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Sonámbulo

Antonio Ortuño Editorial Páginas de Espuma ePub

Sonámbulo

 

Julieta no escribió. No es que lo esperara –acaba de marcharse apenas–. Pero resulta inevitable imaginar que tendrá que sentirse disminuida, que sentirá el hueco, el cercén, que sentirá silencioso el desayuno, que dormirá libre y lo resentirá. He abierto el correo al menos tres veces esta mañana. Su última carta es una carta escrita con intención de no recibir respuesta, y desborda la grosería peculiar de los epitafios. No me quejo. Yo también le hice llegar una carta así y escribí en ella cosas de las que no resultaría elegante arrepentirse ahora. La llamé reina y quizá cosas más bajas aún. Ahora comprendo que su carta buscaba ser un escupitajo y que la mía es poco menos que un ramito de flores. Supuse que mostrarme cariñoso y arrepentido la incomodaría más que un simple insulto. Quizá acerté, pero no recibiré los beneficios del acierto. Lo único claro es que jamás calculé que Julieta se iría tan pronto, y que me pediría además que no regresara al trabajo en el restaurante de su padre. Supuse que me permitiría llegar al día de paga. No soy el primero que sale con las meseras del turno de la noche –quizá por ello haya sido tan sensible al respecto, por aquella historia de su ex marido–.

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Medium 9788483935958

Atardecer en la feria

Pedro Ugarte Editorial Páginas de Espuma ePub

Atardecer en la feria

 

Odio las ferias porque me traen el recuerdo de la infancia. De niño comprendí enseguida que formaba parte de mis obligaciones simular que me divertía en aquellos recintos tenebrosos. Mis padres me llevaban de la mano y me subían a las distintas atracciones. Percibía en sus ojos expectantes lo que ellos esperaban de mí: felicidad, esa felicidad que los niños no siempre encuentran donde sus padres presumen. Desde el principio, desde esa confusa niebla de la niñez más lejana, las ferias nunca fueron un lugar alegre para mí. Yo me fijaba en otras cosas. No me gustaban las masas de gente, envidiaba desde lejos a los grupos de chicos, algo mayores que yo, que acudían ya a la feria sin sus padres, y sobre todo me daba cuenta de que aquel era un montaje de cartón piedra, un mundo imaginario y fraudulento: las atracciones se sostenían sobre chirriantes artefactos mecánicos, los empleados de las taquillas tenían aspecto triste, casi desesperado; manejaban el dinero, los boletos, las entradas, con esa avaricia que imprime la miseria y que da a las cosas simples un valor extraordinario. Tenían manos toscas en las que se adivinaban los esfuerzos por levantar aquel vasto decorado de ciudad en ciudad. Vendían los boletos completamente al margen de la euforia de los niños y de sus familias. Los puestos de tiro, gobernados por viejas gitanas o sujetos con la cara marcada, revelaban cómo aquel no era el reino de una alegría blanca e inocente, sino la transfiguración próxima, palpable, de la profunda tristeza del universo, un universo que respira trabajosamente, un universo, supe más tarde, donde lo más importante era encontrar dinero, alguna clase de dinero, y ganarse la vida, alguna clase de vida. Había algo profundamente vulgar en las loterías y los bingos de las ferias, en el tono monocorde de sus charlatanes provistos de micrófono, algo sucio e insalubre en los puestos de churros y buñuelos, algo triste que me estremecía y de lo que, si hubiera tenido entonces voluntad, habría huido sin mirar atrás. Odiaba los solares de tierra irregular o de guijarros donde se asentaban las atracciones, y odiaba los viajes en los autos de choque: en ellos siempre había tipos pendencieros que se divertían agrediendo a topetazos a inocentes parejas de novios, y los chicos se incomodaban ante la necesidad de mostrar coraje y defender a sus compañeras.

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Medium 9788483935057

Fallos de la memoria

Iban Zaldua Editorial Páginas de Espuma ePub

Fallos de la memoria

 

The Sound

In The Hothouse

Statik, 1986.

 

The Sound es uno de mis grupos favoritos, de esos que revelan, solo con mencionarlos, lo lejos que ha quedado la juventud de uno. Fue también un grupo con mala suerte, y, para qué ocultarlo, les tengo cariño a los grupos con mala suerte. Adrian Borland, su cantante y líder, empezó a tocar y a componer durante la primera oleada del punk, en el grupo The Outsiders; luego, en 1979, formó The Sound, que practicó lo que en aquella época se dio en llamar, al menos por estos lares, after-punk.

Yo los conocí gracias a la televisión, en el programa La Edad de Oro de Paloma Chamorro: el directo que ofrecieron me pareció fabuloso y, a la mañana siguiente, cogí lo poco que tenía ahorrado y salí a comprarme el último disco que habían publicado, Head & Hearts, a la tienda de discos Xaribari. En medio de aquel concierto, durante un receso, la presentadora les hizo una breve entrevista a los miembros del grupo, y me acuerdo muy bien de la última intervención de Chamorro: «Me habéis dicho que no queríais que os hiciera ninguna pregunta relacionada con Echo & The Bunnymen. ¿Por qué?», tras lo cual, sin responder nada y con visibles muestras de enfado, los músicos se levantaron y se fueron directos al escenario, a seguir con el show. Por lo visto The Sound estaban más que hartos de que los compararan con los Bunnymen.

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Medium 9788483935231

Idiosincrasia limña III (Anarchy in Peru)

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

Idiosincrasia limña III (Anarchy in Peru)

 

 

 

 

 

 

Se puede fumar, pero está prohibido.

 

 

 

(Letrero colgado en una pared del Bar Don Lucho)

 

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Medium 9788483935958

Azul marino o gris marengo

Pedro Ugarte Editorial Páginas de Espuma ePub

Azul marino o gris marengo

 

 

1

 

El realismo de mi familia, pero sobre todo las imaginaciones de mi madre, me exigieron convertirme en un hombre elegante. Para ellos se trataba de un imperativo moral y para mí de una obligación contra natura.

Lo cierto es que yo no contaba con verdaderas aptitudes para culminar aquella empresa: nada más ajeno a mi naturaleza que las maneras de un caballero distinguido. Fue una de esas cosas que se descubren poco a poco, mediante la acumulación de una larga hilera de mínimos detalles, algo parecido a lo que ocurre con los muchachos en la adolescencia, cuando, en sus aproximaciones a las chicas, la estadística de aciertos o fracasos les aclara, sin sorpresa, con progresiva certidumbre, su verdadero atractivo o la desoladora ausencia de él.

Quiero explicarme. Yo no odiaba los buenos trajes por razones ideológicas, ni había hecho de la resistencia a llevar corbata uno de esos principios accesibles a la gente desprovista, en general, de otros principios. Es más, comprendía la elegancia de unos gemelos de oro y apreciaba las propiedades lenitivas de un suave y confortable tejido de franela. Pero la elegancia es como tantos otros atributos de la condición humana: hay que nacer con él a cuestas, sentir su indeleble marca en algún furtivo rincón de la conciencia. La gente aterriza en el planeta con órganos perfectamente descritos en los libros de anatomía, con cierto número de dientes, con cierto número de dedos dispuestos en cada mano. Sin embargo, las cualidades interiores son producto de un anárquico reparto. La elegancia (como la belleza, el talento, la bondad, como tantas otras cosas) es un don o una especie de milagro. Y ese don, supe muy pronto, no se me había concedido, o ese milagro, también lo supe, nunca tuvo visos de acontecer.

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Medium 9788483935088

La noticia

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

La noticia

 

Primero fue aquella revista. Eran tantas las imprecisiones, y tan neciamente expuestas, que me deshice de ella con una carcajada. Recuerdo que salí a dar un paseo: el parque invitaba a distraerse, los árboles se volvían traslúcidos, la hierba se enjugaba un último rocío, los perros defecaban en ella, lo de cualquier mañana apacible, en fin. Así que no fue entonces cuando perdí los nervios.

Antes vino el programa de televisión. Eran las doce en punto de la noche –o medianoche, para quienes le encuentren algún sentido a dividir la noche en dos como una oscura naranja–, mis párpados pedían unos minutos más de cansancio para alcanzar el sueño, todo parecía en orden. El sillón me acogía entre sus dos grandes orejas y la calefacción dejaba un reconfortante aliento tibio en las paredes. Pero ¿cómo, cómo es que apareció aquel presentador bigotudo, con esa absurda cara de consternación y estoicismo, y contó todas esas mentiras sobre mí? ¿Por qué tuvo que anunciarle al país que mi paradero seguía siendo desconocido y que, hasta el fatal día de mi desaparición, nada había hecho presagiar la tragedia? Me revolví en el sillón, le grité a la pantalla y apagué de inmediato el televisor.

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Medium 9788483935606

Leyenda urbana

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Leyenda urbana

 

Las muchachas tristes siguen suicidándose de tanto en tanto en la estación del Metro de Rocafort. Chicas de piel muy blanca, que se descalzan en el andén y se asoman a la vía como a una piscina de agua que se intuye demasiado fría, al otro lado. Ellas se matan sin aspavientos, igual que se han vestido al levantarse o han mordido una manzana en el vagón que las trajo hasta aquí. Tropiezan con la muerte en el aire, a solas con los azulejos y el reloj parado y un banco sin viajeros. Se matan, aunque nadie mire los monitores apagados del puesto de control. Por más que todo el mundo asegure allá arriba, en la ciudad, que la estación permanece cerrada, que ya nunca cruzan trenes por esta vía.

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Medium 9788483935606

La otra orilla

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

La otra orilla

 

El hermanito se ahogó en el río. La mejor amiga se ahogó en el río. Un zarpazo de agua crispada se los llevó en dos veranos distintos pero iguales. Su habitación se llena de agua cada noche y cierra los ojos cuando siente que golpea desde dentro del armario, porque viene a buscarla. Pero por la mañana alguien todavía peor que el río la deja sentada sólo a ella, con el camisón seco, en la orilla.

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Medium 9788483935743

Mi nombre es ninguno

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Mi nombre es ninguno

 

Los capturaron por el motivo más nimio, alguien afirmó que uno de ellos había gritado: «¡Viva la República!» De otro que había blasfemado; de dos o tres se ignoraba la razón; del resto, se decía –lo decían ellos mismos–, que por pertenecer a un sindicato o a un partido de izquierdas.

Algunas noches venían unos jóvenes de oscuro y un sujeto mayor de pelo cano; leía éste en voz alta tres o cuatro nombres de una lista y se los llevaban. Nadie dudaba del fatal destino que esperaba a los que se iban. Cada vez que se abría el portón, Elicio Ostiz, antes de que leyeran aquellos pocos nombres, se meaba y se cagaba en los pantalones.

Una noche dijeron su propio nombre, Elicio Ostiz, y el olor a heces blandas y recientes se elevó incluso por encima del hedor del cobertizo.

Pero, sobre el miedo, prevalecía en los hombres el ­deseo de evitar las burlas que la incontinencia de aquel flojo compañero provocaría en sus ejecutores. Aurelio Mataix dio un paso al frente y se hizo pasar por Elicio. Poco importaba morir hoy o morir mañana, si ya había perdido la esperanza. Desde aquella noche creció entre los supervivientes un sentimiento de pertenencia a un colectivo que se impuso sobre la pulsión individual.

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Medium 9788483935293

Lo normal

Isabel González Editorial Páginas de Espuma ePub

Lo normal

 

Porque lo normal es perder un guante, fue encontrar tres en mi bolso y volvérseme el mundo una incógnita, un planeta sin leyes, un abismo sin baranda hasta que hallé a la mujer de tres manos y se los regalé.

 

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Medium 9788483935132

La ciencia

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

La ciencia

 

Extracto del discurso de clausura del I Congreso «La Flora en Gobi Hoy», a cargo del Dr. Algernon Woodgate, catedrático de Botánica Especial, London University. Traducción por gentileza de la Dra. E. M. C.

 

«Estimados colegas.

Los litopos son maestros del disfraz. Como bien saben ustedes, su menguante tamaño es el primer factor que debe hacernos sospechar: ¿a qué se debe semejante afán diminutivo? ¿Por qué esa naturaleza proclive a no dejar constancia de la propia presencia? (...) Son estos los interrogantes básicos para acercarnos a los litopos, las únicas y asombrosas piedras-plantas que crecen en el árido clima de la topografía que nos ocupa.

(...) Por tanto, de poco nos servirán las nociones ortodoxas de esa Botánica mutilada que nos empecinamos en continuar impartiendo. En lo que a mí me concierne, estos largos años de estudio de los litopos me han inducido a adoptar una actitud muy distinta. Opino, e incluso me atrevería a plantearlo aquí como hipótesis, que una aproximación rigurosa a nuestras piedras-plantas no es factible más que desde un sincero diálogo emocional con ellas: interpelándolas, sabiendo escucharlas. Y siguiendo, por qué no, su sigiloso ejemplo.

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Medium 9788483935026

Sí, cariño

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Sí, cariño

 

A Norberto Bayón le gustaban las películas de pistoleros, pero no esas películas de pistoleros que transcurren en paisajes tórridos y desolados (con pueblos de madera y mucho viento por los que nunca se pasea nadie y en cuya calle principal pueden verse rodando unos matojos huérfanos); sino más bien esas otras películas de pistoleros que tienen al fondo montañas con nieve, y las calles del pueblo están llenas de gente muy hacendosa y abrigada, y salen tramperos, y hombres con pasado que llevan en la cabeza unos gorros peludos con cola de mapache, y huraños y tenaces buscadores de oro.

–Así, a primera vista –le explicaba Norberto a su novia–, las dos podrían tomarse por películas de pistoleros sin más ¡pero qué diferencia de unas a otras, Rosita!

–Sí, cariño –le decía ella.

Además de las películas de pistoleros que tienen al fondo montañas con nieve, a Norberto Bayón le gustaban las fresas, las cajas de los limpiabotas, la palabra «alcorque», el suburbano, y mediar en las peleas de perros.

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Medium 9788483935033

Días de sol en Metrópolis

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Días de sol en Metrópolis

 

Supermán daba vueltas al globo rompiendo la barrera del sonido, hacía cosas así, y en cambio hay gente, hay hombres más que nada, que se ponen a abrir una sencilla lata de berberechos y se rebanan las pelotas. Yo soy de esos. No estoy dotado de superpoderes. En absoluto. Pero Elvira está visto que no quiere enterarse, vive en su mundo, y no pierde ocasión –sobre todo esos días en que esperamos invitados– de confrontarme con mis limitaciones:

–Cielo: ¿podrías ir abriéndome estas latitas de berberechos?

–Ya; tú lo que estás buscando es que yo me rebane las pelotas, a que sí.

–Pues no, cielo. ¡Cómo iba a querer eso!

Supermán podía ver a través de los objetos sólidos. Ya no hay objetos sólidos. Los había hasta hace unos años. Pero ya no. Ahora sólo hay objetos que se acoplan y otros objetos que se desacoplan, larvas que viajan de un continente a otro, hay porteros armados con fusil que esperan a estar solos para hablar de la ruta de la seda. Va a ser de noche. Se anuncia un temporal. Y por eso se lo digo a Elvira:

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Medium 9788483935620

Conocer a alguien

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Conocer a alguien

 

Cada día, antes de verla, me afeito con meticuloso esmero la larga mata de pelo azul que me crece en la espalda, en el pecho, en los bíceps y en los antebrazos. La cabina de la ducha acaba anegada por un mar cian y encrespado, que brilla con la intensidad de un accidente radiactivo. Después, a eso de las seis de la tarde, paseamos bajo la sombra de la alameda hablando del tiempo, o del aroma de las gardenias; previamente me he vendado las rodillas, y todas las articulaciones, para evitar los saltos involuntarios que me harían sobrevolar los árboles de tres en tres. A veces nos agarramos la mano, y yo le beso los dedos, sosteniéndolos entre los míos, más gruesos y toscos, con las uñas siempre bien recortadas, para evitar que asomen las historias que me nacen desde cada una de ellas, como códices miniados sobre duros pergaminos de queratina, en diez lenguas distintas. Así había sido al menos durante estos dos últimos años, hasta que hoy me ha dicho adiós por teléfono, acusándome de ser un tipo demasiado normal.

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Medium 9788483935316

Bulevar

Javier Sáez de Ibarra Editorial Paginas de Espuma ePub

Bulevar

 

Este es el último texto que escribió Marcos en mi taller literario. No debo y, desde luego, no quiero añadir o corregir nada. No es ahora mi misión esa.

 

Carver Bulevar

 

Irma Pugliese vino de Argentina con una beca de estudios; contaba algo más de veinticinco años cuando se licenció en Filología por la Universidad Complutense de Madrid. Le aseguraron que su beca le cubriría otros dos cursos, así que decidió quedarse a hacer el doctorado. Pensó que si organizaba un taller literario podría obtener algunos ingresos. Su tía Cecilia llevaba años viviendo de uno en Buenos Aires. «Acá también», se dijo, «debe de haber gente que quiera aprender a escribir».

Puso el taller en su propia casa, un piso alquilado de cincuenta metros; para ello tuvo que cambiar su dormitorio de habitación. Pintó las paredes de verde, montó unas estanterías nuevas que llenó con sus libros y compró pósters con los rostros de escritores famosos. Luego diseñó un pasquín y lo fue distribuyendo por las fachadas de los edificios, las farolas y los comercios de la zona. Los propietarios la miraban con desconfianza; antes de permitirle que colocara los carteles preguntaban qué significaba «taller». Durante unas semanas esperó a que se presentara alguien. Descubrió que sus anuncios, salvo en las tiendas, habían desaparecido, o habían sido cubiertos por otros. Sin embargo, no quiso desanimarse; hizo una nueva edición, esta vez con el dibujo de un tintero y una pluma, y volvió a llenar con ellos las calles del barrio.

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