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Plik-plik

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Plik-plik

 

Entre las grietas rocosas veteadas de jade del desierto de Taklamakán, hay un escarabajo de la familia de los tenebriónidos que cuando dice plik-plik quiere decir plasplás, y cuando dice plasplás quiere decir plik-plik. Nosotros pasamos por encima de estos pequeños insectos ignorándolos por completo, sin llegar a reparar en que el signo de inteligencia del escarabajo de Taklamakán contiene en su esencia el acto más puramente humano, aún más distintivo de nuestra especie incluso que la risa, la condición sobre la que se asientan las hipótesis científicas, el arte y la vida en sociedad: la capacidad de mentir.

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Ritos

Iban Zaldua Editorial Páginas de Espuma ePub

Ritos

 

Elvis Costello

Girls Girls Girls

Demon, 1989.

 

Enseguida he visto la casete, al lado de una carpeta con apuntes, encima de algo que parece un vestido de color verde; todo está mojado. Reconozco la letra en la carátula de la cinta: es la mía. En aquella época escribía siempre a lápiz los títulos de las canciones: por si acaso, por si algún día se me ocurría borrar aquella música y grabar encima otro disco. Pero en la práctica nunca hice nada de eso, siempre conservé las cintas. Pese a todo, seguí escribiendo los títulos de las canciones a lápiz.

Cuando le grabé aquella cinta a Axun no esperaba que le gustase: me lo planteé casi como un reto. A ella, claro está, le gustaban Benito Lertxundi, Oskorri y ese tipo de cosas, folk vasco más o menos moderno; pensaba que me devolvería el regalo. Pero no lo hizo: la siguiente vez que nos encontramos Axun me dijo que le había gustado, mucho, y volvió a darme las gracias. Me pareció raro, pero al mismo tiempo supuso una pequeña alegría para mí. O, mejor dicho: un pequeño triunfo.

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Mirar al agua

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Mirar al agua

 

Pues la tal Graciela se vuelve de golpe y me suelta:

–Si no te gusta, vete, y nos ahorramos los resoplidos.

Para qué iba a contestar. Se veía que la tía estaba muy enfadada, así que mejor dejarlo. Conque se da la vuelta y sigue de charla con sus amigas. Es lo que más me jodió, que siguiera como si tal cosa; y encima Chus me dice que qué pasa conmigo. Pero Ángel también se había burlado, sobre todo al principio, y a él no le había dicho nada. Y esa vez por lo menos sí que tenía razón en reírme, porque había que ver aquel mamarracho de muñeco con forma de bebé de color verde, ¡y con pirulís de colores en los ojos!

La verdad que me sentó mal; le dije a Ramiro que se viniera conmigo a tomar algo, pero él se lo trataba de hacer con una de las chicas y no quiso. Así que como recular ya no podía porque fui tan tonto de decirlo en voz alta, a los veinte minutos me tienes en la barra con un copazo.

Tomando algo es un decir. No me apetecía beber solo, además era temprano. Esa Graciela se había pasado conmigo; que me hacía gracia era verdad, pero yo tenía derecho a expresar mi opinión lo mismo que cualquiera. Y sólo habíamos visto unos cuadros espantosos, cosas raras tiradas por el suelo, maquinitas absurdas y vídeos sin sentido. Que yo no digo que entienda como ella, pero sé reconocer el arte si lo veo; y casi todo lo que exponían allí lo hace hasta un mono si lo dejan. Me eché mi risa, imaginándomelo con sus pinceles, las pinturas, la tela; un letrero de «Artista trabajando», y una panda de pirados mirando y aplaudiendo detrás de los barrotes.

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Neuroleptol®, fase de administración masiva

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Neuroleptol®,
fase de administración masiva

 

Una vez que todos nos sometimos al tratamiento del nuevo fármaco antialucinógeno, desaparecieron más de la mitad de los políticos, muchos de los archimillonarios dueños de las multinacionales, y otros grandes inversores y poderosos en la sombra. También se disiparon en la nada miles de grises secretarios, oscuros asesores fiscales, y un número indeterminado de pasantes, agentes, intermediarios, funcionarios y administradores de fincas. No pudimos evitar que nos sobrecogieran las ausencias de algunas leyendas del rock, a quienes siguieron un buen puñado de estrellas de la música pop adolescente, y centenares de actores secundarios y figurantes. En todas las familias hubo algún desaparecido, un tío lejano, ese primo tercero que siempre se ponía de ejemplo, el amigo bien relacionado dispuesto a recomendarnos; cesaron los ruidos del desván en medio de la noche; y resultó que muchos edificios nunca tuvieron portero, ni portera, ni nada que se le pareciese. Algunos se quedaron casi sin amigos.

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Vida de perros

Ana María Shua Editorial Páginas de Espuma ePub

Vida de perros

 

Me llamo Juan Domingo Benjamín. Juan Domingo, por ser ahijado de Juan Domingo Perón, que fue tres veces presidente de la Argentina. Y Benjamín por ser el menor de mis hermanos.

Benjamín es nombre de hijo menor. Yo digo: si mis padres me pusieron así es porque ya habían decidido que no iban a tener más hijos. Entonces ¿no podían haberlo decidido antes de tenerme a mí? Como séptimo hijo varón, mi vida no fue fácil.

Por ejemplo, fue un problema tener de padrino a Perón, un presidente argentino al que muchos querían y muchos odiaban. Una ley nacional decía que el séptimo hijo varón tenía que ser ahijado del presidente, para que no lo trataran mal por lobisón. Pero mi familia era antiperonista. En el fondo, todos hubieran preferido que me convirtiera en lobo las noches de luna llena y no que me llamara Juan Domingo.

Lo más triste es que yo me convertía en lobo de todas maneras. No exactamente en lobo, sino en un perro negro y enorme, siempre muerto de hambre. En realidad, tampoco era en las noches de luna llena, sino todos los viernes a la noche y algunos martes.

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Descubrimientos

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Descubrimientos

 

Alba y yo nos conocimos cuando éramos los dos unos mocosos. Puede decirse, por lo tanto, que nos conocemos de toda la vida. Más aún si se tiene en cuenta que después de amigos fuimos novios y, al cabo de unos años, un radiante matrimonio con un par de hermosos hijos.

Creía yo, hasta hace bien poco, que la nuestra era una vida ejemplar, de esas que solo se hacen realidad en las películas. Unos hijos aplicados, responsables y cariñosos, un matrimonio sin fisuras, una convivencia cordial. Puedo decir de mí que era un hombre contento rodeado de una familia feliz. Al menos en apariencia. Hace un mes y medio fue mi cumpleaños y, desde entonces, todo ha cambiado.

Alba y los chicos estuvieron al parecer varios días discutiendo sobre cuál iba a ser el mejor regalo. Finalmente, conociendo mi debilidad por las novedades tecnológicas, decidieron comprarme un móvil con cámara fotográfica. Me gustó muchísimo y lo demostré con creces pues, a partir del momento en que estuvo entre mis manos, no hice sino fotografiarlo todo fingiendo además que hablaba por teléfono, y así los pillé en las posturas más divertidas.

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Los monstruos

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Los monstruos

 

Papá llegó con la chaqueta al hombro, colgando del pulgar. Venía del restaurante que había puesto en Caracas bajo el nombre de «Parrilla las pampas» y preguntó si estábamos listos para pasar la noche de Año Nuevo; nos había reservado una mesa en su propio restaurante, una gran mesa, la mejor, al lado del ventanal. ¿Listo?, pensé. No, yo no tenía forma de estarlo. Nunca me gustaron las fiestas. Odio profundamente el Año Nuevo. Me recuerda a cuando mis padres se separaron.

Tendría once años cuando el divorcio o, por decirlo de modo delicado, cuando mi madre y yo abandonamos a papá, a fin de instalarnos en el departamento de la calle Estados Unidos. Era el último día de 1982 y todos nuestros flamantes vecinos habían huido de sus escuetos hogares para recibir 1983 en la casa más amplia de algún pariente o amigo, de modo que todo el edificio había quedado desierto. Recuerdo que pasamos esa tarde ordenando el armario —vestidos, jeans, camisetas y zapatillas—, mientras nos preguntábamos cómo llegar despiertos a la medianoche. Para esa hora habíamos pactado un brindis.

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BOTÁNICA DEL CAOS

Ana María Shua Editorial Páginas de Espuma ePub

BOTÁNICA DEL CAOS

«Introducción al Caos

 

La tierra es informe y está desnuda pero no vacía. No vemos su desnudez porque nos ciega piadosamente la palabra. Antes y por detrás de la palabra, es el caos.

El lenguaje nos consuela con la falsa, platónica certeza de una Mesa que representa todas las mesas, un concepto de Hombre que antecede a los múltiples hombres. En la realidad multiforme y heteróclita sólo hay ocurrencias, la babélica memoria de Funes.

Cuando un niño dibuja por primera vez una casa que nunca vio pero que significa todas las casas, ha conseguido escapar a la verdad, se ha tapado los ojos para siempre con las convenciones de su cultura y sale del caos, que es también el Paraíso, para entrar al mundo creado.

La poesía usa la palabra para cruzar el cerco: se clava en la corteza de palabras abriendo heridas que permiten entrever el caos como un magma rojizo.

En esas grietas, en ese magma, hunden sus raíces estas brevísimas narraciones, estos ejemplares raros. Pero su tallo, sus hojas, crecen en este mundo, que es también el Otro.

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La casa ciega

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

La casa ciega

 

Sus paredes son grises y lisas. Piedras viejas. No hay zarzas ni hierbajos, pero tampoco hay muestras de la mano de un jardinero. Sólo un páramo desolado, estéril. Y el silencio. De cerca, la casa resulta aún más extraña que entrevista desde el tren.

 

Fue desde el tren cuando la viste por primera vez. Cada jueves y viernes lo coges en Barcelona para ir a Lérida. Absorto en tu trabajo, no notas la monotonía del viaje. No sueles mirar mucho por la ventanilla: prefieres aprovechar las dos horas de trayecto para preparar clases, avanzar artículos, bosquejar algún cuento... Y escuchar la música que te apetece con tus propios auriculares (siempre aceptas los que te dan los empleados de RENFE, pero nunca los utilizas; en tu despacho de la universidad tienes ya una enorme colección). Tampoco prestas atención a las películas que proyectan. Prefieres sumergirte en tu música y en tu ordenador portátil. Así, el tiempo se hace más ligero.

Pero ahora todo ha cambiado.

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Día de San Valentín

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Día de San Valentín

 

 

Como en el fondo soy un romántico, no me importó que el pobre novio pasara toda la noche en la morgue con el cadáver de su chica. Al día siguiente lo encontramos en la camilla, desangrado y desnudo, muerto de amor. La novia todavía no aparece.

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Los puntos cardinales

Eloy Tizón Editorial Páginas de Espuma ePub

Los puntos cardinales

 

Soy un viajante de comercio taciturno. En treinta años de profesión he visto: quemarse un río, dos guerras, un eclipse parcial de luna, una rosa azul, una mano sin uñas en el borde de un sendero, como suelo decir yo qué no habré visto. Con frecuencia he pasado toda la noche a oscuras sentado frente a otro pasajero, y de repente un resplandor vivísimo incendiaba su pelo, las letras de su libro, el agua sin somnífero del vaso. En cierto sentido sé todo lo que puede saberse sobre andenes en desuso, bañeras forasteras, ese límite impreciso donde una ciudad termina y florece un moho absurdo, un cáncer de cosas, viviendas en derribo, osamentas de fachadas, un paraguas sin varillas que una mujer encinta examina y comienza a llover sobre las grúas.

Y también: poca gente sabe que debajo de las barras niqueladas los camareros conservan fotografías de algunos clientes y varias cápsulas. En moteles de paso, en cafeterías delictivas, bajo el parpadeo eléctrico de letreros luminosos, en el casillero de las llaves cuyo rótulo dice Hotel Excelsior, frente a la lámina lacustre del espejo donde el rostro con ojeras es apenas una mancha de vapor y formaldehído, son tristes las consumiciones. Tengo las piernas un tanto hinchadas. Sé que a muchos parecerá poco grato un empleo que obliga a tratar con clientes sin ilustración, dormir en almohadas sucedáneas, lucir sombrío. Soy una persona metódica; y como suelo decir, la naturaleza humana a qué no se habitúa. A pesar de la luz convaleciente y los techos medio podridos y el flan tan amarillo que me hace daño sobre manteles de goma; a pesar de las toallas empapadas y el muestrario hecho pedazos y no hay amor. Amanezco en vagones destemplados y al bajar la ventanilla la primera comida del día consiste siempre en un desayuno de niebla.

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Terrario

Mariana Torres Páginas de Espuma ePub

Terrario

 

–No le tenías que haber comprado hombrecitos a Lucía. Es demasiado pequeña.

–Aprenderá. Tiene que ser responsable.

–Los matará de hambre.

–No, aguantan bien. Son de los duros, me han dicho que hasta diez días sin comer.

–Me dan pena. Son personas, al fin y al cabo.

–Ya sabes que está más que estudiado que no sienten ni padecen. Tienen el cerebro demasiado pequeño.

–No sé, cariño. ¿Los has observado por las noches? Yo diría que se quieren. Ayer cuando apagué las luces encendieron un fuego, y se quedaron dormidos abrazados.

–Le recordaré a Lucía que les ponga agua. Por algo se empieza.

–Y hace unos días vi cómo construían una especie de caña e intentaban pescar en el pozo. Podríamos ponerles un estanque con peces, son un poco caros, pero es que del pozo no van a sacar nada.

–En cuanto tengan una cría, Lucía les hará más caso, tranquila. Los viste abrazados, ¿no?

–Y van a necesitar más comida.

–Podemos comprarles esas gotitas que se le echan al agua, eso que lleva proteínas. Para que duren más.

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Pruebas

Iban Zaldua Editorial Páginas de Espuma ePub

Pruebas

 

Echo & The Bunnymen

Ocean Rain

Korova, 1984.

 

–En el caso de que muera…

–Y dale. Que no te vas a morir… Son solo unas pruebas.

–Eso me dijiste hace un mes. Y me han mandado hacer más pruebas desde entonces.

–Pero no te van a encontrar nada, ya lo verás.

–Es cáncer, estoy seguro.

–Ya te dije que no te convenía ver tanto House…

–Mira por dónde: ¡si fuiste tú quien consiguió que me enganchara! Que si era una serie cojonuda, y no sé qué no sé cuántos, aunque sabes perfectamente que a mí esas cosas de médicos, la verdad… Y ahora, como siempre, tú eres quien se ha aburrido con la serie, y ahí me dejas los martes por la noche, solo con la tele, mientras tú te marchas vete a saber dónde…

–Venga, no sigas haciéndote el mártir, haz el favor.

–Tú no estás a punto de morir.

–Mira que eres pesado…

–Una cosa quiero dejar clara: nada de funerales religiosos.

–Alto ahí: eso tendrás que arreglarlo primero con tus padres. Mientras vivan, paso de líos.

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La vida imposible

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

La vida imposible

 

Dos niños de trece años, compañeros de escuela en la ciudad de Reikiavik, intercambiaron familias previo acuerdo, ya que cada cual prefería la del otro. Los padres han declarado a la prensa que este canje les resulta inaceptable. En todo caso, el problema es que los hijos, obcecados, amenazan con «hacerles la vida imposible» si no acceden a su pedido.

 

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Recuerdos espejados

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Recuerdos espejados

 

Recuerdos espejados llamo a un hábito que nació en mí a los ocho o nueve años, cierta mañana en que me lavaba los dientes y, mirándome al espejo, me propuse el siguiente pacto: «Que el día que termine mis estudios en la escuela me acuerde de este momento». Eso fue apenas el inicio. Desde aquella mañana hasta la edad de dieciocho, seguí designando con cuidado decenas de recuerdos espejados, uno para el día en que hiciera el amor por primera vez, otro para cuando obtuviera algún trabajo, otro para el día en que muriera mi madre, y demás hechos por el estilo. Claro que un niño ha elegido esos recuerdos; por lo tanto, de allí en más, toda vez que ocurre un suceso importante una imagen infantil e impertinente me toma por asalto, obra de ese niño que quería ser grande y hoy ocupa de repente un sitio en el espejo.

 

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