2270 capítulos
  Título Autor Editor Formato Precio Mezcla
Medium 9788483935965

La maraña

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

La maraña

 

La mujer sueña un cuento. Un buen cuento. Y al día siguiente, mientras se peina, descubre un nudo. Cepillo en mano ataca al impertinente. Desde entonces, todas las noches, la mujer sueña historias que le enmarañan el pelo. Y con cada sueño, el color del cabello cambia: un cuento de terror, un nudo oscuro. Leyendas tristes, enredos canos. Los cuentos infantiles, lacitos de oro. Con cada asesinato, un desenlace rojo. Cuentos que se anudan a su cabeza como una buena trama.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935132

El género literario

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

El género literario

 

A todos los cuentistas

 

Encogido de ánimo, el narrador breve penetra en el extenso despacho. Al avanzar divisa una cabeza de antílope disecada, varias fotos enmarcadas en las que se repite un señor calvo con un puro, una inmensa papelera y, detrás del escritorio, reclinado en un sillón, un señor calvo idéntico al de las fotos que lo observa en silencio.

–Buenos días, señor, es un placer.

–Buenas tardes.

–Venía, en fin, ya se lo habrán dicho, creo, por lo de mi libro. He telefoneado unas cuantas veces y, como nunca lo encontraba, finalmente me pareció...

–Le escucho.

–Bueno, pues que venía por lo de mi libro.

–Ajá. Comprendo.

El señor calvo, mordiendo un puro, estira un brazo para alcanzar la papelera. El narrador dice:

–Verá usted, señor, si me lo permitiera, antes de que me, usted, en fin, quisiera...

–Faltaría más. Siéntese.

–Muchas gracias.

–De modo que su libro es uno que...

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935736

La tostadora

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

La tostadora

 

Es una mañana estupenda de primavera y vamos a desayunar en la terraza. Mientras mi mujer prepara el café llevo allí la fruta, las mermeladas, la miel, las tazas. Sobre la mesa, ya conectada al enchufe eléctrico, encuentro una tostadora nueva, sin duda una sorpresa de mi mujer, pues la antigua, muy vieja, estaba sin control y quemaba siempre el pan. Esta es oblonga, toda ella redondeada, brillante, con una forma aerodinámica, un diseño muy moderno, sin ángulos. Pero enseguida me pregunto por dónde se meterá el pan, pues no presenta ninguna abertura en la parte superior. Al fin veo, en el extremo opuesto al cable de conexión, un espacio horizontal, alargado, transparente. Imagino que es una bandeja, pero no soy capaz de extraerla, y mientras lo intento descubro en el interior algo que me impresiona desagradablemente, unos bichos vivos, de cabezas blanquecinas y extraños miembros prensiles. Doy voces a mi mujer y llega corriendo. Yo no he puesto eso ahí, responde, mirando a los bichos con la misma repugnancia que yo. De repente, el cable que conecta la supuesta tostadora a la corriente se suelta y se retrae dentro del artefacto, que recorre la mesa, salta al aire, queda suspendido unos instantes y sale luego volando con rapidez hasta perderse en el cielo lleno de luz. El incidente nos ha inquietado mucho: a mi mujer le vibran con pavor las antenas y yo siento que se me han erizado los pelos del abdomen y que me tiemblan todas las patas.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935354

Idiosincrasia (Interludio autoficcional)

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

Idiosincrasia (Interludio autoficcional)

 

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935620

Historias cruzadas III/b

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Historias cruzadas III/b

 

A finales del año 1519 de nuestro calendario, un ingeniero del invicto emperador Moctezuma dispara contra una papaya colocada sobre la cabeza de su propio hijo, con el fin de demostrar la efectividad de su nuevo invento: un arma de fuego.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935279

Número cincuenta y cinco

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Número cincuenta y cinco

 

Hacía tiempo que no visitaba una oficina de correos. Tuvo incluso que preguntar si había alguna en el barrio y dónde estaba. No veía la razón por la que no pudiera mandarse todo por mail. Qué antigua resultaba la Administración.

Preparó el sobre con el formulario pertinente, adjuntó una nota de puño y letra y salió de casa con el tiempo justo de realizar las dos o tres gestiones para las que se había guardado la mañana.

Hacía calor. Bajó a la calle con una chaqueta ligera, primaveral, y al cabo de una manzana y media la llevaba bajo el brazo y el brazo bajo un sol ardiente que pudo contribuir a encender o incendiar su enconado ánimo.

La oficina era una planta baja separada de la calle por tan sólo una doble puerta de vidrio. Imperaba el tono amarillo. Nada más entrar vio un aparato electrónico que dispensaba turnos. Sin reparar demasiado en él, apretó un botón y vio aparecer un tique. Número cincuenta y cinco. Iban por el cincuenta y uno. Quedó un lugar libre en un banco en el que estaban sentadas varias personas. Todas atentas al panel luminoso que iba avisando de la ventanilla a la que debía dirigirse cada cual.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935071

La vida en obras

Alberto Marcos Editorial Páginas de Espuma ePub

La vida en obras

 

–Llevo más de un año viviendo en la oscuridad –dice Fernando a nadie en concreto.

–Seis meses –corrige su novia.

–Da igual.

Fernando, de pie, en medio del cuarto de estar, mira su reloj de pulsera y sabe que ha salido el sol hace una media hora. Pero su luz apenas alcanza el piso («todo exterior», decía el anuncio) que comparte. Hace seis meses comenzaron las obras para la rehabilitación de la fachada del edificio. Se levantaron unos andamios que quedaron adheridos al ladrillo como musgo. Después los cubrieron con una lona gigantesca que hace las veces de anuncio publicitario. A menudo, Fernando piensa que si una mano gigantesca quitara la lona en cualquier momento del día, miles de albañiles afanosos quedarían expuestos como hormiguitas en un terrario.

Una sombra blanca camina por la fachada y cruza la ventana del cuarto de estar tarareando una bachata:

«Si igual amor no puede haber...».

Marta abraza por detrás a Fernando y le acaricia con los labios el lóbulo de su oreja:

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935545

No hay que hablar con extraños

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

No hay que hablar con extraños

 

 

Así me decía siempre mamá, pero Agustín no era un extraño porque todos los días me ofrecía caramelos a la salida del colegio. Además, cada vez que me llevaba a su taller me regalaba muñecas. Muy bueno era Agustín, me hacía cariñitos.

Mamá me contaba historias bien feas de niñas que se perdían porque se las robaban las gitanas o el hombre de la bolsa. Yo sabía que las gitanas se llevaban a las niñas para obligarlas a vender flores, pero nunca supe qué te hacía el hombre de la bolsa. Con Agustín yo juego a que me toca y yo lo toco, y siempre gano pues al final no se puede aguantar. Mamá es una miedosa porque dice que si hablo con extraños seguro que no me vuelve a ver.

En el taller de Agustín hay muchas cosas que cortan y queman y pinchan. También tiene un avión desarmado que un día servirá para volar e irnos de viaje. Por eso me puso el pañuelo mágico en la nariz, porque los aviones marean y tengo que acostumbrarme. Después ya no me acuerdo de nada: una colonia bien fuerte, un sueño como regresando de la playa y muchas cosas que cortan y queman y pinchan.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935736

Nicolasito

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Nicolasito

 

Don Diego está pintando. Muy cerca de él, los armazones revestidos con la ropa de los Reyes reflejan en el espejo del fondo unos cuerpos descabezados. He venido a su lado y, después de mirar cómo pinta, tan absorto, me vuelvo para hacerles burlas a todos. Unos ponen cara de risa, como la infanta Margarita, y otros de reproche, como Maribárbola. De repente llega del fondo la voz de don José Nieto: Nicolasito, compostura, y le descubro en el vano de la puerta. Don Diego ha dejado de pintar y, al encontrarme a su lado, me habla con severidad. Vuelve ahora mismo a tu sitio, ordena. Pero en mi sitio se ha tumbado la perra Laciana. Voy a darle una patada, para echarla, cuando don Diego me dice que me quede con el pie sobre ella y los brazos alzados. Ganas de fastidiar.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935750

Cuentos de los días raros

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Cuentos de los días raros

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935415

Estupor

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Estupor

 

De unos años a esta parte los autorretratos de Van Gogh, artista que, según es sabido, no vendió un solo cuadro en su vida, están sufriendo una extraña alteración. El trazo de pintura se desvanece o se deforma casi siempre en la misma zona de los lienzos. Los expertos discuten, pues no son capaces de encontrar diferencias apreciables en la composición química de los colores empleados. No, desde luego, que expliquen esa deformación paulatina de las cejas del pintor alzándose en una mueca que va mucho más allá de una expresión de perplejidad.

 

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935965

Ilusión

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Ilusión

 

Confundo el principio de una tarde con el principio de un cuerpo. La cerveza derramada sobre la mesa con la yema de tus dedos. Tú eras el hombre que amaba las cinturas estrechas y yo era la mujer que amaba los hombres melenudos. Yo tuve la cintura estrecha. Tú tenías cabello a mediados de los ochenta. La ilusión que nos brindamos nos basta. Somos una mujer gorda y un hombre calvo al principio de otros cuerpos.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935217

Tarpanes

Pablo Andrés Escapa Editorial Páginas de Espuma ePub

Tarpanes

 

Digamos que la inmensa noche tendida sobre Asia nos conmovía. Junto al resplandor de la hoguera, como un humo más camino del cielo, se alzó la voz lenta del señor Hagenbeck. Y parecieron sus palabras una salmodia que arrastrara a los astros sobre el fuego para enredarlos en un raro parlamento que también nos alcanzaba a nosotros. Pensándolo bien, debíamos parecer todos parte de un orden remotamente dispuesto que solo las palabras de nuestro guía sabían alumbrar. Así fue como descubrimos que el cansancio de perseguir caballos por la estepa es una fatiga preferible a la de imaginar qué destino nos aguarda, ahora que el relato del señor Hagenbeck invade las conciencias con más obstinación que el trueno diario de los cascos. Desde anoche, un temor unánime nos invade mientras vamos cruzando la llanura. Es un peso de palabras que arrancan de muy lejos, como remolinos de un río nacido en la distancia para venir a devorarnos. Y mientras avanzamos silenciosos, vigilando el horizonte por el que han de regresar los rastreadores, yo las recuerdo con la claridad del agua que se deja correr sin que agote su caudal:

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935873

Luisito Tristán, pintor de fondos

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Luisito Tristán, pintor de fondos

 

Ya habíamos estado aquí antes dos veces Benito y yo, este es nuestro tercer viaje juntos. La Peña ha cambiado mucho en los últimos años, una barbaridad. Más que la ermita y su Virgen, más que las ricas aguas espumeantes y ferruginosas, es la presencia de Benito la que le ha otorgado a la montaña su carácter de lugar sagrado. Apenas un monte hueco, agujereado, con un manantial de aguas amargas, era todo esto antes de que sus sandalias hollaran la explanada por primera vez. A la caverna donde se retiró tras ordenarse sacerdote, una tortuosa oquedad donde los pastores abrigaban a las cabras durante las gélidas noches de invierno, se la conocía con el aparatoso nombre de El Palacio Oscuro, a saber quién demonios se lo puso. En lo más profundo de su vientre, bajo un techo de murciélagos tiernos, había estudiado Benito durante meses, en pasmosa soledad, callada y minuciosamente, las Sagradas Escrituras. Y ahí mismo lo acompañé yo más tarde como un hijo, como un fiel escudero. No tardó mucho en que se corriera la voz: en La Peña mora un hombre santo, un eremita muy delgado de ojos vivos y penetrantes; pasó algún tiempo solo, pero ahora parece que lo asiste un joven taciturno, tan callado como él. Se ve que no me conocen. Muchachas de la aldea nos suben desde entonces cestas con ricas viandas. Las dejan a la entrada de la caverna, para que el anacoreta y su joven acompañante no mueran de inanición, para que se alimenten de algo más que frutos y raíces. Las suben a escondidas, no quieren molestar, aunque a veces la curiosidad les puede y con el prurito de vernos son ellas precisamente las que se dejan ver. Qué tremenda conmoción fue descubrir la perfecta silueta de Clelia recortada aquella noche frente a la cueva, apenas una semana después de instalarnos, como si fuese todavía un espejismo fruto del agotamiento del viaje…

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935415

El duelista

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El duelista

 

Siete caballeros habían muerto por la acción de su espada, seis por la de su pistola. Quien aceptaba su reto, inevitablemente moría. Ni muy instruido ni muy ingenioso, había dedicado su vida al cultivo de las armas, y se le tenía por el más atrevido y valiente de los hombres, hasta que desafió a un rústico hidalgo de Cabueñes, venido a la Corte por razón de un pleito sobre unos pastos de montaña. El rústico, que tenía ese derecho, eligió el hacha. Hubo entonces que consultar a varios tratadistas, porque el gran duelista impugnó la elección. Pero se esgrimieron varios memoriales en los que quedaba demostrado que muy reputados caballeros habían usado el hacha, así en la defensa de Constantinopla como en la toma de Granada. El hacha, pues, debía ser el arma del duelo. A la hora fijada únicamente se presentó el rústico. Y nada más se supo del prestigioso espadachín.

 

Ver todos los capítulos

Cargar más