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El descenso

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El descenso

 

A la caída de la tarde, los dos muchachos del barrio de El Crucero se montaron en la noria. Les tocó compartir cabina con dos chicas de las que frecuentaban el Club de Tenis, una rubita, la otra de pelo castaño. Se averió el motor y quedaron colgados de lo más alto. La cabina oscilaba ligeramente y los ejes chirriaban. Una de las chicas, muy asustada, empezó a rezar con los ojos cerrados. «Qué bonito es esto»– dijo Francisco, señalando con un ademán lleno de naturalidad los dos niveles de color del cielo, azul y carmesí, y la fulguración nacarada de la ciudad abajo. La chica del pelo castaño lo miró con recelo, también parecía muy tensa. Francisco se inclinó y le tomó una mano. «Fija la vista en tus manos y respira hondo» –dijo–. Ella así lo hizo y una leve y forzada sonrisa se asomó a su rostro. De aquella lucha contra el miedo que el chirriante balanceo de la cabina propiciaba pareció surgir una cierta complicidad entre ellos. Pero la noria volvió a ponerse en marcha y la chica del pelo castaño liberó con movimiento rápido su mano. Llegaron abajo y se apearon. Francisco se ofreció a acompañarlas y ellas le dieron la espalda; enseguida se alejaron bien agarradas del brazo tan deprisa como les fue posible.

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El próximo movimiento

Edmundo Paz Soldán Editorial Páginas de Espuma ePub

El próximo movimiento

 

Jerom subió al techo de una casona abandonada en una esquina de la plaza y se recostó sobre las tejas con el riflarpón entre las manos. El sol se despedía en el horizonte, asomaba la luz de la luna gigante entre las montañas. Pensó en la gente que lloraba y le vino el tembleque y el tembleque se fue cuando apretó el gatillo, una-dos-tres, zumzumzum. Apuntó a todo aquello que se movía entre los árboles de la plaza y en las calles aledañas. Escuchó gritos y se preguntó cuál podría ser su próximo movimiento. Vendrían a bajarlo del techo pero él había decidido antes de subir que no lo agarrarían vivo.

La plaza se quedó quieta y Jerom ladeó la cabeza en busca de un mejor ángulo de disparo. Le escoció el muslo izquierdo y de un manotazo aplastó una zhizu. Eran de enquistarse en los tejados, de crear comunidades a través de sus redes. Teje que teje, paqué. Tantas patas, paqué. Una vez, recienvenido, debió salir a fumigar las calles y edificios de la ciudad, invadidos por ellas. No se iban, por lo visto. Nadie se iba voluntariamente, era la ley.

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Medium 9788483935446

Vuelta al reino animal

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Vuelta al reino animal

 

Lo que la gente queremos en el fondo del fondo es vivir tranquila, que nos dejen en paz y que no nos cuenten tanta desgracia por la tele y en los diarios que le ponen a uno los pelos de punta. Ayer mismo lo comentábamos la comunidad de vecinos del bloque donde he vivido hasta ahora, que hay que ver la mala leche de la clase política, que no hacen más que liarlo todo para luego no resolver nunca nada. «Que si la infancia necesitan nuevos colegios y nuevos planes de enseñanza», «que si la tercera edad merecen más atención y sacrificio», «que si el colectivo en paro tienen derecho a mejores y más oportunidades», etcétera, etcétera. ¿Total? Nada. Así que mi familia hemos decidido liarnos la manta a la cabeza y agenciarnos unas tiendas de campaña para irnos a vivir al monte. Lo que les digo. Aislados. Todo el mundo estaremos más relajados y viviremos unidos al reino animal en el que el ser humano no seamos lo principal ni un elemento continuo de discordia sino algo más entre lo mucho. Si hay algún grupo que quieran venirse con mi familia, pueden dirigirse a las señas indicadas más abajo. Hay alguna gente muy maja que ya se han apuntado al proyecto. Lo que pedimos es que toda la gente que se apunten tengan ganas de trabajar y de mejorar personalmente. En realidad, todo el mundo deberíamos plantearnos la importancia del crecimiento personal. El grupo de la marcha os esperamos con ilusión.

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Medium 9788483935286

Tomás Rodaja se contempla, desnudo

Felipe R. Navarro Editorial Páginas de Espuma ePub

Tomás Rodaja se contempla, desnudo

 

Lo complejo de ser de cristal no es la eventual fragilidad de tal estado, sino que la suma de esos elementos que se consideran la vida pase a tu través sin que constituyas para ellos más que la oportunidad de una leve refracción.

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Pensar con los pies

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Pensar con los pies

 

Ricardo llegó a la conclusión de que se había pasado la vida tomando decisiones equivocadas. No había sabido utilizar la cabeza. Y si no, ahí estaban las pruebas: no había conseguido conservar ni un solo empleo, ni un solo amigo, ni tampoco uno de sus muchos pero efímeros noviazgos. Ni siquiera las ilusiones. «Torpe, que has sido un torpe integral», se acusaba delante del espejo. Su caso no era único, y él lo sabía, pero no le servía de alivio. «Mal de muchos, consuelo de tontos», se repetía, y acto seguido decía: «Desgraciado, sí; pero infeliz... ¡ni hablar!». Por eso ahora se enfrentaba al medio siglo recién cumplido con la resignación que da la certeza de que las cosas ya no van a cambiar y había decidido, por lo menos, entretenerse: se apuntaría a una academia de baile agarrao. Entre otras razones porque su madre lo machacaba cada día para que hiciera algo que lo sacase de casa: «Ricardito, hijo, tienes que animarte, que pareces un muerto viviente». «Por no escucharla», pensó, y allá que fue con una mezcla de curiosidad y de hastío todo junto. Se matriculó y lo citaron para el día siguiente, con indumentaria y calzado adecuados. Llegó a clase con puntualidad. En la sala había un montón de gente que charlaba con animación. Una mujer dio unas palmadas y se hizo el silencio. Era la profesora: «Hoy es vuestro primer día de clase. Solo quiero deciros una cosa antes de empezar a bailar. Cada día, en cuanto entréis en la academia, lo primero que tenéis que hacer es olvidaros de la cabeza y pensar con los pies. ¿Entendido?». A Ricardo no le costó nada seguir la indicación y desde el principio se distinguió como uno de los alumnos más aventajados. De ahí.

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