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Carta del ex

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Carta del ex

 

¿Qué tal va todo?

Estuve esperándote en la esquina de siempre una hora y los minutos de antelación con que llegué; o más. Después me di cuenta de que te casabas esa misma mañana. Claro, cómo ibas a estar, ni queriendo. Perdona mi torpeza y no me preguntes si lo olvidé, tampoco yo logro entenderlo. De manera que, al no aparecer tú, me fui, solitario, al parque de El Retiro, desde luego, la joya de nuestro Madrid. No te imaginas lo hermoso que está. ¿O, tal vez, sí? La gente se casa en Primavera, y razón no le falta; por algo es del año la estación florida: todo tan verde y tan vivo; la suave hierba; los rumorosos árboles estrenando sus yemas, poblándose de hojas; los primeros capullos de flores que aparecen por doquier y aguardan el momento de hacer estallar sus colores; hasta los surtidores parece que saltan con más gana. La verdad es que entre todas esas maravillas consiguieron animarme un poco. Era un comedido placer escuchar el canto no aprendido de las aves y el zureo gutural de las palomas; detenerse a sentir la fragancia de los magnolios, de los lirios, de los arbustos olorosos y otras plantas –sólo soy un diletante en Botánica– que adornan arriates y jardines. Aquel pasear desvaído, en apariencia desprovisto de ansiedades, atemperaba mi ánimo, lo reconfortaba. El escaparate engalanado de la vida en torno con su feria de aromas y colores era la invitación que andaba necesitando en aquel trance, ¿por qué no decirlo?, huero y sombrío. ¿Me creerás? Bastó esa muestra de Natura para que ener­gías renovadas se desplegaran en mi interior maltrecho y brotasen indicios de entusiasmo donde no yacían arrumbados sino escombros y fracasos en su postrer desconsuelo (ya sabes). Porque es así la condición humana: de lo viejo surge lo inédito, de las pequeñas muertes, como su alimento, se irguen expectativas rabiosas de futuro. Ya lo escribió inmejorablemente don Antonio, cuando observaba brotar una hoja verde del tronco carcomido de un olmo moribundo. Al recuerdo de esas palabras y otras, necesarias meditaciones de nuestros maestros, anduve la mañana deambulando sin intención, filosofando tal vez, siguiendo acaso el itinerario sentimental que una mano providente iba señalando en los senderos.

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Verano en Maryland

Alberto Marcos Editorial Páginas de Espuma ePub

Verano en Maryland

 

Una llamada de teléfono en plena madrugada no puede traer buenas noticias. Eso piensa Mateo cuando su madre golpea la puerta con los nudillos y asoma la cabeza, teléfono inalámbrico en mano, y le apunta con él como si blandiera un revólver. Va enfundada en una bata de seda roja con motivos japoneses.

–¡Tu padre está durmiendo! –dice con el tono frustrado del que grita en susurros. Pero no está enfadada, sólo se muere de ganas por saber quién rompe la quietud familiar de la noche y cómo esa interrupción se relaciona con su hijo.

Mateo se incorpora en la cama y tantea la mesilla en busca de las gafas. Con los párpados adheridos por las legañas, coge el teléfono, todavía dormido.

Una voz de mujer contesta con un torrente de palabras ininteligibles. Debe de ser un cruce de líneas, una broma pesada, quizá todavía esté soñando. Pero la impaciente presencia de su madre en el umbral de la habitación, como la de un carcelero que espera a que el reo salga de la celda para hacer sus ejercicios matutinos, tiene poco que ver con las imágenes que hasta ese momento habían dominado por completo los vericuetos de su inconsciente: decenas de cuerpos de jóvenes que caían desde un acantilado a las afiladas rocas golpeadas por un mar embravecido.

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Psicopatología de la vida cotidiana

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

Psicopatología de la vida cotidiana

 

Administrando redención y castigo.

Chuck Palahniuk, Superviviente

 

Tarde de sábado. Sofá. El volumen de la televisión ajustado en murmullo arrullador. En la pantalla, un documental: La vida secreta del salmón. Las persianas bajadas hasta dejar la sala en una placentera penumbra. D. ha preparado concienzudamente el decorado perfecto para su siesta. La semana ha sido horrible y este es el primer momento que tiene para invertir en un verdadero y relajante descanso.

Justo cuando empieza a quedarse dormido, suenan varios timbrazos insistentes. Decide no hacer caso. Pero el timbre vuelve a sonar. Profundamente cabreado, se levanta, se pone unos pantalones y abre. Sea quien sea, se va a enterar.

Al otro lado de la puerta le espera un joven vestido con un traje barato y un anticuado y formal corte de pelo, que, con una gran sonrisa y muy educadas maneras (Buenas tardes, caballero, y perdone la interrupción), le aborda con banales preguntas de contenido religioso: ¿Tiene miedo a la muerte? ¿Cree usted que ha triunfado el mal en el mundo? ¿Sabe qué le espera en el reino de Dios? Si tiene un momento, me gustaría enseñarle unas revistas que le iluminarán ante asuntos tan serios.

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Medium 9788483935620

Persistencias

Juan Jacinto Muñoz Rengel Editorial Páginas de Espuma ePub

Persistencias

 

Persiste a día de hoy entre algunos paladines de nuestras veneradas letras, príncipes exultantes de la gramática en nuestra lengua, o acaso rebaño de apócrifos y hatajo de usurpadores, chi lo sa, persiste, digo, cierta querencia por la locución de largo alcance, por la prosopopeya enfática y el gongorismo tenaz, una inclinación afectada aún más si cabe por la necesidad de enriquecer todo pasaje con un sinnúmero de imágenes inspiradas y numinosas, tales como fanales de luz que alumbran el entendimiento en medio de un texto negro como un océano de brea, o como polícromas lucernas que se abren a la manera de cascadas relampagueantes sobre el perdido intelecto, imágenes que sin duda son prueba incontestable de un talento sin parangón, y una parte fundamental de este uso todavía asombrosamente tan en boga a la hora de enfrentar la elaboración del discurso literario, y todo ello a pesar de lo difícil que se hace en la mayoría de las ocasiones llegar despierto al final de la frase.

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Medium 9788483935965

Lo que deseas vs lo que te ofrezco

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Lo que deseas vs. lo que te ofrezco

 

Quieres que sea infinito, que sea azul, que huela a verano y sepa a corteza de pan. Y yo, muslos de terciopelo blanco, vientre de seda, braguitas de encaje negro, te ofrezco el bosque de tinta roja que crece entre mis piernas.

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