2204 relatos
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Qué es la muerte

Eduardo Berti Editorial Páginas de Espuma ePub

Qué es la muerte

 

Hay dos maneras de saber a ciencia cierta qué es la muerte, y ambas en teoría son incompatibles. La primera es cuando muere un padre o una madre, un hermano o un hijo, en fin, alguien que lleva nuestra sangre. La segunda es cuando muere alguien con quien uno hizo varias veces el amor, no un par de encuentros ocasionales, sino alguien de quien, pese a los años –la memoria de los cuerpos es intemporal–, uno conserva el tacto o el olor. ¿Hemos estado dentro de un ser que ha muerto? ¿Hemos tenido dentro a alguien que murió?

Quizás el incesto sea el tabú por excelencia porque reúne ambas cosas antedichas: muy insoportable sería saberlo todo, de una sola vez, acerca de la muerte.

 

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5. Páginas puertas

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

5. Páginas puertas

 

El profesor Souto, después de pasar tantas y tantas páginas de ficciones, comprendió que eran puertas, y después de cruzar tantas y tantas puertas, descubrió el Jardín Literario.

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Medium 9788483935743

La casamata

Juan Pedro Aparicio Editorial Páginas de Espuma ePub

La casamata

 

En el monte de El Pardo, cerca de la ciudad de Madrid, ha aparecido recientemente una casamata de la guerra civil bajo toneladas de tierra.

Nada tendría de particular de no ser por los dos esqueletos de varón hallados y por las leyendas trazadas a mano en su interior. Decían así: «El pueblo que sabe matar es pueblo que sabe morir. ¡Viva yo que ya estoy muerto!» Lo que no se ha averiguado es si los dos esqueletos pertenecían a combatientes del mismo bando o de bandos contrarios. Tampoco se sabe quién realizó las leyendas. Es posible que uno hubiera escrito la primera y el otro, la segunda. Nadie además se ha propuesto averiguarlo.

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Medium 9788483935385

Julio Equis

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Julio Equis

 

Todos los viajes de Julio Equis empiezan con un par de palabras, me voy, y esas palabras nunca van seguidas de explicaciones y no siempre dependen del deseo o de la voluntad, pues Julio Equis viaja a veces por azar o a remolque de una frase o por culpa de un animal o a causa de un libro o en pos de alguien o detrás del sentido de las cosas o de sólo una de ellas, de algo.

Julio Equis es un ser ridículo, pequeño, temeroso y si de algo le ha servido viajar es para disimularse. Cambiar de lugar es una forma de evitar las instantáneas definitivas. Es más complicado captar a cualquiera mientras se mueve, y eso ocurre también con Julio Equis, pues a pesar de sus extravagancias no se sustrae a ninguna de las leyes físicas que acorralan a los de su especie.

Antes se ha dicho que Julio Equis es un ser temeroso y esa es una afirmación por lo menos falsa y como mucho estúpida. Al contrario, Julio Equis lamenta la existencia de caminos, porque para viajar de verdad le parece imprescindible abrirlos, y no se puede decir que sea temeroso quien gusta de abrir caminos o zanjas o boquetes o agujeros o vías.

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Ready-made*

Javier Sáez de Ibarra Editorial Páginas de Espuma ePub

Ready-made*

 

[...] Pero hemos de referirnos ya a las piezas sin duda más interesantes de la exposición. Se trata de dos ready-made que merecen un comentario particular, no únicamente por sus valores estéticos, sino por la razón aparentemente menor de que su autor ha viajado miles de días relativos para localizarlos. Make Duka los habría recogido nada menos que en una vía solitaria del planeta Tierra. La pieza mayor recibe el título de «Esteatopigia»: se trata de una figura gruesa, no mal proporcionada en su exceso, y con protuberancias en diferentes lugares que justifican el título. «Perdedor», en cambio, requiere una mirada quizá más sutil y, de alguna manera, exige tener en cuenta a la otra. Entre ambas, Duka ha pretendido ofrecer un vivo contraste; por la diferencia de color: oscuro y claro respectivamente, de textura: tersa y lustrosa frente a áspera y rica en rugosidades, como en muchos más detalles; así, por ejemplo, los mínimos recubrimientos de tela muy coloreada y ajustada en el primer caso reciben su réplica con la abundancia de tejido monocromo que envuelve al segundo, hasta cubrir casi toda su superficie; o la morfología: erguida la «Esteatopigia» sobre dos pequeñas plataformas, mientras que «Perdedor», a causa de su notable curvatura –se apoya en una vara– y la delgadez de sus partes sugiere ese inconfundible aire de enfermedad y derrota. El espectador no sabe a cuál de los objetos dirigir su atención, cierta sensualidad de la imagen negra es indudablemente atrayente; pero el deteriorado cuerpo de su par suscita a su vez un deseo mórbido. Se da en las figuras, además, alguna circunstancia curiosa: requieren cuidados para su mantenimiento, y están dotadas de movilidad. El autor había proyectado que se exhibieran próximas una de la otra; lo que resultó imposible ya que, por lo visto, tendían a reunirse y en varias ocasiones, según reza el catálogo de la exposición, Make Duka se las encontró como enlazadas de tal modo que la pieza obesa parecía proteger a la encogida. El efecto conseguido se resentía notablemente y, con buen criterio, el artista ha preferido presentarlas por separado aunque para ello haya debido recurrir a dos vitrinas cuyo vidrio, ciertamente, dificulta en alguna medida su contemplación.

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