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Viaje al centro de la chistera

Ignacio Padilla Editorial Páginas de Espuma ePub

Viaje al centro de una chistera

 

El mago temía morir de pulmonía en la cárcel. Esa parecía ser su única preocupación. La verdad, me explicó, soy más frágil de lo que aparento, y un airazo colocado puede convertirse para mí en un cataclismo. ¿Sabía usted que en mi juventud actué en Vladivostok a cuarenta grados bajo cero? ¿No lo sabía? Vaya, es una pena, musitó. Luego pareció pensárselo mejor y dijo que aquello en realidad no tenía por qué ser una pena. ¿Qué más daba que no supiese yo de sus glorias en Siberia o en ningún otro lugar del mundo? Lo que importa, dijo señalando mi libreta, lo que verdaderamente importa es que no se moleste usted ahora en escribir mi historia. ¿Sabe por qué, oficial? Porque no vale la pena, dijo, y se sonrió como si acabara de contar un chiste inédito. Mejor escúcheme, oficial, escúcheme con atención y verá que no es posible plasmar en papel la grandeza de lo que ha ocurrido esta noche, dijo. El hombre estaba convencido de que no había palabras para describir la elocuencia de un acontecimiento como aquel, un acto cuyo alcance estaba ya escrito desde hacía siglos en los astros. Porque así es la magia, dijo. Hace años vi a un mercader chino hacer desaparecer por los aires a un tigre de Bengala. Esa tarde el mercader me enseñó que hacer desaparecer un tigre no tenía mérito si no había quien meditase adónde había ido a parar el tigre. Le confieso, oficial, que en ese momento no lo comprendí, pero días más tarde leí que en un suburbio de Shangai una familia entera había sido destazada por una bestia salvaje. Entonces comprendí que en esto de la magia no hay suerte que no haya sido antes diseñada por el diablo. Usted es demasiado joven para saberlo, oficial, mas créame que hasta en el más obvio truco de naipes florece un germen maligno. En la magia se consagra una transgresión que no por vislumbrada ha de quedar impune. Ya ve usted, dijo el mago, el precio que yo mismo he querido pagar por invertir de una jodida vez los signos de lo que comúnmente consideramos inmutable.

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Medium 9788483935217

Robinsón

Pablo Andrés Escapa Editorial Páginas de Espuma ePub

Robinsón

 

Por algún error que acabé aceptando como una de esas justicias inusuales del destino, recibí por correo un manual de instrucciones para levantar un faro. Siempre he buscado la soledad y en aquel envío extemporáneo entendí que se hacían ciertas, bien es verdad que muy laboriosamente, algunas plegarias infantiles. Los materiales para la obra me fueron entregados de manera no menos sorprendente una semana después de haber recibido el manual. En la estación del tren no tuve más que firmar un recibo que venía a mi nombre. Lo más extraordinario de esta confusión es que la propia compañía ferroviaria quedaba obligada por un párrafo en letra menuda al pie del recibo a trasladar el material hasta la puerta de mi casa, nada menos que una docena de vagones de mercancía pesada. Lo extraordinario –quizá utilicé el adjetivo antes de tiempo– no se refiere a la cláusula del recibo sino al alegre estado de ánimo que el personal de la compañía ferroviaria mostró en el cumplimiento de aquel servicio extravagante. La razón es clara: vivo entre llanuras de trigo, a quinientos kilómetros de la costa más cercana.

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Medium 3280827329084

La poesía del objeto

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

La poesía del objeto

 

 

 

Interesado por el objeto, no ha dado tregua a su inquisitiva

representación; un escrupuloso ejercicio de análisis de cuanto

le rodea que, compendiado en el objeto, alcanza dimensiones sorprendentes en sus cuadros y papeles.

José Luis Clemente sobre la obra de Manuel Sáez

 

 

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Un mango, que la mano sujeta un momento como si tomara la de otra persona. Ni siquiera está frío. La mano se posa en esa piel suave del metal y junta sus dedos aferrándolo. El mango es girado hacia arriba bastante a la izquierda, no hasta el tope.

El agua brota por el agujero, al principio fría; espitas abiertas, en otra parte de la casa, escupen el fuego que calienta un agua siguiente al recorrer un conjunto de circunvoluciones que continúa por los tubos y desemboca en ese último canal abierto.

La boca de un caño por el que mana sin tasa agua cada vez más caliente.

La bañera la recoge. Su tapón de plástico situado en el fondo cierra herméticamente el agujero que podría vaciarla. El recipiente almacena esa agua, cuyo nivel asciende lento e inexorable.

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Medium 9788483935255

El hombre igual

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

El hombre igual

 

Los hombres iguales deambulan en busca de aquellos hombres a quienes deben su parecido. Cuando por fin un hombre igual encuentra a su modelo, se convierte de inmediato en el doble de otro hombre. A partir de allí, ese hombre pasa a ser su nuevo objeto de búsqueda. Algunos hombres iguales mueren a los cien años –es su edad límite– sin haber hallado a su original. Unos pocos existen que han llegado a ser en vida hasta veinte hombres iguales distintos. No se conocen casos de hombres iguales iguales a otros hombres iguales.

 

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Medium 9788483935415

El duelista

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

El duelista

 

Siete caballeros habían muerto por la acción de su espada, seis por la de su pistola. Quien aceptaba su reto, inevitablemente moría. Ni muy instruido ni muy ingenioso, había dedicado su vida al cultivo de las armas, y se le tenía por el más atrevido y valiente de los hombres, hasta que desafió a un rústico hidalgo de Cabueñes, venido a la Corte por razón de un pleito sobre unos pastos de montaña. El rústico, que tenía ese derecho, eligió el hacha. Hubo entonces que consultar a varios tratadistas, porque el gran duelista impugnó la elección. Pero se esgrimieron varios memoriales en los que quedaba demostrado que muy reputados caballeros habían usado el hacha, así en la defensa de Constantinopla como en la toma de Granada. El hacha, pues, debía ser el arma del duelo. A la hora fijada únicamente se presentó el rústico. Y nada más se supo del prestigioso espadachín.

 

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