92 relatos
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Un museo

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Un museo

 

Se marchaba él a su empleo, por decirlo así. Me quedaba yo al cargo de la casa, es una frase. Él había abandonado la Secundaria; yo había traducido a Virgilio (para que se hagan una idea). Conque, cuando volvía al atardecer, mis palabras como abejas lo zumbaban.

Las espantaba a manotazos: mis intenciones de alguna clase de venganza, por mínima que fuera, decaían y los aguijones se volvían contra algo.

Nos arrojábamos en el sofá; yo quería follar y él ver la tele. Ganábamos por turnos. El perdedor se esmeraba. Luego éramos dos leones hastiados; yo me retiraba meneando la cola a mi habitación donde los libros ya me daban náuseas, me tumbaba en la cama y bebía lentamente de una botellita de gin. Para hacer sueño, más que nada, mientras imaginaba luces detrás del campanario por el cielo negro del coño del mundo. Cosas mías.

Un día que vio la casa toda ordenada. Juro por dios que me había esforzado. Me dijo:

–Parece un museo.

–¡…!

Casi nunca me quedo sin respuestas.

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Cuento capitalismo

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Cuento capitalismo

 

Todo empezó en 1642 y desde 1689 la historia se ha terminado. Hubo una revolución, varias guerras civiles. Se produjo un cambio violento de la política y de la vida. Ocurrió en Inglaterra. Los aristócratas, poseedores de la tierra, se enfrentaron a los propietarios de tiendas y talleres que aspiraban al poder. Corrió la sangre. Hubo gente muerta. Cayeron los pringados, los héroes, los que preferían el riesgo de morir (convencidos, naturalmente, de su victoria –nadie lucha sin fe–). En cambio, los sobrevivientes, tras algún titubeo, decidieron organizarse para que ninguno de ellos perdiera. No se olvide esa fecha: la revolución de 1642, Inglaterra.

El resultado: la victoria de los propietarios bien organizados en dos partidos, y su rey. Será el paradigma europeo en lo sucesivo: la nobleza y la burguesía más rica se entienden para gobernar. El resto, el llamado pueblo, se queda sin tierra, sin apenas participación política, negado su derecho a intervenir en los juicios y excluido de la mejor educación. Han aparecido dos clases (dos grupos humanos), o mejor, una clase se ha constituido contra la otra, se ha colocado enfrente. Ha establecido una «lucha».

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Tres minutos setenta y siete segundos

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Tres minutos setenta y siete segundos

 

 

 

Para Begoña Varela

 

 

 

¿Cómo? Lo tenemos. Descubierto, el gazapo acaba de llegar. Retratado en la esquina segunda. / hace una mañana fresca, acariciadora no obstante de octubre. /

Parece que no huele, va hacia la madriguera. Ya lo tenemos en la puerta. Sin señales del mirlo. Tranquilos, tiene que venir, falta un minuto. Atención, va a entrar. Dime. Un momento. Sí. Ya está dentro. En marcha los relojes. ¿Qué hay del interior? Demasiados paquetes, da el aviso. Que no se precipiten, quiero mucha suavidad. / como un tiro, la melancolía. O una tenaza que desprende las ligaduras de esta vida. Siempre suelto, dejado de las manos; sin palabras, apurando siempre un cáliz de silencio. Tengo que vivir, y no sé por qué. /

 

Lobo uno, atención galgo uno, preparado para seguirle el rastro. ¿Tenemos noticias? El gazapo deambula por la madriguera, está intranquilo. Hay mucha carne. Ya lo he dicho, no quiero prisas, calma. ¡Llamada a lobo uno! Tenemos novedades. Adelante, pásalo. Una nube en calle Prado, repito, una nube en calle Prado. A la escucha, galgo uno, ¿habéis oído? ¿Qué hacemos? / si la poesía no es posible; francamente, misterios artificiales. /

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Jesucr…

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Jesucr…

 

Aquella luz de terciopelo como nunca antes. Atardecida en las montañas de Galilea que daban al lago Genesaret.

Una luz igual que una caricia; que aún se ve, algunas veces.

 

Ellos dos subieron por las vueltas y revueltas del camino, que hacían posible la ascensión, con sus bicicletas. Ni una parada, y todavía uno sintió deseos de retar al otro a un esprint hasta la cumbre, que se llevó fácilmente. Se chanceaba sin demasiada malicia cuando ya los diez o doce metros le daban ventaja suficiente. Después las dejaron sobre el suelo, sacaron una botella de plástico que le había dado un sabor notable al agua, saciaron la sed; el perdedor le mandó un chorro desde la boca, forcejearon como chiquillos, una zancadilla, su violencia de risa.

Se habían tumbado cuan largos eran boca abajo, la barbilla apoyada en las manos, la cabeza asomando al vacío. Todavía los corazones golpeaban, y el resuello corría a la par.

Aquella luz, mansa. Los colores del valle y los montes difuminaban parte de sus tonos que entregaban en una ligera bruma al paisaje. Luego iba descendiendo hacia las orillas, donde se aposentaba la ciudad con sus arrabales segregados hasta el puerto, y hasta una barca en que la inapreciable doble figura de un padre y un hijo recogía sus cosas.

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Memoria de una iglesia

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Memoria de una iglesia

 

Nuestra casa ocupada la rodearon los maderos, los picoletos, miembros de los GEO, los autodenominados chiquiotan y la Milicia Vecinal Contra Vagos, Alternativos y Maleantes. Huimos por los tejados, Gus lo alcanzó a uno con un ladrillo en la jeta. Me volví para darle un recado en las costillas, saltamos a la calle, a correr. Dejamos atrás un infierno de palos, humo, pelotas, gritos; también ilusiones, trabajo, una asociación cultural, la cooperación de la buena gente, techo, amigos, comida. Tres tipos de los cuerpos y fuerzas bien armados y con redes nos pisaban los talones, les echamos un esprint hasta la esquina, topamos con unas escaleras que subimos y nos colamos en una iglesia. Desde aquella oscuridad, los vimos pasar de largo.

Dentro estaban escenificando alguna cosa; accedimos por los pasillos sin llamar la atención y nos sentamos al pie de una peana a recuperar el resuello. Gus sacó un bocadillo, de tres bocados nos lo zampamos; fue un suspiro: teníamos sed, sueño, ganas de estar callados, de llorar, de matar a alguien…

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