2270 relatos
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Conocer a alguien

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Conocer a alguien

 

Cada día, antes de verla, me afeito con meticuloso esmero la larga mata de pelo azul que me crece en la espalda, en el pecho, en los bíceps y en los antebrazos. La cabina de la ducha acaba anegada por un mar cian y encrespado, que brilla con la intensidad de un accidente radiactivo. Después, a eso de las seis de la tarde, paseamos bajo la sombra de la alameda hablando del tiempo, o del aroma de las gardenias; previamente me he vendado las rodillas, y todas las articulaciones, para evitar los saltos involuntarios que me harían sobrevolar los árboles de tres en tres. A veces nos agarramos la mano, y yo le beso los dedos, sosteniéndolos entre los míos, más gruesos y toscos, con las uñas siempre bien recortadas, para evitar que asomen las historias que me nacen desde cada una de ellas, como códices miniados sobre duros pergaminos de queratina, en diez lenguas distintas. Así había sido al menos durante estos dos últimos años, hasta que hoy me ha dicho adiós por teléfono, acusándome de ser un tipo demasiado normal.

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Las visiones

Edmundo Paz Soldán Editorial Páginas de Espuma ePub

Las visiones

 

Y un día, así sin más, las visiones aparecieron.

Sentado en el sillón de su escritorio, el Juez veía ingresar los últimos rayos del sol por las persianas entornadas de la ventana. Fumaba koft; volutas de humo aromático se elevaban hacia el techo de maderas cuarteadas por el trabajo incesante de los boxelders. Algún día ese techo se caería sobre él –o quizás los cimientos de la casa cedieran primero– y no quedarían rescoldos de los días en que administraba justicia en Nova Isa, cerca de esa cárcel que había sido su salvación. O quizás sí, algo sobreviviría. Sería inmortalizado en uno de los himnos que los irisinos cantaban en la ceremonia del jün. Uno burlón, acerca de que Xlött sabía cosas de los designios de este mundo a las que la filosofía del Juez no llegaba. Había visto los grafitis insultantes en las paredes de los distritos bajos de la ciudad. Debía estar orgulloso, compartía espacio con las proclamas de la llegada del Advenimiento y las consignas a favor de la insurgencia.

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Medium 9788483935033

Climas

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

Climas

 

La esperanza circula no en el sentido de las agujas del reloj, sino a través de un pasadizo blanco donde los vigilantes de los volcanes, con la cara tiznada de óxido, soportan que les nazcan en los pies ruedecitas de lluvia, y un plumaje violento, parecido a la voz de los cañones.

 

*

 

Quien ilumina el interior de una cisterna sabe de sobra que antes o después su boca emigrará a la etiqueta de las infusiones; y que esa claridad dejará posos, igual que el horizonte almacena sus huevos en el tejado de las serrerías.

 

*

 

El invierno puede ser benigno si se le ata a la puerta de los hipódromos. Si se le deja suelto, temed por la herradura disimulada al fondo de los altares, y por la quilla de los rompehielos.

 

*

 

Un día, por error, se calcula en doce años el promedio de vida de las estufas. Al día siguiente los beduinos tiemblan, los cangrejos de río se hacen fuertes parapetados tras sus barricadas, y una ola de frío polar inutiliza a los acordeones, para alivio de todos.

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Medium 9788483935309

El dúo de la tos

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El dúo de la tos

 

–No sé si estos chicos de los que voy a hablar ahora eran también típicos tímidos ingleses –dijo lord Stormontgate–, pero eran ella y él, o sea, mujer y hombre. Se conocían de verse, sin que jamás se hubieran hablado. Ni siquiera se miraban o lo hacían por el rabillo del ojo. Salían a fumar en mangas de camisa desde sus oficinas respectivas en un rascacielos de la City. Mientras lo hacían, veían a una pareja que cada dos o tres días se precipitaba ansiosa en el interior de un pequeño hotel (auténtica reliquia arquitectónica entre las nuevas edificaciones), y contaban mentalmente los minutos que permanecían dentro, más o menos veinte. Los veían salir luego, ya sin nervios, para separarse a toda prisa, cada uno por su lado. Una semana no aparecieron. Tampoco la siguiente ni la siguiente… Pasaron seis meses. Nuestros dos fumadores empezaron a mirarse inquietos. De hecho esa fue la primera vez que se miraron a los ojos. Algo había empezado a faltar en sus vidas y lo notaban como un desasosiego compartido. Entonces él o ella, sin palabras, con lenguaje corporal, fraguado en la inquietud y la tensión de seis meses, pareció preguntar: «¿Te parece?». La respuesta, muda también, no fue apasionada ni locuaz; equivalía sin embargo a un sí, todo hay que decirlo, un sí muy inglés. O sea algo así como: «¿Por qué no?». Subieron inmediatamente al hotel y tardaron veinte minutos en bajar.

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Medium 9788483935743

La paradoja

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La paradoja

 

En el Infierno todos los valores están invertidos; así, las almas menos escrupulosas son las que más disfrutan. Dios decidió que, para garantizar la eficacia del cas­tigo, era mejor tenerlas en el Cielo.

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