34 relatos
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Profesor Amine

Miguel Ángel Muñoz Editorial Páginas de Espuma ePub

Profesor Amine

 

 

(basado en hechos reales)

 

 

Gran ilustre vidente mágico africano.

Con rapidez, eficacia, garantía y discreción.

El Maestro Chamán Africano Gran Médium Espiritual, Mágico con Poderes naturales, y Experiencia en todos los campos de Alta Magia Africanos, resuelve todo tipo de problemas y dificultades, por difícil que sea: Enfermedades Crónicas, Judiciales, Matrimoniales, Conocedor de los Secretos, Protección, Depresión, Mal de Ojo, Limpieza, Suerte, Juegos de Azar, Romper Ligadura, Impotencia sexual, y lo más eficaz para Recuperar la Pareja, y Atraer personas queridas, Encontrar Pareja, Amarres y cualquier problema Matrimonial, él tiene los Espíritus Mágicos más rápidos que existen y cualquier otra dificultad que tengas en el amor la soluciona inmediatamente con resultados al 100%.

garantizados de 3 a 7 días como máximo.

Todos los días de 8 a 22 h.

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Medium 9788483935668

Unidos

Miguel Ángel Muñoz Editorial Páginas de Espuma ePub

Unidos

 

Habíamos pasado la primera noche juntos, nuestra primera noche fuera de casa. Por primera vez en nuestra casa, dormidos en el hogar que nos protegería en adelante. Laura afirmó: «Nos traerá suerte vivir aquí, en otra ciudad, separarnos de nuestros padres y no pienses más, encontrarás un nuevo trabajo».

Un mes antes yo había sentido miedo: «Dijimos en junio, cuando yo conociese mi nuevo destino». «Pero, Laura, no contaba con perder el empleo, no pensaba que la empresa te quería trasladar de verdad, no tengo ingresos que ofrecerte», repliqué. «Tus ahorros y los míos», dijo ella que también decía: «Esta casa nos traerá suerte, de eso no cabe duda».

Al despertar confirmé que Laura estaba aún a mi lado, con la suave desnudez de una estatua, cubierta por una luz fría que disipaba el sexo que nos había unido ­durante la noche. Estábamos en esa cama como dispues­tos por un pintor que preparase un retrato: bellos, desnu­dos y gélidos. Me levanté y la miré violando el camino de la luz fría, clavada en ella con la misma escasa calidez que podría despedir una bombilla encendida oculta en un bote de plástico. Con las paredes vacías, las maletas sin deshacer y la ausencia de muebles, pensé: «Habrá que pintarlo, éste será nuestro hogar». También me pregunté y me negué a responder por cuánto tiempo.

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Medium 9788483935934

Somos los malvados

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Somos los malvados

 

 

 

Los maltratadores de niños llevaban
a su hijito a la iglesia los domingos.

Charles Simic

 

 

 

¿Qué ha sido de los hijos de puta que incendiaron mi infancia? ¿Quién les perdonó la vida? ¿A quiénes deben el agradecimiento por respirar? ¿Por qué ninguno de esos hijos de puta recibe su merecido? ¿Por qué yo, niño hecho lumbre, fui incapaz de buscarlos y urdir alguna venganza contra vosotros, si compartimos ciudad pequeña y calles estrechas, si solo la presbicia me impediría reconoceros, al cabo de tantos años? El hocico del perro vengador es infalible, pero he vivido hasta ahora inoculado por la cobardía: el castigo más perdurable que los hijos de puta infligen a sus víctimas.

¿Quién ha escrito, y dónde, que los niños que maltratan a otros niños redimen luego esos actos? Jamás hubo un adulto que reconociera con pena, con lástima o arrepentimiento, que pegó a otro niño, que le causó las maldades más imaginativas –darle pataditas diarias en los huevos, llamarlo gordo por lo bajini, decenas de veces al día, amenazarlo con una paliza si sacaba en el examen de matemáticas más de un seis, esconder en la cartera una cuchara y advertirle que en ella haría bailar su ojo–. Esos animales salían de la cama y se olisqueaban por el camino, se reunían en la senda, iban juntos al colegio, nadie podía enfrentarse a ellos, ni existía la rebelión de los vencidos, no se me ocurría organizar alguna trampa para salvarme de los daños. Se palmeaban las espaldas, para darse ánimos y agitar los pensamientos: nuevas maldades.

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Intenta decir Rosebud

Miguel Ángel Muñoz Editorial Páginas de Espuma ePub

Intenta decir Rosebud

 

Las ventanas están demasiado sucias. No habrán tenido tiempo de limpiarlas. Los sonidos de la calle ascienden hasta el ático y se enclaustran en él. Se ha tumbado en el sofá apenas María se ha marchado con Daniel, camino de la escuela y del trabajo. Lleva dos horas y media concentrado en la respiración y en los ruidos. Están por todos lados, ocupando rincones. La madera del aparador cruje, acosada por el caudal repentino del aire acondicionado. Experimenta con la temperatura ideal para su cuerpo. Marca dieciocho grados en el mando a distancia. La máquina le avisa de su obediencia con un silbido. Oye cómo aumenta el vigor del frío. Pero no espanta el sofoco que lo ahoga. Se roza con el pulgar el cerco de sudor en el cuello, hasta la nuca. Ese sudor. Lo retira y mira la yema, limpia, aunque la piel ha tomado un color metálico, plomizo. Las ventanas están cerradas. Demasiado sucias. No han podido limpiarlas. Se niega a abrirlas para que corra el aire de marzo. Bajará las persianas. La habitación queda sumergida en la penumbra. Enciende la lámpara de jaspe negro. Su débil luz es reconfortante. Será esa penumbra la que reciba a María cuando vuelva acompañada de Daniel, al comienzo de la tarde.

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El rapto de Woody Allen

Miguel Ángel Muñoz Editorial Páginas de Espuma ePub

El rapto de Woody Allen

 

 

 

Decidme: si como el cielo me hizo hermosa

me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara

de vosotros porque no me amábades?

Discurso de Marcela, en Don Quijote de la Mancha.

 

 

 

Marisa me dio la noticia del rapto de Woody Allen. Ese mismo día busqué las gafas de carey negro y me las puse para mirarme en el espejo del baño. Yo no era capaz de encontrar ningún parecido. Se me clavaban en las orejas. El tiempo había pasado, y nunca lo hace en balde, por lo que dicen ellos. ¿Qué pensarían si hubiesen podido verme esos mismos que no se cansaron de burlarse de mí durante años, desde la escuela hasta acabar el instituto, con aquella tontería? Aunque hubiesen estado a mi lado en el cuarto de baño, ese día no les habría pedido opinión. Sólo me importaba lo que Marisa viera. Ella salió de la ducha. Ví a través del espejo su cuerpo desnudo, sus pechos, su carne abundante y morena, como una patricia romana. Me giré:

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