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Jardín

Inés Mendoza Editorial Páginas de Espuma ePub

Jardín

 

Esta noche ella cultiva un jardín secreto para dedicárselo a alguien, tal vez a alguien que odia o que ama, pero no sabe a quién, porque ahora mismo no cree que ame a nadie y mucho menos que odie.

¿Cómo se cultiva un jardín?, no tiene la menor idea, ni siquiera le duran las flores de Navidad, pero esta noche ella juraría que sabe hacerlo, incluso diría que ya es una experta ahora que cultiva uno. Es un jardín curioso, lleno de piedras de río de varios tamaños que hace ya tiempo escogió ella misma y que luego fue pintando de rojo sangre –algunas pocas de azul–. Justo hace un rato ha terminado de encajar con furia cada una de esas piedrecitas en la tierra húmeda y esponjosa.

En los intersticios de las paredes que delimitan su jardín, hace varios meses sembró las semillas de grandes flores exóticas de colores quizá demasiado vivos; flores voluptuosas que, poco a poco, ha visto crecer. Esta noche también ha modelado, aquí y allá, montañas de una arena de gamuza que se llama «arena dulce», aunque ella no sabe por qué.

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Medium 9788483935415

El público

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El público

 

El forzudo no era capaz de levantar la piedra de cien kilos si no tenía público que lo jaleara. Por lo mismo, aquel político era incapaz de gobernar si no sentía próximo el aliento de las masas. Afortunadamente, a alguien se le ocurrió poner un disco con aplausos en los consejos de ministros.

 

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Medium 9788483935941

Billie Ruth

Edmundo Paz Soldán Editorial Páginas de Espuma ePub

Billie Ruth

 

Conocí a Billie Ruth el último año de mi estadía en Huntsville. Era sábado, había ido a una fiesta del grupo de animadoras de la universidad. Toda la noche intenté que una de ellas me hiciera caso pero era en vano, sólo tenían ojos para los del equipo de hockey. No me había fijado en Billie Ruth pero coincidimos en una habitación al final de la noche: los dos buscábamos nuestras chamarras. La mía era de cuero negro, muy delgada, y vi que ella se la ponía.

–Disculpas. Creo que esa es la mía.

–Lo siento –se la sacó de inmediato–. Es mejor que la mía. ¿De qué sirve venir a las fiestas si uno se va con la misma ropa con la que ha llegado?

No sonrió, así que no supe si hablaba en serio. Pude ver su rostro muy maquillado, sus grandes ojos azules, unas pestañas tan inmensas que imaginé postizas. Su belleza era natural y sobrevivía a todos los añadidos artificiales.

–No encuentro la mía –dijo al rato–. Seguro alguien se la llevó. Me ganaron de mano.

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Medium 9788483935255

Apéndice

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Ramonerías

 

 

 

 

 

 

Idem, buen seudónimo para un plagiario

Ramón Gómez de la Serna, Greguerías

 

 

 

1

 

El barómetro es un termómetro con título de nobleza.

 

 

2

 

Los que no van al médico son impacientes.

 

 

3

 

La espuma es la cerveza emborrachada de sí misma.

 

 

4

 

Un sonámbulo: un paseador de sueños.

 

 

5

 

Los carozos creen en la reencarnación.

 

 

6

 

Las cabezas de los fósforos sí que tienen ideas fogosas.

 

 

7

 

Los garabatos que hacemos mientras hablamos por teléfono son la taquigrafía de lo que no decimos.

 

 

8

 

Un molino es un reloj donde el tiempo pasa volando.

 

 

9

 

Los bizcos sólo miran a los ojos a quienes

tienen entre ceja y ceja.

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Medium 9788483935545

Del Diccionario Infernal del padre Plancy

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Del Diccionario Infernal
del padre Plancy

 

 

«Gomory: poderoso duque de los infiernos que toma la forma de una mujer hermosa, con una corona ducal sobre la cabeza y montada en un caballo que jamás pisa el suelo. Con el conjuro del fuego, responde bajo juramento sobre lo presente, pasado y futuro. Descubre tesoros ocultos, revela los sueños y enciende el deseo en el corazón de las casadas. Príncipe de las posesiones, pertenece a la segunda jerarquía, ocupa el cuarto lugar en el orden de los tronos y manda veintiséis legiones y dos mil hordas de íncubos fraguados del semen de los durmientes. 906492489: 0,91 euros minuto».

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Medium 9788483935156

S.O.S. Dios

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

S.o.s. Dios

 

L. P., dueño de (...) TV, la define como

el canal «que sintonizaría con Dios».

El País, 2-IX-1998

 

A Pablo García Casado

 

Les habían dado dos horas para desalojar el despacho. El reverendo Powell retiraba sus cosas del escritorio y las iba guardando en cajas, que numeraba con un rotulador azul si eran suyas, y con un rotulador rojo en caso de que fueran de Ralph. Le dolía la cabeza, se sentía cansado. Ralph llegó poco después. Ah, ya ha empezado usted, le dijo mientras colgaba su abrigo en el perchero metálico de la entrada, pensé que me esperaría, hay cosas realmente pesadas aquí dentro, señor Powell. Si te esperara siempre llegaría a viejo antes de darme cuenta, contestó el reverendo, y no te molestes en colgar tan cuidadosamente tu abrigo, tendrás que quitarlo enseguida: nos han dado dos horas. ¡Dos horas!, exclamó Ralph, ¿y cómo piensan que nos dará tiempo a guardar todo esto?, son unos sinvergüenzas, ¿verdad, señor Powell? El reverendo Powell dejó por un momento de ordenar las libretas y observó a su secretario, miope, lampiño, flaco. Sólo dijo: En Illinois las cosas funcionan así, Ralph. El secretario se encogió de hombros y se agachó para mover un par de cajas. ¿Estas son las mías, señor Powell? No, no, las pintadas de azul son mías, las tuyas son las otras, las de rojo, he empezado por tus cosas, estaban más a mano. ¿Más a mano?, preguntó Ralph, ¿a qué se refiere? A nada, Ralph, a nada, cállate y ayúdame a guardar mis cosas. Nos han dado dos horas.

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Medium 9788483935781

Terranoé

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Terranoé

 

Al escuchar la noticia sintió que lo volvía a herir un dolor inolvidable, un dolor de cuando era niño, aquella percepción de infortunio personal pero también general, difuso, que había sido una de las primeras decepciones de su vida. Y no se atrevió a contárselo a su hijo. También habían informado sobre las condiciones atmosféricas de la jornada, y aconsejaban llevar máscara respiratoria, de manera que, tras colocarse la suya, ayudó a Teo a ponérsela, antes de entrar en el aeromóvil.

La mañana depositaba sobre la ciudad la niebla invernal, sucia, grumosa, y en el tráfico de la aerovía, entre los enormes volúmenes de las viviendas de apartamentos que la rodeaban, los cuerpos de los vehículos eran sucesivas ráfagas oscuras e imprecisas. Todavía en la inercia del sueño, Teo iba su lado sin hablar. Él pensaba que convenía decírselo cuanto antes, que lo supiese de su propia boca, pero no se atrevía. El recuerdo de aquella pena infantil que tanto le había conmovido suscitaba en él una piedad cobarde, perezosa, como si el desconocimiento del terrible suceso pudiese proteger a su hijo un poco de tiempo más del dolor que él había sentido cuando tenía su misma edad, ese dolor que había resonado en él esta mañana, tantos años después, con el mismo redoble angustioso. Pues ahora era ya un hombre y descubría que el horror, inagotable al parecer, podía repetirse en la misma forma.

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Medium 9788483935149

Una carrera

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

Una carrera

 

Es un día de sol y mi madre ha vuelto. De no se sabe dónde, no se sabe cómo. Circula un aire de primavera adelantada. Ella tiene puesto un camisón, se diría que nuevo. Caminamos de la mano y conversamos. Su voz suena un tanto temblorosa, como si acabara de reponerse de un susto. Todo parece reflejado en un agua tranquila pero con rastros de ondas anteriores, de piedras que cayeron. Mi madre ha dejado de fumar y, según me explica, respira mucho mejor. Respira dejando que el viento entre y salga de ella. Respira tan bien, de pronto, que aceleramos el paso. Aceleramos riéndonos, hasta que se hace difícil seguir tomados de la mano. Estás ágil, le digo. Mi madre asiente, concentrada en su esfuerzo por correr cada vez más. Nos soltamos. A mí me alegra verla así de recuperada con su pelo ondulante, su camisón izado. Pero ella es demasiado rápida.

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Medium 9788483935699

Las cigarras

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

Las cigarras

 

 

 

a Tana

a Francismar

 

 

 

I

 

Creí que se iba a suicidar esa noche. No hubo otra razón para que yo me le quedase mirando: debía rondar los cuarenta años y sus ojos resultaban demasiado febriles para aquel bar de estudiantes. Me hizo una señal con los dedos. Cuando estuve a su lado me sorprendió la piel de su rostro, una capa arcillosa, una textura como la del aceite envejecido.

–¿Quieres una copa? –dijo con voz punzante.

–Sí...

–Escúchame. Te estoy invitando sólo una.

Algo crujió en mi estómago.

–Está bien –le dije fingiendo serenidad.

Pensé que aquella mujer iba directamente al grano. La detallé. No era excesivamente vulgar, ni excesivamente atractiva. Todo en ella se situaba en un exacto punto medio. Todo, excepto la mirada y los labios en los que se concentraba una tensión parpadeante, una desesperación antigua, gastada.

Imaginé sus gestos, la necesidad de una noche definitiva: un polvo rápido, unos tragos y luego el sopor de los tranquilizantes en una bañera. La situación me produjo un escalofrío que se disparó desde mi nuca y rebotó en mis rodillas. Pedí un whisky. Traté de hablar sobre el tiempo, sobre las lluvias. Ella me sorprendió con una sonrisa banal, neutra. Apenas probó la cerveza que tenía en su mano y después de un rato hizo una seña. Uno de los camareros le colocó un plato de ensalada y un trozo de pescado.

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Medium 9788483935118

Verano

Clara Obligado Editorial Páginas de Espuma ePub

Verano

 

 

 

Yo es otra persona.

Arthur Rimbaud, Iluminaciones

 

 

 

Para Pilar González Bernaldo y Teresa Parodi,
por su colaboración involuntaria en esta historia

 

 

 

Querida hermana: había quedado en visitarte este verano en Cambridge pero una amiga me pidió que le cuidara la casa y el gato y no me lo pensé. Dirás que los gatos no son lo mío, pero era la oportunidad perfecta para trabajar en mi libro y, cuando tú y yo nos encontramos, no hacemos más que charlar. También podrías acercarte, hay sitio de sobra, el lugar no puede ser más agradable. Estoy en el centro de Francia, en un caserón con techos de paja, jardín y pileta. A ti te gustan los gatos, sabrías qué hacer con Buba, solo quiere estar conmigo de noche y yo detesto que se suba a la cama. Los vecinos deben de ser incorpóreos, hay portones que se abren para dejar salir coches fantasma, apenas si he hablado con la pareja de viejos que vive enfrente y vende huevos y aves. Ella es mucho más corpulenta que su marido, con un esqueleto que le queda grande, él, bajito y simpático, habla hasta por los codos, aunque no le entiendo nada. La casa está en orden, no tanto como para resultar asfixiante. Odio esos lugares en los que mover un plato supone un derrumbe cósmico, mi amiga sabe vivir bien, rodearse de cosas bonitas y, a la vez, compartir lo que tiene. Qué difícil resulta este equilibrio. ¿Verdad? Desde mi habitación, a lo lejos, sobre el horizonte plano, veo la catedral de Chartres, nítida como un recortable.

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Medium 9788483935620

De la pintura rupestre al lenguaje del futuro

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

De la pintura rupestre
al lenguaje del futuro

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Medium 9788483935415

El duelista

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El duelista

 

Siete caballeros habían muerto por la acción de su espada, seis por la de su pistola. Quien aceptaba su reto, inevitablemente moría. Ni muy instruido ni muy ingenioso, había dedicado su vida al cultivo de las armas, y se le tenía por el más atrevido y valiente de los hombres, hasta que desafió a un rústico hidalgo de Cabueñes, venido a la Corte por razón de un pleito sobre unos pastos de montaña. El rústico, que tenía ese derecho, eligió el hacha. Hubo entonces que consultar a varios tratadistas, porque el gran duelista impugnó la elección. Pero se esgrimieron varios memoriales en los que quedaba demostrado que muy reputados caballeros habían usado el hacha, así en la defensa de Constantinopla como en la toma de Granada. El hacha, pues, debía ser el arma del duelo. A la hora fijada únicamente se presentó el rústico. Y nada más se supo del prestigioso espadachín.

 

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Medium 9788483935958

Amigos para siempre

Pedro Ugarte Editorial Páginas de Espuma ePub

Amigos para siempre

 

Hacía varios años que había abandonado mi trabajo de contable en aquel concesionario de automóviles, pero Magaña, que en el fondo era un sentimental, no dejaba de acosarme con llamadas telefónicas, de invitarme una y otra vez a las reuniones conmemorativas que seguía organizando la plantilla del taller. Magaña pertenecía a esa clase de tipos que ven en todo compañero de trabajo un camarada, un amigo por el que merecería la pena partirse la cara en cualquier taberna inmunda. Magaña creía además que la verdadera amistad se fundamentaba en el trabajo. Por eso siempre sospeché que no tenía amigos al margen de la empresa ni que le interesaba demasiado su familia, de la cual quizás huía en aquel torbellino de herramientas, elevadoras y ruidosos artefactos donde le conocí.

En realidad, de haber vivido en otro tiempo, Magaña habría sido un espléndido fascista, un miembro de esa fracción obrera y cejijunta del fascismo que siempre acabó subordinada al interés burgués de sus caudillos. Magaña era fiel al gerente y a los socios de la empresa, creía en las jerarquías y sentía que gracias al taller contaba con un lugar en el universo, un designio que daba sentido a su existencia. Aquella era una mística detestable, pero recuerdo que, al trabajar junto a Magaña, al ver cómo siempre cumplía los compromisos y sacrificaba su comodidad al resultado de las tareas, también algo en mi interior se conmovía: en realidad Magaña pertenecía a ese subgénero de la humanidad que consigue que el mundo avance (si es que es verdad que el mundo avanza) o al menos que, generación a generación, la residencia en él se nos haga más cómoda, algo menos gravosa. En cambio los tipos como yo, acobardados, pusilánimes, se aprovechan de su esfuerzo, funcionan como una especie de lastre que lo retarda todo, pero siempre se apresuran a beneficiarse de los progresos de la historia (con el agravante moral de permitirse a menudo no creer en la historia, ni en el progreso, ni en el trabajo, con el agravante de considerarse incluso mucho más inteligentes que todos los Magaña). Pensaba a veces que la electricidad, el agua caliente, los automóviles, eran dones que nosotros, los listos, los escépticos, disfrutábamos, pero que se los debíamos al sudor de los demás.

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Medium 9788483935743

El ahorcado que no se moría

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El ahorcado que no se moría

 

François Villon conoció a un ahorcado que no se moría. La soga hizo el efecto de ralentizar sus funciones vitales sin matarlo y, aunque despacio y muy bajito, podía hablar. Al cabo de unos años parecía un pedazo de cecina, pero todavía hablaba. Llegó a conocer a sus nietos y vio pasar bajo sus piernas el cadáver de quien le había condenado. Incluso asistió a su rehabilitación al demostrarse que él no había robado unos pollos de la cocina del señor. Pero, cuando quisieron descolgarle, se negó. «Ya me he acostumbrado a estar aquí –les dijo a sus familiares–. En todo caso me gustaría un sitio algo más alto, si tal cosa fuera posible». Hablaron con el Obispo y lo colgaron de la campana más nueva y más grande de la catedral de A., ésa que tiene un tañer opaco y a la que se conoce indistintamente con el nombre de «la de los dos pollos», «la del ahorcado» o «la del Obispo».

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Medium 9788483935750

Reverso de postal

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Reverso de postal

 

Queridos abuelos, este es el río que pasa por delante de casa. Lo llaman Universo y es enorme. Muchas veces buceamos en él para pescar, pues está lleno de piezas, algunas muy sabrosas. Los soles saben todos a lo mismo: pican demasiado; los cometas, con sus colas tan largas, son entretenidos de coger, aunque resultan desaboridos, pero los planetas azules, que tienen una pepita muy grande y negra, son riquísimos, espumosos, con mucho jugo. La pena es que hay pocos...

Vamos a pasar unas vacaciones estupendas. Besos para los dos de vuestra nieta que os quiere.

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