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Oxymoron Room

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Oxymoron Room

 

–Señores, el embajador de España –dijo Richard Reynolds, conde de Wandsworth, y los siete caballeros reunidos en la Oxymoron Room se levantaron para saludarle.

El recinto, habilitado como comedor, era una especie de conservatory que prolongaba con paredes de cristal el ala sur del edificio. Tallada en una de ellas había una reproducción del caballo blanco de Westbury, el emblema del club. El techo corredizo estaba abierto.

–¿Le gustaría saber qué nos ha movido a invitarlo? –preguntó Ronald Arthur Biggs, conde de Belmarsh.

El embajador de España contestó con un movimiento de cabeza y una abierta sonrisa.

–Hemos sabido –explicó lord Wandsworth– que, tras la presentación de cartas credenciales, regresó a la sede de su embajada en Belgravia y dio órdenes para que, antes de la cerveza para los cocheros o las copas para sus invitados, se sirvieran sendos cubos de agua a los caballos que habían arrastrado la berlina. Era un día muy soleado y con un calor de horno.

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Carisma capilar

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Carisma capilar

 

El día que el pelo rubio hace aparición, lo hace en el centro de un bigote como cualquier otro, de un anodino castaño oscuro. El bigote común de un ciudadano medio. Al principio, dicho ciudadano no es consciente del cambio y sale de su casa como todos los días, sin notar ese destello amarillo que, desde lo alto de su labio superior, atrae las miradas de las mujeres como el péndulo de un ilusionista. Y no solo ellas, también los parroquianos que frecuenta en la taberna le prestan de pronto una atención renovada. A los pocos meses, el hombre ya levanta pasiones con sus brillantes discursos. A su alrededor comienzan a gestarse los primeros brotes de una nueva fuerza política. Mientras tanto, y tras una minuciosa inspección durante su afeitado matutino, él ya ha descubierto al dorado responsable de sus éxitos. Lejos de arrancarlo, lo mima y lo destaca, podando los demás pelos negros de su bigote hasta la mínima expresión. El pelo rubio es, desde entonces, el centro de ese diminuto cuadrilátero peludo que, como pueden observar en esta foto, nuestro amado Führer sabe lucir con mucho garbo.

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Medium 9788483935545

El horóscopo

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

El horóscopo

 

 

Antes de disparar restalló en mi memoria aquel men­saje definitivo que leí en el periódico: «Tenga cuidado con esa persona de su entorno que se propone arruinar todos sus planes». Pero de pronto ella se volteó y sin darme tiempo a reaccionar me clavó un cuchillo en el corazón. Nunca debí dejarle el periódico. Ella también era Tauro.

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Brigadoom reclama

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Brigadoom reclama

 

A José María Merino

 

–Esto también lo contó lord Dim –dijo lord Belmarsh, a quien parecían divertirle especialmente las historias de fantasmas–. Frente al Parlamento se detuvo un taxi, uno de esos que son la admiración del mundo, con una sólida mampara de separación, con tres asientos amplios más dos trasportines enfrente y un aforo de cinco pasajeros, número que por ley no puede ser rebasado de ningún modo. Por eso cuánta no sería la sorpresa de lord Dim y la de quienes por allí pasaban cuando al cabo de una media hora seguían bajando personas, hombres, mujeres y niños. Bajaban más personas de aquel taxi que las que caben en un tren. Cuarenta, cincuenta, probablemente más de quinientas, todo un pueblo. Alguien al lado de lord Dim comentó: «Son los habitantes de Brigadoom, ese pueblo del norte que vive un día cada cien años, que han venido a Londres para exigir al Parlamento luz eléctrica».

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Medium 9788483935019

A merced de la calma

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

A merced de la calma

 

Llega al paisaje de los diques, y se adentra en el campo, el campo abierto, sembrado de metralla.

Espera un poco (espera a que amanezca).

Y solo entonces, cuando oye desbordarse las esclusas, venda sus párpados de no-nacido y sueña una vez más con el bosque profético.

 

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La ingravidez del torso del ángel

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

La ingravidez
del torso del ángel

 

Aquel marinero presumía de ser un ángel. Con aire divino, paseaba por los muelles proclamando que quien lo incluyese en su tripulación contaría con la mejor suerte, porque a él lo habían puesto en la tierra los mismísimos dioses. Los patronos comprendieron que el coste por la buena suerte a bordo era la virtud de sus hijas. Un precio asequible por un salvoconducto en alta mar. Se le veía tan hermoso con el cuerpo lampiño, el rostro imberbe y los omóplatos afilados como alas que despuntan, que las entregaban sin dudar. La noche que se enamoró, el marinero descuidó su aspecto divino y al día siguiente lo vieron embarcar un poco más hombre. En ese viaje, los dioses desataron su furia sobre el barco y al grito de ¡hombre al agua!, el ángel cayó. La tripulación intentó salvarlo pero por muchas manos que se tendieron al agua, no pudieron asirlo. El ángel agitaba brazos y omóplatos en un vano intento de salir del infierno. Y mientras se hundía, los otros marineros se mesaban la barba con sus uñas sucias y sus modales rudos. Esa barba que se dejaban crecer porque era la mejor, tal vez la única forma, de salvar la vida cuando un mortal caía al mar.

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La decisión

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

La decisión

 

«Reconócelo, pensabas que era diferente a los demás, pero también te ha fallado. Se fija en otras. Habla con ellas» –se retuerce las manos, camina de un lado a otro de la habitación–. «Es normal, no puede dejar de relacionarse con todo el mundo» –entrecierra los ojos, mira su imagen reflejada en el espejo–. «Pretendes engañarte. Tienes que cortar antes que sea demasiado tarde. No puedes permitir que suceda lo mismo por séptima vez...». –mueve la cabeza de un lado a otro, con violencia–. «Sabes que los mato para librarlos de sí mismos. Imagínate qué cruz, ser como son. Como eran. Pedro es distinto, hay que darle tiempo» –coge una foto de encima de la mesilla y la rompe en trozos pequeños–. «¿Tiempo? ¿Para qué? Ya ha demostrado de sobra la clase de hombre que es» –pisotea los trocitos que ha tirado al suelo–. «Otra vez no, por favor.Ya no soporto la sangre» –llora dos o tres lágrimas–. «Hay otros métodos» –se pasa la lengua por los labios–. «¿Por ejemplo?» –se mira de nuevo en el espejo–. «No sé, el cianuro» –se contesta–. «Es doloroso» –hace una mueca de asco–. «Estrangulación entonces» –se encoge de hombros–. «Imposible. Hace falta fuerza» –chasca la lengua–. «No creas. Ya sabes lo que se dice: más vale maña que fuerza» –se arrodilla en el suelo, se aprieta las sienes con las manos abiertas, crispadas–. «No quiero más crímenes. Pedro tiene que ser mi gran amor» –se levanta un poco la falda y se aprieta el sexo con la palma de la mano. A esas alturas ya sabe que ha vuelto a ganar su yo asesino.

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Medium 9788483935019

Poniente

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Poniente

 

Las nueces pueden despertar, abrir los ojos en la frontera de un país confiable, sería legítimo. Otra cosa es el cieno, la miel impura del cansancio, la confusión que se propaga cuando una bayoneta cae o no cae al suelo en mitad de la noche. Aunque lo disimulen por orgullo, todas las indolencias son hermanas. En esta lejanía sobran las nubes interpuestas, el peaje ínfimo de las destilaciones. Si queda un sueño está manoseado, pero si falta ¿para qué incubar piedras?, ¿qué hacer (tan solos) con el gusano-incendio?, ¿cómo temblar?

 

 

 

 

 

 

 

II

 

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Medium 9788483935736

Comparsas

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Comparsas

 

Se casaron y se fueron al piso. Habían encontrado el alquiler menos caro en una población de la periferia, entre enormes edificios de ladrillo que se alineaban multiplicando la simetría de ventanas innumerables. Vivían lejos de su trabajo, un tren, un autobús, el metro, debían levantarse antes del alba y se pasaban los domingos en la cama, intentando recuperar el sueño. A los pocos meses empezaron a tener desavenencias, reproches por asuntos domésticos, quejas recíprocas, roces que provocaba el cansancio. Una noche la discusión fue tan grave que él salió de casa dando un portazo y echó a andar por la avenida que canalizaban los dos murallones de edificios. Soplaba un viento frío y buscó el resguardo de una de las estrechas calles perpendiculares que separaban los bloques de viviendas, hasta llegar a la trasera, una parte que no conocía. La riña reciente lo tenía muy desasosegado y sentía su vida como un mero pasar insatisfactorio, un continuo sacrificio laboral en el que no había nada estimulante. En el último tramo llamó su curiosidad un gigantesco andamiaje metálico, y acabó descubriendo lo que parecía el tinglado de un decorado. Vistos desde allí, los bloques de viviendas daban la impresión de carecer de profundidad, de ser ficticios, simulacros, apariencias, solo enormes paneles frontales. Decidió regresar, pero se fue extraviando cada vez más entre aquellos armazones donde no aparecía ningún volumen habitable. En el frío de la noche, mientras buscaba el camino de casa, tuvo miedo de pensar que su vida acaso no era sino el papel insignificante de un simple comparsa en un espectáculo que él mismo desconocía.

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Medium 9788483935620

Historias cruzadas IV

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Historias cruzadas IV

 

Los cincuenta mejores soldados griegos fueron seleccionados para ocultarse en el caballo. Pero llevan seis horas dentro de la colosal estructura, y las cosas no han ido nada bien. El primero en desaparecer fue Antímaco, así que Odiseo envió dos hombres a buscarlo en la cola o en los sótanos de las patas. Como no regresaron, el comandante ordenó a otra pareja de guerreros que fuese a averiguar qué ocurría. Y así, uno tras otro, todos los valientes soldados han ido desvaneciéndose en la oscuridad de las entrañas de madera. Ahora solo queda Odiseo, que hace un rato ha descubierto una insólita y viscosa cáscara de huevo en una galería; después, el cuerpo sin vida de Áyax el Menor, con un agujero del grosor de un puño atravesándole el pecho; por último, a Menelao, con la cara corroída por algún espeso veneno. Y hace unos segundos, no hay ni que decirlo, ha oído un leve crujido a su espalda.

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Medium 9788483935071

Medidas de seguridad

Alberto Marcos Editorial Páginas de Espuma ePub

Medidas de seguridad

 

Una banda de ladrones llevaba varias semanas aterrorizando el barrio residencial donde vivía Pedro Jaramillo y su familia. Según había leído en la prensa local, entraban en los chalés por una ventana y con bates de béisbol y otras armas parecidas reducían violentamente a los habitantes de la casa, sin importarles el sexo o la edad. Como se encargó de subrayar la madre de Pedro durante la cena, lo terrible del asunto era que, por mucho que se pusieran sistemas de seguridad avanzados y se cerraran los accesos a las comunidades con garitas privadas, los salvajes, si querían entrar, entraban. Su marido arguyó que si fueran salvajes no serían tan peligrosos ni tan escurridizos. Ella hizo un gesto vago con el cuchillo dando a entender que la conversación se desviaba de lo importante: la seguridad de su familia. Pedro no intervenía en la discusión: Yago, su hermano pequeño, mandaba mensajes con su móvil mientras el filete se enfriaba a la orilla de una guarnición de patatas fritas, y él, que hacía tiempo que había acabado su cena, le miraba molesto. ¿A quién estaría escribiendo un martes a las nueve de la noche? A una chica. Con Yago siempre había una chica. Pedro, en cambio, era virgen y nunca se había besado con nadie. Miró el plato lleno de su hermano y pensó: para qué comer un filete si puedes comer carne de primera.

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Medium 9788483935132

La pareja

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

La pareja

 

No huelga recordar que la torpeza puede, en ocasiones, ser fruto de un exceso de simetría. Elisa y Elías eran un caso ejemplar. Incapaces de abrazarse sin que sus respectivos brazos derecho e izquierdo chocaran en el aire, ambos despertaban la admiración de sus amistades. Tenían los mismos hábitos. Sus opiniones políticas no diferían ni siquiera en lo anecdótico. Disfrutaban de parecida música. Se reían con similares bromas. En los restaurantes donde cenaban, cualquiera de ellos podía pedir tranquilamente dos menús idénticos sin consultar al otro. Jamás tenían sueño a horas distintas; lo cual, si bien estimulante sexualmente, resultaba fastidioso desde un punto de vista estratégico: Elisa y Elías competían en secreto por ocupar primero el cuarto de baño, por el último vaso de leche que quedaba en el frigorífico o por leer antes esa novela que, la semana anterior, ambos habían planeado comprar. Teóricamente, Elisa era capaz de alcanzar el orgasmo junto con Elías sin el menor esfuerzo. Pero, en la práctica, no eran pocas las veces en que ambos acababan trenzados en incómodas posturas, causadas por su deseo siempre simultáneo de colocarse encima o debajo del otro. Hacéis una pareja perfecta, dos medias naranjitas, solía decirles la madre de Elisa. A lo que ambos respondían sonrojándose un poquitín, y pisándose al ir a besar a la madre de Elisa.

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Medium 9788483935415

El duelista

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El duelista

 

Siete caballeros habían muerto por la acción de su espada, seis por la de su pistola. Quien aceptaba su reto, inevitablemente moría. Ni muy instruido ni muy ingenioso, había dedicado su vida al cultivo de las armas, y se le tenía por el más atrevido y valiente de los hombres, hasta que desafió a un rústico hidalgo de Cabueñes, venido a la Corte por razón de un pleito sobre unos pastos de montaña. El rústico, que tenía ese derecho, eligió el hacha. Hubo entonces que consultar a varios tratadistas, porque el gran duelista impugnó la elección. Pero se esgrimieron varios memoriales en los que quedaba demostrado que muy reputados caballeros habían usado el hacha, así en la defensa de Constantinopla como en la toma de Granada. El hacha, pues, debía ser el arma del duelo. A la hora fijada únicamente se presentó el rústico. Y nada más se supo del prestigioso espadachín.

 

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Medium 9788483935354

Duplicados

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

Duplicados

 

–Si el universo se está expandiendo, un día se romperá,

y eso será el fin de todo.

–¿Y eso a ti qué te importa? ¡Tú estás en Brooklyn!

¡Y Brooklyn no se está expandiendo!

Woody Allen, Annie Hall

 

En 1937, el físico Erwin Schrödinger imaginó un experimento que consiste en meter a un gato dentro de una caja opaca en la que se ha instalado un peligroso dispositivo: sobre una ampolla de veneno pende un martillo, el cual, a su vez, está conectado a un mecanismo detector de partículas alfa; si este es alcanzado por una, el martillo cae, rompe la ampolla y el gato muere. Junto al detector se coloca un átomo radiactivo con una característica especial: en el lapso de una hora puede emitir o no una partícula alfa; la probabilidad de que suceda una cosa o la otra es la misma: el 50%.

Evidentemente, al cabo de esa hora se habrá manifestado una de las dos posibilidades y el gato estará vivo o muerto. Pero no podremos saberlo si no abrimos la caja para comprobarlo. Las leyes de la mecánica cuántica nos dicen que mientras nadie mire en el interior de la caja el gato estará a la vez vivo y muerto. O lo que es lo mismo, se produce una superposición de los dos posibles estados. Al abrir la caja, el observador interactúa con el sistema y lo altera, rompe esa superposición cuántica y el sistema se decanta por uno de los dos estados.

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Medium 9788483935620

Parad(h)ojas

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Parad(h)ojas

 

Cuando un árbol cae en el bosque y no hay nadie alrededor, no solo suena, sino que libera una complejísima fórmula de crujientes códigos acústicos, espirales de músicas refractantes y atronadores secretos cifrados, que ningún hombre de este mundo podrá oír jamás. O eso dicen.

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