2256 relatos
Medium 9788483935446

Dar la cara

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Dar la cara

 

Adelaida nació en el seno de una familia muy adinerada y ejerció de hija única durante toda la vida, incluso cuando los padres hubieron muerto. Era un ser egoísta, excéntrico, arbitrario y déspota que consideraba los sentimientos algo de mal gusto. Tenía que ser siempre el centro de atención. Se mostraba impasible ante cualquier acontecimiento. No tenía hijos, no tenía pareja, no tenía a nadie. Solo joyas; las lucía con orgullo en todas las fiestas. Sobre todo aquel collar de esmeraldas cuyo desorbitado precio había podido pagar gracias a la venta de una casa colonial que perteneció a los abuelos.

Dicho esto se comprenderá enseguida la conclusión a la que llegó todo el mundo después de ver lo que Adelaida hacía en la fiesta benéfica organizada con fines caritativos en su localidad natal. Aunque sus donativos eran siempre mezquinos, Adelaida ocupaba igualmente un lugar de preferencia en aquellas reuniones. Estaba a la vista de todo el mundo, en la mesa principal. Por consiguiente, aquel día todos vieron y observaron al muchacho de ojos negros cuando se le acercó con la bandeja en donde los comensales debían depositar su dádiva y asistieron pasmados al gesto natural con el que Adelaida se desabrochó el collar de esmeraldas y lo dejó con ruido cristalino sobre la superficie metálica y reluciente. «Ha dado la cara, la joya más cara», decía todo el mundo en un susurro que acabó siendo unánime.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935347

Arte total

Ronaldo Menéndez Editorial Páginas de Espuma ePub

Arte total

 

(Un reportaje en cuatro movimientos y tres reposos)

 

Al Redo, in memoriam

 

Primer movimiento

 

El Peca sostiene que el artista de hoy debería ser sobre todo un comunicador político. Ahora está enarbolando una pancarta enorme que dice en letras rojas: «A amar al prójimo con más disciplina y calidad». Bajo el cartel hay pintado el esquema didáctico de una ametralladora. Flechita con número uno: guardamano inferior. Flechita con número dos: guardamano superior. Flechitas con número tres cuatro cinco etcétera: mira cargador gatillo etcétera.

Se frota sus manos pecosas como si quisiera redistribuir el color. Dice que es la tercera obra conceptualista para la acción plástica callejera. Notredame sigue al fondo. Las torres mellizas, no. Duda. Quizá debió poner algo referido a las invasiones preventivas, algún tipo de elogio inadmisible.

Se dirige donde Warhola y le pide consejo, pero este solo aconseja beber alcohol mientras hace silencio. Warhola recupera la petaca y la mete en el bolsillo de su cazadora que fue cazada en el basurero de la esquina. Comenta con voz de líder innato que todavía tienen mucho trabajo por delante, hasta las cuatro de la tarde que es cuando empezará la performance.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935507

Boleteras

Paola Tinoco Editorial Páginas de Espuma ePub

Boleteras

 

Doña Teófila se levantaba de la cama todos los días a las cinco y media de la mañana. Todavía estaba oscuro cuando ella hacia el desayuno para sus hijos, que debían entrar a clases a las siete. Se aseguraba de que fueran limpios, era una obsesión revisarles los cuellos de las camisas y los puños de los suéteres, y luego de acompañarlos a la mitad del camino a la escuela, se dirigía a las puertas del metro Observatorio para reunirse con sus compañeras de trabajo, otras dos mujeres que como ella completaban el gasto con la reventa de boletos del metro.

Igual que en muchas otras estaciones, se contaban por decenas los puestos callejeros: cocineras sin cocina, reposteros sin pastelería y en ocasiones, boleteras sin taquilla. Doña Teo y compañía llegaban al metro cuando los vendedores de jugos, gelatinas y tamales ya habían tomado su lugar. Cálidas nubes asoman de las ollas y dejaban salir aromas capaces de invitar al apetito, sobre todo el de aquellos que salen con prisa de sus casas sin haber probado bocado.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935217

Figuras

Pablo Andrés Escapa Editorial Páginas de Espuma ePub

Figuras

 

La llamita de la lámpara vibraba sobre el aceite que la nutría y aquel temblor, que era como un aleteo nervioso de polillas, contagiaba las sombras de la habitación, la mesa que parecía dudar de su perfil en la pared, las sillas rematando en baile su respaldo. También se estremecía la figura de un niño aplicado a escribir con un palito sobre una tablilla de cera. Era de ver el esmero con que trazaba el muchacho remotas estirpes que la candela ponía en zozobra: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos, Judá engendró a Fares y a Zara en Tamar... Y de pronto las vacilaciones eran del alma, donde acaso la candela alcanzaba también a inquietar curiosidades.

–¿Tamar es bonito? –preguntaba el niño dejando un momento la labor.

Del otro lado de la mesa le respondía una mujer que amasaba. Y venían las palabras con una sonrisa por delante.

–Es que Tamar no es un sitio. Tamar era una mujer. Significa palmera.

El niño se quedaba pensativo durante un rato. Y la llama de aceite se le subía a los ojos mientras seguía las manos de su madre, los pulgares blanquísimos haciendo mella en la masa para rendirla en seguida a la voluntad delicada de las palmas, que volvían a igualar la breve ofensa de los dedos. Era como si vinieran a juntarse dos mundos sobre la misma mesa, dos materias dóciles y sin memoria: una de cera, para recibir nombres remotos, y otra de harina y agua, para festejar un nombre solo, allí presente, herencia de todos los nombres que vivían en las recitaciones familiares repetidas de generación en generación. Y nacía aquel encuentro porque el heredero de estirpes antiguas como el desierto, tan pequeño en el reflejo de la vela, tan dado a ausencias de la imaginación y a figurarse parajes de la distancia, cumplía siete años.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935620

Proporción

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Proporción

 

Nunca pensamos que cuando por fin encontráramos vida inteligente en el espacio lo haríamos en un planeta tan pequeño, ni que esa forma de vida sería después de todo de proporciones microscópicas. El planeta de esta especie está poblado además por una fauna insólita e igualmente diminuta, de la que apenas algunos ejemplares pueden ser percibidos a simple vista. Hay, en sus océanos, unos renacuajos plateados que expulsan agua por la cabeza, y tierra adentro, una suerte de ácaros grises y correosos que ellos, los seres humanos, llaman elefantes.

Ver todos los capítulos

Ver todos los relatos