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La traducción

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

La traducción

 

A Pilar y Lu

 

Un poeta de los llamados mayores recibe una carta con un poema. Se trata de una mañana algo ventosa y se trata de un poema suyo: unos señores de cierta revista se lo han traducido a una lengua vecina. Su intuición lingüística le sugiere que la traducción es lamentable. Así que, con la sincera intención de comprobar si se equivoca, decide entregarle esta versión extranjera a cierto amigo suyo, profesor, traductor, poeta, miope. Le hace llegar una notita amable rogándole que traduzca aquel texto a su común lengua materna. El poeta sonríe, se diría que travieso: ha omitido, por supuesto, la autoría del poema.

Como su amigo pertenece a la vieja guardia postal, no ha transcurrido una semana cuando el poeta encuentra en su buzón un esmerado sobre con la respuesta requerida. En ella, algo extrañado, el remitente se aventura a suponer que se trataba de un texto de lectura relativamente sencilla para alguien tan sagaz como su querido poeta, y por añadidura tan conocedor de las lenguas, pese a lo cual le propone con todo gusto una versión autóctona esperando que sea de su agrado y despidiéndose con afecto atentísimo. Sin perder un segundo, el poeta se sienta a leer la traducción. El resultado es desastroso: analizado con detenimiento, este tercer poema no guarda semejanza alguna con el ritmo, ni con el tono, ni con las evocaciones del texto original. Más que menos, él se considera un lector comprensivo con las libertades literarias de los demás. Pero, en este caso, no es que su amigo se haya permitido ciertas licencias, sino que más bien parece haberse tomado todas las licencias a la vez. Los matices se han perdido. La dicción parece turbia. De la sonoridad, ni rastros.

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Medium 9788483935187

Una conversación con Ana María Shua

Ana María Shua Editorial Páginas de Espuma ePub

Una conversación con Ana María Shua

 

Una vez dijiste: «Los escritores somos vampiros de la vida, vivimos y nos miramos vivir». Del otro lado del espejo, los lectores también nos miramos a través de los libros. ¿Hay algo hipnótico en la literatura?

Vampiros de la vida, sí: nos alimentamos de la vida propia pero también de la ajena, absorbemos vida para transformarla en palabras. Vivimos a medias, espectadores de nosotros mismos. Para nosotros, toda experiencia es también, cruelmente, fuente de escritura. Pero además los escritores somos, en primer lugar, grandes lectores. Hemos atravesado esa forma de hipnosis que es la lectura: para un verdadero lector, un estado de trance del que no es fácil despertar. Y ahora queremos provocarlo en otros.

 

¿Cómo fue tu infancia como lectora, tus primeros acercamientos a la literatura? ¿Te leían tus papás?

Fue, precisamente, una infancia-como-lectora. Eso era lo que hacía la mayor parte del tiempo: leer sin parar, apasionadamente. Nada me gustaba tanto. Ese vicio me provocaba muchos problemas sociales, claro. Cuando me invitaban a un cumpleaños, lo primero que hacía era ir a mirar si la casa tenía biblioteca y en ese caso allí me quedaba, mientras mis compañeras se divertían jugando. Leo casi desde que tengo uso de razón. Siempre me fascinó la palabra escrita. Uno de mis primeros recuerdos son las cartas que le escribía a la cigüeña para que me trajera una hermanita. Mi mamá estaba embarazada. Yo tenía tres años y dibujaba garabatos sin sentido en una agenda vieja. Pero si yo sabía perfectamente lo que estaba escribiendo, ¿por qué el resto de la gente no los podía leer? Extraordinario, inolvidable misterio. Mi mamá me leía cuentos tradicionales y también inventaba algunos para mí, pero no eran muy buenos. En cambio me encantaban los que me contaba mi papá. Por alguna curiosa razón que nunca pude descifrar, todos sus cuentos eran acerca de los Casacas Rojas, la Policía Montada del Canadá. Yo era insaciable y muchas veces mi papá me pedía ayuda para que armáramos las aventuras de los Casacas Rojas entre los dos. Después leí más o menos lo mismo que toda mi generación. En primer lugar, una colección de clásicos infantiles-juveniles muy famosa en la Argentina, la Colección Robin Hood: Louisa May Alcott, Emilio Salgari, la saga del Príncipe Valiente… Nada muy original. Hasta que, a los nueve o diez años cayó en mis manos un libro muy importante en mi formación: la Antología del Cuento Extraño, una maravillosa selección de literatura fantástica universal, compilada por el escritor argentino Rodolfo Walsh (aunque en ese momento no lo sabía ni me importaba). Después, simplemente, seguí leyendo. Y todavía no puedo parar.

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Medium 9788483935255

Déjà vu

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Déjà vu

 

A los diez o quince minutos de iniciada la proyección de una película, mi amigo P. descubre sin remedio que ya sabe cómo sigue y cómo terminará. No es que la haya visto antes (al contrario, P. no frecuenta los cines porque prefiere leer), sino que por alguna razón ignorada él ya «conoce» sobradamente el film y esos pocos minutos iniciales le encienden un recuerdo como adormilado. Por lo común P. no debe seguir mirando la pantalla para cerrar los ojos y contarme lo que resta, escena por escena, incluso plano por plano. A menudo hasta repite de memoria algunos diálogos. Yo mantengo, así y todo, la esperanza de que un día él halle en el cine algo que le resulte novedoso.

 

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Medium 9788483935309

Brigadoom reclama

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Brigadoom reclama

 

A José María Merino

 

–Esto también lo contó lord Dim –dijo lord Belmarsh, a quien parecían divertirle especialmente las historias de fantasmas–. Frente al Parlamento se detuvo un taxi, uno de esos que son la admiración del mundo, con una sólida mampara de separación, con tres asientos amplios más dos trasportines enfrente y un aforo de cinco pasajeros, número que por ley no puede ser rebasado de ningún modo. Por eso cuánta no sería la sorpresa de lord Dim y la de quienes por allí pasaban cuando al cabo de una media hora seguían bajando personas, hombres, mujeres y niños. Bajaban más personas de aquel taxi que las que caben en un tren. Cuarenta, cincuenta, probablemente más de quinientas, todo un pueblo. Alguien al lado de lord Dim comentó: «Son los habitantes de Brigadoom, ese pueblo del norte que vive un día cada cien años, que han venido a Londres para exigir al Parlamento luz eléctrica».

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Medium 9788483935545

Vamos al colegio

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Vamos al colegio

 

 

Como todas las mañanas, he vestido a los niños y los he colocado en el asiento trasero para que sigan durmiendo. Enciendo el coche y el motor se va calentando, desentumeciendo. El invierno es crudo y prefiero no abrir la ventana para que los niños no pasen frío. Corro a la cocina a preparar sus bocadillos y no hay mantequilla, el queso también se ha terminado y tengo que abrir una lata de atún. Cuando encuentro el abrelatas ya se nos ha hecho tarde. Corro al garaje. Apenas puedo respirar. Los niños no se despiertan.

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Medium 9788483935620

De la pintura rupestre al lenguaje del futuro

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

De la pintura rupestre
al lenguaje del futuro

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Medium 9788483935606

El ramo

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

El ramo

 

El vestido de mi hermana me aprieta. Su novio, en cambio, me queda un poco grande. No debí acercarme a consolarlo tras el entierro, me digo, no debí abrazarle junto a la tumba de Úrsula. Las flores secas de su ramo aún huelen a alcanfor y deseo arrojárselas cuanto antes al grupo de incautas que esperan al pie de la escalinata. Los dedos de él se cierran en torno a mi muñeca para impedirlo. Guárdalas como la otra vez, susurra, nos dieron suerte. Me oigo decir que sí. Sonrío, mientras aprieto el ramo contra mi pecho, como un amuleto.

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Medium 9788483936016

Memoria de una iglesia

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Memoria de una iglesia

 

Nuestra casa ocupada la rodearon los maderos, los picoletos, miembros de los GEO, los autodenominados chiquiotan y la Milicia Vecinal Contra Vagos, Alternativos y Maleantes. Huimos por los tejados, Gus lo alcanzó a uno con un ladrillo en la jeta. Me volví para darle un recado en las costillas, saltamos a la calle, a correr. Dejamos atrás un infierno de palos, humo, pelotas, gritos; también ilusiones, trabajo, una asociación cultural, la cooperación de la buena gente, techo, amigos, comida. Tres tipos de los cuerpos y fuerzas bien armados y con redes nos pisaban los talones, les echamos un esprint hasta la esquina, topamos con unas escaleras que subimos y nos colamos en una iglesia. Desde aquella oscuridad, los vimos pasar de largo.

Dentro estaban escenificando alguna cosa; accedimos por los pasillos sin llamar la atención y nos sentamos al pie de una peana a recuperar el resuello. Gus sacó un bocadillo, de tres bocados nos lo zampamos; fue un suspiro: teníamos sed, sueño, ganas de estar callados, de llorar, de matar a alguien…

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Medium 9788483935071

La vida en obras

Alberto Marcos Editorial Páginas de Espuma ePub

La vida en obras

 

–Llevo más de un año viviendo en la oscuridad –dice Fernando a nadie en concreto.

–Seis meses –corrige su novia.

–Da igual.

Fernando, de pie, en medio del cuarto de estar, mira su reloj de pulsera y sabe que ha salido el sol hace una media hora. Pero su luz apenas alcanza el piso («todo exterior», decía el anuncio) que comparte. Hace seis meses comenzaron las obras para la rehabilitación de la fachada del edificio. Se levantaron unos andamios que quedaron adheridos al ladrillo como musgo. Después los cubrieron con una lona gigantesca que hace las veces de anuncio publicitario. A menudo, Fernando piensa que si una mano gigantesca quitara la lona en cualquier momento del día, miles de albañiles afanosos quedarían expuestos como hormiguitas en un terrario.

Una sombra blanca camina por la fachada y cruza la ventana del cuarto de estar tarareando una bachata:

«Si igual amor no puede haber...».

Marta abraza por detrás a Fernando y le acaricia con los labios el lóbulo de su oreja:

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Medium 9788483935743

Añicos

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Añicos

 

El asesino era un hombre mayor. Había disparado indiscriminadamente contra cientos de personas. «¿Por qué?», le preguntó el policía que le detuvo. «Para no verme», contestó el asesino sin vacilar. «¿Cómo, para no verte?» «Sí –confirmó el asesino–, para no verme en los ojos de los demás. ¿Nunca ha visto a nadie romper un espejo?».

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Medium 9788483935606

Abuela

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Abuela

 

Cada día al despertarse nuestra abuela se pintaba el pelo, las cejas, una gafas de metal para ver de lejos y un anillo de zarina que le daba vueltas en el dedo, como si fuera heredado. Iba pintando como quien teje el mundo la cama de dosel de la que se incorporaba sin prisa, las zapatillas blancas de tacón que se calzaba, una puerta dorada como marco de espejo que crujía al abrirse. Salía al vacío y bosquejaba ante sí un corredor oscuro, cuajado de retratos antiguos de gente a la que nunca conoció porque también acababa de inventársela. Caminaba majestuosa por aquel pasillo con el lápiz de grafito en la mano, buscando con su cetro la pared donde dibujaría esa mañana la cerradura de nuestra habitación. Desde allí se asomaba curiosa al otro lado. A veces mi hermana y yo seguíamos esperándola, temblando en camisón en el centro de la estancia. Otras, el frío de la noche, tan intenso, había logrado borrarnos del todo.

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Medium 9788483935521

Quiero ser Salinger

Miguel Ángel Muñoz Editorial Páginas de Espuma ePub

Quiero ser Salinger

 

Así, como lo oyen, escritor pero Salinger. Nacer en cualquier sitio, Almería por ejemplo, conservar de mi época como objetor un retrato que legar al futuro –lo reconozco: quedan mucho mejor esas fotos de servicio militar, rostros jóvenes y desafiantes, cabezas rapadas–. O sea, escritor pero Salinger, decía, ser capaz de escribir una obra maestra, pongamos por caso un título cualquiera, Amores impecables, ese u otro, pero obra maestra, cuidado, romper al primer intento el centro de la diana, y luego diluirme en un par de libros añadidos y retirarme no a una granja, en África o Connecticut, pero sí a un cortijo en la sierra de María, a lo lejos, que quede claro, lejos de urbanizaciones para ingleses ricos decoradas con campos de golf, vivir dentro de la espesura y acogido por un silencio invencible, o mejor, se me ocurre otro lugar, recluirme en una casa de peones camineros, a la sombra de la ventolera levantada por una central eólica cercana. Lugares así, que nadie conozca, y de vez en cuando bajar a Almería y pasear por el centro con mi gorra de béisbol y mis tenis Paredes, sucios y desgastados, y agredir a algún periodista avezado que quiera captar mi imagen. Gestos así, pero Salinger, es decir, insociable e inhumano, pero maestro; esparcir hijos secretos por este mundo trágico, fomentar un carácter indócil, recibir con insultos una biografía entrometida de alguno de esos hijos a los que no quiero ver ni en mis frecuentes pesadillas, se me ocurren mil cosas, amenazar con el crimen a quien me siga, recibir los cheques de mi editor a través de doce apóstoles interpuestos que no saben a quién sirven de correos. Escaramuzas, estrategias, existen infinitas formas de esconderse. Perpetuarme como una leyenda y dejarme barba de profeta y no reemplazar los dientes caídos. Disfrutar con las puestas de sol y reafirmarme en que el mundo, esté yo en él o no, no tiene solución. Reírme a carcajada limpia cuando a finales de año hablen en la radio de los favoritos para el premio Nobel y nunca me mencionen, como si fuese no un fantasma, sino un muerto. Estar aquí pero formar parte del sueño. Ya saben, ser escritor, pero Salinger. Y entonces, cuando yo decida, morirme.

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Medium 9788483935965

Depilacción

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Depilacción

 

 

 

Para Poli y sus moscas

 

 

Mi hijo atrapa una araña. Con velocidad pasmosa, utiliza mis pinzas para depilarle las patas. Sus manos se agitan alrededor del artrópodo que, en segundos, queda reducido a una bola de pelo. Indefenso, el animal se hace el muerto. Enseguida, el crío lo aplasta, y solo queda un manchurrón en el suelo del porche. Observo atónita la actitud de ese niño en el que no me reconozco. ¿Qué he hecho mal? Culpo a su generación, acelerada, desprovista de sentimientos. ¡Con el placer que produce observar la agónica huida de un bicho tullido! ¿A qué tanta prisa?

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Medium 9788483935309

Viagra XXL dos

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Viagra xxl dos

 

–Le he dado muchas vueltas a esa historia de los cerdos que explosionan que nos ha contado lord Leighton Buzzard –dijo lord Leathersdale–. Si no he entendido mal, su engorde desmesurado sería una elección genética de la especie para escapar del destino terrible al que les ha condenado el hombre. La especie decide así su propia extinción. La única a su alcance, porque el hombre le impediría cualquier otra. ¿Y no ha podido suceder algo parecido con los dinosaurios? Fíjense en estos gorrioncillos que de cuando en cuando vienen a tomar migajas de nuestra mesa. ¿No son acaso dinosaurios venidos a menos? He leído que todas las aves descienden de los dinosaurios. Es el fenómeno inverso: Unos se hacen más grandes, y otros más pequeños. Y a los más pequeños se les deja en paz; no son rentables quiero decir. Pero, si eso fuera cierto, yo me pregunto: ¿qué ha pasado con aquel dientecito de poder erotizante de que hablaba lord Winson Green? Los pájaros carecen de dientes, pero acaso, si moliéramos sus picos, hallaríamos esa sustancia tan interesante, esa Viagra xxl, tan necesaria para nuestra felicidad y tan demandada por el mercado. ¿No lo creen ustedes así, señores?

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Medium 9788483935415

... y comieron perdices

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

... y comieron perdices

 

A la muerte de su padre heredó el trono real. Ya no tenía excusa para permanecer soltero. La novia, también hija de rey, llegó de allende los mares. Era bellísima, mucho más de lo que los pintores habían logrado captar.

De la catedral al palacio, entre danza, música y flores, la boda tuvo una fulguración celeste. Pero llegó la noche y, porque se sabía impotente, ni siquiera lo intentó. Los días precedentes, había hecho buscar por sus dominios a un gañán que se le parecía y convino con él bajo pena de muerte que cada noche tomara secretamente su lugar al lado de su joven esposa, con obligación de hacerla gozar en silencio y sin mostrarse, pues yacerían en oscuridad casi absoluta. Cada amanecer el gañan desaparecería y él volvería a ocupar su sitio; pensaba que su conversación y sus atenciones bastarían para enamorarla durante el día.

Una tarde, entre risas, ella le dio a entender que era un Hércules de lo oscuro. Entonces se aplicó más en su conquista, descuidando incluso los asuntos de Estado. Le dedicó poemas, organizó veladas musicales, invitó a los artistas más ingeniosos a sus fiestas, trajo funambulistas, comediantes. Pero ella, aunque discreta y elegante anfitriona, parecía siempre demasiado feliz al dar por concluida la jornada. Incluso llegó a notar un punto de desazón en su semblante que sólo se desvanecía cuando llegaba la hora de irse a la cama.

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