134 relatos
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Golpe de estado

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Golpe de estado

 

La ejecución de tantas mujeres sucesivas estimuló en el rey Shariar el gusto por la vista y el olor de la sangre derramada. Tras perdonar la vida a Sherezade, cada día, muy de mañana, hacía decapitar a un condenado. Poco después del amanecer, Babú, el esclavo entre los esclavos del rey Shariar, le presentaba la primera infusión del día y una lista con varios nombres de reos posibles víctimas, para que él eligiese. Una hora más tarde, ya desayunado y revestido con sus ropas de gobierno, el rey Shariar asistía, muy de cerca, a la decapitación del reo designado. Esta mañana, Babú, el esclavo entre los esclavos, le ha ofrecido la infusión pero no la lista de condenados, y el rey Shariar le mira con severa extrañeza. Hoy el ejecutado vais a ser vos, mi señor, murmura Babú. El Gran Visir os ha derrocado esta noche mientras dormíais. El Gran Visir, que reinó con el nombre de Alhakem y el sobrenombre de Misiano, reparó muchas de las injusticias de Shariar y fue muy querido de sus súbditos. Casó con Sherezade, la proclamó Primera Señora, y todas las noches escuchaba un cuento de su boca. Se dice que disfrutar como oyente exclusivo de los cuentos de la sabia narradora fue el motivo principal de su sublevación para derrocar a Shariar, pero la verdad solo la conoce Dios, el Clemente, el Misericordioso.

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Libro mágico

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Libro mágico

 

Esperaba la ejecución y su última voluntad había sido leer un libro que debieron llevarle de su domicilio. Al alba, cuando abrieron su celda para conducirlo al patíbulo, el reo había desaparecido. Todo fue analizado con minuciosidad, y el libro despertó sospechas: parecía que estaba escrito en un idioma extraño, mas el teniente descubrió que no era así, sino que se había impreso con el texto ordenado al revés, y que había que comenzar a leerlo de derecha a izquierda, a partir de la última línea de la página final, como si fuese escritura árabe. Él lo hizo aquella noche, y también desapareció. Sherlock Holmes, a quien por fin pidieron ayuda, nunca se perdonó la pérdida de su amigo y colaborador, el doctor Watson, que, por encargo suyo, leyó el libro tan estrafalariamente impreso, y a quien ya nadie pudo encontrar nunca más. El gran detective aconsejó destruir el libro. El juez resolvió que se quemase, pero no sin antes dejar fijadas ciertas características, como prueba material: al menos, la clase y el número de vocales, consonantes y signos ortográficos de que el texto se componía. Este libro contiene exactamente el mismo número de cada vocal, de cada consonante y de signos ortográficos que aquel, pero te aseguro que, cuando termines de leerlo, no desaparecerás.

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La cita

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La cita

 

Hola, susurra, y comprendo que esta vez ya no despertaré.

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Posdata

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Posdata

 

Otra cosa: por la noche, al acostarte, no te olvides de cerrar bien las puertas de los armarios. De lo contrario, pueden salir los trajes y los vestidos en la oscuridad a pasear por la casa, a bailar en la sala, y los calcetines a hacer carreras por el pasillo, y hasta las blusas y las camisas y los calzoncillos y las bragas a tomar ese aire nocturno que les da mayor palidez, y cuando te levantes acaso te encuentres alguna chaqueta durmiendo en el sofá o el suelo del vestíbulo nevado de pañuelos.

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Las doce

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Las doce

 

A las doce, hora de límites, el tiempo separa cada jornada con su peligrosa cuchillada. Es la hora en que, a veces, se reúnen. Hablan en voz muy baja, con murmullos tenues, pero desde la cama, forzando mi atención, puedo advertir esos cuchicheos, sus risas, el tintineo de los vasos. Varias noches me he levantado con sigilo para intentar sorprenderlos. Camino a tientas por el pasillo, abro despacio las puertas, enciendo de repente la luz del salón. Ya no están, nunca están cuando llego. ¿Que si dejan rastros? Una vez, mi gato tenía en el cuello un lazo verde. Otra, había un clavel sobre la mesa. Ayer, una postal de un templo hindú cuyo destinatario no soy yo, con una letra poco inteligible que, al parecer, habla de calor y recomienda no olvidarse de los peces.

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