143 relatos
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El tiempo del mito

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

El tiempo del mito

 

Definitivamente, Baldomero Denegri era un tipo extraño. Tan extraño que a nadie le sorprendió su muerte tan grotesca. Su fisonomía también fue poco común: era alto y de una delgadez enfermiza. En la cabeza –donde nítidamente destacaban la nariz y la mandíbula– una frente enorme se prolongaba por encima de las orejas, gracias a una incipiente calvicie que coronaba su cráneo en una hirsuta maraña rojiza de cabellos crespos. Los ojos, saltones y vidriosos, resultaban agrandados por los alucinantes «fondos de botella» que llevaba por gafas, y los brazos –finalmente– terminaban en unas temblorosas patas de pollo en las que más de un malicioso afirmó haber visto palmas peludas.

Intelectualmente fue un hombre muy capaz, pues se doctoró en arqueología con sobresaliente cum laude y siempre destacó en la universidad como un catedrático entretenido e inteligente. Sin embargo, la curiosa combinación de sus tópicos favoritos con los temas arqueológicos le hicieron perder seriedad. Claro, si a su natural excentricidad unimos el psicoanálisis, la sexología y los alucinógenos, el resultado no podía haber sido más que un caótico amasijo de rocambolescas teorías sobre el origen de la cultura peruana, la religión andina y la sexualidad entre los antiguos peruanos que sólo él era capaz de entender.

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Medium 9788483935378

El kimono azul

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

El kimono azul

 

Un hombre de mono azul no era lo que era ni lo que había sido; era pura sombra, era su propia sombra, de la que saldría su cuerpo cuando el fuego lo iluminara y si la muerte lo permitía.

Aquilino Duque, El mono azul

 

I

 

La reportera de Toledo Televisión ya había terminado su desabrida conexión en directo desde la cripta del Alcázar, cuando los gritos y los disparos desataron el caos y de paso el rating. Así, gracias a la cámara que siguió funcionando sobre su trípode, la audiencia de toda España pudo contemplar –horrorizada– el cuerpo alicatado de bombas, granadas y dinamita de aquel hirsuto terrorista que tomó como rehenes a la corporación municipal, al arzobispo, a los miembros de la Hermandad de Defensores del Alcázar, a los veteranos del Tercio de Requetés, a la Mesa Nacional de Falange y a un piquete de jóvenes antiglobales que había acudido a la cripta con idea de reventar la ceremonia del LXX Aniversario de la Liberación del Alcázar de Toledo. A la vista de los explosivos, el acto parecía destinado a ser reventado.

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Medium 9788483935545

Pesadilla

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Pesadilla

 

 

La soñé cuando tenía cuatro años y nunca he olvidado el horror que me inspiró. Era muy flaca, llena de arrugas y de una blancura enfermiza que recordaba la leche vomitada. Llevaba un vestido de flores mustias, una chompa roja, un pañuelo alrededor de su cabeza sin pelo y unos anteojos negros, negros como las encías de sus dientes. Yo la miraba desde la ventana de casa cuando me descubrió. Quise escaparme y no pude. Cruzó la pista y avanzó hacia mí. Metió la mano huesuda a través de la persiana y yo corrí sin moverme del sitio, como los personajes de los dibujos animados. Tenía los labios pintados de rojo y las uñas larguísimas. Hace años que desperté a gritos y todavía no consigo olvidarla. Ni siquiera esta noche que me revuelvo desvelado en la habitación de un hotel lujoso, a miles de kilómetros de mi ciudad y más bien al final de mi vida. De pronto ha salido del baño y de nuevo extiende su mano hacia mí. ¡Dios mío, no estoy dormido!

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Vamos al colegio

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Vamos al colegio

 

 

Como todas las mañanas, he vestido a los niños y los he colocado en el asiento trasero para que sigan durmiendo. Enciendo el coche y el motor se va calentando, desentumeciendo. El invierno es crudo y prefiero no abrir la ventana para que los niños no pasen frío. Corro a la cocina a preparar sus bocadillos y no hay mantequilla, el queso también se ha terminado y tengo que abrir una lata de atún. Cuando encuentro el abrelatas ya se nos ha hecho tarde. Corro al garaje. Apenas puedo respirar. Los niños no se despiertan.

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Mateo, 18:18

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Mateo, 18:18

 

 

Las trompetas tronaron de nuevo y los carceleros han vuelto a entrar. Buscan las marcas que profanan nuestra piel, maldita de nacimiento, para concentrarnos en otros campos. Esta vez se han llevado primero a los niños. ¿Los marcarán también, como hicieron después de Lyon, Viena o Letrán? Siempre es igual: nos reúnen y nos separan, nos arrastran de una prisión a otra, nos amenazan con sus cámaras de insomnios eternos, peores –tal vez– que el infierno y el purgatorio. En realidad, quizás no saben qué hacer con nosotros y por eso siguen atando y desatando, creando y aboliendo limbos, soledades infinitas como su ignorancia.

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