143 relatos
Medium 9788483935545

Pesadilla

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Pesadilla

 

 

La soñé cuando tenía cuatro años y nunca he olvidado el horror que me inspiró. Era muy flaca, llena de arrugas y de una blancura enfermiza que recordaba la leche vomitada. Llevaba un vestido de flores mustias, una chompa roja, un pañuelo alrededor de su cabeza sin pelo y unos anteojos negros, negros como las encías de sus dientes. Yo la miraba desde la ventana de casa cuando me descubrió. Quise escaparme y no pude. Cruzó la pista y avanzó hacia mí. Metió la mano huesuda a través de la persiana y yo corrí sin moverme del sitio, como los personajes de los dibujos animados. Tenía los labios pintados de rojo y las uñas larguísimas. Hace años que desperté a gritos y todavía no consigo olvidarla. Ni siquiera esta noche que me revuelvo desvelado en la habitación de un hotel lujoso, a miles de kilómetros de mi ciudad y más bien al final de mi vida. De pronto ha salido del baño y de nuevo extiende su mano hacia mí. ¡Dios mío, no estoy dormido!

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935163

El tiempo del mito

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

El tiempo del mito

 

Definitivamente, Baldomero Denegri era un tipo extraño. Tan extraño que a nadie le sorprendió su muerte tan grotesca. Su fisonomía también fue poco común: era alto y de una delgadez enfermiza. En la cabeza –donde nítidamente destacaban la nariz y la mandíbula– una frente enorme se prolongaba por encima de las orejas, gracias a una incipiente calvicie que coronaba su cráneo en una hirsuta maraña rojiza de cabellos crespos. Los ojos, saltones y vidriosos, resultaban agrandados por los alucinantes «fondos de botella» que llevaba por gafas, y los brazos –finalmente– terminaban en unas temblorosas patas de pollo en las que más de un malicioso afirmó haber visto palmas peludas.

Intelectualmente fue un hombre muy capaz, pues se doctoró en arqueología con sobresaliente cum laude y siempre destacó en la universidad como un catedrático entretenido e inteligente. Sin embargo, la curiosa combinación de sus tópicos favoritos con los temas arqueológicos le hicieron perder seriedad. Claro, si a su natural excentricidad unimos el psicoanálisis, la sexología y los alucinógenos, el resultado no podía haber sido más que un caótico amasijo de rocambolescas teorías sobre el origen de la cultura peruana, la religión andina y la sexualidad entre los antiguos peruanos que sólo él era capaz de entender.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935545

Déjà vu

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Déjà vu

 

 

La gente de la mar sabe que existen criaturas siniestras que habitan en los arrecifes y en las profundidades: ojos como perlas, niños escamosos y corazones marinos adheridos a las rocas. Despojos humanos que se niegan a morir y homúnculos abisales que no saben por qué han nacido. Un pescador halla entre sus redes un pez vagamente humano que lo mira suplicante, y decide degollarlo horrorizado. Ya en el puerto, corre a una taberna para disolver en brandy el asombro líquido de aquella aberración, pero descubre con espanto que un hombre vagamente anfibio lo observa resoplando desde la barra. Aquel marinero ignora por qué lo odia y trata de recordar. El pescador que lo decapitó en alta mar lo sabe y nunca podrá olvidarlo.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935163

Hawái, Cinco y Medio

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Hawái, Cinco y Medio

 

Una sola parte de diez partes goza el hombre; las diez satisface la mujer deleitando su mente...

Apolodoro, Biblioteca III 6, 7

 

–¡Anda, hijita! No sigas con esa cara de poto que ya vamos a llegar –decía Charo mientras se repintaba los labios sensuales.

Estela miraba nerviosa por la ventanilla del carro, sin saber si debía salir corriendo o hacerse la pila en ese instante. Es cierto que al principio secundó la idea, pero es que estaba molestísima con el cretino de Juan Carlos y se creyó con derecho a cobrarse una revancha. ¿Acaso no iba a cometer lo mismo que ella tanto criticaba? Sí, pero también se lo había advertido: le había dicho que ya no la iba a seguir agarrando de cojuda y que apenas pudiera se conseguiría un amante.

–¡Entonces, pues! ¿De qué te quejas, Estela? –le increpaba Maru abriendo y cerrando los ojos para que el rímel se esparciera mejor por sus felinas pestañas–. Además ellos te van a encantar. Son amorosos.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935545

El deseo

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

El deseo

 

 

«¡Pide un deseo!» –dijo la tía Carmen– y yo pedí que resucitara abuela y soplé las velas. Todos se quedaron callados y mamá comenzó a llorar, porque echa de menos a la abuela y siempre está con los ojos rojos. Mi papá me ha castigado y se ha llevado a mamá al cine para que se ponga tranquila, pero yo también extraño a la abuela porque me contaba cuentos y me preparaba dulces. Por eso pedí el deseo, para que volviera a casa y mamá deje de llorar. Qué contenta se va a poner cuando la encuentre en su cama, toda llena de gusanitos.

Ver todos los capítulos

Ver todos los relatos