado son fundamentales los conseguidores de plumas. Su precio es superior al de cualquier joya o piedra preciosa.

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Medium 9788483935453

Pesca de rojo y cielo

Ignacio Padilla Editorial Páginas de Espuma ePub

Pesca de rojo y cielo

 

Madre se está muriendo, dijo ella de repente, y su voz resonó diáfana en el aire, desprovista casi de emoción, ajena a la que veinte años atrás usaba para despertarlo a él desde la litera superior y contarle sueños que rara vez tenían que ver con sus padres, no digamos con la muerte. La vi el martes y ya no pudo reconocerme, añadió, ahora en un tono más severo, convencida ya de que el mejor momento para decir que alguien querido va a morir es cuando menos viene al caso, y cuando el otro no se lo espera. O cuando entendemos que nunca habrá un instante propicio para anunciar algo así, o simplemente porque de pronto el otro nos parece inaceptablemente dichoso, demasiado absorto en pensamientos amables que no logramos descifrar, complacido en la imponencia de un ocaso como aquel, tan nítido que a ella se le vino encima de improviso y necesitó decir algo fatal para no asfixiarse.

Pero ¿asfixiarse de qué, si llevaban tres días inmersos en algo muy parecido a la felicidad? Fue eso, se diría ella más tarde. Fue que la dicha y la belleza también ahogan. A esa hora el mar había adquirido una consistencia vaporosa, como si un ser inmaterial cobijase a las olas para descansarlas de las hostilidades del sol. El cielo, replegado sobre su propio atardecer, mostraba una reticencia cósmica a inundar con su fulgor el embarcadero, la playa, los acantilados, la casa. Desde donde se encontraban todavía era posible creer que nada había cambiado desde la última vez que estuvieron allí. Pensar que la casa en la playa aún les pertenecía, que no estaba ya carcomida por el salitre y el tiempo. Desde allí podían no recordar que ahora, a sus espaldas, se alzaban las tapias despostilladas, y que en el cobertizo de la casa dormitaba el viejo pescador que había accedido a recibirlos por unos días a cambio de una cantidad de dinero que a cualquiera habría parecido exorbitante, pero que para ellos era poca cosa a cambio de sentirse a salvo como hacía años, cuando eran niños y nada más parecía importarles.

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Medium 9788483935613

Gordo más que gordo

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Gordo más que gordo

 

Soy un enorme gordo. Sí, sí, han escuchado bien, gordo, goordo, gooordísimo. Piensen en un gordo, ¡piensen! Pues aún más, todavía más que eso. ¡Imaginen! ¿Con qué podría compararse: una papada, un balón, una ballena? ¡Si el mismo globo terráqueo no será capaz de contenerme! No me creen, y sin embargo les resulta agradable escucharme esta imputación hiperbólica porque los salvaguarda a ustedes, ¿no es cierto?, porque ¿no es verdad que se les infiltra lentamente, como se escurre el veneno, el temor de transformarse en un ser gordo?, ¿no es verdad que los aterra la presencia desmesurada, desbordante, inasible del gordo?

También en un principio yo procuraba disimularlo, cuan­do mi conversión en gordo sólo estaba en su comienzo y llegué a mentirme, haciéndome creer que no era más que un pasajero accidente. ¡Qué risa! (Ustedes ni siquiera sospechan que no existe mayor risa que la de un gordo, como ignoran nuestra sutileza, e infinidad de otras cosas.)

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Medium 9788483935477

Paseantes. Mayéutica

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Paseantes. Mayéutica

 

¿Te has fijado? / Por supuesto. ¿Y tú? / También / ¿Qué decía? / No sé / Estaba hablando / ¿Tú lo oíste? / Apenas / ¿Hablaba en español? / Es posible / ¿O en un dialecto? / No se entendía bien / Salía una voz / Una voz baja / Bastante baja / Eso me pareció / Tenía los ojos abiertos / Supongo / ¿Eran negros o marrones? / Diría que negros / ¿Y el niño? / ¿Había un niño? / Sí / ¿Estás seguro? / Casi seguro / ¿En brazos? / O en el regazo / ¿En brazos o en el regazo? / No sé / No es lo mismo / Más maternal en el regazo / Y menos cansado / Eso sí / La mujer estaba sola / Y sentada / ¿Sentada en el suelo? / Claro / Estaría borracha / No creo / ¿Por qué no? / ¿Con los ojos abiertos? / Los tendría cerrados / Los tendría semicerrados / O semiabiertos / Probablemente / ¿Y qué hay del niño? / Del niño ni idea / El niño dormía / ¿Dormía? / Estaría cansado / ¿De qué? / A saber / Los niños se cansan / ¿De qué? / De nada / De ver la calle / Pero la mujer no dormía / Estaba despierta / ¿Seguro? / Tenía los ojos abiertos / O desorbitados / Estaría ebria / O drogada / O muerta / ¡Eso no! / La habrían recogido / ¡Y con un niño en los brazos! / O en el regazo / Tirada en el suelo / En la calle / Y la gente mirando / ¡Qué apuro! / ¿Verdad? / Pero nadie la miraba / La gente se iba / Pasaba / Disimulando / No me parece / ¿La has visto tú? / ¿Cómo? / Con el niño / ¿Había un niño? / Hemos quedado en que sí / ¿O una niña? / Viene a ser la misma cosa / Supongamos que en los brazos / O en el regazo / Convengamos que era pequeño / Y que tenía los ojos negros / Quizá marrones / ¿Y la mirada? / Dijimos que dormía / Me olvidé de ese dato / Durmiendo con sus ojos negros / Con sus ojos muy negros / ¿Verdad que suelen tener los ojos de ese color? / Y no son nada feos, al contrario / Conforme / Además, ¿no sirven mejor con la luz fuerte? / Eso creo / Ellos no creen / ¿Qué sabrán del tema? / No conocen nada / Carecen de educación / No la reciben / Ni les importa / Así no se adaptarán nunca / Son otros parámetros / ¿Te parece? / Eso tengo entendido / ¡Pobrecillos! / No son tan pobres / Viven en el suelo / Por el momento / Son brutos y malos / Son sucios / Algunos vienen de lejos / O vienen de muy cerca / Demasiado cerca / ¿Tú los conoces? / Pero no saben de nada / Sin embargo hablan / Aprenden nuestro idioma / Y lo usan / Aunque también mienten / Y roban / Bien que mienten / Y que roban / De acuerdo / Son pícaros / ¡Son listos! / ¿Tú opinas que son listos? / No obstante acaban matando / Los matan / Acaban matando y los matan / Algunos se lo buscan / Algunos ya lo creo / ¿Tú consideras que se ha muerto? / No sabría decirlo / Yo, desde luego, no sabría pronunciarme / Así de pronto / Y ellos menos / Ellos creen en sus cosas / ¿Tienen supersticiones? / Lo más probable / Guardan su fe, no vayas a creer / Eso los ayuda / Siguen sus costumbres / No aprenden las nuestras / O se olvidan / ¿Olvidarán lo que no saben? / Excelente pregunta / Se les pasa todo / A veces también se ciegan / ¿Y entonces se hacen violentos? / No siempre / Algunos se quedan quietos / Otros incuban algo / ¿Qué incuban? / Parecen tranquilos / Lo hacen para engañar / De repente se vuelven ciegos / O asesinos / Se vuelven ciegos o asesinos / ¿Ella es ciega? / No he tenido esa impresión / El niño debe dormir / No cabe que sea ciego / ¿Será ciego el marido? / ¿Por qué va a serlo? / Resisten mucho / Incluso de niños / Mira a este / Quizá el padre haya muerto / Quizá fuera un criminal / O se trate de un pobre hombre / Quizá no sabe ni dónde se encuentran / Ni que tuvo un hijo / No podemos conjeturar nada / Puede que la haya abandonado / ¿A ella y al niño? / O que esté trabajando / O en la cárcel / O en ninguno de los dos sitios / O en los dos al mismo tiempo / ¿Es posible? / O expulsado / Es la ley / La cárcel es mala / Pero necesaria / En prisión se hacen más ciegos / Lógicamente / Y más brutos y asesinos y malos y cobardes y brutos y ciegos y asesinos y sucios y dejan de creer / Se desquician / Lógicamente / Y luego huelen muchísimo más / Con diferencia / ¿Así que era un asesino? / Lógicamente / O murió de otra cosa / Puede ser / Podría ser / No sabemos nada de él / No sabemos nada de ella / No sabemos el nombre del niño / No sabemos si el nombre del niño es el del padre / No sabemos si el padre será el padre / Eso / Ni por dónde anda / ¿Qué pensará ella? / ¿Dónde se habrá metido el padre? / No se lo ve / El caso es que no aparece / Andará lejos / O con otra / ¡Canalla! / O buscándose la vida / O trabajando por ahí / ¿Mientras ella espera? / Con un niño en brazos / ¿No dijiste que no sabías nada? / Apenas algún dato del periódico / ¿Traen los datos? / Y las cifras / Eso ya es algo / Los datos, las cifras, los informes, los indicios / ¿Algo más? / Imágenes, la foto ganadora de World Press, las firmas recogidas, pronósticos, declaraciones, valoraciones, intervenciones, algunos buenos textos / Es suficiente / Y aún la posición del gobierno / ¡Y de la oposición! / Discursos, comunicados de organismos para salir de la crisis / ¿Qué crisis? / Las últimas y próximas palabras recogidas por la prensa, de la prensa y para la prensa, por medio de la prensa y con la misma prensa / ¡Qué bien organizados! / Pero nunca hablan de eso / ¿Con esa lista tan larga? / Perdona, y además completa / ¿Casi nunca hablan de eso? / Pero, entonces, ¿de qué se trata? / Depende / El asunto es complejo / Muy complejo / ¿Y no crees que falta algo así como voluntad política? / Considerablemente complejo / Desde luego / No caigamos en el populismo / No contribuyamos a la confusión / A la ceremonia de la confusión / Pues claro / Nadie les prometió nada / ¿Alguien los llamó? / Vinieron porque quisieron / Haberlo pensado antes / No calculan y así pasa / Natural, pero ¿qué quieres? / No nos engañemos / ¿Tú crees que la situación es desesperada? / ¿Y tú crees que es verdaderamente una situación desesperada e inhumana? / Pero ¿tú crees que la propiedad debería tener alguna función social? / Pero ¿tú crees que somos tontos? / También es verdad / ¿Y acaso tú piensas que somos todos iguales? / ¿Perteneciendo a países, lenguas, costumbres, supersticiones, etcétera tan disímiles, procedentes de culturas desemejantes / Aun contrarias / de una diferente categoría moral, técnica y lógica? / Occidente es Occidente / Y el Norte está arriba / Vale; pero ¿a ti te gustaría estar en su pellejo? / Ahora no nos pongamos demagógicos / Es lo más fácil / Lo sabemos hacer todos / Y no va a resolver su problema / Ni el nuestro / Ciertamente / Ni nuestro interés / Nuestro legítimo interés / Nuestro legítimo interés / Nuestro legítimo interés / Me gustan los debates de altura / Y las tertulias / El dominio del lenguaje ayuda mucho / Coincido contigo / ¿Nos habrá oído el niño? / ¿Se habrá despertado? / No lo sé / ¿Ha chillado? / Ni idea / Puede que esté intranquilo / O molestando / Puede que tenga sed, aquí no hay ninguna fuente / Puede que tenga hambre / O que tenga hambre y sed / Tendrá frío / No hace frío / No hace frío, pero tendrá frío / ¿Te parece? / Ellos siempre tienen frío / No estoy tan seguro / A fin de cuentas, ¿verdad?, la madre cuida de él / Esa mujer lo acompaña / Pues no lo tranquiliza / No lo acuna como es debido / No le canta, ¿verdad? / No le canta como es debido / Llevamos aquí un rato, y no le ofrece nada ¿verdad? / ¡Es cierto! / Quizá prefiere que llore / Se diría que prefiere que llore / O que alguno les suelte dinero / Aunque sea unas moneditas / Mejor un billete / ¡Qué cómodo! / ¿Y no dicen que no les demos? / Se acostumbran / Por eso lo hace llorar / ¿Por el dinero? / Me parece probable / Claro / Yo creo que está llorando / ¿Tú lo oyes llorar? / ¿Y tú no? / ¿Lo oyes gritar? / ¿Pero tú no oyes el frío? / No te pongas así / ¿Y tú? / ¿Acaso lo oyes tú? / ¿Y tú qué oyes? / Lo mismo que tú / No me digas / El niño se está quejando / ¿Tú lo has oído? / ¿Y tú? / No se oye nada, la verdad / Ni se oye ni se ve mucho, disculpa si te corrijo / Ya se ha despertado el niño / Puede ser / Podría ser / Ven, acércame la prensa / Lee despacio /

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Medium 9788483935057

El mejor álbum progresivo de toda la historia

Iban Zaldua Editorial Páginas de Espuma ePub

El mejor álbum progresivo de toda la historia

 

Genesis

Foxtrot

Charisma, 1972.

 

Marcos y yo hicimos el viaje a Madrid sin apenas cruzar una palabra. Conduje todo el rato, porque mi hermano estaba demasiado débil hasta para eso, y llegamos más tarde de lo previsto: hacía meses que Marcos no sacaba su coche del garaje y el motor se nos ahogó más de una vez. Reconocí todos y cada uno de los álbumes con los que me castigó durante el camino, aunque llevaba años sin escucharlos: Brain Salad Surgery, Pawn Hearts, Meddle, Red, Thick as a Brick… y, desde luego, Foxtrot.

El viaje me parecía una gilipollez y, desde luego, así se lo dije a mi hermano, en una de las pocas ocasiones en las que hablamos durante el trayecto. Los dos sabíamos, en todo caso, por qué había aceptado acompañarlo: porque se estaba muriendo. De hecho, falleció tres meses después, tal y como los médicos habían previsto.

Marcos me dio el latazo durante mi toda adolescencia con sus dichosos discos de rock progresivo; puede que por eso me convirtiera en fan los Clash o los Stiff Little Fingers. Grupos que apenas pude escuchar como es debido: como él era el mayor, monopolizaba el tocadiscos y no tuve más remedio que tragarme, una y otra vez, toda aquella música y, lo que es peor, los comentarios eruditos de Marcos que solían acompañarla. Como cuando me daba la lata con el trasfondo anticapitalista de «Get’em Out By Friday», una canción del álbum Foxtrot, de Genesis: la canción, según él, criticaba la especulación inmobiliaria por medio de una historia de ciencia ficción, en la que las autoridades se las ingeniaban, genéticamente, para reducir la altura media de la población, de manera que podían construirse pisos más bajos y pequeños en los que poder dar alojamiento a un número mayor de inquilinos. Pese a los años transcurridos, cuando el reproductor del automóvil llegó a esa canción, aún fui capaz de canturrearla a la vez que Peter Gabriel: «It’s said now that people will be shorter in height, / they can fit twice as many in the same building site / they say it’s allright…».

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Medium 9788483935385

Rodajas de limón

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Rodajas de limón

 

Soy una tía seria. Mis amigos me consideran rígida. Me permito muy pocas cosas. Soy intransigente conmigo misma y con los que me rodean. Soy una tía difícil de puro estricta. Y les aseguro que intento relajarme, pero no sé por dónde empezar. ¿Qué hay que hacer para ser relajada? Si dejo las cosas fuera de su sitio –el suyo, sí, porque todas lo tienen–, sufro; si llego tarde a una cita, lo paso fatal; si incumplo una promesa, me baja la autoestima; si infrinjo mis leyes, me desprecio. Y mis leyes rigen un montón de cuestiones, desde dejar el gel de ducha bien cerrado, fregar los platos justo después de comer, llevar el coche impecable, los zapatos relucientes, las piernas depiladas, la agenda al día o tener la casa ordenada, hasta ser coherente con mis principios a cualquier precio. Y uno de mis principios es ser fiel a mi pareja.

El drama de mi vida empezó hace ahora un par de meses.

Soy abogada y nunca he perdido un caso. Sería mejor decir que nunca había perdido ninguno hasta que, hace esos dos meses de los que hablaba, comenzó mi drama.

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