27 relatos
Medium 9788483935699

En marzo florecen los prunos

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

En marzo florecen los prunos

 

La mujer. Una isla color canela sobre las baldosas.

La mujer desnuda.

 

(debe ser normal, debe ser común, chico de doce años,

yo, yo ese mediodía,

chico que toca la puerta de su amigo del colegio y queda suspendido en el aire, queda enmudecido, al ver que una mujer salvajemente hermosa abre y con voz apagada

 

pasa adelante, Alberto está en el cuarto y te espera y en la nevera hay unas croquetas para hacer y hay algo de pollo y refresco y si les apetece tienen dinero que les puse en la mesa por si quieren comprar una pizza y me voy un beso adiós adiós

 

porque el beso en la mejilla me dejó inmóvil, gélido, ¿qué clase de madre era esa? ¿cómo podía una madre tener ojos encendidos como los de un gato, ojos como brasas, y esa blusa ceñida en la que los pechos se alzaban como barquillos de helado, y esa cintura estrecha, esas piernas felices que debían silenciar el mundo cada vez que la falda se alzaba un poco?)

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935699

El ojo insomne de las peceras

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

El ojo insomne de las peceras

 

Todavía me ponen triste las peceras ¿sabes? Una tristeza como de luz blanca, como de agua detenida, fosforescente, como de burbujas y vidrio. Y yo mirando y mirando, porque la pecera iba creciendo en mis ojos, la pecera cada vez era más grande, cada vez era más burbujas.

Y a veces sueño con un ojo que me observa.

De allí me ha quedado esa necesidad de no mirar. De llegar a las casas y voltear el rostro cuando tropiezo con uno de esos rectángulos de vidrio. Fijarse entonces en las paredes, detallar uno de esos cuadros ingenuos con flores, casas en medio de la montaña, bodegones. Porque todavía me ponen triste las peceras. Aquella pecera. Una pecera en la casa de los vecinos. Una pecera que se iba expandiendo en las pupilas a medida que transcurrían las horas y el reloj repetía sus campanadas. El ruido de la pecera. La bom­bona de oxígeno lanzando pequeños murmullos, llenando de planetas la superficie del agua. Y otra vez el reloj. ¿Las ocho ya? Entonces sonaba en el portal un silbido y los niños de la casa corrían a abrir. La pecera como el ojo inmenso de un gigante. Tú, confuso, pensando en ese ojo, porque Isabel, la mamá de los niños, llegaba hasta la sala ¿este se vuelve a quedar aquí? y luego desaparecía en el cuarto dejando un rastro de perfume, falsas perlas, pendientes de oro.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935712

Namestí, namestí

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

Namestí, namestí

 

A Rodrigo Díaz

 

«Y es que quizás sea ese el milagro de los viajes inesperados», piensa al detener sus ojos en la pequeña falda que acaba de aparecer a su derecha.

Queda inmóvil. Muchas veces piensa en pantorrillas, en muslos. Muchas veces experimenta el universo como un lugar donde las mujeres caminan con faldas / faldas más largas / faldas más cortas / faldas de suaves telas / faldas faldas / muchas faldas. Un mundo terso, lejano, con pantorrillas y muslos como los de esta muchacha que se detiene a su lado.

Porque la novia de Eduardo nunca tuvo bellas piernas. Izazkun jamás utilizaba faldas y a los dos años de vivir juntos ya le había puesto los cuernos con cinco personas.

«Pero el olvido es en sí mismo un milagro», piensa con repentino alivio mientras finge consultar un mapa.

Entonces vuelve a mirar los muslos de la mujer.

Lo enviaron a Praga porque nadie en la empresa deseaba sacrificar sus vacaciones. No le importó. Pidió que le colocasen toda la información en un pen drive y sin apenas mirarla compró el billete. Durmió el vuelo entero. Ajeno. Distante. Tuvo sueños encadenados en los que vagamente aparecían cielos color magenta; ciudades mustias; paredes llenas de letras incomprensibles y trozos descascarados; barcos detenidos en un mar grasoso.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935712

Yucatapán

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

Yucatapán

 

Silvana, abre los ojos.

 

«No hay ningún Rafael Mantilla entre los invitados», contestó la recepcionista después de mirar el documento de identidad. Una centella incendió mis pies. «Tengo un seudónimo», murmuré. La muchacha siguió escribiendo; parecía concentrada en el monitor y sólo después de un largo minuto volvió a mirarme. «Si padece alguna enfermedad debió avisar que necesitaba una habitación especial –remató– además ya le he dicho que su nombre no aparece en el programa».

Las rodillas me crujieron. El dolor de los pies se esparció igual que un líquido hirviente. La tarde anterior había comprado zapatos nuevos y el vendedor había jurado que en pocas horas me quedarían estupendos.

Saqué de la maleta un ejemplar de mi libro. «Señorita, por favor, mire usted, este de aquí soy yo». La mujer contempló el volumen con displicencia, se detuvo en mi foto. «Hay un cierto parecido, pero podría ser su hermanito menor». El dolor bajó hasta el pie derecho y pareció darle una dentellada. «Mi hermano no escribía libros; señorita; este es un título de hace quince años y necesito descansar». «Muéstreme un libro nuevo», replicó.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935699

La Nova 74

Juan Carlos Méndez Guédez Editorial Páginas de Espuma ePub

La Nova 74

 

 

 

Te llamas hoja húmeda,

noche de apartamento solo

Rafael Cadenas

 

 

 

Y claro que la mayor parte de ustedes no conocerá el Parque Bararida, ni la Avenida Vargas, ni La Nova 74, y mucho menos a María Emilia, la María Emilia de 1983 que es como decir una María Emilia muy particular, porque ese fue el momento en que también conocí a Alicia, ese fue el momento cuando probé mi primer whisky, cuando volví a ver a mi padre después de dieciséis años, pero sobre todo fue el tiempo de María Emilia, que también fue un poco el Parque, y la Avenida, y la Nova y María Emilia.

 

No voy a describirla ahora. O sí. Era muy delgada y tenía los pechos más lindos, más redondos, más erguidos que yo recuerdo. Porque eso es lo que yo veía siempre que iba a beber limonadas en la Nova 74 y ella paseaba entre las mesas. María Emilia tan delgada, tan feliz, con el busto alzado, satisfecha, alegre de saber que su cuerpo era una fiesta.

Ver todos los capítulos

Ver todos los relatos