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Medium 9788483935255

Una máquina curiosa

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Una máquina curiosa

 

En un film polaco de hace algunos años, el protagonista oye hablar de un máquina fantástica que, con sólo examinar una fotografía, determina si los individuos allí retratados están hoy vivos o muertos. Como la realidad imita el arte, un matrimonio de científicos suizos ha anunciado la invención de un artefacto de propiedades análogas: una máquina copiadora de fotos que, según cómo se emplea, aparta lo que ya no existe de lo presente. Así, de una foto tomada hace treinta años y en la que se ve un grupo de seis personas, el aparato proporciona dos fotos diferentes; una con quienes aún permanecen vivos, otra con los que están muertos. En ambos casos los ausentes han sido reemplazados por más paisaje de fondo, como si una grúa infalible los hubiese arrancado sin dejar rastro. Resultado de esta máquina curiosa, los muertos pueden congregarse sin perder la juventud mientras los vivos quedan abrazando por la espalda un espacio vacío: el aire que antes ocupaba un ser humano.

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Medium 9788483935866

Plano abatido

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Plano abatido

 

No tuvo más remedio que hacerlo así, muy a su pesar. ¿Suicidio?, qué más da eso ahora; ¿intento de asesinato?, no, jamás se le habría pasado por la cabeza, él no lo hubiera llamado de esa forma, aunque a todas luces y en los archivos de la Policía pueda ser algo probable. No tuvo otra salida, ella le obligó sin darse cuenta; ella o la perspectiva en picado de ella, que no es lo mismo; ella o un eje imaginario que nacía en los ojos ansiosos de él y la atravesaba para fijarla a la tierra, ese nivel donde ella ya no era sino un abatimiento del plano a vista de pájaro que él poseía y volvía a grabar en su retina cada mañana. ¿Cómo explicarle ahora a los investigadores un amor aéreo, un deseo fugaz, que apenas dura una décima de segundo?

Se puede investigar lo puramente físico, lo material: sí, él se tiró sobre ella desde el balcón del sexto, y un instante antes de errar y caer a su lado gritó un «mi vidaaa» con una a larguísima que rebotó en el suelo también y se rompió en infinidad de trocitos pequeños de a mezclados con el deseo hecho añicos, trocitos de a que se lanzaron a su vestido, aprisionándola, manchándola de amor y locura; así permanecieron esos minutos como horas, ella quieta como una estatua a su lado, él desparramado finalmente a sus pies, vencido, o victorioso quizá, sin haber podido retener el instante vertical, el segundo mágico de donde le brotaba cada mañana un amor decididamente atmosférico, aéreo, inverosímil.

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Medium 9788483935743

Cuento del falso eunuco

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Cuento del falso eunuco

 

El Sultán de Diurundi era impotente, pero tenía más de doscientas mujeres en su harén, porque como buen musulmán no renunciaba a los placeres del sexo, a pesar de su problema eréctil, Había mandado traer de Alemania trescientas camillas de paritorio en las que las mujeres se tumban con las piernas abiertas y levantadas, bien sujetas a dos estribos.

De sus diez eunucos, Hassin era un falso eunuco, dotado de un miembro viril que para sí quisiera un caballo. Al Sultán le gustaba contemplar cómo Hassin hacía la ronda, a él vedada, penetrando a todas sus mujeres que lo esperaban a lo largo de dos filas en la posición ya mencionada como en una sala de hospital. Así, el Sultán de Diurundi llegó a tener más de trescientos hijos varones, todos oscuros y fuertes como Hassin, pero ningún nieto, porque, ay, los hijos de Hassin nacieron sin testículos o con los testículos necrosados.

Los designios de Alá, el Todopoderoso, son ciertamente inescrutables.

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Medium 9788483935750

Cuentos del reino secreto

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Cuentos del reino secreto

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Medium 9788483935248

Una tarde de buceo (Tres variaciones)

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

 

Más cuentos de buceo. Sin duda tienen que ver con mi nostalgia invernal de una actividad que no dejo de practicar todos los veranos, y que me ha llevado a imaginar personajes buceadores.

En este caso, las «variaciones» surgieron a partir del primer cuento. La situación me había interesado mucho y se me ocurrió un segundo cuento en el que, partiendo del mismo arranque, explorase la trama en otro sentido. Otro tanto sucedió con el tercero. Seguramente podría añadir que lo que luego sucede en ellos –una extrañeza personal frente al paso del tiempo, y además la posible existencia de espacios paralelos que a veces me ha parecido intuir– obedecen a la lógica implacable que me dice que esos momentos felices, aunque puedan repetirse –ahora mismo se van acercando los días en que visitaré de nuevo la costa del sureste, y en los que pienso recorrer buceando ciertos lugares para volver a ver si persisten en cierto punto unas formaciones que parecen corales rojos, y en otro una pequeña cueva en la que el año pasado había un mero de tamaño respetable, y otra zona donde abundaban los pulpos, y otra en la que me encontré durante toda una semana con un cardumen de cientos de peces de unos quince centímetros de largo parecidos al reo, esa especie de trucha que en un momento de su vida asciende por los ríos, y que yo conocía por haberla visto en las rías gallegas…–, digo que, aunque esos días felices se repitan, al fin terminarán de una vez para siempre.

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Medium 9788483935750

El castillo secreto

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

El castillo secreto

 

El castillo se alza en esta misma comarca, pero no es visible en la vigilia. Para llegar a él hay que encontrar un camino que a veces se presenta durante el sueño, abriéndose delante de nosotros conforme avanzamos paso a paso. El castillo no parece muy grande, pero tras el amplio vestíbulo hay muchos pasillos, en varios pisos, con innumerables puertas idénticas que dan entrada a las habitaciones. Yo conozco la habitación sin límites, donde se cae sin cesar, y la que da acceso a una escalera de caracol que nunca concluye. Conozco también la habitación de los susurros que no se pueden entender, la de las grandes sombras con formas monstruosas, la del reloj que marca cada segundo con una gruesa gota de sangre que salpica las paredes. Y está la habitación del mar de peces muertos, y la de los pájaros ciegos que revolotean sin rumbo. Yo conozco la habitación de las dunas, sembradas de esqueletos de exploradores perdidos, y la de las ciénagas, donde flotan ropas, sombreros, mapas. Ese castillo es peligroso, porque para salir de él es necesario despertar, y muchos no lo consiguen, aunque cada día los veas a tu lado y ellos y tú creáis que están despiertos.

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Medium 9788483935293

Una dirección

Isabel González Editorial Páginas de Espuma ePub

Una dirección

 

Existe un mundo exterior, un mundo interior y unas escaleras mecánicas que comunican ambos y que casi siempre están estropeadas. Un operario se ha arrodillado al pie de la avería y ha invertido el sentido de la escalera de descenso para comodidad de los que suben. Los que bajan han de usar los peldaños de siempre. Los de piedra. Bajan lentos. A trompicones. Bracean demasiado. Se producen percances. El paraguas de un muchacho levanta la falda de una señora. Ella se gira ilusionada, pero él se disculpa.

 

La primera vez que solté un cachete al culo de mi marido fue por culpa de una mosca. La perseguía desde la mañana, pero volaba y volaba sin posarse. Entonces él me penetró y se quedó quieto. Le gustaba quedarse un poco así. Ahondar, sondear, asegurarse de que no había otra polla dentro. Era muy celoso. La mosca aterrizó en sus nalgas, la aplasté y gritamos ¡sí! al unísono. Yo, por lo de la mosca. Él, como si llevara toda la vida esperando aquello.

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Medium 9788483935736

Comparsas

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Comparsas

 

Se casaron y se fueron al piso. Habían encontrado el alquiler menos caro en una población de la periferia, entre enormes edificios de ladrillo que se alineaban multiplicando la simetría de ventanas innumerables. Vivían lejos de su trabajo, un tren, un autobús, el metro, debían levantarse antes del alba y se pasaban los domingos en la cama, intentando recuperar el sueño. A los pocos meses empezaron a tener desavenencias, reproches por asuntos domésticos, quejas recíprocas, roces que provocaba el cansancio. Una noche la discusión fue tan grave que él salió de casa dando un portazo y echó a andar por la avenida que canalizaban los dos murallones de edificios. Soplaba un viento frío y buscó el resguardo de una de las estrechas calles perpendiculares que separaban los bloques de viviendas, hasta llegar a la trasera, una parte que no conocía. La riña reciente lo tenía muy desasosegado y sentía su vida como un mero pasar insatisfactorio, un continuo sacrificio laboral en el que no había nada estimulante. En el último tramo llamó su curiosidad un gigantesco andamiaje metálico, y acabó descubriendo lo que parecía el tinglado de un decorado. Vistos desde allí, los bloques de viviendas daban la impresión de carecer de profundidad, de ser ficticios, simulacros, apariencias, solo enormes paneles frontales. Decidió regresar, pero se fue extraviando cada vez más entre aquellos armazones donde no aparecía ningún volumen habitable. En el frío de la noche, mientras buscaba el camino de casa, tuvo miedo de pensar que su vida acaso no era sino el papel insignificante de un simple comparsa en un espectáculo que él mismo desconocía.

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Medium 9788483935507

Ladrón de libros

Paola Tinoco Editorial Páginas de Espuma ePub

Ladrón de libros

 

Uli empezó a robar libros cuando Jonás, el amigo de un amigo, suyo quiso adquirir una edición especial de Lolita. Se jactaba de conocer muy bien la bodega en la que trabajaba y la ubicación de cada título, sin embargo no fue ahí donde consiguió el ejemplar que buscaba. A punto de olvidarse del asunto, Lolita lo encontró a él mientras hurgaba en el estante de los libros maltratados para elegir uno que sirviera de posavasos.

El dinero que le ofrecía Jonás valía la pena como para remozar el ejemplar. Se aseguró de que no le faltaran páginas, y luego quitó la mugre de la portada con una estopa mojada en bencina, ese líquido helado que le resecaba las manos, pero al pasar por las tapas del libro renovaba sus colores, respetando las tintas y los barnices. Al final buscó una lija de agua y talló los cantos. El color amarillento cedió. Sólo el de los cantos, porque las páginas de un libro, como la piel, no pueden ocultar el paso de los años.

Uli salió de la bodega para ir a ver al interesado en el libro, y cuando se lo entregó, aquel pagó sin rechistar. Se trataba de una edición muy particular, ya no se veía en librerías, ni siquiera en las de viejo. No imaginé volver a ver esta edición, dijo sonriente el nuevo propietario del libro. Uli se guardó la historia del hallazgo.

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Medium 9788483935415

Lenguaje del Foro

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Lenguaje del Foro

 

La policía había reunido importantes pruebas de cargo contra él: las huellas dactilares en la pistola, las pisadas en el barro… así hasta treinta y tres, pero ninguna consistía en el testimonio de una persona. El abogado defensor hizo hincapié en este dato: «Si un perro ladra, señoras y señores del jurado, ustedes son incapaces de entender cabalmente lo que dice. Si un gato maúlla ustedes ignoran lo que está pasando por su cabeza. Y el gato y el perro son seres vivos, tan vivos como ustedes y como yo. ¿Por qué, pues, aceptar que una pistola, unos zapatos, unas gafas rotas, una cajetilla de cigarrillos abandonada nos hablen? Señoras y señores no se dejen ustedes seducir por el fiscal: ¿qué pueden decirnos las cosas, si las cosas no hablan? En cambio, ahí tienen ustedes a mi defendido, escúchenle con atención, él ha dicho bien claro y bien alto que es inocente».

 

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Medium 9788483935736

Antitabáquica

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Antitabáquica

 

«Después de fumado el último cigarrillo, las cajetillas restantes se amontonarán en el patio de armas, y el dragón las quemará, exhalando su también postrera bocanada flamígera». El heraldo ha leído el decreto, el dragón aspira entre gorgoteos, arroja al fin de las fauces la llamarada, pero es tal que no solo quema la pira de cajetillas sino también al rey, a la reina, a las damas, a las dueñas, a los caballeros, a los bufones. Muchos años después, los campesinos siguen fumando junto a los muros del castillo, cada vez más ruinoso.

Dos cuentos de navidad

 

 

Los magos perdidos

 

Alrededor de las cuadras y los corrales se habían refugiado muchos forasteros pobres, numerosas familias sin hogar. Nunca olvidaré la estrella brillando tan cercana sobre los míseros cobijos improvisados. Nunca olvidaré el asombro de los harapientos ante los jaeces lujosos de los camellos y las ropas doradas de la comitiva. Nunca olvidaré las idas y venidas de los Reyes desorientados, incapaces de encontrar al Niño entre tantos recién nacidos que lloraban bajo la helada.

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Medium 9788483935040

El cielo en casa

Eloy Tizón Editorial Páginas de Espuma ePub

El cielo en casa

 

Cuando conmigo estás

en mi casa ya no hay paredes

hay árboles

árboles eternos

 

No hay mucho más que contar. Una verja entornada, algunos macizos de hortensias, unas cuantas sillas, dispersas por los senderos, de hierro. O eso creo. Aquí estoy bien. No me falta de nada. Recibo un trato educado y todas las atenciones son pocas. Las monjas me cuidan, son solícitas conmigo y ejercen alrededor de mí una vigilancia discreta. La versión oficial es que me encuentro ingresada siguiendo una cura de reposo, para reponerme de una crisis nerviosa. No sé. Los médicos me han dado permiso para salir cuando me apetezca, pero les he respondido que no, gracias. Qué barbaridad. Aún no estoy preparada para enfrentarme yo sola al mundo exterior. ¡El mundo exterior! Ese lugar con aristas afiladas, violadores en las esquinas y miradas de escarnio que se precipitan encima de una desde arriba y arden de un modo rápido y seco, como un golpe de calor.

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Medium 9788483935248

El túnel

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

El túnel

 

La estación no está muy lejos y el profesor Souto piensa que todavía llegará a tiempo para coger el tren de las dos y regresar. Pero mientras recorre con prisa la acera a lo largo de los enormes muros, la sombra espesa le confirma la sensación de los días pasados. Aunque oculta por un aura cenicienta, la luz de agosto pone en los espacios que están a su resguardo una opacidad rotunda. Así, se mantiene en su conciencia la sospecha de encontrarse dentro de un túnel, de no haber salido de él en las últimas jornadas.

Es la tercera vez que visita la pequeña ciudad para asistir a un congreso profesional. En esta ocasión, lo tórrido de las fechas no lo amilanó, y a lo largo del período postoperatorio, la esperanza de estar curado y poder participar en el encuentro como uno más, liberado de sus padecimientos, lejos de la cama del hospital, de las agujas que se clavaban en sus brazos, de los tubos incrustados en los cañones de sus narices, penetradas sus entrañas por otras canalizaciones, le daba a la imaginación de la ciudad, sin duda reseca, con sus calles inundadas de sol y de calor, el fulgor de los espacios deseados, porque en ellos debía cumplirse un destino gozoso de libertad: y ninguno podía serlo más que este, estar aquí con la seguridad de que la terrible dolencia ha quedado atrás, y que los largos y penosos días de postración son solamente un recuerdo cada vez más vago.

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Medium 9788483935200

Limpia luz de escarcha

Nuria Barrios Editorial Páginas de Espuma ePub

Limpia luz de escarcha

 

La noche cerraba el ventanuco del establo cuando una sombra se levantó del banco.

–Hoy me acostaré temprano, Dolores –dijo la vieja–. Estoy cansada.

Dolores dejó la lanzadera y se llevó la mano a la pequeña cicatriz encarnada que tenía en la frente. Esa noche helaría. Un granizo afilado como un pico le había marcado de niña aquella puntada carnosa. Cuando la temperatura bajaba, la antigua herida, de costumbre pálida, despertaba y enrojecía, como si la piel tuviese memoria del dolor.

–No se puede ir a la cama sin cenar algo, madre. –La mujer se puso en pie–. Voy a calentarle un plato de sopa.

Tras ayudarla a desvestirse, Dolores volvió al trabajo. Venían compradores desde muy lejos para adquirir las mantas de lana que tejían en aquel pueblo asolado por furiosas tormentas de hielo. Ella, al igual que sus vecinos, vivía de esa maldición. Sus yemas ásperas acariciaron el dibujo rojo, castaño y naranja de la manta antes de sujetar la lanzadera. Tejía como parpadeaba o andaba. De hecho, desde hacía tiempo tejía con más gracia que andaba. Pero esa noche estaba inquieta. Al acostar a su madre, había notado el frío en su aliento. Se separó del telar y se dirigió al teléfono.

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Medium 9788483935309

El cebo

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El cebo

 

–Hemos de confesarle, embajador, que hay algo más por lo que usted ha sido invitado a nuestro club –dijo lord Wandsworth–. Nuestro amigo Brian Field, conde de Leathersdale –y señaló con la mirada a uno de los presentes–, no ha renunciado todavía a conseguir una pluma de ángel y para ello, hemos de confesarlo, precisamos de usted. ¿Ha oído hablar de Emanuel Swedenborg, el gran teósofo sueco del siglo xviii? Vivió muchos años en Londres y nos dejó dicho que los ángeles no son criaturas diferentes de nosotros, que nacen siendo niños, que, luego, cumplida su vida como hombres, sus almas se transforman en ángeles o en demonios. De modo que todos nosotros algún día seremos una cosa u otra.

–Es lo del renacuajo y la rana –puntualizó lord Leighton Buzzard–. Por ahora solo somos renacuajos.

Lord Leatherslade asintió con la cabeza:

–Swedenborg descubrió a los ángeles mientras caminaba sobre la nieve en su Suecia natal –dijo–. Junto a las huellas que él iba dejando, había otras, dos a su derecha y dos a su izquierda, que avanzaban o retrocedían con él. Identificó a las primeras como las de su Ángel de la Guarda; a las segundas, como las de su Demonio Tentador. También fue capaz de deducir con precisión matemática su tamaño y la envergadura de sus alas.

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