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Medium 9788483935965

Pequeñas cosas muertas

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Pequeñas cosas muertas

 

Te has arañado, pobre hija mía, y mamá toma tus manitas y corta las uñas. ¿Te molesta el pelo en la cara, tesoro? Verás que lo soluciono en un momento. Crac, crac, recortan las tijeras. ¡Si no ha sido nada! Escucha: crac, crac. Un sonido precioso. Deja de llorar y presta atención, crac, crac. ¿Ves qué bonito? Uñas, pelo y piel, crac, crac, o pequeñas cosas muertas caen entre las sábanas.

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Medium 9788483935279

Dos cuentos de amor

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Dos cuentos de amor

 

Nos fuimos a Singapur de luna de miel. Bueno, pasamos por allí. Solo era un primer destino, una escala alargada.

Parecía la maqueta de una película futurista. Nos aseguraron que estaba diseñada según los principios del feng shui. Puede ser. Fue una ciudad que visitamos mirando hacia arriba.

Una vez instaladas en el hotel, mientras ella tomaba una ducha, abrí por vez primera la guía que la agencia de viajes había incluido en el pack de regalo junto a una maleta pequeña y unos vales para descuentos en cenas y otras zarandajas propias del comercio. Oí que cerraba el agua y desde la cama dije en voz bien alta:

–Diez años.

Ella salió envuelta en una toalla y preguntó:

–¿Qué?

Ya digo que salió envuelta en una toalla, así que no pude contestar a su pregunta.

Un poco más tarde, tumbadas las dos en la cama, volví a decir:

–Diez años. Por homosexualidad. En Singapur. Diez años de cárcel. ¿Te lo puedes creer?

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Medium 9788483935446

La lista de Susi

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

La lista de Susi

 

A ver, repaso antes de salir, después de dejar a los niños en la escuela, pasar por la tintorería a preguntar por la alfombra, recoger en la gestoría los papeles de Manuel, llevar el coche el mecánico, llamar para apuntar a Tomás a judo y a Lola a piscina, encargar en la farmacia las medicinas de papá, telefonear a Paca para saber cómo lleva lo del lumbago, felicitar a Concha por su cumpleaños, tomates, lechuga, cebollas tiernas, azafrán, atún, berberechos, huevos, que no se me olviden los huevos, carne picada un kilo, ocho muslos de pollo, pimientos rojos, maíz dulce, lejía, lavavajillas, jabón para la ropa, jabón íntimo, tampax, regalo para la tía, cereales, galletas, chocolate, manzanilla, café, tomarme la pastilla a las once, comida con clientes, dejarle una nota a Charo para que se acuerde de lavar las cortinas y de planchar las camisas de Manuel, a las cuatro reunión en la agencia con los franceses, ir a hablar con la maestra de Tomás, recordarle a mi suegra que este fin de semana se queda con los niños, preparar las facturas de Tito, llamar a la agencia de viajes para dar el número de tarjeta, pedir hora de trauma y de otorrino, y de gine para mí, llamar al electricista, pasar por la pelu a pedir hora para mañana por la mañana, recoger trajecito, llevar diploma de Lola a enmarcar, avisar a los de inglés que esta semana no puedo quedar, borrarme del gimnasio, preparar cena, acostar a los niños, recoger juguetes, trastos y demás desórdenes, respirar hondo y expirar con fuerza una vez más; mañana, resucitar.

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Medium 9788483935620

Ah, las fábulas

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Ah, las fábulas

 

El caimán hizo recuento y constató que a lo largo de la semana apenas llegaba a zamparse una decena de peces, media docena de cangrejos, tres tortugas y un par de ratones.

Convocó a toda la fauna de aquella ciénaga, y les hizo saber el estado de la cuestión. Desde ese momento los cangrejos dejarían de comer pequeños peces y se limitarían a las plantas. Los peces gato no robarían los huevos a las tortugas, y buscarían su carroña en el fondo de la charca. Las tortugas podrían satisfacer sus necesidades de proteínas con insectos, pero también tendrían igualmente prohibidos los peces, y ni hablar de tocar a los ratones, que con suerte, pensó, se multiplicarían como conejos. Les explicó que estaban en crisis, que habrían de apretarse el cinturón hasta que llegaran tiempos mejores, que todos tendrían que remar juntos porque al fin y al cabo estaban en el mismo barco, y que él, sin duda, les dijo solemne, iba a ser el principal perjudicado: después de todo habría de comérselos mucho más flacuchos e incluso menos nutritivos.

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Medium 9788483935842

El mensajero

Valeria Correa Fiz Editorial Páginas de Espuma ePub

El mensajero

 

He visto germinar su huevo en la sombra; lo he visto nacer.

Recuerdo la voluptuosidad con la que movía las alas cuando se le cubrieron de plumas.

Se me erizó la carne con su vuelo de alfil para salvarte de la caída en aquel pozo en el patio de damero a tus dos años. Sé que te ayudaba en los exámenes y con las chicas; que batía las alas de frío y que, con la mano izquierda, recogía el borde de la túnica sentado detrás de ti en la moto.

 

He compartido su llanto y su hambre las noches largas de la fiebre después del accidente. Hace meses que se ha metido dentro de tu almohada en el hospital y, como puede, te insufla esta vida marsupial de tubos, cables y agujas.

Esta noche me habla con esa voz callada de tubo fluorescente. Me suplica por ustedes, los inmóviles.

Es tiempo de dejar morir la esperanza, me advierte.

Dice que tome la almohada.

La almohada, repite.

Me ruega esos cinco minutos de abnegada piedad para que los regrese al cielo, donde la arquitectura es blanda y cambia cada día.

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