143 relatos
Medium 9788483935163

Pesadilla en Chacarilla

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Pesadilla en Chacarilla

 

El sueño se apoderó de mí y entré en el sueño...

William Wordsworth

 

Gaby dio un salto en la cama mientras su marido se escondía bajo las sábanas para que la luz de la lámpara no lo desvelara. «Gabicita llora otra vez. Pobrecita, pajarito», decía Gaby y salía desesperada hacia el cuarto de la bebe. En una revista había leído que los niños Cáncer son muy sensibles y que en las noches sufren sueños feroces. Ella lo sabía porque también era Cáncer y recordaba espantada los bestiales golpes contra la puerta de su habitación. «¡Mamá, mamá!» –gritaba Gaby–. Y Gabriela corría de puntillas para no despertar a su esposo y consolar a la niña, «pobrecita, pajarito».

¿Quién le metía esas historias en la cabeza? Primero era la horrible sensación de sentirse vigilada y despertarse sudorosa. En la imprecisa penumbra el risueño semblante de los juguetes se esfumaba para dar paso a miradas amenazantes y un súbito escalofrío traspasaba sus huesitos. La decrépita memoria de Gabriela añadía un denso hedor a azufre, mas lo cierto es que de pronto, una luz mortecina empezaba a filtrarse por debajo de la puerta como si todo el fuego del mundo estuviera ardiendo en el pasillo. Gabicita no entendía por qué sus mentiras no eran castigadas como Pinocho o por lo menos sin postre. «No quiero que el diablo me dé una cachetada, mami», sollozaba Gaby prendida del cuello de su madre.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935163

Arroz a la polaca

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Arroz a la polaca

 

«¡Ojo al dato, señores! La selección peruana acaba de instalarse en La Coruña y tiene serias intenciones de convertirse en la revelación de este mundial. Recordemos que el equipo inca eliminó a la poderosa celeste uruguaya y le ha ganado, nada más y nada menos, que a la propia Francia de Platini en el mismo Parque de los Príncipes. Este conjunto tiene como base a los hombres que actuaron en Argentina 78 y es dirigido por el viejo, viejo brasileño Tim. Se trata de una delegación numerosa que comprende dirigentes, cuerpo técnico, jugadores, asistencia médica y ¡ojo al dato, señores!, Ña Cornelia, morena cocinera que ha sido presentada al periodismo, nada más y nada menos, que como el arma secreta de su selección» ... ¡No, señó, yo no soy de Camerún! Soy peruana de los Barrios Altos y además hincha de la U. Ponga eso en su Comercio señó. No se vayan a creer aquí tambén que todos los negros somos del Alianza, ¡qué lisura!, oiga usté.

«Noooos dice nuestro enviado especial en la sede gallega, que todo está listo para el primer partido y seguro que los peruanos se irán de paseo con los negritos del Camerún»... ¡Qué bravo es hacé la plaza aquí, señó! Mire usté, el camote acá es boniato, a la alcachofa le dicen caucil y a la palta ques de mi tierra le han puesto aguacate. ¡No pues, señó! Yo no voastar viniendo al mercado con diccionario, pues. Endemás aquí comen cochinadas, señó. ¡Cómo que no!, si yo misma he visto cómo se comen en los restorantes la pichula del chancho. Los pinchos de cerdo, pues. No se me haga el loco. ¿Usté cree que yo no sé lo ques un cerdo?, ¿usté cree que yo no sé lo ques un pincho?, sinó qué va ser, pues. Pal partido de mañana algo ligerito nomás, sólo que no encuentro po ningún sitio papa seca pa la Carapulcra. ¿Usté no sabe lo qués? ¡Ay, caracho!, venga mañana tempranito a la concentración y le sirvo un platito, señó. Claro, claro, sin ningún compromiso, nuay problema, señó. Pero eso sí: que no lo vea el joven Aramburú. Sí, sí, ya sé ques el presidente de la delegación, ¡pero es tan muchacho, oiga usté!

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935545

La soberbia

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

La soberbia

 

 

Cuando llegué ante Dios, me fue mostrado todo cuanto merecía por mi vida sencilla y honesta, mas me negué a aceptar el soborno de su Paraíso porque en el último acto soberano de mi inteligencia sólo deseaba repudiarlo. Y le he vencido: ni siquiera me puede condenar al Infierno porque soy el Infierno.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935163

En los adentros del toro

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

En los adentros del toro

 

La tarde estaba caprichosamente iluminada por esos engañosos resplandores limeños, pero un calor húmedo sofocaba a la plaza como si el anillo de Acho fuera una enorme sartén.

–Ete boshorno e lo que se carga lo toro, quillo –le dijo el Fali a el «Tramboyo»–. Y mira quer cielo nostá encapotillao.

–¿Aquí hace más calor que en España, maestro? –contestó el chico secándose la frente.

–¡Anda ya!, si éto no e caló ni e ná –replicó el banderillero–. Pasa que allá nunca toreamo en verano, ¿sabe lo que te digo? Er caló se carga lo toro, mi arma.

–A mí me gustaría ir a España aunque fuera en verano, jefe. Debe ser la muerte, ¿no? –sonrió el «Tramboyo».

–Se come de putamadre –sentenció el Fali.

La temporada americana había comenzado en Lima y los toreros españoles apenas habían llevado un picador de confianza y un par de peones que hacían de banderilleros y mozos de espada a la vez. Las modestas empresas sudamericanas no podían pagar honorarios, pasajes y estadía a cuadrillas muy numerosas, y por eso los diestros tenían que ampliar sus tropas en los mismos países en que actuaban. Sin embargo, los apoderados tenían buen ojo y a veces se llevaban a los mejores subalternos por todas las plazas del continente y, con algo de suerte, quizá también a España.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935545

No hay que hablar con extraños

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

No hay que hablar con extraños

 

 

Así me decía siempre mamá, pero Agustín no era un extraño porque todos los días me ofrecía caramelos a la salida del colegio. Además, cada vez que me llevaba a su taller me regalaba muñecas. Muy bueno era Agustín, me hacía cariñitos.

Mamá me contaba historias bien feas de niñas que se perdían porque se las robaban las gitanas o el hombre de la bolsa. Yo sabía que las gitanas se llevaban a las niñas para obligarlas a vender flores, pero nunca supe qué te hacía el hombre de la bolsa. Con Agustín yo juego a que me toca y yo lo toco, y siempre gano pues al final no se puede aguantar. Mamá es una miedosa porque dice que si hablo con extraños seguro que no me vuelve a ver.

En el taller de Agustín hay muchas cosas que cortan y queman y pinchan. También tiene un avión desarmado que un día servirá para volar e irnos de viaje. Por eso me puso el pañuelo mágico en la nariz, porque los aviones marean y tengo que acostumbrarme. Después ya no me acuerdo de nada: una colonia bien fuerte, un sueño como regresando de la playa y muchas cosas que cortan y queman y pinchan.

Ver todos los capítulos

Ver todos los relatos