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Esos niños que lloran

Mariana Torres Páginas de Espuma ePub

Esos niños que lloran

 

No tenías que haber escuchado a los niños que lloran desde las catacumbas. Ya no están ahí. Ahora todo está olvidado, las plantas han vuelto a crecer en la ciudad jardín, han vuelto a llenarlo todo. Hace tiempo que el rey está en silencio. No debías haberlos escuchado.

Solo pasabas por ahí. Pasabas sin querer, en uno de tus viajes perdidos, y sin querer entraste en las alcantarillas. En tu defensa debemos decir que no sabías que eran alcantarillas, tan anchas, tan túnel, quién lo hubiera dicho. Estabas ya dentro cuando escuchaste el llanto, acolchado por las hojas húmedas de las plantas que cubrían los muros. Lo escuchaste claramente. El grito llanto. Surgió desde las catacumbas, llegó a ti y te rodeó como un eco. Tantos niños lloraban dentro, no tenías que haberlo escuchado. Ya no era tiempo.

Porque solo pasabas por ahí y no vas a poder hacer nada. Igual que no pudimos nosotros, que nos callaron y nos hicieron polvo de piedra. Lo único que podrás hacer es cruzarte con las jardineras, vestidas con sus trajes de faena igual de impolutos que siempre, arrastrando los carros rebosantes de viandas y escobas, y aprender a mirarlas con un respeto nuevo, como hacemos nosotros. Sabiendo que son ellas las que lo escuchan día tras día, desprendidos como un eco que sube, y las rodea, en cada piedra que barren.

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Medium 9788483935781

Tu rostro en la red

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Tu rostro en la red

 

Las grandes aves sobrevuelan lentamente las lagunas, con los cuerpos equidistantes, alternando sus aleteos, como si se hiciesen señales. De vez en cuando, una parece desplomarse, pero es la trayectoria de un vuelo rapidísimo, hacia algún lugar de la orilla. El atardecer pone amarillenta la superficie del agua. Las depuradoras no han conseguido eliminar del todo el olor fétido, que los súbitos golpes de brisa intensifican o aplacan, de acuerdo con su dirección. El lugar, el mayor parque de la ciudad, tiene un aire suburbial, con las últimas construcciones de los vertederos, a la derecha, y el horizonte quebrado por los enormes edificios de apartamentos.

Ha vuelto hace apenas un año, y es como si no se hubiese ido nunca, porque imágenes como las de estas lagunas, el parque de rala vegetación, el decorado urbano del fondo, tienen la consistencia y el poder de lo que ya no puede abandonarse, y debilitan, hasta hacerlos casi increíbles, los recuerdos de otros lugares y otros parques.

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Medium 9788483935620

Proporción

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Proporción

 

Nunca pensamos que cuando por fin encontráramos vida inteligente en el espacio lo haríamos en un planeta tan pequeño, ni que esa forma de vida sería después de todo de proporciones microscópicas. El planeta de esta especie está poblado además por una fauna insólita e igualmente diminuta, de la que apenas algunos ejemplares pueden ser percibidos a simple vista. Hay, en sus océanos, unos renacuajos plateados que expulsan agua por la cabeza, y tierra adentro, una suerte de ácaros grises y correosos que ellos, los seres humanos, llaman elefantes.

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Medium 9788483935545

Del Bestiario del cementerio de fray Antonio Fuente la Peña

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Del Bestiario del cementerio
de fray Antonio Fuente la Peña

 

 

«Duende de leche: Pequeña alimaña nocturna que sólo se alimenta de los dientes más tiernos de los niños muertos. Son animales débiles y asustadizos, a menudo devorados por ratas, gusanos y otras criaturas de los camposantos. Se engendra en la putrefacción de los cadáveres y todo lo que roe queda inficionado de su olor. Tiene la cabeza pequeña; los ojos muy vivos y perspicaces; el hocico largo y puntiagudo, adornado de unos bigotes o mostachos de pelo fuerte, a modo de cerdas; los dientes agudos; las orejas tiesas; el pelo blanco y la cola en carne viva y larga. Es animal muy astuto, industrioso y sagaz; pero tan temeroso y cobarde, que de cualquier ruido se turba y espanta, y siempre anda como acechando y a escondidas. Se requiere dispensa eclesiástica para domesticarlos y hay edicto de la Inquisición contra alquimistas y boticarios, que los cazan para sus transmutaciones y fórmulas magistrales. Entre los villanos se le conoce como ratón de leche, mus lactis, y se considera herejía temeraria ofrecerle los dientes de leche de los niños a cambio de protección».

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Medium 9788483935859

Vida de mi padre

Pedro Ugarte Editorial Páginas de Espuma ePub

Vida de mi padre

 

A Antonio Pereira

 

Entonces no supe darme cuenta, pero aquel iba a ser el día más importante de mi vida.

Yo había llegado del colegio, estaba dejando la mochila en la cocina cuando desde el fondo del pasillo surgió la voz grave y profunda de mi padre.

–¿Jorge? ¿Eres tú, Jorge? Ven, por favor.

Mi padre estaba en el salón, sentado en su sofá, haciendo un crucigrama bajo la luz de una lámpara de pie. Mi padre siempre estaba haciendo crucigramas. Hacía crucigramas por la mañana. Por la tarde, después de una breve siesta, seguía haciendo crucigramas. Los terminaba con absoluta concentración. De hecho, nunca emprendía uno nuevo sin haber acabado el anterior, así necesitara horas y horas para conseguirlo. Solo después de la cena dejaba de hacer crucigramas: entonces encendía la tele. Esa era la vida de mi padre. A mí me daba un poco de vergüenza. En el colegio, tarde o temprano, todos hablaban de su casa y del trabajo de sus padres. El padre de Dávila era abogado, el padre de Tamayo era pediatra, el padre de Aranceta tenía una joyería. Mi padre solo hacía crucigramas. Cuando me preguntaban «¿En qué trabaja tu padre?», yo no sabía qué contestar. Lo peor era que Dávila ya había notado algo raro y en los recreos siempre me preguntaba lo mismo. Lo había hecho tantas veces y yo había callado tantas otras, que aunque ahora me propusiera inventar alguna cosa ya no resultaría convincente. Por eso estaba seguro de que, antes de final de curso, tendría que pegarme con Dávila. Era una de esas certezas que extraen los chicos en los patios de colegio y los colocan, por fin, frente a la vida.

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Medium 9788483935163

Mar del Sur

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Mar del Sur

 

... y ansí juró por una señal de cruz que siruió con el dicho capitán don alonso de uarillas en la jornada de Veragua y Tierra Firme asta quel dicho capitán don alonso de uarillas desapareçió en aquellas tierras en el año de mil y quinientos nueue.

«Probanza de Gaspar de Morales»,

Archivo General de Indias, Sevilla, 1516

 

En 25 de setiembre de 1513, tomé posesión en nombre de Su Magestad desta Mar del Sur y puse una cruz sobre una roca questá en sus aguas y que los yndios diçen ques el demonio.

«Carta de Vasco Núñez de Balboa»,

Archivo General de Indias, Panamá, 1514

 

 

 

Sé que robar y matar no son negocios de buen cristiano, mas mi conciencia está tranquila porque lo fice en nombre del Rey y en el de nuestra santa religión católica, y ya se sabe que los monarcas recompensan con largueza el valor de sus criados. ¡Sin ventura yo!, no es justo que a mí, Alonso de Varillas, descubridor del Nuevo Mar Océano, me encadenen así de ordinaria manera. Mas algún día seré libre y por ello debo guardar memoria de mis fazañas, para solicitarle a Su Majestad una gobernación y un adelantamiento. ¡Ay, si fuera ingenioso en letras! Pero no importa. A cambio de una escribanía en mi futura gobernación, ningún bachiller se negará a facerme una Relación. ¡Sí!, ya me parece verla: Relación de los sucesos que le acaecieron al adelantado don Alonso de Varillas en el descubrimiento y conquista del Nuevo Mar Océano de las Indias Occidentales. Oh, suena fermoso. Debo, pues, una vez más, facer escrutinio de mis andanzas.

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Medium 9788483935057

De camino a Jamilah

Iban Zaldua Editorial Páginas de Espuma ePub

De camino a Jamilah

 

My Morning Jacket

Z

ATO/RCA, 2005.

 

–¿Qué estás escuchando?

–…

–¡Que a ver qué coño estás escuchando!

–Ah, perdona, es que con los cascos no me entero de nada… Es My Morning Jacket.

–¿Qué disco?

–Ah, ¿es que los conoces?

–Sí, hombre. Mi chico es de Louisville, Kentucky, ¿no te lo he contado? Él me suele pasar los cedés…

–Anda. Como cuando organizamos una fiesta siempre pinchas a Madonna, yo creía…

–Eh, que yo no pongo solo música de Madonna, qué te has creído tú…

–Bueno, Madonna, Scissor Sisters y cosas así, ya me entiendes…

–Y, ¿qué pasa? ¿Es que no me pueden gustar a la vez Madonna y My Morning Jacket?

–Pues a mí no me parece que vayan del mismo rollo ni mucho menos, eso al menos tendrás que admitírmelo.

–Bueno, la cuestión es que quizá My Morning Jacket no me parezca precisamente lo más apropiado para pinchar en una fiesta, y Madonna o Scissor Sisters sí, ¿no te parece?

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Medium 9788483935736

Cuento de verano

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Cuento de verano

 

Ellos son de agua, el viento los hace aparecer entre las olas, con el mar batido, hombres de agua, mujeres de agua, niños de agua. De agua sus rostros, sus brazos, de agua esos cuerpos que, de repente, nacen en las crestas de espuma. Los niños son los más osados, llegan corriendo al borde. A veces, un niño corre demasiado y sale fuera de la ola que lo sustenta. La arena lo devora. Acuden entonces las madres, forman una fila entre la espuma, gritan. También a menudo una madre llega demasiado lejos. La arena la devora. Yo soy la arena.

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Medium 9788483935521

Ácaros

Miguel Ángel Muñoz Editorial Páginas de Espuma ePub

Ácaros

 

Pincharon el mapa de mi brazo con decenas de agujas impregnadas de venenosa esencia, una acupuntura sin arte ni estética, dos líneas que en unos minutos hablarían, dijo el médico, antes de dejarme solo en la habitación. Querido amigo, susurró al rato, con las gafas en la punta de la nariz, tiene una alergia de caballo. A los ácaros, mejor dicho, no confundir con el noble y limpio animal. Y me marché a casa, con mi crucifixión microscópica en el antebrazo derecho, y muchas incógnitas en la cabeza.

En un principio no sospeché las incalculables consecuencias que para un escritor tenía ese diagnóstico. Luego todo comenzó a estar más claro, desde el momento en que llevé al doctor una lista de los tres mil volúmenes que tapizaban las paredes de mi estudio. El médico me prohibió a Tolstoi, Dostoievski, mucho de Faulkner, Proust y todos los libros de historia. Ejércitos tiránicos de ácaros rodaban por sus interminables páginas, no había posibilidad de lucha, ni las vacunas los vencerían. Me deshice de ellos, y de los gruesos volúmenes enciclopédicos. Querido amigo, si usted escribe relatos cortos, para qué quiere historias largas. Contra el arácnido enemigo alérgeno no valen las medias tintas, insistía, y me obligó a empaquetar y enviar a casa de mis padres cada uno de mis libros de poesía: de la experiencia o de la creencia, romántica o severa, formalista, social, rimada o libre. Ni Rimbaud pasó la criba. Los ácaros, me explicó, se agarran con furia prensil a las palabras inflamadas o cálidamente evocadoras, incubando así el oportuno despertar primaveral. Poco a poco, salieron de casa cada uno de los libros que me protegían al escribir e insonorizaban mi cuarto contra los ruidos de la realidad, y aunque los síntomas disminuyeron de forma notable, a cambio tuve que entregar mis horas de lectura y escritura a una limpieza obsesiva y continua de los rincones de cada rodapié o esquina de la casa. Pasé unos tontos meses aburridos sin rinitis que inflamara mi cerebro. De mis libros sobrevivían, llenando dos lejas de una estantería, algunos volúmenes de relatos. Frente a la novela y la poesía, era en ese territorio de la palabra justa donde los ácaros peor lo pasaban. Sin embargo, una dramática mañana de abril amanecí con los ojos llorosos y la respiración entrecortada, casi asmática. Pedí cita urgente al alergólogo, que se dignó a recibirme esa misma tarde y, con las gafas otra vez en equilibrio sobre la punta de la nariz, como en el trance de los pinchazos y el sacrificio, me lanzó una definitiva pregunta sin futuro:

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Medium 9788483935385

Padre e hijo

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Padre e hijo

 

El hijo no puede dormir. Mira al padre o, mejor dicho, mira hacia el padre, hacia donde suenan sus ronquidos, hacia el bulto entrevisto y agitado de su cuerpo anciano. ¿Cuánto más va a vivir?

Hacía ya muchas noches que Eladio no dormía. Ni bien ni mal. Se acostaba por inercia y porque su padre desde la cama reclamaba con gritos afónicos su presencia, como si le fuera imprescindible para conciliar el sueño. Y obedecía. Iba hasta él con el vaso de leche tibia, se lo daba, observaba mientras se lo bebía, lo dejaba después en la única mesilla de noche, que estaba del lado del padre –y allí el teléfono con la línea cortada y el despertador estropeado, como antiguos bastones de mando–, y luego empezaba a desvestirse con la inexplicable sensación de estar desnudándose más de lo conveniente. Qué rara era la vida o, mejor dicho, qué rara había sido, porque Eladio tenía la sensación de estar acabándola, a la vez que su padre, juntos los dos en aquel cuchitril, en aquel cuarto minúsculo, en aquella cama de matrimonio de somier ruidoso y colchón vencido que tantas veces él había querido cambiar por dos pequeñas. A su padre, sin embargo, no le parecía bien el gasto, pensaba que vender el reloj de oro, su única herencia, para comprar dos camas era un sacrilegio y además qué falta les hacía, decía él, siendo como eran padre e hijo, con las veces que él le había limpiado el culo, y además mal iban a caber dos catres en aquel cuarto tan pequeño; si no hubiese perdido el trabajo habrían podido conservar el otro piso, que allí sí que se estaba bien. Y Eladio por enésima vez repetía que no era que hubiese perdido el empleo sino que había quebrado la empresa. Pues eso, concluía el padre.

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Medium 9788483935545

Dulce compañía

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Dulce compañía

 

 

No quería castigar al niño, pero fue inevitable. No sólo mintió sino que además me amenazó. Desde entonces está raro. No habla, no juega y no quiere que lo bese. Me da miedo cómo mira, la forma en que come, las cosas que canta. Esta mañana salí al jardín y en un paquetito que estaba junto a unas velas negras encontré uñas cortadas, sobras de comida y una foto carné mía. No he querido llamarle la atención de nuevo, pero lleva encerrado en su cuarto desde anoche. He subido las escaleras y he sentido escalofríos, un olor extraño y unas sombras huidizas. El niño habla con alguien y sigue cantando esas canciones horribles. Le pido que me hable y me insulta y se ríe. No tengo más remedio que abrir la puerta.

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Medium 9788483935255

El milagro

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

El milagro

 

Según mi amigo L., Cristo vivió siete días antes de Cristo porque nació el 24 de diciembre y el primer año cristiano no comenzó hasta el 1º de enero siguiente a su nacimiento. Mi amigo, que es ateo, no cree en ningún milagro de Jesús, excepto en este de haber vivido antes de sí mismo.

 

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Medium 9788483935620

Razones

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Razones

 

Cuando los asesinatos de mujeres se llegaron a hacer habituales en la prensa diaria, dijeron haber descubierto la hormona homicida responsable de la violencia de género. Después, dijeron que un laboratorio había sintetizado hacía tiempo la sustancia, y que era posible que algunas personas de oscuras intenciones la hubieran estado suministrando diluida en la bebida, en el café. Más tarde, por fin, se hicieron públicos los documentos que revelaban los detalles de la primera fase experimental de un plan de invasión alienígena.

Pero no.

No era nada de eso.

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Medium 9788483935477

Empezar pronto

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Empezar pronto

 

Aquí tenemos el problema de las mujeres. Que son muchas, quiero decir. Cuando digo muchas, en realidad me refiero a muchísimas. En este momento, la proporción quizá sea de novecientas a uno. O más.

No es divertido, como tal vez estén pensando los hombres. No es divertido, siempre. Novecientas a uno significa que si descontamos a... y excluimos a..., tocamos... No son así las cosas. Las mujeres no tocan a tanto, como si fueran obsequios. Pero no es mérito nuestro pensar así. No es mérito nuestro.

Habrán oído hablar de La Ley. No me refiero a otra que a la de la oferta y la demanda. Significa, en pocas palabras, que cuando abunda un producto, los compradores esperan a que los vendedores se fastidien unos a otros obligándose a abaratarlo antes de comprar. Y, en cambio, si se solicita mucho, los que venden suben su precio para forzar a los consumidores a pagar más por lo mismo. Es la ley de los pícaros. Rige nuestro mercado, y nuestra vida en gran parte. También nuestra vida. Según dicen, la búsqueda de beneficio de los que participan en él es lo único de lo que podemos estar completamente seguros.

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Medium 9788483935088

23:24

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

23:24

 

Dispuso de las sombras de su habitación. Las sopesó con calma, comprobando que cada una estuviera donde debía. Respiró con hondura: en los últimos tiempos, no había podido hacerlo muy a menudo. Imaginando un anillo de aire que giraba dentro de sus pulmones, se fijó bien en la hora, 23:24, un armónico augurio. Nombró los tres o cuatro libros que habían tenido la generosidad de acompañarlo siempre. Repasó sus escuetos títulos y la música familiar de sus autores. Sus apellidos, sus ciudades natales, las fechas de nacimiento y también las de su muerte. Así debía ser, así había sido. Los párpados y el pecho reiteraban la convocatoria. De pronto tuvo miedo de tardar demasiado. Despegó la cabeza de la almohada y llamó a sus hijos. Durante el silencio inicial, temió que no llegaran a tiempo o que su voz hubiese sido demasiado débil. Pero enseguida oyó los pasos ascendiendo por el corredor y supo que todo iría bien. No haría falta hablarles: ellos sabrían leer en sus ojos de vela apenas encendida, igual que él tradujo sus caras en cuanto aparecieron por la puerta. Los reunió a su alrededor, como cuando eran niños, y visualizó en su mente un círculo de luz. Dejándose envolver por él, acarició las cabezas amadas y luego, lentamente, se marchó de allí.

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