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Quiero ser Salinger

Miguel Ángel Muñoz Editorial Páginas de Espuma ePub

Quiero ser Salinger

 

Así, como lo oyen, escritor pero Salinger. Nacer en cualquier sitio, Almería por ejemplo, conservar de mi época como objetor un retrato que legar al futuro –lo reconozco: quedan mucho mejor esas fotos de servicio militar, rostros jóvenes y desafiantes, cabezas rapadas–. O sea, escritor pero Salinger, decía, ser capaz de escribir una obra maestra, pongamos por caso un título cualquiera, Amores impecables, ese u otro, pero obra maestra, cuidado, romper al primer intento el centro de la diana, y luego diluirme en un par de libros añadidos y retirarme no a una granja, en África o Connecticut, pero sí a un cortijo en la sierra de María, a lo lejos, que quede claro, lejos de urbanizaciones para ingleses ricos decoradas con campos de golf, vivir dentro de la espesura y acogido por un silencio invencible, o mejor, se me ocurre otro lugar, recluirme en una casa de peones camineros, a la sombra de la ventolera levantada por una central eólica cercana. Lugares así, que nadie conozca, y de vez en cuando bajar a Almería y pasear por el centro con mi gorra de béisbol y mis tenis Paredes, sucios y desgastados, y agredir a algún periodista avezado que quiera captar mi imagen. Gestos así, pero Salinger, es decir, insociable e inhumano, pero maestro; esparcir hijos secretos por este mundo trágico, fomentar un carácter indócil, recibir con insultos una biografía entrometida de alguno de esos hijos a los que no quiero ver ni en mis frecuentes pesadillas, se me ocurren mil cosas, amenazar con el crimen a quien me siga, recibir los cheques de mi editor a través de doce apóstoles interpuestos que no saben a quién sirven de correos. Escaramuzas, estrategias, existen infinitas formas de esconderse. Perpetuarme como una leyenda y dejarme barba de profeta y no reemplazar los dientes caídos. Disfrutar con las puestas de sol y reafirmarme en que el mundo, esté yo en él o no, no tiene solución. Reírme a carcajada limpia cuando a finales de año hablen en la radio de los favoritos para el premio Nobel y nunca me mencionen, como si fuese no un fantasma, sino un muerto. Estar aquí pero formar parte del sueño. Ya saben, ser escritor, pero Salinger. Y entonces, cuando yo decida, morirme.

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Medium 9788483935613

Cantar de noche

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Cantar de noche

 

 

 

A Viviana

 

 

 

Si fue porque el viento hizo girar los goznes, o porque aulló en lo alto de la sierra una alimaña, o porque, independientemente del frío o de los misterios de la noche, la conciencia, aun en el postrer momento, puede conocer qué le conviene; sabemos que el 28 de octubre de 1233, con seguridad entre las doce y la una, habiendo rezado completas, Jaime de Luján o de Solán, que en esto no coinciden las fuentes, se despertó sobresaltado, con los ojos abiertos, de rodillas y sudando como un pecador a los pies de su lecho. Conturbado, mas que temeroso, de que, encontrándose enfermo y recibiendo los cuidados intensivos de sus hermanos, impedido de hacer cualquier movimien­to, se hallara en aquella situación; lo invadió una sú­bita vergüenza y dirigió su mirada al Cristo que presidía la pared de su celda: un cuerpo tieso, con los brazos apenas flexionados y los ojos grandes y calmos, ajenos al suplicio, que lo invitaban silenciosamente a contemplar. Era un viejo icono de Oriente, recibido como obsequio de misacantano el día en que se despojó de cuanto llamaba suyo para entregarse al claustro, al tañido de la campana, a los rezos y al trabajo en la tierra hostil, renuente a sus frutos. Sin osar moverse, conteniendo su asombro, remiraba la figura ejercitándose en la disciplina, en el refreno de la curiosidad.

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Medium 9788483935149

Monólogo de Napoleón

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

Monólogo de Napoleón

 

Duermo a menudo en hoteles, o mejor dicho no duermo. Unos meses atrás, me gustaría recordar exactamente cuándo, en recepción me ofrecieron una pluma de oro para estampar mi firma y, si tenía yo la gentileza, anotar una frase, un saludo, cualquier cosa. Empuñé la pluma con cierta parsimonia, dándome aires, no tanto por verdadera presunción como porque, sinceramente, no se me ocurría nada, tenía sueño, duermo mal, y trataba de ganar tiempo. Los recepcionistas percibieron mi incomodidad y se deslizaron con discreción para dejarme solo frente al libro de visitas. Yo aproveché la circunstancia para hojear las dedicatorias anteriores e inspirarme un poco. Así fue como, en la última página, encontré la siguiente nota:

«Escándalo en el bar. Una copa de brandy a ese precio, aunque se trate de un Napoleón Gran Reserva, es una estafa. La mezquindad también se paga. Y, tarde o temprano, es mal negocio. Atentamente, N. N.».

Me extrañó que semejante protesta figurase en el libro de visitas y no en el de reclamaciones. Quizás el individuo que la firmaba había decidido, en venganza, dejarla a la vista de las personalidades que pasaran por el hotel. Lo cierto es que aquella nota me ofuscó un poco, no sé muy bien por qué, y me impidió concentrarme en lo que debía escribir. Después de varios minutos de inútil espera, me limité a estampar mi autógrafo con mi nombre debajo en letras mayúsculas. Cerré el libro, les sonreí a los recepcionistas, llamé a mi escolta y me retiré a mi habitación.

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Medium 9788483935620

Aberraciones

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Aberraciones

 

Uno de los fracasos más estrepitosos de la multinacional BioLabs Corporation –después de la creación años atrás del oso polar de color pardo, o de la serpiente con orejas de elefante, que como una pesada mariposa de carne no podía despegarse del suelo– fue sin duda el proyecto del megatauro.

Concebido como un animal de guerra, el megatauro estaba dotado de un esqueleto de adamantio, oculto bajo una tonelada de músculo. Sus brazos podían volcar los más pesados carros de combate, su pecho era una coraza de ligamentos, su cuello un bastión inexpugnable. Sin embargo, cuando la torre de carne apenas llevaba unos meses en el ejército, la casualidad quiso que fuese descubierto su punto más débil. Bastaba recitar algún verso dirigido a la luna, como La luna vino a la fragua con su polisón de nardos, o Luna refulgente, antorcha de la noche, o ¿Qué haces luna, en el cielo? ¿Qué haces silenciosa luna?, para atravesar aquellas capas y más capas de tendones; el poema tocaba al instante su tierno corazón, y la bestia quedaba ovillada en el suelo deshaciéndose en sollozos.

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Medium 9788483935965

¿Cuánto tiempo pueden pasar sin besarse frente a un café?

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

¿Cuánto tiempo pueden pasar
sin besarse frente a un café?

 

Él lo sabe y por eso calla.

Ella lo sabe y por eso habla.

Él bebe y se fabrica una mancha en los labios que a ella le molesta. Pero ella no va a señalarla. Ella no va a pronunciar labios porque labios es más silencio que el silencio. Ella se alía con el ruido. Mucho ruido. Las cucharillas contra la loza, las tragaperras, la televisión. Un cliente abre la puerta y el aire destruye los peinados. Ella sigue hablando, come pelo. Él se aburre, bosteza. Qué interés puede tener la conversación frente a un café del que apenas queda un sorbo. El hombre lo apura y perfila consciente la mancha de su boca. Algo oscuro que ella debería limpiar con saliva. La saliva acude. Pero ella no. Ella resiste. Ella bebe despacio y se desliza inexorable hacia el momento de sus propios labios sin café ni meta. Su boca vacía. Las tazas vacías. La mancha que se aproxima y la convulsión. Porque no es pigmento. Porque vista de cerca, la mancha también es hueca. Negra de tan vacía, de tan profunda. En un acto de legítima defensa, la mujer congrega todas las palabras en su mandíbula y las arroja al abismo. Palabras sólidas como piedras: trabajo, esposo, reloj, hijos, religión, padre. El beso aplastado en lo hondo alimenta las tinieblas. Dos fantasmas piden la cuenta.

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Medium 9788483935385

El rodeo

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

El rodeo

 

La tía de Ename, Marilyn, una mujer resoluta, al parecer de carácter fuerte y de ideas drásticas, había pasado, por culpa de la ley que sin excepción lastra la mentira, los peores momentos de su vida. A Ename se lo había contado su padre, una de esas tardes que pasaban juntos en el sofá, delante del televisor encendido pero sin volumen, delante de algunos botellines de cerveza, delante de un cenicero siempre lleno de colillas, delante de un espejo en el que, si les hubiese interesado, habrían podido observarse como si fueran verdaderos extraños.

La tía Marilyn tenía tres hermanos: Sean –padre de Ename–, Montgomery y Cliff. La tía Marilyn se había ido del pueblo, al igual que Sean y Montgomery. Vivían los tres en un minúsculo apartamento de la ciudad más sucia del país. Allí había ido a visitarlos Cliff, el más joven de los cuatro, sobre todo con la intención de concursar en la Feria de Ganado más prestigiosa que se organizaba a lo largo de todo el año. Por un desgraciado accidente ocurrido en uno de aquellos estúpidos rodeos en los que solía participar, Cliff murió pocos minutos después de sufrir una espectacular caída. Cliff era el preferido de su madre, por ser el menor quizás, el que aún vivía en el pueblo, en la casa materna, el que jamás se había negado a peinarse y a ponerse un traje cualquier domingo para acompañarla a misa o al cementerio, a limpiar la tumba del marido, quién sabe.

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Medium 9788483935750

Las palabras del mundo

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Las palabras del mundo

 

La gente malévola de la facultad asegura que, salvo la ayudante Celina Vallejo, ninguno de los miembros del departamento al que pertenecía el profesor Souto manifestó signo alguno de pesar cuando se produjo su desaparición. Los más maliciosos señalan también que la pesadumbre de la ayudante Vallejo no se debió tanto a un sentimiento amistoso –o amoroso– como al hecho de que el desaparecido fuese director de su tesis doctoral, que quedaba así huérfana de tutela en el presente y de valimiento en el futuro. Mas lo cierto es que Celina Vallejo se mostró abatida durante bastante tiempo.

También es verdad que su interés en el extraño asunto pareció extinguirse de repente, y que tal cambio de actitud había coincidido con la decisión del catedrático, don José Dodero, de asumir la dirección de la tesis interrumpida. Pero durante las semanas que sucedieron a la desaparición del profesor Souto, la ayudante Vallejo realizó numerosas gestiones, con el fin de conocer en lo posible los extremos del suceso; se desplazó a la costa de Finisterre, por su cuenta, para entrevistarse con el comandante del destacamento de la Guardia Civil que redactara el atestado, y hasta logró recuperar el cuadernillo en que figuran los postreros testimonios del presunto suicida.

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Medium 9788483935248

Más allá del estanque

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Más allá del estanque

 

Entró en el parque bajo el sol pálido, sin sentir ni su calor ni el frío del aire invernal. Todavía tenía mucha confusión en la memoria: el accidente de la carretera, el viaje en la ambulancia entre la estridencia de la sirena, aquella luz poderosa sobre sus ojos, su cuerpo tumbado boca arriba, mientras lo rodeaban unas figuras cubiertas de blanco.

El regreso a la ciudad había tenido el inconveniente del choque y todo lo que vino después, pero no dejaba de inquietarlo su preocupación central de aquellos días: el temor al despido, a que aquel viaje fuese el último en el que representaba a la empresa, a que en su vuelta a la sede le diesen el documento que significaría el final abrupto de su actividad laboral.

El trabajo de los facultativos terminó pronto, aunque su memoria confusa no era capaz de reconstruir lo sucedido desde que abandonó la estancia bajo la luz intensa, mientras su cuerpo se mantenía tumbado en aquella camilla que alguien empujaba, y el momento, acaso varios días después, en el que se encontró ante la puerta del parque, un lugar que había frecuentado en tantas ocasiones desde niño, donde por primera vez había patinado, y montado en bicicleta, y alimentado con migas del bocadillo a las enormes carpas del estanque.

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Medium 9788483935453

Tristemente la comedia

Ignacio Padilla Editorial Páginas de Espuma ePub

Tristemente la comedia

 

Uno piensa, vacila, se refleja cualquier noche en la luna de su camerino o en la vidriera de un bar, y acaba por reconocer que las certezas que lo sustentaban se han desmoronado. Uno baja ya la guardia ante aquello que hasta hace nada creía sólo un discreto malestar de la edad, un mero presagio, y asume que su existencia no le pertenece más, o peor, que nunca le perteneció del todo. Cuando se queda solo en el antiguo teatro de sus glorias y repasa los signos que ha ido cosechando en estos meses, reconoce la dolorosa progresión de la verdad, la evidencia al fin notoria de que su vida en el teatro ha sido robada, rehecha y finalmente impostada por alguien más diestro o sencillamente más vivo que él. ¿Por qué no lo vio venir? ¿Cómo no se preparó para encajar con dignidad su debacle según se acumulaban en su cuerpo y en su rutina los datos, los destellos que anunciaban la catástrofe? Le molesta reconocer la fragilidad del espejismo en el que ha vivido. Le saca de quicio ese aluvión de cristales rotos, ese trabuco de claridad que sólo para él ha sido estridente, pero que apenas habrá sido un crujido entre su público: esa hueste ingrata que ha aplaudido cada vez con menos entusiasmo, menguando en cada función hasta que han sido menos los rostros ávidos que las butacas vacías. De repente los espectadores y hasta sus colegas comenzaron a parecerle también difusos, algo así como bocetos en una larga comedia donde ahora él mismo tendría que resignarse a desempeñar sólo papeles marginales, diálogos que en cualquier caso se le anudan ya en el diafragma o en esa garganta que va cediendo al carraspeo y la afonía. Antes, cuando podía ser Ricardo III o el tío Vania, llegó a pensar que sus palabras y sus voces de ficción le pertenecían. En cambio hoy siente que su propia voz se le escapa. De improviso se le han ido las frases para ordenar la cena o para inquirir por un libro o un disco, y la memoria comienza a llenársele de huecos. Es como si su propio espíritu se hubiese largado para siempre con el alma de sus personajes más entrañables a cuestas, como si se desvaneciesen todos al caer sucesivo de máscaras empolvadas y maquillajes que de tan usados se han ido deslavando hasta exponer el vacío, el pasmo de un ser vaporizado aunque reacio todavía a disolverse y a ceder paso al usurpador, a ese joven en quien no puede no reconocer la imagen mejorada de sí mismo robándole a su público.

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Medium 9788483935415

Amor exprimido

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Amor exprimido

 

Mientras la acariciaba y le decía dulces palabras al oído mi novia se iba licuando entre mis brazos como un zumo. Entonces, siguiendo el manual de instrucciones de un poeta, la bebí sorbo a sorbo toda entera. Luego me tomé un par de tabletas de Alka Seltzer, por si acaso.

 

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Medium 9788483935255

El verdadero padre

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

El verdadero padre

 

El padre de mi amiga S. siguió por la calle a una mujer que había juzgado hermosa sin verle más que la espalda. Le dio alcance en una esquina, la miró a los ojos con descaro y descubrió que no era otra que la mismísima S. No le fue fácil disimular su turbación, pero al rato padre e hija tomaban un helado a pocos metros del lugar y, muy sonriente, él le contaba que la había visto desde lejos y por eso había corrido así tras ella. Mi amiga S. lo escuchaba crédula –ni remotamente imaginaba otro motivo para que su padre caminase a sus espaldas– cuando él empezó a palidecer, cayó su helado de golpe al suelo y hubo que reclamar un médico a los gritos. «Papá, ¿estás bien?», inquiría S.; pero un solo pensamiento constelaba la cabeza del hombre: «No es posible que no haya reconocido a mi hija, ¿y si es otro el verdadero padre?».

 

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Medium 9788483935743

¡Pobre diablo!

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

¡Pobre diablo!

 

Su vida había sido una acumulación de frustraciones. En el colegio había sido el hazmerreír de profesores y alumnos, en la mili sus mandos lo habían humillado, en la empresa sus superiores lo habían ninguneado, sus iguales menospreciado y ahora, que ya estaba en el Infierno, el Diablo ni siquiera le consideraba digno de un buen castigo.

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Medium 9788483935774

El último año de Benigno

Pablo Andrés Escapa Editorial Páginas de Espuma ePub

El último año de Benigno

 

La otra noche estuvimos hablando el juez y yo de los viejos tiempos. Salimos a sentarnos al jardín, que convocaba rumores secretos y nombres antiguos y estrellas fugaces. En la oscuridad de la hierba apareció de pronto un rectángulo de luz. Desde el piso superior de la casa nos llegó la voz de Encarnita, que iniciaba una canción lejana. A ratos nos quedábamos en silencio para oír la música. Cuando la voz callaba, volvían los rumores de las hojas, y una caricia de tibios peines sobre el pelo.

La otra noche, en el jardín del juez, maduraban entre pájaros silenciosos las manzanas. Y nosotros recitábamos nombres —Ovidio Fontán, Laureano, Rolenda la molinera, Hiparino Olalla—; nombres que giraban sobre los tejados confundidos con una lenta canción.

—Suena bien, ¿eh, juez? —le dije.

El juez asintió en silencio. Luego estiró las piernas y cruzó los pies al borde mismo del rectángulo de hierba luminosa. Podían vérsele los cordones en el reflejo.

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Medium 9788483935743

La soledad

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La soledad

 

Una serpiente mordió al Presidente en su rancho de Texas. El Presidente no abría los ojos ni hablaba, a lo sumo hacía leves muecas. Aquel insólito estado pareció a los médicos propio de un hechizo. Pasaron cien años y el Presidente despertó. Nadie que lo hubiera conocido vivía ya, salvo un anciano del Cáucaso que residía en una de las varias repúblicas ex soviéticas, tan desgraciadas durante el comunismo. El Presidente pidió que le llevaran hasta él. El anciano creyó recordar que siendo niño lo había visto en persona, aunque de muy lejos, durante una visita a su país. El Presidente se abrazó a él y lloró. Había dejado de sentirse solo en el mundo.

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Medium 9788483935477

Empezar pronto

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Empezar pronto

 

Aquí tenemos el problema de las mujeres. Que son muchas, quiero decir. Cuando digo muchas, en realidad me refiero a muchísimas. En este momento, la proporción quizá sea de novecientas a uno. O más.

No es divertido, como tal vez estén pensando los hombres. No es divertido, siempre. Novecientas a uno significa que si descontamos a... y excluimos a..., tocamos... No son así las cosas. Las mujeres no tocan a tanto, como si fueran obsequios. Pero no es mérito nuestro pensar así. No es mérito nuestro.

Habrán oído hablar de La Ley. No me refiero a otra que a la de la oferta y la demanda. Significa, en pocas palabras, que cuando abunda un producto, los compradores esperan a que los vendedores se fastidien unos a otros obligándose a abaratarlo antes de comprar. Y, en cambio, si se solicita mucho, los que venden suben su precio para forzar a los consumidores a pagar más por lo mismo. Es la ley de los pícaros. Rige nuestro mercado, y nuestra vida en gran parte. También nuestra vida. Según dicen, la búsqueda de beneficio de los que participan en él es lo único de lo que podemos estar completamente seguros.

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