32 relatos
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La aventura

Clara Obligado Editorial Paginas de Espuma ePub

La aventura

 

Para Alejandro Fernández Arango

 

Primero fue la noche turbia del smog; luego el traqueteo de las ruedas sonando sobre los baches y el asfalto, el chirriar del freno, el amarillo violento del coche frente a los ojos y, por fin, el anhelado escalón bajo el pie un poco dolorido dentro de los zapatos de domingo, los pantys dibujándole la rodilla que se dobla (como una media luna pálida), la franja de carne asomándose al tensar el brazo sobre la puerta del autobús, entre la falda y el jersey, apenas un parpadeo restallante que tal vez incite al hombre que está detrás (porque siempre hay un hombre que atrapa el destello) y luego, cuando los cuerpos se balancean de proa a popa y el autobús arranca, se siente una opresión a estribor, el aleteo de una promesa minúscula en la leve presión, y es entonces cuando ella apuesta (porque no puede ver la cara del que viene detrás) y se lo juega todo al brevísimo tacto y se retira, buscando un asiento, dejando que la aventura avance por detrás.

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El Cazador

Clara Obligado Editorial Paginas de Espuma ePub

El Cazador

 

A Julio Gómez Carrillo, Marcelo Lodieu, Haydée Tumbeiro, Viviana Capocasale y Adriana Slemenson. A Santiago Astelarra, en nuestra memoria

 

5 de diciembre

 

Si no hubiera sido por la mirada subvertida tal vez lo hubiera confundido con un cazador de hombres. Pero esos ojos claros tras las pequeñas gafas rodeadas de metal. Cierto es que su uniforme oscuro recordaba vagamente a las juventudes militares de algún otro país, y que el cuello flotaba dentro de un chaquetón que no terminaba de contenerlo. Estaba allí, lejos de los míos que ansiosos se apiñaban tras el cristal. No esperaba encontrarlo en el aeropuerto, tampoco nadie parecía haber reparado en él.

Se asombraron de que yo sólo llevara una mochila aunque el vacío de mis manos sirvió para abrazarme con plenitud al primer cuerpo conocido. Y, entre tacto y tacto, habían pasado años. Busqué a El Cazador, pero ya no estaba. Entonces pensé que, en realidad, nunca nos habíamos tocado.

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Una historia reciente

Javier Sáez de Ibarra Editorial Paginas de Espuma ePub

Una historia reciente

 

 

 

Ready made (en inglés: «ya hecho») se llama a cualquier objeto de uso corriente al que mediante una mínima intervención sobre él o únicamente situándolo en otro contexto –por ejemplo una exposición–, el artista convierte en una obra de arte.

 

 

 

Es crucial, sin embargo, distinguir entre la belleza estética y un sentido más amplio de la excelencia artística en que la belleza estética puede no tener importancia. […] Los críticos entraban en las exposiciones con una idea fija de cómo debía ser una pintura: lo que veían era tan disonante respecto a esa idea que apenas si podían considerarlo arte.

Arthur C. Danto, El abuso de la belleza

 

Albert, A., Benejam, P., Casas, M., Comas, P., Oller, M. (2004), Limes. Ciencias sociales, Geografía, Educación secundaria, Tercer curso, Editorial Vicens Vives, Barcelona.

 

Albert, A., Benejam, P., Casas, M., Comas, P., Oller, M. (2006), Demos. Ciencias sociales, Geografía, Educación secundaria, Tercer curso, Editorial Vicens Vives, Barcelona.

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Yo, en otra vida, fui avestruz

Clara Obligado Editorial Paginas de Espuma ePub

Yo, en otra vida, fui avestruz

 

A Clara Vallejos

 

Yo, en otra vida, fui avestruz. Le llamará la atención, porque aquí me ve con mi aspecto de madre de familia un poco entrada en carnes, pero eso fue hace mucho tiempo y en otro país, cuando era joven y, además, transcurrió en paralelo. Quiero decir que, al mismo tiempo, fui mujer y avestruz.

Es posible que usted no sepa bien qué es un avestruz. Pues mire, son unos animales preciosos con un cuello larguísimo, que nosotros llamamos ñandú y más científicamente rhea americana, porque avestruz es el nombre que tienen en África. Todo esto lo busqué en la enciclopedia Vida salvaje que compré en cuotas y que traía de regalo el microondas. Me valió la pena, con el amor que le tomé a esos bichos.

A mí me encantaba correr por las pampas, las pampas, eso que sale en los folletos de viaje, donde los pastos son tan altos que llegan hasta los cuernos de las vacas y la tierra es tan plana que da la vuelta al mundo. Como le estaba diciendo, me encantaba correr sobre todo cuando caía la tarde y el cielo dibuja una franja rosa y azul alrededor de la tierra y los pájaros vuelan bajito porque regresan cansados a la laguna. No, no era peligroso, entonces no nos cazaban para hacer plumeros, eso vino mucho después.

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Lenguas vivas

Clara Obligado Editorial Paginas de Espuma ePub

Lenguas vivas

 

A Armando Minguzzi y

Adriana Imperatore, mis lectores

 

–Todo nos une, le había dicho su madre, hija de españoles, no te preocupes, hablamos el mismo idioma.

Pero no fue así. Desde que había llegado de Buenos Aires vivía en dos planos, en dos niveles. Tuvo que aprender que aparcar era estacionar, prolijo quería decir detallado, un grifo no era un monstruo mitológico sin una canilla, pararse no era ponerse de pie sino detenerse, estar constipado no tenía nada que ver con los intestinos sino más bien con los pulmones y que la amiga Conchita Boluda se llamaba así, de verdad, de verdad.

Pero los peores problemas venían en la cama. Meterse en la cama con alguien en Madrid, ¿qué era? ¿Coger, follar, fornicar, joder? Coger, tan íntimo antes, tan incomprensible de este lado del Atlántico. Se coge el autobús, se coge desprevenido, se coge un resfriado. En la cama no se coge, a ver si aprendés. En la cama se jo-de.

Quiero joderte, había dicho él, a quien apenas conocía, acompañando su reclamo de un vaho alcohólico y había cazado su mano que reptaba sobre el mármol de la mesa del bar como una araña, intentando esconderse en el regazo. E insistió: jo-der-te. Ella, concentrada, cerró los ojos y tradujo: co-ger-te. Fatal, le sonaba pésimo. Prefería la palabra follar. Pero follar, que le sonaba pastoril, revolcarse sobre las hojas, vestirse de pastorcita, triscar, hollar acaso, súper Marqués de Santillana, a sus partenaires les resultaba muy fuerte y lo de fornicar, un cultismo absurdo con ecos de confesonario, una mezcla de latín y francés, ese fric-fric como de hormigas copulando (las formicas formican en el formicario): «Sí, padre, he formicado ayer también».

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