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La sombra de la duda

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

La sombra de la duda

 

Me casé enamorada del hombre que iba a convertirse en mi marido. Decir esto parece una obviedad, pero no lo es. Me consta que muchas de mis amigas se casaron enamoradas de un hombre que no iba a ser su marido. Así las cosas, también queda claro que las razones que me llevaron al matrimonio son fáciles de entender: conoces a alguien, te enamoras de él y, si se enamora de ti, hay muchas probabilidades de que el asunto acabe en boda. Matemática pura.

Me casé con un hombre que estaba enamorado de mí. Y decir esto también parece una obviedad, pero tampoco lo es. La nuestra fue una historia de amor sencilla, sin anécdotas espectaculares, sin grandes proezas, sin estimulantes obstáculos. Nos presentaron en una fiesta, estábamos los dos libres, intercambiamos nuestros teléfonos, quedamos una vez, y luego otra, y a continuación planeamos un viaje juntos. No se puede decir que fuera un flechazo, ni un amor a primera vista. Fue algo lento, tranquilo, romántico, serio desde el principio. No hubo rupturas histéricas, ni escenas de celos, ni amores incómodos de esos que siempre se arrastran del pasado, ni grandes discusiones o desavenencias. Un año después de conocernos fijamos la fecha del casamiento. Por lo civil. De eso hace ya... trece años. Tenemos un hijo de tres y una hija de siete. Deberíamos ser felices, pero solo somos perfectos.

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Recuento

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

Recuento

 

Para José María Merino

 

Todo el día conduciendo. Otro más. Harto de la carretera, tomo el primer desvío que sale a mi paso. Me lleva hasta a un pequeño pueblo. Tras dar con una pensión, dejo la maleta y salgo a pasear. Es un placer estirar las piernas después de tantas horas de coche.

El lugar no tiene mucho encanto. Le salva la pequeña playa que asoma al final de la que parece la calle central del pueblo. Bajo a la arena y continúo mi paseo cerca del agua. Hace frío. Estoy solo.

La playa termina en un grupo de rocas sobre el cual se entrevé lo que sin duda es el cementerio: sobre los peñascos asoman amenazantes algunas cruces y lápidas. Veo también la estatua de un ángel. Lo curioso es que este mira, vigilante, hacia el mar. Una extraña actitud que inmediatamente despierta mi interés por verlo de cerca. Tiempo atrás no lo hubiera hecho, pero me digo que será una visita rápida. No soporto los cementerios. No entiendo como hay gente que puede disfrutar paseando entre tumbas, entre lápidas que guardan memorias muertas de los que nunca volverán.

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Medium 9788483935446

Feliz navidad

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Feliz navidad

 

Muy queridos amigos:

Esperamos que estéis bien a la recepción de esta. Nosotros vamos pasando, gracias a Dios. Mientras haya salud... ya lo dice el refrán. Deseamos felicitaros las fiestas, deseándoos que paséis en familia y junto a vuestros seres más queridos –o solo en familia– estas entrañables fechas que nos reúnen a todos alrededor de las mesas y en el hogar, adonde vuelven los seres que por circunstancias de la vida viven lejos, porque se han tenido que ir a trabajar a otras ciudades a ganarse el pan, que es tan difícil sobrevivir a veces y siempre. Y también queríamos desearos una Feliz Navidad y un próspero año nuevo dos mil, y un próspero siglo nuevo veintiuno y un próspero nuevo milenio segundo, aunque dicen algunos, entre ellos el Antonio, que os manda saludos, que todavía no cambiamos de siglo ni de milenio, que lo ha leído en El Periódico, pero seguro que ha leído mal porque ya sabéis que está mal de la vista y que van a tener que operarlo de cataratas en cuanto pasen las fiestas, que antes no le daban hora por lo mal que funciona la Seguridad Social. Pero esto ya es otro tema.

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Medium 9788483935309

Arte mayor

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Arte mayor

 

–¡Cien millones de libras esterlinas por una pluma de ángel! –dijo el embajador, que, tras una pausa, añadió–: ¡Cómo no sentir admiración por sus habilidades para el comercio! ¿Han oído hablar de un escritor llamado Rafael Barrett? Le gustaba mucho a Borges, acaso porque ignoraba que era español. Barrett, como hombre de su tiempo, solía hablar de razas. Decía por ejemplo: «Las razas latinas crean el Arte y las anglosajonas lo comercializan».

Los lores escuchaban con enorme interés.

–Seguro que recuerdan –prosiguió el embajador– al gran Rupert Barlow, director de la sección de Arte de uno de los diarios más importantes de Londres. Barlow, desde luego, no conocía a Barret, pero un día en que visitaba un pueblo del interior de Sicilia, en la provincia de Caltanissetta, supo de un tal Tommasino Paladino, que se estaba construyendo una casa con sus propias manos. Llamó su atención una especie de pirulí de ladrillo instalado en paralelo a la cúspide del tejado, con un pico de hormigón que parecía un embudo dirigido hacia media rueda de automóvil. Para todo el mundo aquello era un disparate más.

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Como la vida misma

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Como la vida misma

 

Tengo que contestar, como si fuera una máquina. El psicólogo me ha pedido que le diga a qué se parece esta sensación que no me deja vivir, pero es difícil. Si le digo que es como un globo de plástico áspero que se me hincha en el pecho, no podrá hacerse una idea. Tampoco si le digo que es como un pescado viscoso que nada muerto y maloliente de la garganta al estómago y viceversa, una y otra vez, perdiendo en cada viaje alguna escama. O como una fábrica sin puertas ni ventanas, condenada a llenarse de sí misma hasta reventar. Ni siquiera va a ser nada parecido a la realidad si le digo que me da la sensación de que continuamente hay algo indescriptible, pero caliente y pesado, que me horada la lengua y me roba las palabras con las que podría hablarle de esta vivencia. Una montaña de basura sobre mi cabeza. Una sopa de hierro ante los ojos. Un baño de mercurio. Una manta de insectos. Un silencio de campanas. No puedo transmitirle nada de lo inexplicable. Es como si intentara contarle a un escarabajo la tortura de los sentimientos. Como si procurara explicarle el paso del tiempo a un reloj estropeado. Me esfuerzo, lo juro. Pongo de puntillas la imaginación y caigo sin esperanza. No hay más salida que el silencio, ese descampado absurdo donde forman fila las macetas sin fondo en que se cultiva el tiempo.

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