2204 capítulos
  Título Autor Editor Formato Precio Mezcla
Medium 9788483935255

Mentira

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Mentira

 

Es mentira que los animales no hablan. A todos les ha sido concedido pronunciar una sola palabra en el idioma que más gusten, a condición de que lo hagan a escondidas de los oídos humanos. Muchos animales nunca se resuelven a elegir un idioma ya que todos, a su modo, les parecen imperfectos. Otros, los que vencen la duda, a menudo no saben qué palabra escoger y acaban malgastando la ocasión, profiriendo un insulto, un grito de destemplanza o soltando, así nomás, aquel nombre que un buen día le adjudicaran los hombres a su especie.

 

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935415

Padre e hijo

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Padre e hijo

 

El hijo quería proteger al padre y el padre al hijo, por eso, cuando creyó que su padre había cometido el crimen, se hizo policía con intención de bloquear la investigación. Pero el padre, para ayudarle en su carrera, le fue colocando las pistas.

 

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935255

El décimo

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

El décimo

 

En las veintinueve novelas del escritor pakistaní V. R. N., los personajes siempre son nueve (cuatro mujeres, cinco hombres) y llevan siempre los mismos nombres, aun cuando de un libro a otro sus edades, atributos, profesiones o roles sean diametralmente diferentes. De esta forma, si en una novela A. es la madre de Q., en la siguiente son hermanos, en otra son concubinos, en otra más reciente son vecinos y en la penúltima incluso se dan vuelta los términos, de modo que ahora Q. es el padre de A.

Este procedimiento ha sido comparado por un crítico británico con «un músico que se hubiese impuesto la restricción de escribir equis cantidad de notas para equis cantidad de instrumentos, consiguiendo pese a todo melodías y armonías memorables».

Al momento de su muerte, en 1994, V. R. N. trabajaba en su trigésima novela, en la que había resuelto adicionar por vez primera un personaje: el de una quinta mujer. Según su único hijo, el dibujante y actor L. R. N., el anciano escritor halló la muerte en su mesa de trabajo, sobre la cual se encontró cierto cuaderno donde, a mano, entre los débiles meandros de una letra como de insecto, acababa de hacer su aparición aquel décimo personaje.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935941

Billie Ruth

Edmundo Paz Soldán Editorial Páginas de Espuma ePub

Billie Ruth

 

Conocí a Billie Ruth el último año de mi estadía en Huntsville. Era sábado, había ido a una fiesta del grupo de animadoras de la universidad. Toda la noche intenté que una de ellas me hiciera caso pero era en vano, sólo tenían ojos para los del equipo de hockey. No me había fijado en Billie Ruth pero coincidimos en una habitación al final de la noche: los dos buscábamos nuestras chamarras. La mía era de cuero negro, muy delgada, y vi que ella se la ponía.

–Disculpas. Creo que esa es la mía.

–Lo siento –se la sacó de inmediato–. Es mejor que la mía. ¿De qué sirve venir a las fiestas si uno se va con la misma ropa con la que ha llegado?

No sonrió, así que no supe si hablaba en serio. Pude ver su rostro muy maquillado, sus grandes ojos azules, unas pestañas tan inmensas que imaginé postizas. Su belleza era natural y sobrevivía a todos los añadidos artificiales.

–No encuentro la mía –dijo al rato–. Seguro alguien se la llevó. Me ganaron de mano.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935323

Mi regalo para Ronald, empapada en whisky

Paul Viejo Editorial Páginas de Espuma ePub

Mi regalo para Ronald, empapada en whisky

 

 

I

 

Los lobos no son conscientes de su juego. Descienden desde el bosque a la ciudad y comienzan a buscar sus objetivos, dando vueltas en círculos, hasta estrecharlos. Poco se puede hacer, solo gritar, gritar, gritar. Se internan en calles oscuras, olisquean las esquinas en busca de alguien con miedo. No saben lo que hacen, pero saben lo que quieren. Poco se puede hacer, solo gritar, gritar, gritar. Son astutos los lobos, parecen, en las noches de luna, perros frágiles, necesitados de una caricia. Será mejor que empieces a gritar, gritar, gritar. Te lo dice tu madre, cada noche, no te pongas esa capucha, vas hecha unos zorros. Hace juego con mis labios. Y la vieja se pone a gritar, gritar, gritar. Los lobos no son conscientes de su juego. Están en la ciudad. Dan vueltas en círculos. Casi nadie los teme. Casi nadie los ve.

 

 

II

 

Ya debería quedar poco para que fueran las once y media de la mañana. Se tendría que notar en el sol, en el cansancio de Sylvia y Maureen (o más bien en las marcas de sudor que ya empezarían a aparecer en el chándal de algodón gris de Sylvia) y, claro, en los relojes que consultarían ambas, como si estuviesen sincronizadas, en el momento en que se acercasen a la fuente, la que está junto a la puerta del parque, al que no llegarían a entrar.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935415

Un contrato de exportación

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Un contrato de exportación

 

Vendía conservas a países árabes de economía estatalizada y tenía en su fábrica a una administrativa de muy buen ver que por dinero era capaz de casi todo. La llevó con él y la presentó como si fuera su esposa al director del comité de compras, conocido por su afición a las mujeres. Todo salió según lo planeado y el director consiguió del comité de compras un contrato muy favorable.

La argucia se supo pronto en la ciudad del fabricante, que acostumbrada a celebrar trapacerías, la acogió con general regocijo. ¡Y qué ufano se mostraba don Adolfo ante la callada y no tan callada admiración de sus paisanos!

Todo hubiera ido a las mil maravillas de no ser por la visita inopinada que quiso hacer a la fábrica el director del comité de compras. Don Adolfo puso de inmediato sobre aviso a la dispuesta administrativa, pues estaba bien seguro de lo que el moro verdaderamente deseaba.

Nada más verlo en el aeropuerto, al que don Adolfo acudió solo y sonriente, el director del comité de compras le preguntó con extrema cortesía por su mujer: «¿Qué tal está madame …?» (y aquí pronunció el apellido del fabricante según la costumbre francesa).

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935354

Vinieron de dentro de

David Roas Editorial Páginas de Espuma ePub

Vinieron de dentro de

 

Pues es lo propio del hombre reír.

Rabelais, Gargantúa

 

La primera vez que las escuché pensé que estaba soñando. Eran las cinco de la mañana y ni Marta ni yo estábamos despiertos para lanzar aquellas sonoras carcajadas.

El problema es que estas han seguido interrumpiendo mi sueño las tres últimas noches. Y cada vez a la misma hora. El proceso es siempre igual: empiezo a escucharlas en sueños y mi vuelta a la vigilia coincide con el final de las risas. Una vez despierto, estas ya no vuelven a oírse. Sé que no es un sueño porque esas últimas carcajadas suenan en la habitación. En la realidad. No en mi cerebro. Cuando las escucho sé que estoy despierto y que en ese momento yo no estoy riendo.

Descartado que fuera un simple sueño, supuse que todo se debía a que Marta reía dormida. Pero aunque suele hablar, incluso discutir en voz alta mientras duerme, nunca la he oído reír. Ayer, después de que las risas me despertaran, vigilé el sueño de mi mujer durante un rato, pero estas no volvieron.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935415

Caliente, caliente

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Caliente, caliente

 

El teólogo sueco Enmanuel Swedenborg ejerció también de muy peculiar investigador privado. Por encargo de la viuda de un juez siguió la pista de varias almas en el Purgatorio y en el Infierno. Todas ellas se habían relacionado con su marido en la vida terrenal. Y todas eran mujeres. Lástima grande que sus informes se hayan perdido.

 

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935255

Tiro en la nuca

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Tiro en la nuca

 

La silenciosa práctica del tiro en la nuca tiene, por supuesto, leyes rigurosas. Su territorio son los autobuses ciudadanos. El matador debe escoger un hombre para nunca moverse del asiento a sus espaldas. Sólo una cadena de casualidades hace posible la así llamada «situación de disparo», que ocurre cuando el matador queda sentado tras el último viajante. Los choferes son cómplices, fingen que nada ven, pero en el fondo admiran el olfato de los matadores para adivinar quién será el último que querrá descender. Raramente se oye el fatídico disparo: son demasiadas las casualidades requeridas. Por eso es que bajamos tantas veces vivos del transporte público.

 

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935415

Afinidades

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

Afinidades

 

Por su horario, más conveniente que el de su mujer, Francisco se encargaba por las mañanas de llevar al hijo de ambos a la parada del autobús escolar. Allí se despedía siempre del niño con un beso. Otro niño, de la edad de Jonathan, tomaba el autobús en la misma parada, su madre era quien le acompañaba. Se llamaba Rosi y no sólo era muy guapa, sino que a Francisco le parecía que tenía con ella una afinidad profunda que no sabía de dónde procedía ni en qué se basaba, pero que le atraía y le turbaba, algo que, sin saber por qué, le recordaba al verdadero amor de su vida, un amor inconfesable, que sólo él y Pablo sabían. Un día aquel niño vino a la parada sin su madre, de la mano de un hombre que se presentó como su padre. «¡Pablo!» –exclamó Francisco al verle–. «¡Paco, Paquito mío –dijo el otro, en un susurro–, después de tanto tiempo!».

 

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935248

Minicuento brevísimo

José María Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

Minicuento brevísimo

 

Me pidieron el cuento más breve posible para una antología. Cuando se lo envié, les pareció demasiado largo, pero lo publicaron. Dice así: «No érase ninguna vez».

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935163

Pesadilla en Chacarilla

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

Pesadilla en Chacarilla

 

El sueño se apoderó de mí y entré en el sueño...

William Wordsworth

 

Gaby dio un salto en la cama mientras su marido se escondía bajo las sábanas para que la luz de la lámpara no lo desvelara. «Gabicita llora otra vez. Pobrecita, pajarito», decía Gaby y salía desesperada hacia el cuarto de la bebe. En una revista había leído que los niños Cáncer son muy sensibles y que en las noches sufren sueños feroces. Ella lo sabía porque también era Cáncer y recordaba espantada los bestiales golpes contra la puerta de su habitación. «¡Mamá, mamá!» –gritaba Gaby–. Y Gabriela corría de puntillas para no despertar a su esposo y consolar a la niña, «pobrecita, pajarito».

¿Quién le metía esas historias en la cabeza? Primero era la horrible sensación de sentirse vigilada y despertarse sudorosa. En la imprecisa penumbra el risueño semblante de los juguetes se esfumaba para dar paso a miradas amenazantes y un súbito escalofrío traspasaba sus huesitos. La decrépita memoria de Gabriela añadía un denso hedor a azufre, mas lo cierto es que de pronto, una luz mortecina empezaba a filtrarse por debajo de la puerta como si todo el fuego del mundo estuviera ardiendo en el pasillo. Gabicita no entendía por qué sus mentiras no eran castigadas como Pinocho o por lo menos sin postre. «No quiero que el diablo me dé una cachetada, mami», sollozaba Gaby prendida del cuello de su madre.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935743

El mejor

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El mejor

 

De los autores vivos, Pierre Atelier era el más grande. Así lo había reconocido el gran crítico Baudi­leau. ­Pero Baudileau había muerto y en los periódicos se escribía otra cosa. Era muy duro tener que esperar a la otra vida para esa confirmación. Atelier robó un cadáver y fingió su propia muerte. Ansiaba leer las necrológicas. Tenía la esperanza de que la aseveración de Baudileau se impusiese. No fue así. Y ya no podía escribir, al menos no con su propio nombre. Lo hizo con nombre supuesto, Claude du Chambre, y, para su sorpresa, fue entonces cuando alcanzó general reconocimiento. Mas, por haber fingido su muerte, le estaba vedado mostrarse y no pudo disfrutar de su éxito.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935545

No hay como el baño de casa

Fernando Iwasaki Editorial Páginas de Espuma ePub

No hay como el baño de casa

 

 

La excursión había durado un par de horas y las chicas querían volver al pueblo porque no deseaban hacer a oscuras el camino de regreso. En eso alguien vio una casa entre los árboles y propuso llamar para pedir el baño. Tocamos la puerta, gritamos y miramos a través de las ventanas, pero nadie nos abrió. Para entonces todos queríamos ir al servicio y no tuvimos más remedio que entrar por la fuerza. El suelo y las paredes estaban pintarrajeados de obscenidades y dibujos geométricos, y en la cocina ardía una vela negra que uno de nosotros apagó para evitar incendios. Desde entonces han transcurrido varios días y todavía no se ve el pueblo.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935088

Despecho

Andrés Neuman Editorial Páginas de Espuma ePub

Despecho

 

A Violeta le sobran esos dos kilos que yo necesito para enamorarme de un cuerpo. A mí, en cambio, me sobran siempre esas dos palabras que ella necesitaría dejar de oír para quererme.

 

Ver todos los capítulos

Cargar más