2204 relatos
Medium 9788483935293

La tierra es el cielo de los pájaros

Isabel González Editorial Páginas de Espuma ePub

La tierra es el cielo de los pájaros

 

1

 

Cómo se reían cuando Celsa lo contaba. Se reían sin cubrirse la boca y, entre las mandíbulas abiertas, Nico observaba los bolos alimenticios. Fraguándose. Se reían. Todos se reían. Si hasta él llegó a reírse cuando creció y dejó de preguntar chorradas como esa. Que si la tierra es el cielo de los pájaros, ¡menuda estupidez! Se reían. Siempre. Todos menos la abuela Celsa. Ella lo contaba muy seria. Ahora ella ha dejado de hablar y lo único que le sigue divirtiendo es un hombre con una escoba. La redundancia tal vez. Nico barre y Celsa ríe, derrama el agua de las pastillas. «¿Pasa algo?», preguntan desde la cocina. «No. ¡No es nada, mamá!», contesta Nico. «¡Recuerda que hoy te toca!», le dice. Como si Nico no supiera. Como si pudiera olvidar que todos los miércoles le toca.

 

–¡Qué bien acompañado vienes!

–Ya me he cansado de tu novia.

–Te gustan maduritas, ¿eh?

–Pregúntale a tu madre.

Nico simula irritación, pero agradece las provocaciones de sus amigos. Aligeran los noventa kilos de anciana sobre ruedas que impulsa por la arena. Los bañistas se compadecen de él y se miran las manos. Los amigos lo ayudan. Cogen a Celsa en volandas y la transportan hasta la franja de arena húmeda. Está calculado. Por mucho que suba la marea, las olas nunca llegarán hasta ella. Ella no puede mojarse.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935279

Qué habrá sido de Moya

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Qué habrá sido de Moya

 

Yo estaba exenta. Él no. Moya tenía que rezar, ir a clase de religión, ponerse de rodillas con los brazos en cruz. Moya recibía golpes en las manos y en la espalda con una regla larga de madera a la que se le habían borrado los números. Porque no se sabía las respuestas. Y si salía a la pizarra, don Jesús le pegaba con la mano abierta en la cabeza, que rebotaba en la pared como un moscardón contra un cristal, varias veces, mientras Moya sonreía mirándose las puntas de los zapatos, o los calcetines azul marino de uniforme, caídos alrededor de los tobillos.

Habíamos llegado aquel curso, desde el otro lado del océano, y era impensable que yo me adaptara a las costumbres del lugar. Mis padres estaban en contra de la violencia y en contra de la religión, que según cómo se mire vienen a ser lo mismo. Cuando supieron que don Jesús pegaba a los alumnos y que los obligaba a rezar, mi padre se subió al coche –la escuela estaba a solo tres manzanas, pero él detesta caminar–, condujo hasta el edificio gris de tres plantas, aparcó en la puerta, tocó el timbre, peguntó por el maestro, se encerraron en el despacho de dirección y allí solucionaron sus diferencias. Nunca supe cómo, pero el resultado fue que me convertí en exenta y, por consiguiente, en la alumna más odiada el colegio. No hay mejor diana que las diferencias. Es fácil apuntar, es fácil dar.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935446

Tener a alguien en el bote

Flavia Company Editorial Páginas de Espuma ePub

Tener a alguien en el bote

 

El alumno procuró borrar de su mirada el odio feroz que le inspiraba aquel profesor. Debía mostrarse interesado y se esforzaba por encontrar alguna pregunta que sonara verosímil. Ante la imagen desoladora que acababa de ponérsele frente a los ojos, le resultó más sencillo de lo que preveía. «¿Y este quién era?», inquirió. El profesor, después de un suspiro inacabable con el que pareció cortar un largo trayecto, respondió con voz grave: «Este, hijo mío, era mi predecesor. El antiguo director de esta santa escuela de ciencias. Don Ponce Salcedo de Rimal, el más grande científico de todos los tiempos habidos y por haber». A continuación añadió que, a pesar de su ilustre inteligencia, el hombre se mostró siempre reacio a los cambios, las transformaciones o las innovaciones, que tan necesarios habían llegado a ser. Por ello –le explicó–, al final todos los que lo rodeaban habían deseado su desaparición, fuera como fuese. «Y es que, además de ser un gran científico, era un gran cabrón», dijo. Era dogmático y autoritario. Soberbio y déspota. «En ocasiones las grandezas no son de un solo signo, hijo mío». «Ni que lo diga», pensó el alumno. «En fin –concluyó el profesor–, ha costado Dios y ayuda, pero pudimos con él. Tarde o temprano, todos los seres humanos acaban por ceder». Y dejó ir una risilla discreta. «Desde luego», contestó el alumno mientras cogía el frasco en donde flotaba ingrávido el cerebro de Don Ponce. Y sin poder evitarlo, miró al profesor, que permanecía quieto a su lado, volvió a mirar el frasco que aguantaba con las dos manos, y pensó: «No se haga ilusiones, Fresedas, a usted también acabaremos por tenerlo en el bote». De ahí.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935958

Una comedia romántica

Pedro Ugarte Editorial Páginas de Espuma ePub

Una comedia romántica

 

Antes estaba convencido de que nosotros, los escritores de periódicos, siempre envidiamos a esos portentosos novelistas capaces de perpetrar novelas de mil páginas, y que nos preguntamos de qué pozo sin fondo surge semejante verborrea, qué vasto mundo interior puede nutrir tan enormes cabalgadas literarias. Y eso nos inquieta porque lo nuestro son las piezas mínimas, cuidadas, reunir las palabras imprescindibles para comunicar una idea, apenas una idea. Es como comparar a un latifundista que cultiva cientos de hectáreas gracias a una flota de máquinas cosechadoras con el humilde labrador que acude cada mañana a su huerto y remueve un poco de tierra con la azada. Sin embargo ahora, después de muchos años, he llegado a la conclusión de que el nuestro no es oficio menos gigantesco: a veces contemplo mi archivo y recuerdo que ya he escrito varios miles de columnas. ¿Significa eso que he tenido a lo largo de mi vida otras tantas ideas, digamos, varios miles de ideas? Da risa la mera conjetura. Ignoro qué representa una idea, una buena idea. Quizás solo algunas de mis piezas hayan logrado albergar cierto destello, pero al menos he obrado con la suficiente astucia como para simular que, en efecto, he tenido miles de ideas, ideas que iban cayendo sobre mi cerebro con total regularidad, prácticamente una por semana, generalmente entre los martes y los jueves: después de todo, mi artículo solía publicarse los sábados.

Ver todos los capítulos
Medium 9788483935736

19. Hibridaciones

José Maria Merino Editorial Páginas de Espuma ePub

19. Hibridaciones

 

Lo más sorprendente del jardín de los microrrelatos es cómo son capaces de polinizarse, o diseminar sus esporas, para conseguir infinitas hibridaciones. Un poema acaba fecundando a una fábula que pone un huevo en forma de aforismo y termina con un beso ávido o una puñalada entre los protagonistas. Muy difícil encontrar los patrones de comportamiento, las pautas biológicas y reproductoras: así hablaba el profesor Souto.

Ver todos los capítulos

Ver todos los relatos