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Medium 9788483935606

Niño jabón

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Niño jabón

 

El niño de jabón temblaba cuando veía que nos acercábamos al lavabo. Nosotras abríamos el grifo del agua caliente con las manos mojadas llenas de cuchillos y una risa que olía a limpio.

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Medium 9788483935743

Separación definitiva

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Separación definitiva

 

Separaron a las dos siamesas con éxito, pero en una quedó en exclusiva la facultad de sentir alegría y en la otra, tristeza. Como no pudieron volverlas a unir, ésta última se suicidó y la tristeza volvió también a la otra.

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Medium 9788483935866

Inconvenientes de la talla L

Hipólito G. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Inconvenientes de la talla L

 

Aparco mi coche al lado del Mercedes de ella, un poco más atrás del BMW de su padre, a la sombra enorme de la araucaria de la entrada. Como la puerta está abierta, entro sin llamar, sin ningún reparo porque he telefoneado media hora antes y sé que me están esperando. Al final del pasillo, detrás de la estatua romana, la gata pequeña duerme con un ojo abierto, amarillo. En el salón de las pinturas encuentro a dos criados limpiando, el del bigote y el que no habla, que no sé si es mudo o se lo hace; de todas formas ninguno de los dos me dirige la palabra ni la mirada, así que salgo por la terraza grande y paso directamente al jardín, donde toman limonada los que supongo algunos de sus amigos. Me acerco lentamente, sintiendo con placer la dureza suave del césped bajo mis pies, y cuando estoy al lado de ellos digo «hola», y digo hola como en otras ocasiones digo «buenas» o digo «¿qué tal?», pero siguen hablando entre ellos y bebiendo de las pajitas como si yo no hubiese llegado. Aprovecho entonces la ocasión para tomarles prestado un cigarrillo Marlboro de un paquete casi lleno que tienen al lado de los vasos. El mechero es uno de esos transparentes, rosa, desechable. Una vez encendido el cigarrillo y viendo que siguen con sus cosas, paquetes de acciones de no sé qué entidades, a mí, que esas conversaciones no me interesan y que no he venido yo a hablar de economía precisamente, se me ocurre que ella bien podría estar tomando un baño en la piscina, y que a lo mejor se le ha ocurrido bañarse desnuda, como el sábado anterior. Esta idea luminosa y la poca cuenta que me echan los de la limonada me dan el impulso necesario para continuar en silencio hasta el campo de tenis y bordear el sendero de cinamomos y acacias hasta la verja de atrás, justo desde donde oigo un chapoteo de aguas y risas, señal de que si ella está ahí no va a estar precisamente sola. Las posibilidades de su desnudez quedan reducidas entonces a un top-less discretito sin más, de todas formas algo más que suficiente para acercarme yo en silencio por detrás de los setos de boj y averiguar finalmente que ninguna risa se corresponde con la de ella y que los bañistas me son en absoluto desconocidos. Todavía me entretengo en dar varias vueltas por entre los naranjos y los arces del lado del pozo, buscándola. Un hombre invisible parezco, pues nadie repara en mi presencia.

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Medium 9788483935606

Tres eran tres

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Tres eran tres

 

Las tres hijas del rey murieron de peste negra. El cadáver de la princesa más pequeña fue enterrado en la cripta del palacio junto a su muñeca preferida, a la que llamaba Iseo. Bajo tierra, las dos niñas pasan los siglos hablando en voz baja de duques ingleses muy rubios y de fiestas a las que acudirán, vestidas con el mismo traje. La muñeca se queda dormida a veces. La hija pequeña del rey se pregunta entonces por qué esta noche se le está haciendo tan larga.

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Medium 9788483935507

La esposa del autor

Paola Tinoco Editorial Páginas de Espuma ePub

La esposa del autor

 

No sería la primera vez que tuviera que pasar a buscarlo a una cantina. O, sencillamente, a una calle cualquiera, lejos de casa. Me llama y dice «güerita, no estoy nada bien, ¿puedes venir a recogerme como el trapo inservible que soy? Mañana no te daré problemas, lo juro, pero ven por mí. No puedo ni siquiera firmar la cuenta». Creí en su promesa sólo porque sabía que la resaca lo mantendría quieto al menos por unas horas.

Tampoco sería la primera vez que terminara un artículo suyo y lo enviara a la revista para no quedarnos sin el dinero de la paga. Tiene suerte de que haya sido yo la que terminó la carrera de letras cuando nos conocimos en la universidad, y de que aún con eso, me haya quedado a su lado en lugar de buscar mi propia fortuna escribiendo o dedicándome a la academia. Verbalmente no me ha prohibido nada, pero es tan poco el tiempo que me queda entre ordenar su vida y recordar lo que fue de la mía, que podría considerarlo una negativa a que haga algo diferente de aquello que le concierne. No me quejo, sin embargo. Lo quiero desde que lo conozco. Viajar a su lado tampoco está nada mal. Ver los libros terminados, saber que hay un poco de mí dentro de ellos compensa en algo que no hayamos tenido hijos. Estos vástagos nuestros no despiertan en la madrugada y no lloran. Aunque a veces, no muy seguido pero a veces, pienso que hubiera querido uno de esos llorones.

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