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Una casa en las afueras

Valeria Correa Fiz Editorial Páginas de Espuma ePub

Una casa en las afueras

 

En febrero de 2001 encontramos exactamente lo que buscábamos: una casa de madera en las afueras de Miami con amplias ventanas junto a un canal que vertía sus aguas verdes en el Atlántico. Nos creímos afortunados. Era una casa a buen precio en un lugar apacible y lejos de la ciudad. No teníamos vecinos, excepto por los gatos. Tampoco insectos. La pintamos de amarillo, igual que el buzón de correos de lata que pusimos en la entrada, y reemplazamos todos los cristales de las ventanas: algunos estaban rotos; otros, simplemente rayados. Los sistemas eléctrico e hidráulico estaban impecables y también los pisos de madera; el trabajo de restauración fue en realidad muy poco. Yo misma pulí y barnicé los muebles de segunda mano que compramos, hice las cortinas y los visillos y bordé los almohadones. Allí vivimos unos siete meses hasta la muerte de Philip.

Mi Philip, todo sucedió tan rápido. Sin embargo, cuando pienso en ello, vuelvo a ver la precisión de los cortes, la sangre, lo correoso de la carne abierta. Todo regresa a mi memoria con espantosa pulcritud.

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Medium 9788483935996

Los puntos cardinales

Eloy Tizón Editorial Páginas de Espuma ePub

Los puntos cardinales

 

Soy un viajante de comercio taciturno. En treinta años de profesión he visto: quemarse un río, dos guerras, un eclipse parcial de luna, una rosa azul, una mano sin uñas en el borde de un sendero, como suelo decir yo qué no habré visto. Con frecuencia he pasado toda la noche a oscuras sentado frente a otro pasajero, y de repente un resplandor vivísimo incendiaba su pelo, las letras de su libro, el agua sin somnífero del vaso. En cierto sentido sé todo lo que puede saberse sobre andenes en desuso, bañeras forasteras, ese límite impreciso donde una ciudad termina y florece un moho absurdo, un cáncer de cosas, viviendas en derribo, osamentas de fachadas, un paraguas sin varillas que una mujer encinta examina y comienza a llover sobre las grúas.

Y también: poca gente sabe que debajo de las barras niqueladas los camareros conservan fotografías de algunos clientes y varias cápsulas. En moteles de paso, en cafeterías delictivas, bajo el parpadeo eléctrico de letreros luminosos, en el casillero de las llaves cuyo rótulo dice Hotel Excelsior, frente a la lámina lacustre del espejo donde el rostro con ojeras es apenas una mancha de vapor y formaldehído, son tristes las consumiciones. Tengo las piernas un tanto hinchadas. Sé que a muchos parecerá poco grato un empleo que obliga a tratar con clientes sin ilustración, dormir en almohadas sucedáneas, lucir sombrío. Soy una persona metódica; y como suelo decir, la naturaleza humana a qué no se habitúa. A pesar de la luz convaleciente y los techos medio podridos y el flan tan amarillo que me hace daño sobre manteles de goma; a pesar de las toallas empapadas y el muestrario hecho pedazos y no hay amor. Amanezco en vagones destemplados y al bajar la ventanilla la primera comida del día consiste siempre en un desayuno de niebla.

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Tu rostro en la red

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Tu rostro en la red

 

Las grandes aves sobrevuelan lentamente las lagunas, con los cuerpos equidistantes, alternando sus aleteos, como si se hiciesen señales. De vez en cuando, una parece desplomarse, pero es la trayectoria de un vuelo rapidísimo, hacia algún lugar de la orilla. El atardecer pone amarillenta la superficie del agua. Las depuradoras no han conseguido eliminar del todo el olor fétido, que los súbitos golpes de brisa intensifican o aplacan, de acuerdo con su dirección. El lugar, el mayor parque de la ciudad, tiene un aire suburbial, con las últimas construcciones de los vertederos, a la derecha, y el horizonte quebrado por los enormes edificios de apartamentos.

Ha vuelto hace apenas un año, y es como si no se hubiese ido nunca, porque imágenes como las de estas lagunas, el parque de rala vegetación, el decorado urbano del fondo, tienen la consistencia y el poder de lo que ya no puede abandonarse, y debilitan, hasta hacerlos casi increíbles, los recuerdos de otros lugares y otros parques.

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Medium 9788483935088

La convocatoria

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

La convocatoria

 

Esta mañana, muy temprano, he conocido a mi futuro hijo. Tenía los ojos pardos e incomprensiblemente vigilantes. No estoy seguro de que su mirada fuera alegre, además de sabia. Él parecía comprender su papel en aquella habitación: comprobaba nuestros movimientos con toda serenidad, recién nacido. Pero no había venido al mundo, sino que regresaba a él.

Era una vieja semilla prometida desde los años que no había visto.

Resbaló por la camilla hasta mis manos, con los miembros untados de un enigma blanquecino. Por un momento quedó suspendido en el aire, sus pequeñas axilas humedeciéndome los dedos. Fue entonces cuando me sonrió a mí, a su padre sorprendido por aquella paternidad repentina. Supe de algún modo que me hablaba y que aceptaba mi lenguaje. Lo abracé y le dije mi primera frase, esa que pronunciaré dentro de algunos años cuando haya concebido al hijo que ya tuve y aún no tengo. Conservo un tenue jirón de caricia en mi mentón barbado.

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Medium 9788483935606

La intrusa

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

La intrusa

 

Rezaste tanto que al final lo conseguiste. La intrusa se coló en tu casa dentro de una cuna y crecía con los ojos cerrados como una muerta, te quitaba a tus padres la mitad de tu cuarto menguante con sus osos burlones de felpa. Rezaste como cuando se te movía aquel diente o sentías al monstruo de debajo de la cama latir a tus pies. Rezaste para que dejara de contar con sus dedos regordetes sus años de reinado, deseando que sus zapatos nuevos se quedaran sin estrenar en el altillo. Rezaste y fue como la fiesta de cumpleaños de un hada. Rodeada de velas y vestida de novia, la pequeña impostora dejó de toser. Te miró desde muy lejos y quedaste atrapada para siempre dentro de sus ojos de cristal. Soltaste su mano, te pusiste de puntillas y soplaste uno de los cirios. La hermanita, por fin, se había convertido en muñeca.

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Medium 9788483935743

Libertad

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Libertad

 

«Usted que, según me consta, es un buen nadador, dejó que su hijo, un niño de doce años, muriera ahogado delante de sus narices –dijo el juez, que añadió–: ¿Cómo puede explicar su conducta?» «Señor Juez –replicó el acusado–, el amor a los hijos no tiene ningún mérito: está inscrito en nosotros por la Naturaleza. Todos los padres del mundo se hubieran lanzado al agua en mis circunstancias para rescatarlo. Yo no.» «Eso ya lo sabemos. Pero ¿por qué?» «Mi libertad está por encima de todo –replicó el acusado que, ante la perplejidad de los presentes, añadió–: Busco liberarme de ese imperativo que ha puesto en nosotros la Naturaleza, igual que el homosexual es más libre al romper el código de la perpetuación de la especie en sus relaciones de amor. ¿Cree ­usted, Señor Juez, que me fue sencillo dominar mis impulsos para no lanzarme al agua y rescatar al niño?».

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Medium 9788483935866

27/45...

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

27/45...

 

El día que iba a cumplir cuarenta y cinco años, anteayer como quien dice, justo un segundo antes de comenzar a soplar sobre el bosque de velitas haciendo equilibrios en el pastel de chocolate, decidí, sin ninguna premeditación anterior, porque lo premeditado según me demuestran ciertas canas es lo que peor sale siempre, decidí que los que cumplía en realidad eran veintisiete.

De manera que entonces, en ese soplido arrastrado en círculo como mandan la esposa y los niños que esperan con los regalos nerviosos a la espalda, me estaba quitando de un plumazo dieciocho años de encima: seis mil quinientos setenta días borrados de la memoria, ciento cincuenta y siete mil seiscientas ochenta horas menos en los huesos y en la úlcera, nueve millones y pico de minutos al carajo...

Envuelto en la alegría familiar de los aplausos, mientras el humo de las velas escarbaba en mis centros del olfato con un tufillo dulzón, de forma casi instantánea decidí también que en esos dieciocho años que tiraba iba a meter sin ninguna pena los siete de cárcel por actividades sindicales clandestinas hace ya tanto tiempo, los cinco de portero suplente en Tercera División en la época del bachillerato, dos de vendedor ambulante de enciclopedias, y los cuatro primeros de existencia, que han devenido con el tiempo en una espesa niebla donde aún habitan con descaro algunos fantasmas junto al recuerdo de aquella mi firme respuesta de entonces, «astronauta», a la consabida y sempiterna pregunta de ¿tú qué quieres ser de mayor?

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Medium 9788483935514

Criptonita

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Criptonita

 

 

Hay ciertas cosas que sólo ocultamos para mostrarlas

Montaigne

 

 

Hace unos años compré por internet un fragmento de criptonita. Antes de que ocurriera lo de mi gato Carygrant, aquella piedra supuestamente llegada de Kripton ocupaba siempre el mismo lugar en mi cajón de las bragas y podía verla nada más abrirlo, pegada a la esquina izquierda, ahí, justo encima del sobre de papel de estraza donde tengo por costumbre meter cada sábado la paga semanal del súper. A veces, sobre todo si había tenido un día especialmente atroz en el trabajo, me gustaba entrar en mi dormitorio, pararme ante el espejo de la cómoda con la blusa del uniforme medio desabrochada, abrir el cajón y buscarla a tientas. Me gustaba sentir su frío mineral entre los dedos, rozarme con ella el lóbulo de las orejas y la garganta, mientras el pobre Carygrant, tumbado sobre la cama, espiaba mi reflejo en el estaño carcomido, igual que un esposo paciente.

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Medium 9788483935637

FELICIDAD_LSR_D

Antonio Ortuño Editorial Páginas de Espuma ePub

Felicidad

 

«Conocí a la mujer de mi vida antes de que nacieras. Tu hermano era pequeño entonces». Eso dijo mi padre. Contuvo sin garbo la tos y engulló la saliva que obstruía su gañote. «Apenas cruzamos palabra el primer día. Pero nos encariñamos luego hasta el punto de enfermarnos si nos alejábamos».

«¿Y qué sucedió?», pregunté con más compasión que interés, acomodándole la cabeza en los almohadones y ayudándolo a enderezarse en el lecho hospitalario. «Tu madre lo notó enseguida y me desanimó. «La gente con hijos no debe divorciarse», me dijo. «Tenía razón. Las felicidades se baten a duelo y una de ellas debe morir. En mi caso, el matrimonio y la paternidad aniquilaron la felicidad que ofrecía la mujer de mi vida: le hice caso a tu madre y nunca volví a verla».

Dijo esto y se abandonó a la inconsciencia. Estaba pálido y mal rasurado. Me aseguré de que el suero fluyera a sus arterias y el oxígeno a sus pulmones y salí de la habitación. No me enamoran los hospitales. Tampoco acostumbro dedicar pensamientos a palabras como felicidad.

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Medium 9788483936016

Entre mensajes

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Entre mensajes

 

 

 

Del mismo modo que las relaciones de poder producen formas estéticas, a la inversa, las expresiones culturales constituyen modos de ver, de hacer visible, de representar, de simbolizar poder o contrapoder. Todo acto estético, en tanto que configuración de la experiencia, por su potencialidad de producir modos de ver, de sentir, de existir, es, por tanto, político.

Rogelio López Cuenca

 

 

 

Uno no puede ver que no puede ver lo que no puede ver.
Miguel Cereceda

 

 

 

Un padre muy responsable vuelve a su casa a las ocho y media, después de atender responsablemente sus asuntos de empleado en su empresa,

salgo a las ocho y media del trabajo a las ocho y media salgo del trabajo qué horas son estas

y sin haberse concedido siquiera un rato para tomarse ni siquiera una cerveza, con sus compañeros –amigos– del trabajo.

salgo a las ocho y media del trabajo sin tomarme siquiera una cerveza tengo derecho creo yo

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Medium 9788483935361

Galatea en Brighton

Ignacio Padilla Editorial Páginas de Espuma ePub

Galatea en Brighton

 

Me tomó algunos meses comprender que Sibhoan Kearney era el nombre irremediable de por lo menos dos mujeres distintas. Y cuando al fin pude apreciar las dimensiones de esa triste homonimia, era ya tan tarde que mejor hubiera sido no saberlo. Con frecuencia me pregunto por cuánto tiempo oí a mis padres citar aquel nombre antes de que este comenzara a quitarme el sueño. Nunca es fácil decidir en qué momento preciso una mención fortuita o un rostro cualquiera pasaron a formar parte de nuestro insomnio. Legiones de rasgos y palabras impactan cada día nuestros sentidos sin granjearse por ello un espacio en nuestra mente. Acaso intercambiamos miradas con un desconocido, leemos con alivio las esquelas de una funeraria o cedemos nuestro sitio en el tranvía a una joven hermosa que sin embargo olvidaremos enseguida. Los borramos para defendernos de la memoria pura. Los ignoramos porque no queremos que todos sean alguien para nosotros. O quizá también porque nos aterra la idea de ser alguien para todos. Los olvidamos, en fin, porque en el fondo sabemos que también el anonimato puede ser un deseo velado de la existencia.

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Medium 9788483935293

La mujer inolvidable

Isabel González Editorial Páginas de Espuma ePub

La mujer inolvidable

 

Nora quería ser inolvidable. Pero no como esa tapia apuntalada que rodea el parque. Las enredaderas han cubierto las vigas y forman un túnel bajo el que juegan los niños y procrean las ardillas. Si ahora arreglaran el muro y retiraran los puntales la gente se quejaría. Hace veinte años, la pared se combaba, llegaron unos hombres y colocaron esos postes provisionales. Hicieron demasiado bien su trabajo. Erradicaron la posibilidad de hacerlo bien del todo.

Se te rompe un tacón en la fiesta donde se encuentra el amor de tu vida:

A. Te las piras.

B. Tratas de caminar con normalidad.

C. Te quitas los dos zapatos.

Nora rellenaba cientos de tests de este tipo. Tan estúpidos que una opción eliminaba el resto. Ella se habría quitado los dos zapatos y habría caminado con normalidad hasta el amor de su vida para convencerle de que se las pirara con ella. Así lo hizo en cuanto tuvo la oportunidad. En cuanto cumplió los trece. Incrustó el tacón de sus sandalias entre las bisagras de una puerta, la cerró de golpe y caminó descalza hasta Octavio.

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Medium 9788483935866

Una conversación con Hipólito G. Navarro

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Una conversación
con Hipólito G. Navarro

 

La preparación de esta antología y el diálogo que hemos ido manteniendo sobre ella me han convencido de la profunda relación que existe entre la personalidad del autor y su obra. Impresiona la sinceridad con la que Hipólito G. Navarro descubre su vida en esta entrevista. Impresiona también la dureza de los acontecimientos que ha soportado. Se descubre entonces que el dolor, la violencia, el ansia, la venganza de los cuentos... están ahí, en las entretelas de su biografía. Y viceversa. Por eso mismo, su sentido del humor, la delicadeza, la capacidad de afecto que se muestran en ellos resultan más brillantes y admirables. Sus palabras dan muchas claves de su obra. Creo que todo ello justifica que se publique esta conversación: animará al lector a que relea algunos cuentos y alcance una visión más profunda de los mismos; enriquecerá su expectativa y abrirá su sensibilidad al disfrute de una gran creación literaria.

 

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Volver

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Volver

 

No sabíamos que la vida es una calle que se cruza deprisa para llegar al otro lado. Volvemos a casa una y otra vez. Nos acordamos del anillo antiguo de mamá y del espejo del vestidor que sabía engullirnos a los tres, de un solo bocado.

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El monstruo de la laguna verde

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

El monstruo de la laguna verde

 

 

Comenzó con un grano. Me lo reventé, pero al otro día tenía tres. Como no soporto los granos me los reventé también, pero al día siguiente ya eran diez. Y así continué mi labor de autodestrucción. En una semana mi cara era una cordillera de granos, pequeñas montañas nevadas de pus, minúsculos volcanes en podrida erupción. Los granos de los párpados no me dejaban ver y los que tenía dentro de la nariz me dolían al respirar. Pero seguí reventándolos con minuciosa obsesión. No me di cuenta de que me habían saltado a los dedos y a las palmas de las manos hasta que sentí ese dolor penetrante en las yemas. La infección se había esparcido por todo mi cuerpo y los granos crecían como hongos por mi espalda, las ingles y mi pubis. Si cerraba los brazos se reventaban los granos de mis axilas. Un día no pude más. Me miré al espejo por última vez y dejé sobre la mesa del comedor mi carné de identidad. Después me perdí en la laguna.

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