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Medium 9788483935446

Falsas historias

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Falsas historias

 

Joseph era un niño tímido y apocado que se pasaba los días observando con admiración y envidia todo lo que sus compañeros eran capaces de hacer, ya se tratara de la vertical contra una pared, de fumar un cigarrillo a escondidas en los lavabos o de aprenderse un poema erótico de memoria. Todo lo que no fuera mirar le parecía cosa de titanes, heroicidades inaccesibles para él. Sin embargo, cada día, al llegar a casa, sus padres –preocupados por el aspecto siempre demasiado impoluto del muchacho– le preguntaban con interés qué tal día había tenido, qué había hecho en el instituto, a qué había jugado con los compañeros, cómo iba en el equipo de fútbol y demás cuestiones referidas a sus actividades, razón por la cual Joseph sentía que, para ser un buen hijo, tenía la obligación de mentir. ¿Cómo iba a decirles que no había hablado con nadie, ni jugado a nada y que siempre sin excepción estaba en el banquillo? Iniciaba entonces la única acción para la que sin duda estaba dotado –cada día más, gracias a la práctica–: la fabulación. Joseph mentía a diestro y siniestro. Inventaba para sí mismo un liderazgo inexistente, salpicado de anécdotas a cual más espectacular y jugosa, entre las cuales desde luego quedaban incluidos varios goles individuales, diversas felicitaciones por parte de los profesores, muestras de fidelidad incondicional de sus compañeros y una larga lista de proezas narradas con intensidad y maestría frente a las cuales, naturalmente, los padres quedaban extasiados y convencidos de la indudable valía y del enorme talento de su único hijo.

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Medium 9788483935354

Excepciones

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

Excepciones

 

Per a Quim Monzó, des de l’altre costat del llindar

 

La noticia del tipo que no puede entrar en su casa se extiende rápidamente por la ciudad. Nadie quiere perderse el espectáculo. Los que ya lo han presenciado envían sms, fotos y vídeos a través de sus móviles. Desde las ocho de la tarde también puede verse en Youtube. En los periódicos y en los canales de televisión, que al principio se lo habían tomado a broma, se preparan para informar del suceso. Los telediarios de las nueve emitirán la noticia en riguroso directo.

Tres horas antes, Ignacio acaba de llegar al portal del edificio en el que vive desde hace más de veinte años. Abre, atraviesa el umbral e inmediatamente vuelve a encontrarse en la calle, de espaldas a la puerta, como si acabara de salir del inmueble. Ignacio es un hombre práctico y antes de arriesgarse a postular una conclusión apresurada, lleva a cabo tres intentos más, en los que también vuelve a fracasar. En el tercero de ellos ha introducido una variante: en lugar de intentar cruzar el umbral con todo su cuerpo, adelanta sólo su mano derecha, la cual aparece inmediatamente flotando frente a él, como si alguien la acabara de extender desde el interior del portal. Seguir intentándolo va a ser inútil. Pero Ignacio tampoco puede quedarse sin hacer nada, ni abandonar su hogar (aunque circunstancialmente no pueda entrar, ¿quién le dice que este fenómeno no pueda irse tan de repente como llegó?). Lo mejor será avisar a Gonzalo, el vecino del 2.º 1.ª, el único con el que se lleva bien. Llama al timbre y a través del micrófono del portero automático le explica lo que le ocurre y le pide por favor que baje a ayudarle.

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Medium 9788483935415

El maestro nacionalista

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El maestro nacionalista

 

Los nuevos niños a su cargo tenían tal virginal ignorancia que cayó en la tentación de enseñarles que el Norte era el Sur y que el Este era el Oeste.

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Medium 9788483935231

CUSCO

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub
Medium 9788483935361

Las furias de Menlo Park

Ignacio Padilla Editorial Páginas de Espuma ePub

Las furias de Menlo Park

 

El primer cargamento se perdió en el Atlántico a mediados de octubre. Seiscientas niñas de cerámica se ahogaron a escasas millas de Rotterdam sin que hubiera dios ni ayuda para impedir esa zozobra de encajes, piernas, brazos y ojos de vidrio que miraron sin mirar a los peces que no podrían devorarlas. Ahí seguirán ahora: sonrientes, mudas, hacinadas entre algas como en la fosa abierta en el jardín de un pederasta, estrafalario sueño de fotógrafos marinos y coleccionistas de juguetes que estiman el valor de cada muñeca en poco más de mil trescientos marcos alemanes.

Frente a esa cifra desmedida, se vuelve difícil creer que Edison pagó por ellas poco menos de dos dólares, cantidad que aun entonces se diría irrisoria. En una carta fechada en vísperas del naufragio, el inventor felicita encarecidamente a Bernard Dick, su adelantado en Europa, por el éxito de sus negociaciones con los fabricantes de Nuremberg, y llega incluso a anticipar que, si las muñecas resultan efectivamente adecuadas para su proyecto, las ganancias de esa primera entrega le permitirán muy pronto abrir en Nueva Jersey una fábrica que les ahorre la importación de ejemplares europeos.

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Medium 9788483935736

Revelación

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Revelación

 

Siempre me pareció que tenía algo de pájaro: la manera de mover su pequeña cabeza, con sacudidas suaves, la forma de mirar un poco de lado, los breves gestos mudos con que a menudo separaba y juntaba los labios, como un piquito. Cuando nos casamos, la intimidad de cada jornada me daba nuevas muestras de su aspecto ingrávido, de sus leves sobresaltos, una delicadeza un poco automática, como la de las aves. Han pasado los años y los niños crecieron, ya son casi adultos, y también me parece ver en ellos un aire cada vez más claro de pájaros. Sobre todo desde aquel día que, en las salinas, ella echó a correr hacia los flamencos y se fue volando con ellos.

Micronovela

 

Ella llegó en el trasbordador la tarde del viernes, cuando el sol recortaba en el pinar una sombra suave y ocre. Llevaba un bolso pequeño, en el que guardaba el teléfono móvil manipulado a menudo con impaciencia. Él recorría la isla sumergido en un ensimismamiento que lo alejaba de las playas y de los bares. Tampoco su teléfono le servía para conseguir la comunicación afanosamente intentada. Se encontraron aquella misma noche, ante una de las tabernas del puertecillo pesquero. Estaban solos en el extremo del malecón y la cercanía de sus cuerpos despertó en ambos el reclamo de la compañía. Ella se mostró despreocupada, jovial, y no le dijo la verdad sobre su procedencia. Él también aparentó serenidad y mintió al hablar de su vida cotidiana. Aquellos disimulos sirvieron sin embargo para que descubriesen cada uno en el otro cierta seguridad ante la noche. La pasaron juntos, y los dos días siguientes. El lunes, a media mañana, cuando estaban tumbados en la playa, sonó el móvil de ella, que se alejó para hablar, la voz excitada. Él la empezó a mirar con extrañeza, como si nunca la hubiese visto antes. Aquella misma tarde, el móvil de él recibió una llamada que contestó con júbilo. Al ponerse el sol, mientras ella subía al transbordador, él esperaba la llegada de un avión. Nunca más volvieron a verse.

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Medium 9788483935750

Artrópodos y hadanes (una fábula)

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Artrópodos y hadanes (una fábula)

 

*

 

¡Lo juro por los mares peludos de la Estrella Negra y por la brisa viscosa de Ol! ¡No es un prejuicio! ¡Nunca he puesto en duda nuestra hermandad!

No me importa que tengan dos extremidades menos que nosotros, ni esas uniones extrañas de su cabeza con el tórax, y del tórax con el abdomen. Tampoco pienso que su inteligencia sea menor, pues es notorio que, para algunas cosas, puede ser muy superior a la nuestra. No es por ahí. ¡No soy un maldito racista!

Donde me parece encontrar una diferencia enorme entre ellas y nosotros es en la sensibilidad. Por eso digo que somos en el fondo muy distintos. Lo que pretendo asegurar es que, en lo que se refiere a la sensibilidad, hay un punto, un límite, a partir del cual ellas y nosotros ya no tenemos nada en común. Enfrentadas a situaciones que para nosotros serían motivo de gran turbación, o por lo menos de desconcierto, ellas mantienen una indiferencia, o mejor una frialdad, que parece propia de seres de otra naturaleza.

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Medium 9788483935965

Moda

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Moda

 

Yo, la increíble mujer barbuda y más que barbuda. Yo, la mujer tupida por delante y por detrás. Yo, rival de osos y de chinchillas, codicia de peleteros, paraíso de ácaros. Yo, estrella del Gran Circo Mundial, exijo: no me presupongan felpudo íntegro, completa hirsuta, reserva agreste. Yo no descuido ninguna tendencia estética. Soy higiénica, soy femenina, me sorben. Yo, cascada vellosa de la cabeza a los pies, me rasuro el pubis por completo.

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Medium 9788483935101

El niño pera

Mariana Torres Páginas de Espuma ePub

El niño pera

 

El niño pera es de color carne y forma de pera. No tiene brazos ni tiene piernas, no hay por dónde cogerlo. Sus ojos negros como tizones, y triangulares, están metiditos en la piel, bien clavados. Como si alguien los hubiera aplastado para ponerlos ahí. La cara la tiene un poco hacia dentro, como hundida.

El niño pera no es mío pero tengo que cuidarlo. Su padre no lo quiere ni sabe qué hacer con él. El niño pera sonríe, está contento. Yo sé que no vivirá mucho, sé que no podrá respirar cuando crezca.

 

 

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Medium 9788483935828

Cigarras

Pablo Andrés Escapa Editorial Páginas de Espuma ePub

Cigarras

 

«Que por Pascua», pide una voz, «resuciten las cigarras».

Y Amparo las trae en los oídos cuando vuelve de ver los páramos, que quieren verdear bajo las nubes. Amparo viene rezando por tallos firmes, por la salud de los hijos que se alimentarán de espigas. Y pide, según se corona una cuesta, por los campanarios que tocan a misa de Resurre­c­ción: para que las campanas sean una fiesta, como las alas de las cigarras que saben bajar el cielo con su música. De su canto está el hambre desterrada y toda necesidad salvo la de que el tiempo pase. Amparo quiere que sea ya verano y que el viento esparza el polvo que exhala el trigo volteado, como un suspiro de oro. Y en seguida poner mesa y mantel blanco donde el pan tenga bueno el acomodo.

Las cigarras llevan las tardes prendidas de sus alas. Erigen memorias que detienen el curso del sol y dictan labores donde no existe la necesidad, ni las ganas de ver el mundo como es. Hasta alumbran páginas doradas por las que corren los metales enterrados. En el siglo primero del mundo lleva cigarras en los oídos el romano que atiende al relato de un soldado, venido de algún confín remoto del imperio. Y de regreso a su villa, envuelta en pinos musicales que adormece el mar, escribe de otro modo lo que ha oído: «Vencidos los bosques sagrados que el dios guarda, atrás los ríos que borran la memoria, alzados a montes segurísimos donde antes llegarían las olas del océano que las armas del romano, viven hombres rústicos cuyo suelo mana bermellón y oro bajo la uña ardiente del caballo». Entonces suspende la escritura para seguir oyendo a los insectos que forjan, altos sobre las playas, imperios hegemónicos.

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Medium 9788483935620

Ciudad dormitorio

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Ciudad dormitorio

 

Ciudad dormitorio. (Del lat. civĭtas, -ātis, y dormitorĭum).

1. f. Conjunto suburbano de una gran ciudad cuya población laboral prescindiría del arte, erradicaría la literatura y borraría todo vestigio de la música o la danza, a cambio de obtener un puesto fijo o de funcionario como profesor de arte, o de literatura, o como administrativo en cualquier tipo de conservatorio, centro dramático o auditorio municipal.

2. f. Conjunto urbano en el que los ciudadanos han decidido pasar sus vidas durmiendo.

3. f. Ciudad zombi.

 

Véase. Zona de ensanche.

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Medium 9788483935446

Sembrar la discordia

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Sembrar la discordia

 

Antonio y Antonio habían sido vecinos toda la vida. En las mismas casa adosadas y contiguas. Idénticas y separadas tan solo por un parterre al que, desde que los dos se habían jubilado, dedicaban las mejores horas del día. Lo cierto es que habían conseguido, en opinión del vecindario en general, crear entre los dos un rincón de belleza y colorido sin par.

No es necesario comentar lo orgullosos que Antonio y Antonio se sentían de su limítrofe jardincillo común. Pasaban muchas tardes conversando, en invierno, sobre los próximos cultivos, abonos, flores, semillas, sistemas, cuidados y demás detalles. Les servía a un tiempo de entretenimiento y de estímulo. Por otra parte, no resultaba una afición en exceso onerosa para los ridículos e insultantes salarios que les quedaban a las personas de la tercera edad después de haber trabajado toda su vida.

Pero llegó el día en que la armonía entre los Antonios llegó a su fin, y el caso es que, visto desde fuera, parece incluso cosa de niños –tantas veces cerca de las cosas de viejos–, pero tomaron ambos tan en serio el asunto que su plácida amistad acabó en un enconado enfrentamiento. Y fue la cuestión que, el día menos pensado, los dos y a un mismo tiempo sugirieron un cambio en las flores que plantar la próxima temporada. Que el uno claveles, que el otro margaritas, y así hasta la locura. El parterre quedó vacío. Podrían haberse repartido el lugar y sembrar las dos cosas a la vez pero, nadie sabe por qué, prefirieron sembrar la discordia que la confusión. De ahí.

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Medium 9788483935606

Primer plato

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Primer plato

 

Poco después llegó la muerte. Todos la vimos trepar por tu pelo, pero bajamos los ojos y seguimos comiendo. Rezando en voz baja para que se conformara contigo.

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Medium 9788483935736

3. Paradoja fundacional

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

3. Paradoja fundacional

 

No fue el ser humano quien inventó la ficción, fue la ficción lo que inventó al ser humano, pensó el profesor Souto, y se sintió más cuerdo que nunca.

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Medium 9788483935965

O

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

O

 

Te gustaría verme ahora, corazón. He mejorado. Ahora no tengo casa. Ahora llevo el pelo suelto y me paso el día por ahí. Me huelen el culo, me piden la patita y me dan un caramelo. Esto tampoco me molesta, la verdad. Porque me gustan los caramelos. Porque los caramelos saben mucho mejor que las migas de pan que me echan los viejos. A mí. A mí que hago girar balones sobre la nariz y anticipo el sabor alegre del pescado con que me premia el entrenador. Me aplauden, mi vida, me aplauden. Algo que nunca habría soñado. ¿Recuerdas lo mal que dormía? Yo sí, mucho. Sobre todo cuando llega el invierno, se me caen los párpados, me hago un ovillo y ahí me quedo hasta la primavera. Con el primer rayo de sol, otra vez lo mismo. Sacudo las alas y salgo a buscarte. De flor en flor. Vuelo y te busco. Por todo el planeta. Pero no estás. O no te reconozco. O no sé, amor mío. Cambiamos tanto.

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