863 relatos
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El brazo del cazador

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El brazo del cazador

 

El famoso cazador Abernathy llevaba muy mal la falta de su brazo derecho, pues necesitaba de ambos para encarar y apretar el gatillo. Los compañeros no sabían cómo consolarle. Le acompañaban a sus cacerías y siempre alguno le ayudaba a sostener la escopeta. Un día creyó reconocer al león que había comido su brazo. «¡Amigos –gritó–, prometedme que no le vais a disparar, ni ahora ni nunca!» Lo exigió con tal vehemencia que sus acompañantes bajaron los rifles. Abernathy se adelantó temerariamente hacia el león y cualquiera diría que se dejó devorar.

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El celo del predicador

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El celo del predicador

 

El predicador oía en sus noches de insomnio unos extraños sonidos que identificó como jadeos lúbricos. Incapaz de encontrar la causa, propuso al Obispado que hombres y mujeres fueran enterrados convenientemente por separado, los hombres en un cementerio y las mujeres en otro.

 

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El diente del dinosaurio

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El diente del dinosaurio

 

Charles Frederick Wilson, conde de Winson Green, dijo:

–He leído un libro de relatos de anticipación científica que les recomiendo vivamente. Me ha gustado especialmente uno titulado «Viagra xxl».

Hubo un atisbo de picardía en los ojos de la mayoría.

–Ya saben que en 1980 un grupo de investigadores, liderados por el premio Nobel Walter Luis Álvarez –siguió lord Winson Green–, planteó que la extinción de los dinosaurios había sido causada por el impacto de un gran meteorito contra la superficie de la Tierra hace sesenta y cinco millones de años. En el libro, se explica de otra manera. Según demostró Einstein, el tiempo es una dimensión igual que la altura o la longitud. Sin embargo sus magnitudes se manifiestan de forma distinta. Las magnitudes espaciales no se pueden doblar, mientras que la del tiempo puede plegarse tantas veces como se quiera, entonces todos los tiempos se tocan. Eso es lo que hace un agujero negro. Hacia el año 6000 de nuestra Era los viajes al pasado empezaron a ser una práctica común. Pronto fue muy fácil tener en cada casa una máquina del tiempo. La más asequible y económica, prácticamente un electrodoméstico, era la llamada por el autor del libro, un hispano, anglosaxon cabinet. Los viajes al Cretácico se pusieron de moda. ¿Saben cuál era el mayor aliciente? La caza de dinosaurios.

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El genio del cajero

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El genio del cajero

 

Mr. Champeau trataba de extraer dinero de su cajero automático cuando un hombrecillo de aspecto difuso le tocó en el hombro. «Soy el genio del cajero automático», le dijo. El azar te ha elegido para que te haga entrega de esta tarjeta. Puedes hacer uso de ella a voluntad. Siempre habrá más dinero en tu cuenta. Ahora bien, como en el conjunto de la vida es preciso el equilibrio, el beneficio que tú te hagas con ese dinero habrá de ser compensado con alguna desgracia. Pero no temas, la pondré muy lejos de ti. Ten presente que por cada cien euros que saques morirá un hombre en la China». Y, en diciendo esto, desapareció.

¡Pobre Mr. Champeau! ¡Cuántas dudas antes de decidirse a utilizar la tarjeta! Pero, una vez que sacó los primeros cien euros, su conciencia se embotó. Sólo veía el aspecto grato de su acción, a pesar de que una epidemia de neumonía atípica se había desatado en China. Y, aunque las autoridades ocultaban la verdadera cifra de los muertos, a Mr. Champau le bastaba con repasar las extracciones que había realizado en su cajero automático para saberla: un millón y medio de euros igual a quince mil chinos muertos.

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El hijo del General

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El hijo del General

 

El ministro de la Guerra felicitó al General M. por no haber permitido que su hijo el oficial M. fuera destinado a una de las unidades que combatían en el frente bajo su mando. «Así nadie podrá acusarle de favoritismo» –concluyó el ministro–. El General discrepó respetuosamente. «No me felicite, señor. Lo he hecho para proteger a mi hijo. De haberlo tenido bajo mi mando me hubiera visto obligado a enviarlo a los lugares de mayor peligro y fatiga. Mientras que ahora será uno más entre los hombres de su unidad y tendrá mayores posibilidades de sobrevivir.»

 

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