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Un hombre en la bañera

Patricia Esteban Erlés Editorial Páginas de Espuma ePub

Un hombre en la bañera

 

Cuando llegué a casa con los zapatos en la mano y las perlas torcidas, él ya estaba dentro de mi bañera. Era un hombre del color del chocolate fundido, y me suena que ya nos habíamos visto antes, en algún sueño. Qué tal te ha ido el día, querida, preguntó tendiéndome su sonrisa triangular de copa de martini. Ahora te cuento, le contesté yo, soltando las sandalias como si fueran dos pájaros muertos.

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Medium 9788483935057

En Playa Negra

Iban Zaldua Editorial Páginas de Espuma ePub

En Playa Negra

 

Nick Drake

Pink Moon

Island, 1972.

 

Supe de la existencia de un cantante llamado Nick Drake de una manera que poco tuvo de glamurosa o literaria: a través de la banda sonora de un anuncio de automóviles de la casa Volkswagen. La melodía, de un folk-pop extraño, me atrapó de inmediato. No me soltó hasta que pude averiguar de quién era.

La carrera del músico británico fue breve: nacido en 1948, murió en 1974, según algunos por suicidio. Solo llegó a publicar tres discos en vida: Five Leaves Left (1969), Bryter Layter (1970) y Pink Moon (1972). No tuvieron ningún éxito entonces: la música de Drake, delicada y oscura, no parecía hecha para aquella época. En la década de 1990, sin embargo, empezó a ponerse «de moda», y su influencia es innegable en muchos músicos contemporáneos. Por si fuera poco, más de uno afirma haberlo visto después de muerto, como a Elvis o a Jim Morrison: no hay señal más clara de su ascensión hacia la categoría de mito. Hoy día no es raro encontrar un disco de Drake –no siempre el mismo– en las listas de los mejores del pop-rock. La justicia poética, cuando llega, suele ser cruel: la falta de éxito fue, entre otras razones, uno de los motivos que llevaron a Drake, supuestamente, al suicidio.

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Medium 9788483935965

Inventario

Microlocas Editorial Páginas de Espuma ePub

Inventario

 

 

Para mi padre,

que sabe contar tornillos

 

 

Es complicado inventariar el mundo. Los humanos se cuentan rápido si los agrupas por el color del pelo. Son sencillos los reptiles, porque permanecen quietos. Contar insectos es más difícil, se mueven y se parecen demasiado. Aun así, con tesón, hasta el más torpe lo consigue, una hormiga arriba, un mosquito abajo. El verdadero problema son las ovejas, llevan siglos apareándose sin que sepamos su número exacto. La razón es evidente, para clasificar el mundo es fundamental mantenerse despierto.

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Medium 9788483935439

Nos rodeaban palmeras

Marcos Giralt Torrente Editorial Páginas de Espuma ePub

Nos rodeaban palmeras

 

... recuerdo los primeros momentos. Hay una escena que regresa con frecuencia a mi memoria, aunque resulta arbitrario resaltarla.

Apenas quedaba una hora de luz. Pusimos las maletas en un rincón y miramos alrededor. La exótica pobreza de nuestro alojamiento (no más de ocho metros cuadrados con una ventana cubierta con tela de saco y dos colchones viejos de gomaespuma sobre sendos camastros de madera y cuerda trenzada) habría merecido un comentario, pero hablé animado por la novedad de estar solos:

–Es una pena la compañía.

–Ten cuidado, te pueden oír.

Marta se había agachado para buscar algo en su maleta, y no repliqué hasta que se incorporó:

–Olvidas que no hablan español.

En una mano sostenía una tela coloreada que habíamos comprado el día anterior, y, en la otra, la mosquitera de la que no nos desprendíamos desde el comienzo del viaje. La tendió hacia mí.

–No lo sabemos... Mira el lado bueno: si no viniéramos con ellos a lo mejor no habríamos encontrado un barco dispuesto a traernos.

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Medium 9788483935064

La perseguidora. Sobre Inés Mendoza por Eloy Tizón

Inés Mendoza Editorial Páginas de Espuma ePub

La perseguidoraEloy Tizón 
Quisiera saber qué pretenden de mí mis libros.
Clarice Lispector Un escritor es alguien que trata de imponer a otros su alucinación. ¿Por qué lo hace? ¿Por necesidad, cálculo, orgullo? Seguramente una de las menos malas razones para componer un libro es el delirio de añadir una nota más, de no despertar aún, de prolongar un poco más ese sueño ligero que es la literatura. La literatura puede ser un sueño o un medio de locomoción. Los cuentos sirven para desplazarnos de un lugar a otro, viajar dormidos de un castillo a otro, cruzar de una metáfora a la de enfrente, desplazarnos de aquí allá a través de un sonambulismo de palabras y vértigos. Si no me equivoco, el cuento no es el lugar en el que se descubre un secreto, sino el lugar en el que se custodia un secreto. La literatura no descubre nada, no mejora nada, no enseña nada que no supiéramos de antemano. La literatura es más bien un espacio donde alojar el misterio; un espacio que, a su vez, crea misterio, lo esparce a su alrededor. Porque en algún sitio hay que depositar el misterio, guardar su luz. A falta de otro mejor, lo ponemos en el arte.

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Medium 9788483935446

Sorpresa ingrata

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Sorpresa ingrata

 

El coche se desliza silencioso por la carretera mojada. Hace apenas unos minutos los dos hombres de negocios han iniciado su viaje. No hablan: están haciendo recuento de lo que han puesto en sus equipajes. Los dos repasan con la memoria los recovecos de la maleta para cerciorarse de que no han olvidado nada. En el asiento de atrás reposan, metódicamente colocados, sus maletines de viajantes, negros, idénticos.

Arrecia la lluvia. Disminuyen la velocidad y encienden los faros. Tienen por delante varias horas de viaje. Tanto el uno como el otro buscan un tema de conversación. Al fin el que conduce comenta que han tenido mala suerte con el tiempo. El otro responde que no se puede esperar nada mejor de un país como ese. El primero sostiene entonces que, en general, ese país compensa. El segundo asiente.

Oscurece. Las luces del automóvil iluminan las gotas de lluvia. Los hombres siguen sin saber qué decirse. Se han aflojado el nudo de la corbata. Las americanas, en una percha, cuelgan de los ganchos que hay sobre las ventanillas de la parte trasera.

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Medium 9788483935453

Largo sueño de las cifras

Ignacio Padilla Editorial Páginas de Espuma ePub

Largo sueño de las cifras

 

Te asustaban cosas que a nadie más habrían asustado: el rumor del agua, la asimetría de ciertas frutas, alguna formación nubosa. Lo demás apenas te conmovía, como si cada uno y casi todo perteneciésemos a un universo alternativo, inaccesible para ti. Sólo una vez percibí en tu rostro algo similar a la felicidad: una tarde, poco después de que te regresaran al Instituto de Neurología, volví a observarte a través de un espejo de doble vista, y por un segundo creí reconocer en tus facciones una emoción distinta de la melancolía y el miedo.

Te vi entonces como te había visto la primera vez, cuando te hallaron en las ruinas de la Sector Flehm-Ath y te trajeron acá. Ahora parecías un poco más limpio y mucho más triste. Volvías a sentarte en el suelo, literalmente encajado en una esquina de la habitación, indiferente al parco mobiliario que habían repuesto para ti con la esperanza de que reconocieses las bondades de una cama o la providencia muscular de una silla. Me hiciste pensar en el remedo humano y revolcado de un prisma piramidal. Era como si necesitaras que cada milímetro de tu cuerpo estuviese apoyado en algo o por algo. Y como si el vacío te causara vértigo. Tus guardianes me explicaron que durante el día mantenías los ojos cerrados, y que sólo los abrías de noche, cuanto te era posible no ver nada y escucharlo todo en la tiniebla sutil de tu cuarto: esa especie de cajón aséptico donde te refundieron al hallarte y al que fuiste devuelto más tarde, cuando se hizo evidente que jamás sabrías o querrías adaptarte a las maneras del mundo, nuestro mundo.

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Medium 9788483935521

Banda ancha

Miguel Ángel Muñoz Editorial Páginas de Espuma ePub

Banda ancha

 

Primero te descargas todas las películas de Truffaut y Murnau, las que te faltaban de Hitchcock, la época mexicana de Buñuel, y la discografía completa de los Rolling y hasta los Beach Boys o Simon y Garfunkel, cosas del aburrimiento y el exceso de oferta, canciones de los sesenta y setenta, películas de asiáticos noqueándose a patadas, películas independientes, de esas que las cámaras en los cines de provincias no están preparadas para proyectar, y películas porno en versión original subtitulada. Pero pronto el disco duro se agota y tienes que llenar centenares de DVD para acoger tu imparable colección. Tanto tiempo ante la pantalla del ordenador hace que llegues a preocuparte incluso por eso que los periódicos y los padres llaman la realidad, el estado de las cosas. Y se escurren las horas cliqueando enlaces, de página en página, es como salvar un río saltando de tronco en tronco, como olvidar las penas de whisky en whisky, pero te das cuenta de que no puedes olvidar nada. Al contrario, cada vez te muestras más interesado e hiperactivo, y entras en páginas alternativas, y en otras siniestras, con fondos oscuros, adornados con imágenes gore. Quisieras verlo todo, acceder a todo, y la columna de favoritos se llena de mil enlaces. Sabes ahora cosas que antes desconocías y lo de menos es la seriedad de Bergman o las canciones del último disco de Nick Cave. Eso te queda muy lejano. Te sientes como el eremita de aquella genial película de Buñuel, Simón del desierto, mirando a lo lejos desde lo alto de la columna. La verdad está de tu parte, tus pasos son conscientes, no enciendes la luz de tu habitación ni de día ni de noche, el resplandor de la pantalla es más que suficiente, no respondes a las llamadas hasta que deja de haber llamadas, ya no eres capaz de hablar en primera persona, y si todavía te quedara un rastro de la lucidez con que te diste de alta en el servicio de internet de banda ancha, avisarías a cualquier autoridad responsable para suplicarle que te impidiera entrar en esa página con la que al final has dado: la que detalla todo, la que lo explica todo, la que, ahora sí, lo dice todo.

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Medium 9788483935019

El país sin reposo

Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma ePub

El país sin reposo

 

¿A qué llamaba viaje? Desde el principio (hubo un principio) el germen de las estaciones iba con él. Había estratos fundidos (en la voz, en el cuerpo), había el mercurio y sus aleaciones. Había un horizonte inconcebible, y en los trayectos bocas ávidas, rotas. Una llama injertada en otra llama expresaba la desesperación. ¡Temía tanto el retraso! ¡Y a la vez perdía un tiempo tan precioso entre las osamentas, entre los líquenes!

Recorrió un solo día concéntrico, respondió del cansancio.

Aún no sabía adónde huir.

Se le había confiado un testamento de agua, un diamante de agua, para los deudos de la sed.

 

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Medium 9788483935736

El final de Lázaro

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

El final de Lázaro

 

A los quince días de su resurrección Lázaro empezó a encontrarse muy mal. Su estancia en el lugar de nada y de nadie le había cambiado la forma de ver las cosas y hasta la manera de ser. En el paraje más hermoso sentía el tiempo carcomiéndolo todo, en la alegría de los niños y de las muchachas adivinaba su tristeza de viejos, toda la comida le sabía a cuerpo sin vida, percibía continuamente el acecho y hasta la invasión del final aniquilador. Pasó otro mes y una mañana fue a visitar a Jesús y le pidió que le devolviese la muerte. Su actitud era muy humilde, pero en sus ojos había una brasa de determinación y de reproche. Jesús, tras contemplar a su amigo durante un rato, alzó una mano. Y Lázaro cayó muerto, esta vez para siempre.

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Medium 9788483935750

Reverso de postal

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Reverso de postal

 

Queridos abuelos, este es el río que pasa por delante de casa. Lo llaman Universo y es enorme. Muchas veces buceamos en él para pescar, pues está lleno de piezas, algunas muy sabrosas. Los soles saben todos a lo mismo: pican demasiado; los cometas, con sus colas tan largas, son entretenidos de coger, aunque resultan desaboridos, pero los planetas azules, que tienen una pepita muy grande y negra, son riquísimos, espumosos, con mucho jugo. La pena es que hay pocos...

Vamos a pasar unas vacaciones estupendas. Besos para los dos de vuestra nieta que os quiere.

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Medium 9788483935477

Propuestas sin posible

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Propuestas sin posible

 

Un hombre en el interior de su automóvil atrapado en un atasco de kilómetros, escuchando las noticias mientras espera con la mirada fija en las luces de delante el lento amanecer de un lunes bajo la lluvia, cae en una propuesta imposible.

 

Una mujer que no ha cogido el teléfono que estuvo sonando durante toda la tarde, mientras se esfuerza para que su hijo pequeño deje de llorar y coma, abrumada con las continuas excusas de su marido cae en una propuesta imposible.

 

Un chico con nueve asignaturas suspendidas que ha sido expulsado del instituto, mientras sale de la clase y recorre los pasillos imaginando qué será de su familia en su país, cae en una propuesta imposible.

 

Una señora mayor que recuerda el nombre de un vecino al que maltrataban con sus juegos infantiles, al ver cómo una misma memoria lo borró y se lo ha traído... comprende entonces.

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Medium 9788483935613

La lógica

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

La lógica

 

La gravilla triturada bajo las suelas de sus botas crepita y se acompaña con el tintineo de la esfera, roma en sus pun­tas por el roce cruel con la carne que lo ha traído. La puntera de charol negro, cubierta de polvo, se deja caer en el borde de un alabeado peldaño que gime al peso como en un sobreesfuerzo. Suenan dos pasos más y al detenerse, de pronto, se advierte la algarabía, asomando apenas a las lindes de una calle que sufre la provocación del calor de agosto. El humo de los cigarros, las risas sin freno, el entrechocar de los vidrios, las notas de un piano que se escucha dé­bil entre la algazara, muchas voces, un sofocado canto de mujer y, abrazando la confusión, una luz amarillenta que incorpora su propio tono y envuelve por entero el local, luminaria impúdica en el sosiego de la noche. La infinita espera de unos segundos en que se deja al cuerpo ha blar cuando ya todo está dispuesto. Un porte épico. Las manos hacia adelante, el pecho las sigue dócilmente; las portezuelas se abren hacia dentro y vuelven a su posición como en un arranque de pánico. Se interrumpe la fiesta. Manos Kelly ya está en el Saloon.

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Medium 9788483935545

El cachorro

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

El cachorro

 

 

Mañana es sábado y debo comprar otro cachorro para la niña. ¡Extraña tanto al anterior! Me encanta cómo los abraza y los besuquea, casi lamiéndolos como una golosina. A medida que vaya creciendo descubrirá nuevos juegos y le costará menos perseguirlos, saltarles encima y revolcarse con ellos sobre la hierba. Y los cachorros la quieren a pesar de sus tosquedades.

¿Qué haré cuando sea más grande? Los cachorros ya no la divierten tanto y ella necesita entretenerse. Voy a tratar de comprarle uno más fuerte: un bóxer, un mastín, un pastor alemán. Uno que le dé más guerra que el có­cker para que no vuelva a escaparse.

Menos mal que cuando se escapó la encontré dormida y que se lo pude quitar sin despertarla, pues como se acostumbre a los bebés no va a querer aceptar otro cachorro.

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Medium 9788483935446

Dar la cara

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Dar la cara

 

Adelaida nació en el seno de una familia muy adinerada y ejerció de hija única durante toda la vida, incluso cuando los padres hubieron muerto. Era un ser egoísta, excéntrico, arbitrario y déspota que consideraba los sentimientos algo de mal gusto. Tenía que ser siempre el centro de atención. Se mostraba impasible ante cualquier acontecimiento. No tenía hijos, no tenía pareja, no tenía a nadie. Solo joyas; las lucía con orgullo en todas las fiestas. Sobre todo aquel collar de esmeraldas cuyo desorbitado precio había podido pagar gracias a la venta de una casa colonial que perteneció a los abuelos.

Dicho esto se comprenderá enseguida la conclusión a la que llegó todo el mundo después de ver lo que Adelaida hacía en la fiesta benéfica organizada con fines caritativos en su localidad natal. Aunque sus donativos eran siempre mezquinos, Adelaida ocupaba igualmente un lugar de preferencia en aquellas reuniones. Estaba a la vista de todo el mundo, en la mesa principal. Por consiguiente, aquel día todos vieron y observaron al muchacho de ojos negros cuando se le acercó con la bandeja en donde los comensales debían depositar su dádiva y asistieron pasmados al gesto natural con el que Adelaida se desabrochó el collar de esmeraldas y lo dejó con ruido cristalino sobre la superficie metálica y reluciente. «Ha dado la cara, la joya más cara», decía todo el mundo en un susurro que acabó siendo unánime.

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